¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 166
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- Capítulo 166 - 166 Capítulo 166 Regalo de cumpleaños
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166: Capítulo 166: Regalo de cumpleaños 166: Capítulo 166: Regalo de cumpleaños Poco después, la noticia de que Ava Montclair había difundido rumores en línea se hizo viral.
Lo que sorprendió a todo el mundo fue que la actriz, normalmente discreta, cayera tan bajo.
Pero lo que realmente enfureció a la gente fue que Ava había tomado por tontos a los internautas.
Así que, mientras ella afrontaba las consecuencias, la mayoría de la gente disfrutaba de la desgracia ajena.
En poco tiempo, todas las actividades comerciales de Ava se detuvieron en seco y tuvo que pagar un alto precio.
La verdad ya no podía ocultarse, así que a Ava no le quedó más remedio que dar la cara y disculparse.
Tras grabar un vídeo de disculpa, anunció su retirada del mundo del espectáculo.
Darya no esperaba que Ava se disculpara tan rápido.
Pero tampoco le dio más vueltas.
El cumpleaños de Timothy estaba a la vuelta de la esquina.
Harley y Bianca sabían que tenían que ser originales e idear un regalo de cumpleaños fuera de lo común para el joven amo de la familia Barrett, que probablemente ya lo había visto todo.
A Darya, en cambio, no le parecía que importara mucho.
Después de todo, le diera lo que le diera, Timothy le daría su visto bueno.
Bianca arrastró a Darya al centro comercial, lamentándose de no encontrar un regalo para Timothy mientras acababa con un montón de bolsas para ella.
Hizo que le enviaran las compras a su casa mientras continuaban con su maratón de compras.
La mirada de Darya se fijó en un deslumbrante reloj Patek Philippe; un espectáculo para la vista con su apariencia lujosa y extravagante, que encajaba a la perfección con la personalidad de Timothy.
Pero lo que no sabía era que se toparía con Felicia y Ryan.
Los cuatro se quedaron frente a frente, con una tensión incómoda llenando el ambiente.
Ryan fue el primero en romper el silencio.
—Darya, no sabía que también comprabas aquí.
—¿Estás ciego?
—se burló Bianca.
Desde la última vez que Ryan se disculpó con Darya, había moderado notablemente su comportamiento.
Pero no tenía otra opción; Darya todavía tenía sus fotos semidesnudo y, con el precedente de aquel niño rico idiota, Julian Fitzroy, no podía permitirse para nada caerle mal.
Felicia soltó un bufido de desdén, se cruzó de brazos y le lanzó una mirada de descontento a Darya.
—¿Qué haces aquí?
—¿Acaso eres la dueña de este sitio?
—contraatacó Bianca, negándose a ceder—.
Que yo sepa, este es un centro comercial abierto al público.
Ignorando su disputa, Darya señaló directamente el Patek Philippe de edición limitada más caro.
—Envuélvalo.
No había necesidad de molestarse en mirar la etiqueta del precio.
—¡Espera, yo lo vi primero!
—intervino Felicia rápidamente.
Ryan no dijo nada.
—Señorita Cavanaugh, el primero que llega se lo lleva.
Quien pague primero se lo queda, ¿entendido?
—los labios de Darya se curvaron en una sonrisa ladina mientras miraba a Felicia.
Felicia apretó los dientes con frustración, mientras una profunda sensación de resentimiento la invadía.
De repente, se dio cuenta de algo y espetó: —¿Darya, no le estarás comprando un regalo de cumpleaños a mi hermano, verdad?
El ambiente se volvió pesado, sofocando la habitación con tensión.
Los ojos de Ryan se abrieron de par en par por el asombro mientras un destello de comprensión iluminaba su mente.
«Mierda, ¿por qué no se me ocurrió antes?
¿Por qué si no iba a estar Darya comprando un reloj de hombre a estas alturas?», pensó.
Pillada por sorpresa por el comentario de Felicia, Darya dudó un momento, solo para ser golpeada por un hecho que había pasado por alto.
Los cumpleaños de Timothy y Micah eran con solo un día de diferencia.
¿Se había centrado tanto en el cumpleaños de Timothy que se había olvidado del de Micah?
Fue una amarga revelación.
Felicia, pensando que Darya lo había admitido, aprovechó la oportunidad para burlarse de ella.
—Olvídate, Darya.
Mi hermano no te va a invitar y tu regalo ni siquiera le llegará.
Más te valdría dármelo a mí.
A Ryan le temblaron los labios, mitad divertido y mitad exasperado.
Intervino rápidamente, tirando de Felicia para ponerla detrás de él.
—Ya basta, Felicia.
En años anteriores, Darya no había sido invitada a la celebración del cumpleaños de Micah, pero este año podría ser diferente.
Existía un atisbo de posibilidad.
Darya giró la cabeza, con la mirada penetrante y una sonrisa gélida.
—¿Así que quieres esto, eh?
Pues, ¿sabes qué?
No pienso dejar que te lo quedes.
No es que seas precisamente santo de mi devoción.
Soltó un bufido de desdén, sacó su tarjeta y pagó sin dudar.
Bianca se quedó a un lado, con los brazos cruzados, observando la escena.
La visión de la egocéntrica señorita Cavanaugh le divertía sobremanera.
—Felicia, deja de darle tantas vueltas —dijo—.
Darya no tiene nada que ver con Micah.
¿Por qué iba a querer comprarle un regalo?
Darya y Bianca se alejaron pavoneándose, dejando a Felicia echando humo tras ellas.
Para colmo, ese reloj Patek Philippe en particular era la joya exclusiva de la Boutique Eastwood, no disponible en ningún otro lugar de la ciudad.
¡Darya se lo había arrebatado justo delante de sus narices!
Mientras Felicia todavía rabiaba, Ryan no pudo contener su emoción y corrió a un rincón apartado, ansioso por compartir la noticia con Micah.
[Ryan]: ¡Micah, no te vas a creer lo que acabo de ver!
¡Darya te ha comprado un regalo de cumpleaños!
A Micah le tembló la mano al leer el mensaje.
Estaba estupefacto.
[Micah]: ¿Estás seguro?
[Ryan]: Es verdad, Felicia también está aquí.
Darya ha ido y ha comprado ese reloj Patek Philippe que tanto te gusta.
Prepárate para el regalo, tío.
Reprimiendo su euforia, Micah fingió mantener la compostura.
[Micah]: Entendido.
Al principio no tenía planes de celebrar su cumpleaños este año, pero ahora parecía que tendría que tirar la casa por la ventana.
¿De qué otra forma podría encontrar una excusa para invitarla?
En años anteriores, solía pasar su cumpleaños con sus colegas más cercanos.
Recordó que antes de su divorcio, Darya había estado ansiosa por celebrar su cumpleaños.
Sin embargo, la idea de pasar el día con ella le pareció poco interesante y la rechazó con brusquedad.
Pero ella siempre se las arreglaba para prepararle un regalo, año tras año.
Con esta revelación, Micah no perdió tiempo en llamar a Norris a su despacho.
—¿Oye, qué pasó con los regalos que recibí en mis cumpleaños anteriores?
La repentina pregunta pilló a Norris por sorpresa y, tras un momento para ordenar sus pensamientos, dijo: —Jefe, los regalos valiosos están todos a buen recaudo en la bóveda y en la vitrina de coleccionista de su casa.
—¿Y los que me dio Darya?
Norris dudó unos segundos antes de preguntar con cautela: —Jefe, ¿a qué año se refiere?
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