Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Evolución Rota - Capítulo 79

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Evolución Rota
  4. Capítulo 79 - 79 Capítulo 79
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

79: Capítulo 79 79: Capítulo 79 Alejandro se detuvo frente al edificio.

Ocho pisos altos, todos con las ventanas destrozadas, como si la estructura hubiera recibido una tormenta de proyectiles.

Los muros estaban agrietados, ennegrecidos por incendios pasados.

El viento húmedo de la mañana silbaba entre los huecos, arrastrando cenizas y polvo.

—Huele a cadáver… —murmuró, llevándose la mano a la espada.

Avanzó hasta la puerta.

El suelo estaba cubierto de cristales rotos, crujían bajo sus botas con cada paso, delatando su posición.

Entró despacio, atento, con los sentidos tensos.

El interior parecía haber sido en otra vida una oficina de trabajadores: escritorios volcados, computadores oxidados, papeles amarillentos desparramados como hojas muertas.

Pero ahora no era un lugar de trabajo.

Era un nido.

Del rincón oscuro, un chirrido metálico retumbó.

Cinco ciempiés rango azul claro reptaban por el suelo, cada uno del tamaño de una perro grande y del largo de una habitación, con patas puntiagudas que se hundían en el suelo y antenas que se agitaban buscando vibraciones.

Alejandro soltó una sonrisa ladeada.

—Hora de limpiar.

Desenvainó la espada de fuego.

La hoja rugió como una hoguera al contacto con su aura.

Avanzó de frente.

El primer ciempiés se lanzó directo, pero Alejandro se deslizó de lado y hundió la hoja en su caparazón.

El fuego no atravesó de inmediato, pero al inyectar más aura, la armadura se abrió como mantequilla caliente.

Las llamas entraron y EL NIDO DE LOS CIEMPIÉS Alejandro se detuvo frente al edificio.

Ocho pisos altos, todos con las ventanas destrozadas, como si la estructura hubiera recibido una tormenta de proyectiles.

Los muros estaban agrietados, ennegrecidos por incendios pasados.

El viento húmedo de la mañana silbaba entre los huecos, arrastrando cenizas y polvo.

—Huele a cadáver… —murmuró, llevándose la mano a la espada negra.

Avanzó hasta la puerta.

El suelo estaba cubierto de cristales rotos, crujían bajo sus botas con cada paso, delatando su posición.

Entró despacio, atento, con los sentidos tensos.

El interior parecía haber sido en otra vida una oficina de trabajadores: escritorios volcados, computadores oxidados, papeles amarillentos desparramados como hojas muertas.

Pero ahora no era un lugar de trabajo.

Era un nido.

Del rincón oscuro, un chirrido metálico retumbó.

Cinco ciempiés rango azul claro reptaban por el suelo, cada uno del tamaño de un perro grande, con patas puntiagudas que se hundían en la madera podrida y antenas que se agitaban buscando vibraciones.

Alejandro soltó una sonrisa ladeada.

—Hora de limpiar.

Desenvainó la espada de fuego.

La hoja rugió como una hoguera al contacto con su aura.

Avanzó de frente.

El primer ciempiés se lanzó directo, pero Alejandro se deslizó de lado y hundió la hoja en su caparazón.

El fuego no atravesó de inmediato, pero al inyectar más aura, la armadura se abrió como mantequilla caliente.

Las llamas entraron y el monstruo se consumió desde dentro, retorciéndose hasta quedar chamuscado.

[Asesinaste: 1 Ciempiés mutante / Rareza: Azul claro / +20 EXP] Los otros cuatro se abalanzaron al mismo tiempo.

Alejandro golpeó con la espada contra el suelo, liberando un arco de fuego que barrió a dos, abriéndoles el vientre.

Un tercero logró morderle la manga, pero Alejandro giró con fuerza, incrustó la hoja en sus mandíbulas y lo incineró desde la garganta.

El último intentó escapar, reptando hacia la pared, pero Alejandro lo alcanzó con un tajo en cruz que lo partió en dos.

[Asesinaste: 4 Ciempiés mutantes / Rareza: Azul claro / +80 EXP] El silencio volvió.

Se agachó, sacando 10 ojos azul claro de las cabezas humeantes y los guardó en su mochila.

—Cinco menos.

Vamos por más.

Subió por las escaleras.

Cada paso retumbaba.

Guardó la espada de fuego; el maná debía reservarse para los grandes.

Desenvainó la espada negra, la hoja mate que se sentía como una extensión de su brazo.

En el segundo piso, lo esperaba un ciempiés, sus patas como cuchillas arañando el suelo.

Las mandíbulas chasqueaban, ansiosas.

Alejandro no lo enfrentó de frente.

Usó las columnas del pasillo, desapareciendo entre ellas.

Cuando la criatura lo buscó con las antenas, Alejandro emergió de un ángulo muerto y le cortó varias patas.

El bicho chilló y arremetió contra un escritorio.

Alejandro saltó sobre la mesa, rodó y hundió la espada en la unión del cuello, acabando con él en un chorro de sangre negra.

[Asesinaste: 1 Ciempiés mutante / Rareza: Azul claro / +20 EXP] Otros dos lo esperaban: uno se arrastraba entre mesas y computadoras, el otro custodiaba un racimo de huevos.

Alejandro usó el entorno; volcó un archivador para trabar las patas de uno y lo atravesó por debajo del tórax.

El segundo rugió, rodeando los huevos como si fueran su tesoro.

—Pues quémate con ellos.

Alejandro desenvainó la espada de fuego, la hoja brilló como un sol en el cuarto oscuro.

Saltó sobre el monstruo y descargó su aura en un corte brutal.

El ciempiés ardió junto con los 20 huevos que estaban debajo.

El olor a carne quemada y quitina derretida lo llenó todo.

[Asesinaste: 1 Ciempiés mutante / Rareza: Azul claro / +20 EXP] [Asesinaste: 20 crías de Ciempiés mutante / Rareza: Azul claro / +400 EXP] El ascenso continuó.

Cada piso era un infierno distinto.

En el tercero, seis ciempiés lo emboscaron al mismo tiempo, sus cuerpos enredándose como cables oscuros.

Alejandro no dudó: desató la espada de fuego, avanzó cortando en arcos incandescentes, partiendo caparazones y encendiendo columnas.

La oficina se volvió un horno.

[Asesinaste: 6 Ciempiés mutantes / Rareza: Azul claro / +120 EXP] Sacó los 12 ojos y siguió.

Del cuarto al séptimo piso, la masacre continuó.

Alejandro se movía entre escritorios volcados, columnas resquebrajadas y cables colgantes, matando 30 ciempiés y destruyendo 70 huevos con llamaradas.

El edificio se llenaba de humo, pero su respiración se mantenía firme; la resistencia que había cultivado le permitía seguir adelante.

[Asesinaste: 30 Ciempiés mutantes / Rareza: Azul claro / +600 EXP] [Asesinaste: 70 crías de Ciempiés mutante / Rareza: Azul claro / +1400 EXP] Finalmente, llegó al octavo piso.

El aire estaba caliente y vibrante, cargado de podredumbre.

Allí, entre las paredes chamuscadas, lo esperaba el guardián: un ciempiés rango azul oscuro.

Era monstruoso, tres veces más grande que los anteriores, con un caparazón brillante y duro como acero.

Sus patas parecían lanzas, sus mandíbulas podían partir un coche en dos.

Alejandro apretó la empuñadura de la espada de fuego..

El monstruo rugió con un chasquido que estremeció el piso, abandonó el nido de 10 huevos azul oscuro y cargó.

Alejandro lo recibió con un tajo diagonal que incendió un escritorio.

El choque hizo temblar las columnas y cada paso del cien agrietaba el suelo.

si seguían allí, el edificio caería sobre ellos.

Retrocedió, bajando las escaleras piso por piso, usando cada desvío para golpear y herir.

El ciempiés lo perseguía, destrozando paredes, derribando escritorios.

mientras serpenteaba.

Los choques de espada y mandíbula quebraban el concreto, las llamaradas pintaban de rojo la penumbra.

Al llegar al primer piso, Alejandro salió disparado hacia la calle.

El ciempiés lo siguió, atravesando la fachada y derrumbando media entrada.

—¡Vamos, maldito!

—gritó Alejandro, saltando sobre un auto del ejército incinerado.

El combate final se dio entre chatarra y humo.

Alejandro saltaba de Auto en Auto destrozado para evitar las embestidas.

Con un impulso, corrió por la espalda del monstruo, se subió a su cabeza y clavó la espada de fuego hasta la empuñadura.

El aura explotó en llamas.

El ciempiés chilló, su cuerpo se arqueó como un látigo.

En segundos, estalló desde dentro en una gran explosión de fuego, llenando la calle de brasas y humo.

[Asesinaste: 1 Ciempiés mutante / Rareza: Azul oscuro / +200 EXP] Alejandro, jadeante, extrajo los 2 ojos azul oscuro antes de que el fuego los consumirá.

Caminando despacio volvió al edificio y sin titubeos incineró los 10 huevos azul oscuro.

[Asesinaste: 10 crías de Ciempiés mutante / Rareza: Azul oscuro / +2000 EXP] Entonces el sistema sonó con un timbre grave: [Misión completada: Despejar nido de Ciempiés mutantes / Recompensa: +400 EXP] Alejandro limpió la espada, con el humo aún saliendo de los escombros.

— Bueno, veamos el botín.

— Primero reviso la mochila, 90 ojos azul claro y 2 azul oscuro.

luego vio su estado y por fin se motivó, solo le faltaban 700 puntos para subir de nivel.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo