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Evolución Rota - Capítulo 53

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53: Capítulo 53 53: Capítulo 53 Por fin había llegado el fin de semana.

Aunque los días laborales ya no tenían sentido, ya que el ejército y las fábricas de munición nunca se detenían, Alejandro había insistido en mantener el sábado y domingo libres de atención al público en la peluquería.

Su idea era clara: los sábados se dedicarán a la caza y entrenamiento en grupo, y los domingos serían días de descanso familiar.

Esa mañana, Alejandro pidió a todas que comenzarán con estiramientos y ejercicios de calentamiento mientras él preparaba el desayuno.

Isabela, antigua fanática del gimnasio antes del apocalipsis, aprovechó para ponerse ropa deportiva y dar una breve clase práctica.

Las demás la siguieron con entusiasmo.

—¡Vamos, arriba esos brazos!

—exclamó con energía—.

¡Y no quiero ver rodillas flojas!

Ana intentó imitarla, pero su entusiasmo fue traicionado por su torpeza: perdió el equilibrio y cayó de espaldas con un quejido cómico.

Luisa, que la seguía con atención, tropezó también y cayó justo encima de ella.

Ambas estallaron en risas.

—¡Parecemos cucarachas patas arriba!

—bromeó Ana mientras trataba de levantarse.

—¡Yo solo quería estirar!

—protestó Luisa, riendo.

—Eso les pasa por copiar sin fijarse —comentó Laura con una sonrisa.

Natalia negó con la cabeza, divertida, mientras terminaba su propio calentamiento con elegancia.

Alejandro, desde la cocina, solo soltó una risa baja.

Con el desayuno listo y las mochilas preparadas, todos se vistieron y tomaron sus armas.

Caminaron por las calles vacías hasta llegar a la zona de caza más cercana.

Alejandro lideraba el grupo; incluso Natalia y Luisa estaban al centro del equipo.

Aunque no eran combatientes, Alejandro quería que aprendieran a moverse con el grupo y mantuvieran la calma en caso de un ataque.

También era importante que Natalia aprendiera a usar su pistola.

Al llegar al campo, varios grupos de cazadores los miraron de reojo.

Alejandro tenía fama desde que abatió solo a un animal de rango azul oscuro y espantó a un grupo numeroso de cazadores.

Era raro ver a tantas mujeres en un grupo de caza, y más aún con una niña incluida.

Los murmullos iban del desprecio a la envidia.

Alejandro se alejó con su grupo a un área apartada, donde solo había una rata mutada de rango blanco.

Laura tomó el mando de la instrucción: explicó cómo manejar el seguro, la postura, recarga básica y seguridad general con armas.

Su experiencia como policía la hacía una líder nata.

Ella fue la primera en disparar.

Usó su rifle de francotirador y, con un disparo limpio, acabó con la rata.

—¡Wow!

—exclamó Ana—.

¡Eso fue increíble!

—¡Parecías una francotiradora de película!

—añadió Isabela, impresionada.

—Acérquense al cuerpo —ordenó Alejandro—.

Quiero que pierdan el miedo.

Los mutantes no son invencibles.

Luisa, Natalia e Isabela dudaron al acercarse al cadáver, pero Laura las guió con paciencia.

Luego les enseñó a disparar con pistola.

A corta distancia, Isabela, Natalia y Ana dispararon turnadamente.

El objetivo era que se acostumbraran al sonido y la sensación.

Alejandro asignó la pistola a Natalia.

Le explicó que, aunque no matara a un mutante azul oscuro, con las balas modificadas podría abatir cualquiera si apuntaba a la cabeza.

Practicó varias rondas hasta que su puntería mejoró.

Ana, en cambio, falló todos los tiros.

—Creo que lo mío no es disparar…

—admitió.

—Tú protégenos con la espada —le dijo Alejandro con una sonrisa—.

Eres nuestra defensa cuerpo a cuerpo.

Isabela recibió entrenamiento específico con su fusil.

Aprendió rápido: su físico atlético y buena vista le daban una ventaja natural.

Gracias a la mira mejorada, logró disparos precisos al cuerpo de la rata.

Los cazadores alrededor murmuraban.

Nadie desperdiciaba tanta munición y carne, pero Alejandro no parecía preocuparse.

Jugaba con Luisa mientras sus compañeras entrenaban.

El grupo dejó el cuerpo atrás y avanzó.

Esta vez, Natalia e Isabela debían disparar.

Natalia estaba visiblemente nerviosa.

Quería impresionar a Alejandro y a Luisa.

Isabela, en cambio, se sentía segura al tener a Alejandro cerca.

Encontraron una serpiente mutada de rango blanco, tres veces más grande que una anaconda.

Ana y Laura estaban tranquilas.

Natalia, Luisa e Isabela se tensaron al ver al animal.

Los recuerdos del trauma pasado regresaron.

—Confíen en ustedes —dijo Alejandro—.

No están solas.

Estoy aquí.

—Y la serpiente está lejos.

Ustedes pueden con esto —añadió Laura—.

Vamos, demuéstrenle a la niña que su mamá es una cazadora de verdad.

Ambas respiraron hondo, tomaron postura y caminaron con Alejandro detrás.

A su señal, dispararon.

Algunas balas fallaron, pero otras acertaron en la cabeza del animal.

Murió casi al instante.

Alejandro se acercó y decapitó al mutante para asegurarse.

Luego pidió a todas que ayudaran a quitar la piel.

Laura lideró la tarea, mientras las demás la imitaban torpemente.

Alejandro reunió leña, encendió una fogata y colocó trozos de carne en un alambre metálico.

Mientras cocinaba, Natalia preguntó: —¿Qué harás con la piel?

—La fusionaré con nuestras mochilas —explicó Alejandro—.

Aumentará su resistencia.

—Es una gran idea —intervino Laura—.

Así podremos cargar más peso sin dañarlas.

—No solo es cazador, también es diseñador —bromeó Ana.

—Y cocinero —añadió Isabela—.

El jefe del harem tiene que atender a sus esposas.

—¡Y lo hace bien!

—dijo Natalia al probar la carne—.

Está deliciosa.

Todos rieron.

Incluso Luisa dijo con la boca llena: —¡Está mejor que la del mercado!

Al terminar, empacaron algo de carne y dejaron el resto.

Para Alejandro, la carne de rango blanco ya no tenía el mismo valor.

Le parecía pastosa en comparación con la azul oscuro.

Los demás cazadores los miraban con envidia.

Para ellos, desperdiciar carne era impensable.

Su trabajo era cuestión de vida o muerte.

Alejandro y su grupo parecían vivir una aventura de picnic.

De regreso a casa al atardecer, todas hablaban emocionadas.

Luisa conversaba con Ana sobre quién había quitado mejor la piel.

Al llegar, Luisa y Natalia se cambiaron en su cuarto.

Ana, Isabela y Laura lo hicieron frente a Alejandro como forma de provocarlo.

Él, ya sin castigo, intentó mantener la compostura mientras ellas reían discretamente.

Mientras se bañaban, Alejandro comenzó a fusionar la piel de serpiente con las mochilas.

Ahora eran más resistentes, capaces de soportar más peso.

Aún sobró piel, así que reforzó también las maletas de ropa.

Al llegar la noche, Alejandro se acostó como siempre en el mueble.

Todas estaban en su cuarto cuando la luz eléctrica se fue, como siempre, a las 8 pm.

Alejandro no podía sacarse de la cabeza la imagen de sus tres esposas desnudas.

RECUERDA QUE EN PATREON ENCONTRARAS ESTAS PARTES SIN CENSURA Y CON IMAGENES Antes de quedarse dormido, unos pequeños pasos se acercaron a él.

Al principio pensó que era Luisa, por sus coletas, pero la sombra se escabulló debajo de su cobija, dirigiéndose directamente a su entrepierna.

Alejandro alzó la cobija y vio a Ana con su pequeña lengua dando suaves lamidas a su ******.

Ya habían pasado varios días desde la última vez, así que su cuerpo reaccionó con fuerza.

Rápidamente, la vista de Ana fue bloqueada por algo firme y venoso.

Ella lo vio y una sonrisa excitada se reflejó en su rostro.

Rápidamente, se lo llevó a lo profundo de su garganta.

Se había vuelto adicta a la sensación, y Alejandro lo sabía.

Tomó las coletas rubias de Ana y empujó su cabeza mientras movía sus ****.

Ana sentía que se atragantaba, pero sus ojos reflejaban *****.

Alejandro no aguantó más.

La tomó de los brazos y la recostó en la alfombra azul.

Su figura delgada era exquisita bajo la luz de la luna.

Ana ya estaba d****a cuando se coló bajo las sábanas; Alejandro apenas lo había notado.

—Pequeña, ¿tenías hambre?

Lo lamento, pero seré yo quien te coma a ti —dijo Alejandro con la sonrisa de un lobo viendo a su presa.

Mientras la besaba, hundió sus manos en lo profundo de su cuerpo.

Después de unos minutos de juegos y g****s contenidos, pasó de las caricias y besos a la acción directa.

La puso en c****o, con las n****s arriba.

Su cuerpo pálido era hermoso.

Usó su m****o jugueteando con la entrada de aquella obra de arte.

Lentamente, se unió con Ana.

Mientras lo hacía, sus manos se hundían en las n****s pequeñas y blancas de Ana.

Por un buen tiempo, movió sus caderas con lentitud hasta que sintió que Ana se derretía por dentro y empezó a embestir con fuerza.

Aunque no quería hacer ruido, el sonido de la piel chocando llenaba el pequeño apartamento.

Luisa ya estaba dormida, pero Natalia estaba despierta, jugando consigo misma mientras escuchaba el chapoteo desde su cama.

Ana resistió los dos primeros rounds, pero el tercero fue letal.

Su cuerpo, cubierto de sudor, cayó sobre la alfombra con los ojos perdidos.

Alejandro aún tenía ganas de seguir.

Su m****o estaba listo para más, así que ignoró el castigo de no entrar al cuarto de sus esposas y abrió la puerta lentamente.

Ya las había oído; su audición era demasiado fuerte para no notar a Laura e Isabela g****o detrás de la puerta.

Las dos estaban d*****s, con sus cuerpos llenos de sudor.

Las sábanas tenían la muestra impresa de sus cuerpos jugando juntas.

Alejandro no dijo nada; solo tomó el pie de Laura y la jaló fuera de la cama.

La cargó contra la ventana del apartamento, abrió sus p****s y entró directamente.

Ambos estaban cubiertos de fluidos y no hubo la mínima resistencia.

Isabela estaba en la cama, t*****e mientras veía cómo Alejandro abría la ventana y sacaba la cabeza de Laura.

A él no le importó que los g****s de su esposa fueran escuchados en otros apartamentos.

La embistió con gran fuerza por un largo tiempo hasta que Laura cayó inconsciente al suelo.

Alejandro aún tenía estamina.

Su resistencia mejorada le daba un aura aterradora.

Pero el miedo emanaba, no espantaba a Isabela, que lo recibió con sus piernas a****.

Había evitado c*****e todo ese tiempo, pero estaba al límite.

Su cuerpo le pedía a gritos hacerlo.

Alejandro la p*****ó con fuerza por una hora entera.

Estuvo jugando con las colosales t****s de Isabela y haciéndola g***r hasta que cayó desmayada.

Alejandro terminó en la cara de Isabela y la dejó dormir con su rostro cubierto de algo blanco.

Estaba feliz y relajado; el sueño le ganó y se durmió.

Al día siguiente, Natalia había madrugado una hora antes de lo acostumbrado.

No quería que Luisa se encontrara esa escena.

Al salir de su cuarto, lo primero que vio fue a Ana dormida d****a sobre la alfombra.

Intentó despertarla, pero fue inútil.

Era una adulta y sabía de la relación de Alejandro, pero se moría de envidia por hacer lo mismo.

Aguantándose las ganas, cargó a Ana a la cama.

Al entrar al cuarto de Alejandro, lo vio dormido con su m*****o duro.

Tragó saliva mientras ignoraba a las otras dos mujeres abatidas y dejó a Ana en la cama.

Sin apartar la vista de aquel toro erguido en medio de la cama, su corazón latía con fuerza y quería lanzarse encima.

Acercó su cara hasta que pudo sentir su olor y el calor que emanaba pero tragó saliva y mantuvo la compostura.

Paso a paso, se alejó, cerrando la puerta con lentitud mientras su rostro estaba rojo como un tomate.

Laura estaba medio despierta, fingiendo dormir.

Había visto a Natalia ver fijamente el cuerpo de Alejandro por cinco minutos; era obvio que pensaba mientras su rostro se había puesto rojo.

Laura se levantó y se estiró, viendo el desastre del cuarto mientras la luz entraba por la ventana.

—No la culpo.

Esta escena es bastante llamativa…

creo que tendré que pensar en unirla al harén o mis caderas no aguantan ese ritmo.

Apenas si puedo caminar aunque nos dividamos el trabajo entre tres.

— Laura vio el miembro erguido de Alejandro y suspiró, no entendía como un ser humano tiene tanto aguante y menos como esa cosa enorme no las había matado REFLEXIONES DE LOS CREADORES Isaac_JPC Este capitulo tiene varias imagenes…

que solo puedo publicar en patreon asi que si puedes apoyame alli o ve algunas imagenes en TMO

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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