Evolución Rota - Capítulo 49
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
49: Capítulo 49 49: Capítulo 49 Alejandro observó a los soldados organizar a varios refugiados, y su expresión se endureció.
No le agradaba en absoluto la idea de quedarse allí.
En las múltiples invasiones a Cali, las aglomeraciones humanas se convertían en un imán para las bestias mutadas, que encontraban en ellas un festín caótico y sangriento.
Antes de adentrarse más en el campamento, se acercó a un soldado y le preguntó por la sede del gremio de cazadores.
El soldado, con amabilidad, le dio las indicaciones y lo ayudó a sacar la camioneta de la fila interminable de vehículos que esperaban ser revisados.
Ya casi anochecía cuando Alejandro llegó al gremio.
El lugar estaba a punto de cerrar.
Al bajarse de la camioneta, un trabajador del gremio lo reconoció al ver su placa de identificación y lo atendió de inmediato.
El hombre buscó en un armario donde almacenaban los recados y mensajes.
Después de unos minutos, regresó a la entrada con un sobre en la mano y se lo entregó.
Alejandro lo tomó con calma.
Había una dirección escrita al reverso, la memorizó con rapidez antes de abrir la carta.
Reconoció la caligrafía de Isabela al instante.
“Alejandro.
No sé por dónde empezar… si estás leyendo esto, significa que lograste llegar a Armenia.
Espero que tú y las chicas estén bien.
Me aferro a esa idea cada vez que todo me parece demasiado.
La caravana en la que viajaba con mis padres fue atacada.
Aves mutadas, enormes, con picos como lanzas… nos emboscaron cerca de una quebrada.
Fue un caos.
Los soldados intentaron defendernos, pero no fue suficiente.
Hubo gritos, sangre, fuego.
Mis padres… murieron allí, delante de mí, mientras me protegían.
Sobreviví de milagro.
Me escondí bajo un camión volcado y esperé hasta que todo terminó.
No sé cuánto tiempo pasó, pero cuando salí, ya no quedaba nadie.
Solo cadáveres y silencio.
Desde entonces me he estado quedando en el apartamento que era de mi abuela.
Está en un tercer piso, en el área residencial junto a la zona de ricos.
Es seguro…
por ahora.
Pero estoy completamente sola.
No tengo armas.
No tengo comida suficiente.
No sé cómo seguir adelante.
Te lo suplico… si lees esto, ven por mí.
No tengo a nadie más, y tú… tú siempre has sido mi fuerza, aunque no estuvieras conmigo.
—Isabela” La expresión de Alejandro se endureció.
No conocía personalmente a los padres de Isabela, pero ella le había hablado mucho de ellos.
Sabía que eran personas bondadosas, protectoras.
Según la diferencia de salida entre ambas caravanas, ya debía haber pasado una semana desde que Isabela llegó a la ciudad.
El pensamiento de que había estado sola tanto tiempo le hizo apretar el sobre con fuerza.
Antes de subirse de nuevo al vehículo, pidió a Laura y Ana que lo acompañaran para hablar a solas.
Ambas se miraron con curiosidad.
No era común que él pidiera hablar aparte.
Se alejaron unos pasos de la camioneta y Alejandro fue directo al punto.
—Vamos a ir a buscar a Isabela.
Está viva, pero… sus padres murieron en un ataque.
Ha estado sola desde entonces.
Ana palideció porque sabía de antemano quién era Isabela.
Laura frunció el ceño, pero mantuvo la calma.
—También… —Alejandro bajó la voz y desvió la mirada con vergüenza— He tenido una relación con ella.
En secreto.
Ana lo miró como si acabara de recibir un golpe en el estómago.
Sus ojos se agrandaron.
—¿¡Qué!?
—exclamó con un tono que mezclaba sorpresa y herida.
Laura, en cambio, suspiró.
—Ya lo sabía.
Su olor cambiaba cada vez que regresabas de verla —comentó con tono neutro, aunque cargado de significado—.
Y para que lo sepas, Isabela era una buena amiga mía.
No me molesta que esté con nosotros… de hecho, ya se lo había explicado a Ana en privado hace días.
Sabía que tarde o temprano la verdad saldría.
Ambas se cruzaron de brazos y miraron a Alejandro con cara de pocos amigos.
Él bajó la cabeza, culpable.
—Sé que debí haber sido honesto desde el principio… lo siento.
Pero ustedes son mi mundo.
Las amo, a ambas.
No hay nadie que las reemplace.
Ana estaba enojada, pero lo abrazó primero, con un suspiro resignado.
—Eres un idiota… pero eres nuestro idiota.
Laura lo rodeó con sus brazos también.
—Te perdonamos… pero con condiciones.
—¿Qué condiciones?
—preguntó él con una sonrisa nerviosa.
—Si vas a traer más mujeres —dijo Laura con autoridad— nos consultas primero.
Nos pides permiso.
Si vuelves a ocultarnos algo, te dejamos.
—Y dormirás solo.
Por semanas —añadió Ana amenazante.
—Trato hecho, se que hice algo malo.
a partir de ahora siempre hablaré primero con ustedes—dijo Alejandro, levantando las manos en señal de rendición—.
Aunque ambas saben que, por cómo está el mundo… será inevitable que otras mujeres persigan a Alejandro cuando vean su fuerza.
como el olor de carne fresca atrae mutantes.
El poder y la fuerza atraen a las mujeres.
Los tres rieron con alivio después de hablar un poco más, y el momento tenso se desvaneció con un calor inesperado.
Desde la camioneta, Natalia y Luisa los observaban con atención, curiosas por la charla.
Al regresar, Alejandro les indicó la dirección exacta hacia donde debían ir, basándose en uno de los muchos mapas que había impreso antes del colapso de la civilización.
La comodidad de usar aplicaciones de navegación ahora era muy valorada cuando tenías que revisar un mapa para avanzar unas cuadras sin perderte.
Avanzando por la ciudad vieron la sobre población.
los campamentos del ejército por todas partes.
Aunque la mayoría de las personas en evacuaciones fueron llevadas a otras ciudades la cantidad de personas era demasiada.
Llegaron finalmente a la zona residencial.
Allí, varios edificios de apartamentos de todos los tamaños formaban una especie de frontera entre las clases medias y la antigua zona exclusiva de la ciudad.
En el fondo de una de esas calles, se alzaba el edificio donde vivía Isabela.
Alejandro descendió con Laura para hablar con ella primero.
Las demás los esperaron en el vehículo.
La entrada del edificio estaba abierta.
Subieron directamente hasta el tercer piso.
Alejandro tocó la puerta.
Se escucharon pasos al otro lado.
Isabela se asomó por la mirilla y, al verlo, las lágrimas brotaron de inmediato.
Abrió la puerta desesperadamente y se lanzó a sus brazos, rompiendo en llanto.
—¡Alejandro!
¡Alejandro…!
—repetía entre sollozos mientras lo abrazaba con fuerza, derribándolo en el suelo.
Laura los observó con una mezcla de paciencia y resignación.
Alejandro correspondió el abrazó, acariciándole el cabello y susurrándole palabras tranquilas: —Ya estoy aquí.
Todo estará bien, lo prometo.
Pasaron varios minutos antes de que Isabela se calmara lo suficiente como para notar la presencia de Laura.
Al verla, se puso rígida.
—T-Tranquila —dijo Alejandro, dándole un beso—.
Laura ya sabe todo.
Ven, vamos a hablar adentro.
Isabela lo miró con el rostro rojo de vergüenza, alternando la mirada entre Alejandro y Laura.
Era claro que su mente estaba a punto de colapsar.
Las dos mujeres hablaron a solas por casi media hora.
Laura, con su temple natural, lideró la conversación.
Regañó a Isabela por el secreto, pero terminó mostrándose comprensiva.
Isabela aceptó encantada que todos se quedaran con ella.
No le importaba tener a más mujeres en casa siempre que pudiera estar con Alejandro.
El apartamento tenía dos cuartos, una pequeña despensa, cocina, baño, un patio y un balcón con vista a la calle.
Los tres bajaron para llamar al resto.
Alejandro, Natalia y Luisa comenzaron a subir provisiones mientras Laura presentaba a Isabela con Ana.
La reacción de Ana fue inmediata.
Al ver el escote de Isabela, su expresión cambió a una mezcla de sorpresa y comparación.
Se miró el pecho y no pudo evitar sentirse insegura.
Aunque ya había aceptado la situación, no dejó de lanzarle miradas frías a Alejandro cada vez que bajaba por otra maleta.
Natalia notó el ambiente y bromeó con picardía mientras subía cosas con Luisa.
—Oye, Alejandro… ¿cuántas esposas piensas tener?
¿Una por día de la semana?
—Solo las que pueda mantener vivas y felices —respondió él, riendo.
—Vas a necesitar más camas, más platos… y tal vez una esposa contadora —añadió Natalia con burla.
—Y una que lo mantenga a raya —intervino Luisa divertida al ver la cara de vergüenza de Alejandro—.
¡Eres demasiado popular!
Entre bromas y comentarios, terminaron de acomodar todo.
Dejaron la camioneta en la calle por ahora.
Ya era de noche y la ciudad, aunque aún tenía luces, estaban atenuadas.
Las autoridades habían bajado el brillo del alumbrado para evitar atraer criaturas y ahorrar energia.
El clima era templado, ligeramente frío.
Alejandro ayudó a preparar la cena con Natalia y Luisa.
La cocina de Isabela estaba casi vacía, apenas le quedaba pan racionado.
Si él no hubiese llegado, Isabela habría pasado hambre.
Mientras tanto, Isabela ayudaba a Laura y Ana con las habitaciones.
El cuarto de invitados fue asignado a Natalia y Luisa.
El dormitorio principal tenía una cama enorme… lo suficiente para cuatro personas.
Isabela enrojeció cuando Laura le informó que ella, Ana y Alejandro dormirían allí juntos.
Aunque ya sabía que Alejandro hacía trios todo el tiempo con las dos.
su mente hirvió pensando en eso.
Dejaron la ropa en maletas por falta de espacio, apiladas junto a las provisiones.
La cena fue abundante: arroz, carne, frijoles, salsas… Isabela casi lloró al ver tanta comida.
No probaba arroz desde hacía meses.
—Aprovechen antes que corten la luz —dijo, advirtiendo que a las 8 en punto habría racionamiento eléctrico.
Tras la comida, Natalia y Luisa lavaron los platos antes de retirarse a su cuarto.
Alejandro iba a meterse a la cama, pero Laura lo detuvo.
Lo empujó suavemente al sofá y le lanzó una almohada.
—Hoy dormimos nosotras tres en la cama.
Tú, como castigo, vas al mueble.
Solo.
A reflexionar.
—¡¿Eh?!
—fue lo único que alcanzó a decir antes de que lo dejaran plantado.
Ana le sacó la lengua antes de cerrar la puerta.
Isabela apenas podía contener la risa.
Natalia apareció con una cobija.
—Te ves cómodo ahí, jefe del harem.
Luisa se sentó a su lado y le dio unas palmadas en el hombro.
—Te lo ganaste, campeón —dijo con una sonrisa burlona.
Alejandro, con la almohada en mano, solo pudo suspirar mientras miraba el techo y la energía era cortada dejando todo a oscuras.
—¿Y así es como se trata a un héroe?
— —Sí —dijeron todas al unísono desde sus respectivas habitaciones.
Y en medio de esa extraña paz familiar, se cerró la noche… con risas, y un hombre durmiendo solo en el sofá.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Isaac_JPC Nota del Autor La historia tiene capítulos avanzados e imágenes sin censura en mi patreon.
entra al perfil en wattpad o TMO y encontraras el link, si no puedes.
apóyame recomendando la novela y siguiendome aquí y en otros lectores de novelas.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com