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Evolución Rota - Capítulo 45

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45: CAPÍTULO 45 45: CAPÍTULO 45 Alejandro salió del baño envuelto en vapor, con el cabello aún húmedo y el cuerpo relajado, pero con la mente exhausta.

Después de una noche entera cazando en silencio a través de un edificio infestado de avispas, estaba al límite.

El sistema había restaurado su energía física al subir de nivel, pero no podía borrar el peso psicológico de haber enfrentado la muerte en lo alto de una estructura en ruinas, rodeado de criaturas que podían matarlo en segundos.

Como ya era costumbre, caminaba por la casa sin camisa, con su pantalón de dormir.

No pensaba salir a cazar ese día.

La misión estaba cumplida, su nivel había subido, y por fin sentía que podía permitirse un respiro.

Pero antes, debía resolver un nuevo desafío: Natalia y su hija Luisa.

Ambas dormían en el colchón extra del cuarto de Ana y Laura.

Habían llegado devastadas, física y emocionalmente.

En el desayuno anterior, después de comer con avidez una generosa porción de carne azul claro, las dos comenzaron a sangrar por la nariz y presentaron fiebre intensa.

Era de esperarse.

Nunca habían consumido carne mutada, y la cantidad de energía contenida en cada bocado era demasiada para sus cuerpos debilitados.

Aun así, sobrevivirían.

El alimento mutado estaba lleno de nutrientes, y solo necesitaban tiempo para adaptarse.

Alejandro se sentó sobre la alfombra del salón, estirando la espalda.

Ana y Laura lo observaron desde la cocina, intercambiaron miradas cómplices y se lanzaron a su lado como si fuera un ritual íntimo.

Desde la llegada de una nueva mujer, ambas habían mostrado un afecto inusualmente intenso hacia él, buscando marcar territorio con gestos sutiles pero evidentes.

Alejandro lo notó, pero decidió fingir indiferencia.

—Escuchen —dijo mientras cerraba los ojos para iniciar su meditación—.

Hoy no saldré a cazar.

Se supone que el ejército llegará a la ciudad, además tenemos muchos ojos que absorber.

Quiero que las dos trabajen al menos con diez cada una.

Yo practicaré el control de aura… necesito fortalecer mi control con meditación.

—¡Voy por los ojos!

—dijo Ana alegremente, corriendo a la cocina.

Laura, por su parte, se sentó detrás de Alejandro y apoyó sus pechos suavemente sobre su espalda mientras lo abrazaba por la cintura.

—Oye…

¿dónde van a dormir Natalia y Luisa?

—susurró.

—Por ahora, en el cuarto sin ventanas.

Tiene paredes gruesas y es seguro.

Les dejaremos un colchón.

Nosotros dormiremos juntos en mi cama —respondió sin abrir los ojos.

Laura sonrió y comenzó a acariciarle el cabello.

—Creo que hiciste bien en salvarlas…

Sé que nunca dejarías a nadie atrás.

Pero, ¿cómo vamos a explicarles que Ana y yo estamos…

contigo?

—En estos tiempos, eso ya no es raro.

Casi el 80% de los hombres fue reclutado por el ejército.

Los pocos que quedan están en el gobierno o el gremio.

La mayoría de las mujeres deben buscar protección y compañía donde puedan encontrarla.

Que un hombre tenga varias esposas no es mal visto…

Al contrario, es casi lógico a estas alturas.

—¿Entonces Laura y yo… somos tus esposas?

—preguntó Ana, dejando los ojos mutados junto a él y lanzándose a sus brazos con una gran sonrisa.

—Las amo a las dos.

Así que sí, aunque el mundo se haya vuelto caótico, si eso significa tener que hacerlas mis esposas para protegerlas, lo haré sin dudar.

Las mejillas de las dos se tiñeron de rojo.

Ambas besaron a Alejandro y, por un par de horas, los entrenamientos se olvidaron.

Se entregaron a un momento de ternura, risas y caricias que contrastaban con la violencia del mundo exterior.

Alrededor del mediodía, Natalia y Luisa se despertaron, atraídas por el aroma de carne asada que flotaba desde la cocina.

Laura estaba sirviendo el almuerzo, mientras Ana y Alejandro ya estaban sentados en la mesa.

—B-Buenos días… —saludó Natalia con voz tímida, aún algo mareada.

Luisa la seguía de cerca, caminando con torpeza y escondiéndose detrás de su madre de forma tímida.

—¡Buenos días!

—les respondió Laura alegremente—.

Siéntense, ya les sirvo.

—La carne mutada es fuerte, pero tiene diez veces más nutrientes que antes —explicó Ana mientras cortaba su porción—.

Coman despacio, les dará la energía que necesitan para recuperarse.

Natalia juntó las manos y bajó la cabeza en señal de gratitud.

—Gracias por salvarnos… y por esto.

No puedo creer que nos estén dando tanta comida.

No tenemos cómo pagarles… pero prometo que les devolveré todo algún día.

—No te preocupes —le respondió Alejandro con una sonrisa tranquila—.

Tú y Luisa pueden quedarse todo el tiempo que necesiten.

Pueden ayudarnos aquí en casa cuando se sientan mejor.

Solo descansen hoy.

Natalia lo miró sorprendida, pero antes de poder responder, un estruendo cortó el momento.

Zzzzzz… Vzzzzz… El zumbido mecánico de los drones cruzó el cielo, volando entre los edificios con agilidad.

Todos se levantaron y se acercaron a las ventanas protegidas por tablas, observando a través de las rendijas.

—¿Qué es eso?

—preguntó Laura.

—Drones de reconocimiento —respondió Alejandro.

Los aparatos volaban entre los edificios esquivando las avispas, luego de dar varias vueltas dejando caer bengalas rojas sobre algunos edificios: señales de marcación.

Natalia y Luisa se sobresaltaron al ver que una bengala cayó justo sobre el edificio donde ellas vivían.

Minutos después de que los drones se fueran, el cielo vibró con el rugido de aviones de guerra.

Laura, Ana y Alejandro, con su visión mejorada por los ojos mutados, distinguieron con claridad más de veinte aeronaves volando hacia la ciudad.

Natalia y Luisa, en cambio, solo veían sombras borrosas en el horizonte.

—No veo nada… —murmuró Luisa, impresionada.

—Nuestros ojos están modificados — explicó Ana —.

Con entrenamiento hemos ganado más visión y podemos ver mucho más lejos que ustedes.

Luisa y Natalia se sorprendieron al oír eso.

creyeron que tenían mala vista en comparación con ellos pero verlos a los tres contar aviones que ni siquiera eran visibles las impresionaron.

De pronto, los aviones se acercaron y comenzaron el bombardeo.

Las explosiones sacudieron la ciudad.

Alejandro entendió rápidamente el patrón de ataque.

los edificios con las bengalas rojas estaban siendo bombardeados vio el edificio a unas pocas cuadras donde vivían Natalia y luisa y rápidamente entendió el peligro que se acercaba, alejó a todos de la ventana.

—¡Atrás!

¡Al cuarto del fondo, ya!

Las mujeres corrieron.

Desde allí, escucharon el estruendo ensordecedor cuando una bomba impactó el edificio donde Natalia y Luisa habían estado.

El suelo vibró con fuerza, como si la tierra misma se estremeciera.

Las ventanas del apartamento estallaron por la onda expansiva, pero las tablas se mantuvieron en su lugar, evitando que los vidrios volaran al interior.

Alejandro abrazó a las mujeres, manteniéndolas cerca mientras el estruendo del combate continuaba.

Natalia temblaba, sosteniendo a Luisa entre sus brazos.

—Tranquilas… esto pasará pronto — susurró Alejandro con voz firme.

— Nuestro edificio no fue marcado por los drones, ellos saben que lugares no atacar.

todo está bien.

— Alejandro intentaba calmarlas, pero en el fondo también tenía miedo.

por más fuerte que fuera si una bomba cayera en el edificio simplemente moriría sin saber que lo golpeó.

Cuando las primer ronda de bombardeos paro.

Alejandro fue a verificar la situación.

Desde las ventanas aún tapadas por las tablas, logro ver el humo denso cubrir el cielo.

En medio de las llamas, las avispas escapaban del edificio en llamas que había sido derribado.

Las pocas sobrevivientes fueron consumidas por el fuego.

las avispas que estaban dispersas en el aire durante los bombardeos empezaron a ser derribadas por ráfagas de municion pesada disparada desde helicópteros que llegaban con sus ametralladoras pesadas.

Durante dos horas, la ciudad fue un campo de batalla.

Bombas, ráfagas, zumbidos y gritos inhumanos se mezclaban en una sinfonía de guerra.

sin importar cuanto mutara un animal con la correcta potencia de fuego moriría en manos de los humanos.

Al final, solo quedó el eco de los últimos helicópteros alejándose en busca de combustible y luego, los vehículos militares retumbando por las calles, disparando y lanzando granadas mientras se adentraban en los nidos ahora desprotegidos.

Las avispas tienen una nula visión nocturna.

por ello se quedaban encerradas en edificios durante la noche, era el momento perfecto para el ejército para cazarlas sin tener bajas.

Nadie quiso salir del cuarto.

Comieron allí, compartiendo lo que quedaba del almuerzo y en la noche comieron conservas.

Incluso cuando el cielo oscureció desde lejos aún se escuchaban disparos, el ejército eliminando a las avispas dormidas.

A la mañana siguiente, Alejandro despertó rodeado por las cuatro mujeres.

Laura y Ana dormían abrazadas a él.

Natalia y Luisa, al otro lado del colchón, también dormían profundamente, con rostros tranquilos.

Por primera vez en mucho tiempo dormían cómodamente con el estómago lleno y una sensación de sentirse protegidas por alguien.

Tras despertar desayunaron y subieron todos juntos a la terraza.

Desde allí, contemplaron la ciudad.

Varios edificios estaban en ruinas.

El humo aún flotaba en el aire.

Natalia y Luisa vieron lo que quedaba de su antiguo hogar… solo cenizas y escombros.

Ambas se acercaron a Alejandro y lo abrazaron sin decir una palabra.

Las lágrimas hablaban por ellas.

Gracias a él, seguían vivas.

Laura y Ana se acercaron y las consolaron mientras veían los restos de la ciudad arder.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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