Evolución Rota - Capítulo 43
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
43: CAPÍTULO 43 43: CAPÍTULO 43 Alejandro pasó todo el día cazando avispas mutadas.
Al anochecer, tenía una colección de veinte cabezas apiladas como trofeos.
Esperó a que la noche cayera por completo y, aprovechando que las criaturas cesaron su actividad al anochecer, sacó cuidadosamente sus ojos con el cuchillo.
Al terminar, su mirada se posó en las mandíbulas de una de ellas.
Eran duras como el acero.
La curiosidad lo impulsó a analizarlas con más detalle y comprendió que eran la parte más resistente del insecto.
Una idea cruzó su mente.
Una por una, retiró todas las mandíbulas y las guardó como material valioso.
Cuando llegó al apartamento, las dos chicas ya tenían la cena lista.
Alejandro les entregó los ojos mutados para que los guardaran y luego dejó sobre la mesa todas las piezas de avispa.
—Chicas, traigan todos los cuchillos de cocina y los machetes.
Voy a mejorarlos con esto —anunció con una sonrisa decidida.
Ana y Laura corrieron a la cocina como si les hubieran dicho que les daría regalos de cumpleaños.
Ana trajo los machetes, y Laura todos los cuchillos del apartamento.
Ambas lidiaban a diario con la carne mutada, que era dura.
Los cuchillos normales apenas servían.
Alejandro, usando su habilidad de Integración de Material, unió las mandíbulas a las herramientas de cocina.
El cambio fue inmediato.
Ana cortó un pedazo de carne para probar.
—¡Genial!
Esto realmente nos va a ayudar.
Corta como si fuera mantequilla —dijo, sorprendida.
Laura, mientras Alejandro comía, le dio un masaje en los hombros.
Esa noche, cuando ya todos dormían, una tenue luz intermitente llamó la atención de Alejandro que aún estaba despierto.
desde una ventana del edificio colonizado por las avispas.
Era un llamado de auxilio.
Al comienzo Intentó ignorarlo y trató de dormir, no era un superhéroe, rescatar personas no le trae beneficios, pero una pesadilla con personas atrapadas lo despertó sudando frío.
Miró a Ana y Laura dormidas, desnudas y en paz, abrazadas a su lado.
Se levantó con cuidado para no despertarlas.
Era la una de la mañana.
La ciudad estaba en completa oscuridad, y solo la luz de la luna lo guiaba.
Se vistió rápidamente y ató una linterna a su mochila, con la intención de mantener las manos libres.
Encendió la luz solo dentro del edificio.
Al salir a la calle, la apagó.
Las sombras lo envolvieron por completo, pero su percepción sensorial mejorada le permitía ver más allá de lo que una persona normal podría de noche.
La ciudad parecía un cementerio.
Zapatos abandonados, manchas de sangre secas en las aceras, silencio absoluto.
El olor a muerte lo envolvía todo.
Al llegar al edificio objetivo, respiró hondo antes de entrar.
La puerta estaba destrozada.
En el lobby, trozos mutilados de cuerpos humanos adornaban el suelo como parte de una macabra escenografía.
Subió las escaleras con sumo cuidado, evitando cualquier ruido innecesario.
A partir del segundo piso, todas las puertas estaban reventadas.
Revisó apartamento por apartamento, sin encontrar sobrevivientes.
En el cuarto piso, sintió presencias.
Entró con sigilo a un apartamento y allí estaban: tres avispas colgadas del techo, dormidas.
Las decapitó en un solo movimiento limpio.
[Has asesinado: 3 avispas mutantes / Rareza: Azul claro / +600 EXP] No dejó atrás el botín.
Guardó los ojos y siguió despejando el edificio.
Mató diez avispas más en el quinto piso y veinte más en el sexto.
Sus cuerpos colgaban del techo incluso después de muertas, aferradas con sus patas ancladas.
En los pisos superiores la situación se volvió más complicada.
Había demasiadas avispas por apartamento.
Optó por evitar enfrentamientos innecesarios.
Aún así, logró eliminar quince más entre pasillos y escaleras hasta llegar al noveno piso.
Solo le faltaban tres muertes para completar la misión.
Al llegar al décimo piso, un aura sofocante lo envolvió.
Todo estaba cubierto de una mezcla endurecida de barro, como si fuera parte de una colmena gigante.
Un gran agujero en el techo conectaba con el piso once.
Vio una luz filtrarse por debajo de una puerta cerrada.
en un apartamento destrozado.
Se acercó.
Era un baño, bloqueado con escombros.
Antes de entrar, tuvo que matar otra avispa sin hacer ruido.
Cuando finalmente abrió la puerta, una luz lo cegó brevemente.
Una mujer joven con una niña de aproximadamente once años estaban escondidas dentro.
Al verlo, la mujer rompió en llanto y se lanzó a sus brazos.
—Por favor…
por favor, ayúdanos…
mi hija…
por favor…
—suplicó entre lágrimas.
Alejandro asintió y le habló en voz baja.
—Voy a sacarlas, pero no pueden hacer ningún ruido.
Afuera está lleno de avispas dormidas.
¿Pueden seguirme en silencio?
—Sí…
te lo prometemos…
solo…
sálvala —respondió con un hilo de voz.
Tomándolas de la mano, las condujo fuera del baño.
La niña apenas podía mantenerse en pie.
Ambas estaban famélicas.
Bajaron escalón por escalón, con las mujeres sosteniéndose de Alejandro para no caer.
Cuando llegaron al lobby, la mujer se quedó paralizada al ver un par de zapatos ensangrentados.
Alejandro entendió: probablemente eran de su esposo.
Afuera comenzaba a amanecer.
La luz permitía ver con claridad.
Avanzaron lentamente hacia el edificio de Alejandro, pero solo a cincuenta metros de la entrada, un zumbido llenó el aire.
dos avispas aterrizaron frente a ellos.
La madre se tiró al suelo, cubriendo a su hija con los brazos.
Estaban paralizadas por el terror.
Pero Alejandro no dudó.
Avanzó con determinación y, en un parpadeo, apareció frente al insecto y lo partió en dos sin esfuerzo, en menos de un segundo avanzó y destrozó al otro.
Has asesinado: 2 avispas mutantes / Rareza: Azul claro / +400 EXP Misión Completa: Nivel D – Mata 100 avispas mutantes.
Misión Realizada en: 40 horas 30 minutos Evaluación de la misión: ¡Buena!
+ 200 EXP Recompensa Básica + 800 EXP Has subido 1 nivel [Nivel actual 11] * Recompensa: 1 Punto de Atributo / 4 Puntos de Habilidad.
* [Su energía y lesiones serán recuperadas] Alejandro volvió a ver a las dos mujeres asustadas y les hizo una señal y ambas se pusieron de pie, aún sin comprender lo que había pasado.
Entraron al edificio.
Las dos mujeres colapsaron en el piso del lobby.
Alejandro les dio un momento para recuperarse y luego las ayudó a subir.
Al entrar al apartamento, Ana y Laura se sorprendieron al verlas.
—Laura, Ana, ellas son sobrevivientes del edificio de enfrente.
Preparen una ducha y algo suave para comer —ordenó con voz firme pero gentil.
Laura las condujo al baño, les dio ropa suya y de Ana.
La niña, pequeña y delgada, parecía más niña aún con la ropa holgada.
Ambas compartían cabello negro y rasgos delicados.
En la ducha, el agua caliente les devolvió un poco de vida.
ya habían pasado meses desde la última vez que pudieron ducharse con agua caliente.
Cuando salieron, una mesa llena de comida las esperaba.
Llevaban días bebiendo agua del inodoro para sobrevivir.
La niña devoraba la carne como si no hubiera un mañana, sin preocuparse por los modales.
La madre, entre lágrimas, comía con las manos temblorosas.
Laura y Ana las observaban en silencio, conmovidas.
Se dieron cuenta de lo afortunadas que eran de vivir bajo el techo que Alejandro había convertido en refugio.
Y por primera vez, sintieron un nudo en el pecho por no haberlo valorado lo suficiente.
Alejandro les dio su espacio.
mientras pensaba en cómo acomodar a sus nuevas invitadas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com