Evolución Rota - Capítulo 5
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5: CAPÍTULO 5 5: CAPÍTULO 5 —¡Qué serpiente tan grande!… ¡Era enorme!
—murmuró David, con los ojos desorbitados, su voz temblaba entre miedo y asombro.
—¡Así será más fácil darle!
—interrumpió el Capitán, seco.
David respiró hondo antes de continuar: —Su cuerpo era tan grueso como mi cintura, y su estómago… parecía una montaña.
Está dormida en medio del nido.
Ni se mueve.
—¡Oh, cierto!
—añadió como si acabara de recordarlo—.
Tenía los colores de una serpiente coral… El rostro de todos se oscureció al instante.
—¿Estás seguro?
—preguntó el Capitán con desconfianza.
—¡Claro que sí!
Las he capturado antes.
Ese patrón de colores no se confunde.
Alejandro comprendió el peso de esas palabras.
La coral era conocida en todo Colombia, temida no solo por su aspecto sino por su veneno letal.
Sin embargo, ninguna jamás llegaba a medir más de un metro.
Aquella criatura era algo fuera de toda lógica.
—¿Y no será una anaconda?
—preguntó Laura, con un nudo en la garganta.
—Lo pensé al principio, pero no.
Ese patrón… estoy seguro —respondió David, aún lívido.
—Entonces tenemos una oportunidad.
Si acaba de alimentarse, estará en reposo.
Mientras no hagamos ruido, podemos acercarnos y tomar posición.
Luego dispararemos a la cabeza.
¿Entendido?
—dijo el Capitán con seriedad.
Todos asintieron.
Excepto Juan, que seguía en shock.
—Revisen sus armas.
Juan, dale la tuya a Alejandro —ordenó el Capitán tras pensarlo un segundo—.
Él sabrá usarla.
No pongas el seguro.
Solo aprieta el gatillo si es necesario.
Dejarían a Juan quedarse allí en silencio.
Moverlo solo incrementaría el riesgo para todos.
Alejandro sostuvo el arma por primera vez.
El peso en sus manos no le dio la emoción que esperaba.
Quizás por la tensión del momento, o porque ahora esa herramienta representaba la delgada línea entre la vida y la muerte.
La revisó con rapidez.
Estaba completamente cargada.
—Vamos ahora — dijo el Capitán con voz baja, pero firme.
El corazón de Alejandro comenzó a latir con fuerza.
Las piernas le temblaban.
No era tan valiente como había imaginado.
La figura de Laura, aferrándose a su camisa desde atrás, sólo aumentaba la presión.
Sentía su miedo como si fuera el propio.
El aire olía a carne podrida.
El hedor que venía del nido se volvía insoportable.
— Silencio total.
Sigan mis señales —susurró el Capitán.
Uno a uno, cruzaron el claro.
Cuando Alejandro trepó los troncos caídos del nido, la vio.
La serpiente era colosal.
Su cuerpo brillaba como si tuviera una capa metálica, y bajo la luz del sol reflejaba destellos iridiscentes como si fuera una joya viva.
Su vientre abultado era grotesco.
El silencio era sepulcral.
Solo se oían las respiraciones entrecortadas del grupo.
El Capitán y David tomaron posición a la izquierda de la criatura.
Alejandro y Laura, al lado derecho.
Agazapados, en medio de los restos de troncos, se colocaron en ángulo para evitar fuego cruzado.
Asomaron apenas la cabeza.
Los ojos de la serpiente estaban fijos en la nada, dilatados.
Dormía.
Pero incluso dormida, irradiaba un aura de muerte que helaba la sangre.
Alejandro sujetó el machete con la izquierda, el arma con la derecha.
Respiraba profundo, tembloroso.
Laura, detrás de él, se aferró a su brazo.
Su cuerpo entero vibraba.
El contacto con ella lo sobresaltó, pero no tenía espacio para distracciones.
Si la serpiente despertaba en ese momento, todos morirían.
El Capitán hizo la señal.
Alejandro apuntó.
Su pulso era un tambor en su oído.
El sudor le corría por la sien.
Y entonces, sin anuncio, el primer disparo tronó.
Siguieron tres más, casi simultáneos.
Las balas impactaron con precisión quirúrgica.
Los ojos de la serpiente estallaron.
Un chorro de sangre caliente salpicó las hojas secas.
La criatura soltó un rugido sordo que reverberó por el claro.
Se alzó como un rayo, un borrón oscuro entre el sol y las ramas.
Cayó de nuevo, convulsionando.
Los árboles a su alrededor crujieron y se partieron como ramitas.
La tierra tembló.
La serpiente, aunque mortalmente herida, se resistía a morir.
Alejandro agarró a Laura y corrió con ella entre los árboles.
Un rugido y un grito humano se fundieron en un solo eco detrás de ellos.
No supo quién fue.
La adrenalina ardía en sus músculos.
Laura tropezaba, aferrándose a él.
Su peso ralentizaba su escape, pero no podía soltarla.
Todo en él gritaba por correr, huir, salvarse.
Logró llegar a un enorme árbol y se dejó caer contra el tronco, sin aliento.
Laura se aferró a su cintura con fuerza.
Ambos temblaban.
El cuerpo de ella se pegaba al suyo, tibio, frágil.
Por un instante no hubo más ruido que su respiración agitada y el eco distante del caos.
Alejandro cerró los ojos, dejando que el momento pasara.
Sentía su corazón latiendo con fuerza, pero también algo distinto: la necesidad de seguir vivo.
Como si, después de tanto correr, su cuerpo hubiese recordado que aún tenía razones para no rendirse.
Laura seguía abrazada a él, temblorosa, con el rostro oculto en su pecho.
—No… no te vayas todavía —susurró con la voz quebrada.
—Solo… voy a ver si terminó —dijo Alejandro, en voz baja.
—Está bien… Pero cuando intentó moverse, ella lo jaló.
Ambos cayeron al suelo, mirándose de cerca, tan cerca que sus respiraciones se mezclaban.
Por un instante, no hablaron.
Solo sintieron.
La tensión, la vida que casi pierden, y ese instinto primitivo de aferrarse a algo cálido… o a alguien.
Alejandro, llevado por el impulso, rozó sus labios con los de ella.
Laura luchó solo un poco, y luego comenzó a reaccionar intensamente, besándolo de una manera más impulsiva.
ella no se resistió, por el contrario, reaccionó con más excitación, el beso de ambos terminó siendo un beso largo y apasionado.
En medio del calor del momento un sonido de alarma del sistema se escuchó en la cabeza de Alejandro, pero lo ignoró por completo.
Laura lo abrazó con fuerza apretando contras sus tetas, Alejandro sin vergüenza alguna soltó su arma y acaricio todo el cuerpo de Laura con una pasión desmedida, Sus manos se hundieron en sus enormes pechos y ella gemía con una tierna voz, el corazón de Alejandro no paraba de retumbar como si fuera a estallar.
En ese punto ambos se dejaron llevar por completo.
Laura se volvió más descarada que Alejandro pasó de abrazar su espalda a desesperadamente quitarle la correa del pantalón, mientras hacía eso Alejandro la imito y empezó a quitarle el pantalón a ella.
Ambos se dejaron llevar por completo por el momento consumando su deseo sin pensar en nada más.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Isaac_JPC En este capitulo hay 2 imagenes sin censura.
ambas estan en patreon.
solo busquen “Evolución Rota” y alli la encuentran.
por ahora no tengo la version en ingles pero estoy tranajando en ello.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com