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Evolución Rota - Capítulo 70

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70: Capítulo 70 70: Capítulo 70 La mañana avanzaba tranquila dentro de la mansión, como si el mundo fuera otro distinto al que rugía afuera.

Las mujeres parecían sentirse seguras; las ventanas y puertas estaban reforzadas hasta el extremo, las paredes de concreto daban una sensación sólida de refugio.

Cualquier animal pequeño quedaría fuera, y si uno llegaba a entrar, tres de ellas tenían armas de fuego listas y dos poseían habilidades evolucionadas.

Además, Alejandro estaba patrullando el vecindario, y para ellas eso equivalía a un muro viviente: fuerte, rápido y absolutamente confiable.

Luisa correteaba por los pasillos con una sonrisa traviesa, llevando prendas en sus manos: una media de Natalia, una blusa de Ana, un pañuelo de Sara.

—¡Voy a esconderlos todos!

—canturreaba mientras metía una camiseta doblada entre los cojines del sofá y guardaba un sujetador bajo una pila de mantas.

Subía y bajaba escaleras, metiendo calcetines en los cajones equivocados y camisetas dentro de las macetas vacías, como si jugara un escondite secreto.

En el patio interior, Ana se mantenía seria y concentrada.

Sentada en el suelo, con las piernas cruzadas, manipulaba con precisión sus dos kunais recién mejorados.

Los movía en el aire como si fueran extensiones de sus manos, describiendo curvas rápidas y giros bruscos.

Su frente estaba perlada de sudor, pero no apartaba la mirada.

El rango de control era de apenas cinco metros, pero cada día notaba cómo esa distancia crecía.

Giraba una hoja hacia la izquierda, la otra hacia la derecha, y ambas regresaban a su posición inicial como si obedecieran un hilo invisible.

En otra esquina, Sara colocaba una venda en los ojos de Laura.

—Vamos a ver si puedes encontrar algo… solo con el olfato.

—Esto es ridículo —se quejó Laura, pero una sonrisa se asomaba en sus labios.

Sara reía y agitaba en su mano un par de medias—.

A ver… dime de quién son.

Laura aspiró con cuidado, frunció la nariz y respondió: —Natalia… aunque… ¿lavaste esto alguna vez?

—preguntó, provocando las carcajadas de todas.

En la cocina, Natalia y Camila trabajaban con concentración.

El gas ya no funcionaba, así que habían adaptado una chimenea improvisada para que el humo escapara mientras asaban carne en una parrilla de hierro.

—Si cortamos ese pasto alto del jardín delantero, podríamos plantar algunas verduras —dijo Natalia, volteando un filete.

—Zanahorias, papas… y si cuidamos las semillas de las frutas, tendríamos más —añadió Camila, sacudiendo la cabeza para apartarse del humo.

—Sería mejor que esperar a que la comida se acabe —cerró Natalia, dándole la vuelta a otro trozo de carne.

A varias calles de distancia, Alejandro recorría las calles como un lobo solitario.

El silencio era roto apenas por el crujir de los escombros bajo sus botas.

Desde las ventanas de algunas mansiones, rostros asustados lo miraban por segundos antes de esconderse.

Para ellos, cualquier hombre armado era un saqueador.

Alejandro apenas levantaba una ceja.

—Me da igual… —murmuró, apretando el paso.

De repente, un insecto mutado del tamaño de un perro cruzó frente a él.

Con un corte rápido de su espada, el bicho cayó partido en dos.

Otros tres lo siguieron, y todos terminaron del mismo modo.

Eran rango blanco: carne sin interés, pero una amenaza menos.

Decidió trepar el muro de una casa destruida para tener mejor visión.

Desde el techo, el panorama era claro: helicópteros combatiendo a lo lejos, columnas de humo que se alzaban como dedos negros hacia el cielo, disparos dispersos… y, en su propio vecindario, un grupo de ratas mutantes de rango azul claro.

Antes, esas criaturas habrían significado problemas.

Ahora, no.

Saltó desde el techo y cargó contra ellas, decapitando a cuatro en un abrir y cerrar de ojos.

Asesinaste: 4 Rata mutante / Rareza: azul claro / + 80 EXP Alejandro suspiró, decepcionado.

—¿Veinte puntos por cada una?

son del tamaño de un oso, esto es injusto… — comentó mientras les sacaba los ojos y los guardaba en su mochila.

Miró la carne con indecisión; tenían demasiada de rango verde claro y se echaría a perder antes de que pudieran comerla.

Decidió dejarla y verificar su estado para saber cuánto le faltaba para subir de nivel: ────────────────────────────── Nombre: Alejandro / Ocupación: Cazador rango A Nivel: 11 / Experiencia: 9080/18000 ────────────────────────────── Resistencia: 13 Agilidad: 13 Fuerza: 14 Inteligencia: 12 Percepción Sensorial: 11 Maná: 12 ────────────────────────────── Habilidades: Negociación 9, Socialización 7, Cocina 3, Fuerza de voluntad 8, Artesanía 1, Resistencia a toxinas 3, Control de Aura 3, Afinidad de Pareja 3 Destrezas: Guerrero 2, Esgrima 15, Ciencia 16, Matemática 14, Castellano 15, Inglés 16, Economía 17, Programación 16 Maestrías: Identificación, Integración material Puntos de Atributo: 0 – de Habilidad: 0 ────────────────────────────── Chasqueó la lengua.

—Voy a tener que farmear mucho si quiero subir… — dijo en voz alta —.

Con esta fuerza no puedo sacar a todas de la ciudad sin arriesgarme a que alguna salga herida.

Vio que algunas personas lo observaban a escondidas: mujeres delgadas, casi famélicas, con niñas pequeñas pegadas a sus faldas.

Miedo y hambre en los ojos.

Se rascó la cabeza y entendió la razón: la carne.

—Bah… — cortó un gran trozo y lo dejó frente a una puerta.

Sin esperar agradecimientos, siguió caminando.

Pronto notó más miradas desde otras mansiones.

Repitió la acción: dejar carne y alejarse, observando de reojo cómo solo la recogían cuando él ya no estaba, temerosos de que fuera una trampa.

Siguió cazando.

Eliminó varios rango blanco y dejó sus cuerpos cerca de las casas con gente.

En total, contó unas veinte viviendas con sobrevivientes.

En el sitio donde había abatido al jaguar de rango verde claro, encontró que las armas de los soldados habían desaparecido.

—Debí volver por ellas… —gruñó para sí.

En otro salto alcanzó el techo de un edificio y divisó a una lagartija mutante enorme, rango azul claro.

Corrió sobre los tejados y, antes de que reaccionara, le cortó la cabeza.

Asesinaste: 1 lagartija mutante / Rareza: azul claro / + 20 EXP Guardó los ojos, sumando ya diez de ese tipo.

—Perfecto… estos serán para Sara y Camila.

Aprenderán rápido a manejar el aura.

Un helicóptero pasó a baja altura, disparando ráfagas contra un edificio en la zona pobre antes de alejarse.

Alejandro frunció el ceño, dudando si valía la pena ir tan lejos.

—Está despejado… en línea recta… —decidió, y se lanzó a correr.

Varias calles después, entre escombros y cadáveres de civiles que ignoró, llegó al edificio objetivo.

Allí yacía el cuerpo partido de una serpiente de rango azul oscuro.

Aprovechó que los ojos estaban intactos y los guardó.

La piel era gruesa y valiosa, aunque dudó en llevarla; toda la ropa del grupo ya era rango verde, y hasta las ollas y carpas estaban mejoradas.

Finalmente, cortó tanta piel como pudo y un buen trozo de carne, esa sí merecía el esfuerzo.

Antes de llegar a la mansión, remató a dos animales rango blanco que merodeaban.

Cuando cruzó la puerta, el olor lo recibió antes que las voces.

Natalia y Camila habían servido el almuerzo, y las demás conversaban alegremente en la mesa, como si la guerra afuera quedará a mundos de distancia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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