¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 100
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100: Capítulo 100: Fingiendo 100: Capítulo 100: Fingiendo —Ay, qué caballero —comentó Harley.
Callan hizo una leve reverencia.
—Ves, por eso prefiero conservar mis cromosomas XY.
—¿Estás diciendo que las chicas no pueden ser caballeros?
—lo desafió Harley.
—Caballeros —enfatizó Callan—.
En masculino.
—¡Las chicas también pueden ser caballerosas!
—replicó Harley.
Micah se quedó a distancia, observándolos bromear.
Darya parecía relajada y feliz.
Estaba disfrutando de verdad.
Nunca sonreía así cuando hablaba con Felicia o Judy.
La sonrisa se desvaneció en cuanto se dio la vuelta y lo vio.
Fue como si se hubiera accionado un interruptor interno.
Pasó de estar «relajada y divirtiéndose» a «alerta y en guardia» en cuestión de segundos.
Y todo por su culpa.
Ryan fue el primero en atacar.
—¿Qué sorpresa encontrarlos aquí?
Espero que no estemos interrumpiendo su cita.
Se refería, no muy sutilmente, al rumor de que Darya salía con Callan.
—¿Dónde está Avery?
—preguntó deliberadamente.
Si Callan de verdad estaba con Darya, esa pregunta sin duda lo haría cabrear.
Pero Callan ignoró a Ryan como si fuera aire.
Odiaba a Micah y, por extensión, a cualquiera que se relacionara con ese hombre.
Nadie habló durante un largo e incómodo minuto.
Micah rompió el silencio.
—Hola, Darya.
No sabía que eras inversora en la marca.
Y no sabía que podía caminar como una supermodelo.
Tenía muchísimas preguntas, pero Darya no parecía estar de humor para responderlas.
—Se está haciendo tarde —dijo Callan, señalando su reloj de pulsera—.
Deberíamos irnos.
—Sí —intervino Harley—.
Bianca probablemente nos está esperando en el coche.
Siguieron hablando como si Micah no estuviera allí.
Micah estaba a punto de recordarle a Darya la reunión que tenían con Solaro, pero el grito de una mujer rasgó el aire de la noche.
—¡Oh, Dios mío!
¡Regina!
Se dio la vuelta de golpe al reconocer la voz de su hermana.
—¡Estás sangrando!
—Felicia lloraba y pedía ayuda a gritos.
Un rastro de pánico surcó el rostro de Micah.
Corrió a toda prisa hacia el origen del sonido.
La pasarela estaba montada al aire libre.
Había un césped extenso, con solo algunas partes iluminadas.
Darya vio a Micah lanzarse hacia la oscuridad.
No se le escapó la mención del nombre de Regina ni la expresión en el rostro de Micah.
«De verdad le importa esa mujer», pensó con amargura.
—¿Quieres ir a echar un vistazo?
—le preguntó Callan a Harley.
A él no le interesaba lo que le hubiera pasado a Regina, pero Harley, como organizadora del desfile, tenía una responsabilidad con sus invitados.
El trío siguió la dirección de Micah.
No muy lejos de la zona del público, Regina yacía en los brazos de Felicia.
Tenía la frente y las rodillas cubiertas de sangre.
Tenía los ojos fuertemente cerrados.
Parecía haberse desmayado.
—¿Qué ha pasado?
—Micah se arrodilló a su lado e intentó detener la hemorragia de su rodilla con un pañuelo.
Felicia lloraba y hablaba de forma incoherente.
—¡Contrólate!
—le espetó Micah a su hermana—.
¿Has llamado a una ambulancia?
Felicia señaló su bolso, que estaba tirado en el césped a su lado.
Micah maldijo por lo bajo.
Le gritó a Ryan: —¡Llama a una ambulancia!
—No… no sé qué pasó —sollozó Felicia—.
Ella solo… Me di la vuelta un segundo.
Y de repente, estaba en el suelo, sangrando.
—¿Se ha caído?
—Micah se fijó en los moratones de las espinillas de Regina—.
Parece que se ha cortado en las piernas.
Su pañuelo no tardó en empaparse de sangre, pero la hemorragia no cesaba.
—¿Hay algún médico aquí?
—gritó Micah.
Su rostro estaba lleno de ansiedad.
Regina padecía un trastorno raro, hemofilia.
Su sangre no podía coagular de la forma habitual debido a la falta de factores de coagulación.
Cualquier pequeño corte o moratón podía ser fatal, ya que podría desangrarse.
—Tenemos un botiquín de primeros auxilios entre bastidores —dijo Harley—.
Iré a por él.
Echó a correr.
Darya se quedó entre la multitud, observando con un rostro impasible.
—No hay nada que podamos hacer aquí —le susurró Callan al oído—.
Vámonos.
—Está fingiendo —dijo Darya.
—¿Qué?
—Que está fingiendo —repitió Darya.
—A mí la sangre me parece real —dijo Callan.
—No está desmayada.
Está despierta.
Mira cómo le tiemblan las pestañas.
—Ajá.
—Callan se frotó la barbilla—.
Entonces, ¿qué está haciendo?
¿Haciéndose la damisela en apuros?
—Como siempre ha hecho.
Chocarse contra una puerta, caerse por las escaleras, tropezar.
Y luego ponerse a sangrar y esperar a que la rescaten.
—Darya bajó la mirada.
Aquello le trajo recuerdos desagradables.
Regina se provocaba algún tipo de herida, luego llamaba a Micah presa del pánico y él volaba a su lado.
Entonces él llamaba a Darya y le exigía que fuera al hospital de inmediato a donar sangre.
Siempre era la misma rutina.
Callan le dio una palmada en el hombro.
—No somos caballeros de brillante armadura.
Larguémonos de aquí.
Darya asintió.
Felicia los vio.
—¡Esperen!
Agarró la mano de Micah.
—¡No puede irse!
Regina necesita una transfusión de sangre.
La multitud guardó silencio.
Darya se detuvo en seco.
Se dio la vuelta y clavó los ojos en Micah, esperando.
¿Qué haría esta vez?
¿Le ordenaría que se arremangara y donara sangre, como hacía siempre?
¿O tendría la decencia de reconocer que ella ya no le debía nada?
Su acuerdo había sido anulado.
Ya no estaba obligada a donar sangre.
Callan estaba furioso.
—¿Pero qué demonios?
No va a donarle sangre a esa mujer.
Avery le había contado lo que le había pasado a su hermana durante los últimos tres años.
A Callan le había costado una fuerza de voluntad tremenda no hacer algo para devolvérsela al desalmado exmarido de Darya y a su manipuladora amante.
¡No se quedaría de brazos cruzados y dejaría que volvieran a usar a su hermanita como un banco de sangre móvil!
Se puso delante de Darya, temblando de rabia.
—¡No se atrevan a ponerle una mano encima!
Ryan se puso del lado de Felicia.
—Pero es la única con el tipo de sangre adecuado.
Felicia asintió.
—¿No vas a dejar que se muera, verdad?
Regina estaba secretamente complacida con la reacción de Felicia.
Habría sonreído si no se supusiera que estaba «inconsciente».
Todo el tiempo que había pasado haciéndole la pelota a la hermana de Micah por fin había dado sus frutos.
Darya los ignoró.
Esperó la respuesta de Micah.
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