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Evolución Rota - Capítulo 58

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58: Capítulo 58 58: Capítulo 58 La cocina se llenó de un aroma embriagador.

Natalia, con las mejillas sonrojadas y las manos temblorosas por la ansiedad, doraba cortes gruesos de carne nivel verde en la sartén.

El chisporroteo era casi sensual, y la tentación de probar un bocado la hacía babear discretamente.

Pero su fuerza de voluntad era de acero; sabía que esa comida era para todos.

Alejandro y las demás estaban ya sentados en la mesa, moviéndose en las sillas con impaciencia.

Sus cuerpos recordaban perfectamente el sabor del huevo nivel verde claro que habían probado días atrás.

Esta vez, el olor parecía más intenso, como si cada célula les suplicara devorar aquello.

Natalia sirvió cada plato con un gesto solemne, casi religioso.

Uno a uno fueron entrando a la cocina, recogiendo sus raciones.

Apenas se sentaron, todos comenzaron a devorar con una mezcla de desesperación y placer.

El calor no les importó.

Ni las quemaduras leves en la lengua.

Era imposible resistirse.

Cuando terminaron, reinó el silencio.

Todas tenían rostros de satisfacción plena y miradas perdidas, como si hubieran viajado mentalmente a otro mundo.

Alejandro sentía su cuerpo arder de energía; sus músculos se tensaban y sus heridas más profundas comenzaban a cerrarse.

Estaba a punto de comentar algo cuando notó a Ana tambalearse en su asiento.

—¿Qué pasa?

¿Te sientes mal?

—preguntó Laura con preocupación, sujetándola.

—Me siento mareada… y tengo sueño… —respondió Ana antes de desplomarse en los brazos de Laura.

El aire se tensó como una cuerda rota.

Alejandro corrió a ayudar.

Con cuidado, la colocaron en la alfombra.

Luisa, en pánico, le agarraba la mano a Natalia.

—¿Qué le pasa a Ana?

¿Va a estar bien?

Todos los ojos estaban sobre Alejandro.

Él tocó su frente: estaba ardiendo.

—¡Traigan hielo, rápido!

Isabela corrió a la cocina y volvió con un trozo del hielo que aún quedaba de la silla congelada.

Colocaron trozos en la frente, cuello y pecho de Ana.

El vapor salía como si fuera lava bajo la nieve.

Alejandro sudaba.

Nunca la había visto así.

Desesperado, probó una idea.

—Analizar —susurró, tomando su mano.

Una ventana de error apareció… y desapareció.

Otra pantalla emergió: Habilidad Afinidad de Pareja detectada.

El usuario puede ver parcialmente la información de sus parejas.

Nombre: Ana / Ocupación: Cazador Rango C Don de evolución: Telequinesis Estado: Evolucionando —¡Está evolucionando!

—gritó Alejandro.

—¿¡Qué!?

¿Como tú?

—Laura estaba entre asombrada y aterrada.

De repente, el cabello de todas comenzó a levantarse.

Cucharas, platos, incluso los muebles se elevaron lentamente.

Luisa gritó.

—¡Estamos flotando!

Ana comenzó a levitar a unos pocos centímetros del suelo.

Alejandro reaccionó.

—¡Todas a los cuartos!

¡Tírenme almohadas!

¡Suban a las camas, ya!

En caos coordinado, las chicas saltaron a las camas.

Alejandro colocó las almohadas debajo de Ana mientras todo seguía flotando.

Incluso él comenzó a elevarse.

Todo giraba en cámara lenta, hasta que un latido profundo —como un pulso invisible— hizo que todo cayera de golpe.

Ana aterrizó suavemente sobre las almohadas.

Cuando se acercaron, su fiebre había bajado.

Abrió lentamente los ojos, somnolienta, mientras todos la estaban rodeando.

—¿Eh?

¿Por qué me están mirando todos?

Luisa y Laura saltaron sobre ella con lágrimas.

Alejandro suspiró, aliviado.

—Esto me asustó más que el lagarto helado… —Escucha Ana —dijo con ternura—.

Evolucionaste.

Por eso te desmayaste.

—¿¡QUÉ!?

¿Tengo poderes como tú?

—Los tuyos son incluso más increíbles.

Puedes mover cosas con la mente… se llama telequinesis.

—¿En serio?

—Ana se incorporó lentamente—.

¿Soy como un personaje de anime?

Luisa reía entre lágrimas.

—¡Ana!

¡Las cucharas flotaron!

¡Nosotras flotamos!

¡Fue como magia!

—¡Wow!

Estoy tan poderosa que hasta dormida hago desastre —bromeó Ana, inflando el pecho.

Alejandro la golpeó juguetonamente en la cabeza.

—Hoy solo limpiamos el desastre que causaste.

Mañana prácticas.

Esa noche todos limpiaron los restos del desastre.

Ana seguía entre confundida y emocionada.

Cuando por fin se acostaron, ella no pudo dormir bien.

Soñó con mover autos, destruir montañas, flotar entre edificios.

Al amanecer, fue la primera en despertar.

se subió encima de Alejandro y lo despertó sacudiéndose con entusiasmo.

—¡Despierta!

¡Vamos a entrenar!

—Cálmate… primero ayúdale a Natalia con el desayuno, luego entrenamos —dijo él, acariciándole el cabello, todavía medio dormido.

Ana salió del cuarto corriendo directo a la cocina, incluso olvidó que solo tenía calzones puestos.

Alejandro perezosamente hundió su rostro en los pechos de Isabela y siguió durmiendo.

Después del desayuno, Ana rebotaba como un perrito excitado.

Luisa la seguía como su sombra.

—Primero a la sala —dijo Alejandro—.

Luisa, tráenos algo que no se rompa.

Luisa volvió con una pelota.

Se sentaron todos.

Ana frente a la pelota, Alejandro al frente y Luisa sentada sobre sus piernas.

—Ana —empezó Alejandro—.

Cuando usé la espada de hielo, primero no pasó nada, la espada solo enfrió un poco la superficie.

Pero al enviar maná desde mi palma, el efecto se activó.

Tú eres la más talentosa con el aura, así que tu conexión con el maná será natural.

Las demás se acercaron, curiosas.

— La habilidad de los mutantes y los humanos evolucionados tiene como combustible el maná con el que nos rodeamos de esa aura, así que concéntrate.

Imagina que tu aura empuja la pelota sin que la toques.

No tengas prisa cuando encuentres la forma de hacerlo mejoraras por tu cuenta.

Después de media hora de mirar fijamente la pelota, por fin rodó levemente unos centímetros.

Ana gritó de emoción.

—¡La moví!

¡La moví!

—Genial.

Ahora haz que llegue a Luisa.

Cinco minutos después, la pelota rodó sola hasta Luisa.

Diez minutos más, y flotaba suavemente hasta sus manos.

Las dos celebraban como niñas anotando un gol.

Todo el día jugaron con eso.

Ana logró mantener objetos flotando en un radio de dos metros.

Más allá, perdía el control.

Pesados, aún no podía levantarlos y le costaba mantener más de uno solo a la vez.

—¡A comer!

—llamó Natalia desde la cocina.

En la mesa, Alejandro preguntó: —¿Cómo les fue hoy?

Laura fue la primera en hablar: —Hoy atendimos a la esposa del alcalde.

Fue simpática.

Nos dijo que mañana habrá muchas promociones de fruta en el mercado, por la cosecha.

—Una clienta nos contó que su esposo es policía y cuida los campos de refugiados —añadió Isabela—.

Dice que hubo un intento de motín.

Alguien trató de robar comida y se armó una pelea.

—También escuchamos que algunas familias ricas están pagando a soldados para que construyan un muro entre su zona y la de clase media —comentó Natalia con desdén—.

Dicen que no quieren ver más refugiados.

— Eso se volverá un problema… —dijo Alejandro—.

Esto va a estallar un día de estos.

—Yo también quiero un poder como Ana —dijo Laura de repente.

—Eso es cuestión de azar —respondió Alejandro—.

Lo único que podemos hacer es seguir comiendo carne mutada.

Todos quedaron en silencio unos segundos.

Isabela suspiró.

—Supongo que al menos Ana lo logró.

—¡Sí!

¡Soy increíble!

—gritó Ana levantando su tenedor como una espada imaginaria.

Luisa aprovechó que Ana estaba descuidada y le robó una porción de carne.

Todos se rieron mientras Ana ponía cara de confusión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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