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Evolución Rota - Capítulo 55

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55: Capítulo 55 55: Capítulo 55 La mañana era tranquila, el cielo cubierto por una bruma pálida que se alzaba sobre las ruinas del bosque.

Alejandro caminaba con paso firme y relajado, su katana en la vaina atada a su cintura y una mochila táctica sobre los hombros.

Había salido solo esa vez, con la intención de explorar una zona más profunda en busca de una presa de mayor rango.

Las bestias de ojos azul oscuro ofrecían beneficios notables, y esperaba activar otra misión del sistema para ganar experiencia adicional.

Atravesó la zona de caza caminando entre animales de rango blanco con indiferencia, sin molestarlos.

Pronto alcanzó los bordes del bosque denso.

El suelo húmedo parecía latir bajo sus pies, con raíces que emergían como venas expuestas.

A cada paso, escuchaba el crujido de ramas, el susurro de hojas moviéndose, y el canto lejano de aves gigantes.

Sin embargo, después de varios minutos, algo cambió.

Detrás de él, percibió pasos humanos.

“Cinco…

no, tal vez diez”, pensó, sin voltear.

Continuó su andar sin variar el ritmo, su oído mejorado captando cada pisada.

Eran discretos, coordinados, con una intención clara.

—Ya estamos solos —susurró una voz que apenas se filtró entre las hojas.

El olor a pólvora y sudor masculino flotaba en la brisa.

No eran aficionados.

Eran cazadores con experiencia, con formación.

Por su acento, Alejandro supo que eran locales, probablemente rangos C o B.

La envidia acumulada había crecido como un tumor, No soportaban verlo llegar con sus mujeres, con carne de sobra, con armas únicas y fuerza sobrehumana.

Para ellos, él era un refugiado que vivía como un rey, y encima despreciaba la carne al dejar cadáveres atrás, como si les tiraran migajas.

Como si los rebajara.

—Ese bastardo cree que es mejor que nosotros —había escupido uno de ellos la noche anterior, machete oxidado en mano.

— Sale con su harem, se pavonea por la ciudad, y encima es uno de esos malditos refugiados que están jodiendo nuestras calles.

—  —Hoy lo bajamos del pedestal —dijo otro, con una escopeta colgada al hombro—.

Sin sus mujeres no puede hacer nada, ellas son las que cargan armas, ese idiota solo tiene una espada.

Eran diez.

Cuatro con machetes, uno con escopeta vieja, cuatro con pistolas de dudosa calidad, y el último, el líder, con un fusil militar.

Alejandro fingió no saber nada, pero se desvió del sendero principal, entrando en una zona más cerrada.

Los árboles aquí eran gruesos, sus ramas retorcidas ofrecían sombra y cobertura.

Avanzó con pasos suaves.

Cruzó una rama caída y se detuvo junto a un árbol de tronco curvo, tan ancho como una pared.

Se colocó detrás de él, su cuerpo pegado a la corteza, respirando lento.

Sus sentidos estaban al máximo.

Escuchaba todo.

—Está cerca.

Seguro fue por ese lado.

Vamos, que no se nos escape — dijo uno con voz rasposa.

La emboscada estaba en marcha.

Alejandro entrecerró los ojos.

Su mano rozó el mango de su katana, pero no la desenvainó.

Aún no.

El momento no había llegado.

sin importar qué tan rápido fuera no debía luchar de frente contra un grupo armado.

Ellos pensaban que lo atraparían pero él sería el cazador y ellos las presas.

Uso el tronco levemente inclinado para trepar con discreción.

las densas hojas de gran tamaño cubrieron su cuerpo.

trepo lo suficiente para ocultarse.

El grupo avanzó lentamente rodeando el árbol por los dos flancos con la intención de emboscar, pero no había nada.

Se vieron uno a otros perplejos y comenzaron a apuntar en todas las direcciones confundidos.

El líder les ordenó con voz baja.

— Debe estar delante detrás de los árboles, sigan avanzando.

— “Encontré al líder” Pensó Alejandro mientras veía como el grupo avanzaba apuntando detrás de cada árbol.

El líder, siempre al final, observaba a sus hombres como un pastor vigila su rebaño.

Alejandro se deslizó entre las ramas, descendió con sigilo y se aproximó por la retaguardia.

Sin emitir un sonido, decapitó al líder.

Tomó su fusil y cargadores, y ocultó el cuerpo.

Uno a uno, eliminó a los hombres con machete, atacando desde las sombras.

Luego se aproximó al de la escopeta.

El sujeto tenía un buen instinto y se giró, al ver a Alejandro le apuntó con su escopeta sin pensarlo, pero no fue lo suficientemente rápido.

Alejandro ya le había cortado la mano.

El grito fue desgarrador.

Alejandro se vio forzado a retroceder por el fuego de los cuatro restantes que lo habían visto.

Los disparos pararon y empezaron a gritarle y maldecirlo.

ni siquiera eran conscientes de que faltaban personas y avanzaron rodeando el árbol por ambos flancos.

Alejandro podía escuchar sus pisadas y saber sus posiciones.

Preparó el fusil, primero salió por el flanco izquierdo y disparó con la escopeta.

El disparo alcanzó a uno de ellos y el otro se pudo ocultar detrás de un árbol.

inmediatamente dejó caer la escopeta ya sin munición, salió por el otro lado con el fusil y disparó.

Los otros dos devolvieron el los disparos pero no tuvieron suerte.

las balas del fusil les impactaron en una pierna y al otro en el pecho.

Ambos cayeron Las balas de Alejandro se acabaron y se ocultó otra vez mientras recargaba el arma.

por suerte era el mismo tipo de fusil que tenía o no sabría manejarlo.

Alejandro sabía que solo quedaba uno del que cuidarse.

En medio de los gritos de dolor del tipo con la bala en la pierna Alejandro.

pensó con calma.

miro el árbol donde estaba oculto.

Era un gran tronco que se abría en forma de “Y” estaba un poco alto, pero no para él.

usó el Aura para reforzar la parte baja de su cuerpo y como un resorte saltó lo suficiente para trepar en medio de la división de las ramas.

El otro tipo que quedaba estaba cubierto con una gran raíz apuntando en todo momento al árbol.

Su concentración era mucha, estaba bañado en sudor y sus manos temblaban de miedo.

no sabía cómo habían muerto los demás ni había visto sus cuerpos pero sabía que era el único solo allí.

maldijo el momento en que se dejó llevar por su jefe para cazar a un extraño.

Una detonación le atravesó el cráneo.

Su cuerpo cayó sin emitir sonido.

Alejandro bajó del árbol y buscó al herido con la pierna destrozada.

Lo remató sin dudar.

Luego siguió el rastro de sangre del hombre que había escapado.

Lo encontró.

Aunque rogara piedad, Alejandro no dudo.

No salió por el mismo lugar por donde entró.

Se adentró más en el bosque rodeando la ciudad para salir por otra zona, alejada.

No quería testigos que lo vieran salir del mismo sitio donde ese grupo había muerto.

Mató algunos insectos de rango blanco en el camino.

Cuando emergió del bosque, apareció en una nueva zona de caza.

Se sentó a pensar.

Arrojó el fusil en el bosque.

Solo conservó las balas.

No quería que lo vieran caminar con la posesión de un desaparecido o sería sospechoso.

Luego, esperó mientras pensaba en cómo salir de ese problema.

Cuando un grupo fue atacado cerca por una serpiente de ojos azul oscuro.

El animal había salido del bosque y atacó a un grupo de cazadores que se había confiado demasiado.

Alejandro aprovechó eso e intervino.

La decapitó y salvó al único sobreviviente del grupo.

—¡Gracias, gracias, hermano!

—jadeó el hombre—.

Creí que iba a morir.

—Tranquilo.

Nos dividimos la presa, ¿te parece?

Mitad y mitad.

—¡Claro!

¡Con gusto!

Mis amigos… no lo lograron, pero esto… esto nos va a dar mucho a mi familia.

de verdad gracias.

Alejandro lo acompañó al gremio.

Repartieron la carne.

Él se quedó con los ojos y escamas.

Todos los vieron como héroes.

Ningún alma sospechaba la verdad ahora tenía una coartada con testigos.

Con 100 kilos de carne a la espalda,vales de comida en el bolsillo y munición en la mochila- Regresó a casa.

Las mujeres lo recibieron con alegría.

Reconocieron de inmediato la calidad de la carne: azul oscuro.

El olor era embriagador.

Juntas, prepararon la cena mientras Alejandro se duchaba.

Aunque fingía normalidad, bajo el agua, su rostro era serio.

Había matado a diez hombres sin remordimiento.

¿Cuándo se volvió tan frío?

se preguntaba mientras el agua limpiaba la sangre de su cuerpo.

Su reflejo en el espejo empañado del baño parecía más un depredador que un humano.

Intentó ahogar esos pensamientos bajo el chorro de agua caliente.

A veces, pensaba que el verdadero precio de sobrevivir no era físico, sino emocional.

Cuando salió, un vaso voló por el aire y lo empapó en jugo.

—¡Ana!

—gritó Isabela, mientras Ana se levantaba del suelo con una risa torpe.

—¡Fue Luisa!

¡Se me cruzó cuando me caí!

—¡Yo solo intenté atraparla!

—protestó Luisa, también riendo.

—¿Y el jugo?

—preguntó Laura, con una ceja levantada.

—Se sacrificó valientemente para refrescar al jefe —bromeó Natalia.

Alejandro, empapado pero sonriendo, soltó una carcajada.

—Así da gusto volver a casa —dijo, mientras las demás reían junto a él.

El olor de la carne cocinándose lo recibió como una caricia cálida.

Natalia había preparado un guiso con la parte más tierna de la serpiente.

Laura y Ana se encargaron de las verduras mutadas.

Isabela, mientras tanto, limpiaba las escamas para que Alejandro las usará después.

—Esto huele a gloria —dijo Alejandro, tomando asiento.

—Es que estás rodeado de diosas culinarias —bromeó Natalia.

—Y de diosas guerreras, no lo olvides —añadió Laura con una sonrisa.

Durante la cena, entre mordiscos de carne jugosa y sorbos de jugo de fruta en leche, el ambiente era cálido, familiar.

Las risas llenaban el aire, y por unos minutos, Alejandro sintió que todo tenía sentido.

Pero mientras las llamas de la estufa bailaban tranquilas, en su mente aún resonaban los disparos y los gritos apagados del bosque.

Sabía que la paz era frágil.

Pero por esa noche, decidió disfrutar sin culpas.

después de todo lo único que le importaba era regresar a casa con ellas sin importar qué precio pagará.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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