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¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 192

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Capítulo 192: Capítulo 192: Cosechas lo que siembras

Darya extendió un brazo y consiguió agarrar la falda de Felicia, evitando que cayera al suelo.

—Felicia, pensaba que tenías un buen corazón, pero parece que tenías otros planes —comentó Darya con la voz teñida de frialdad, mientras examinaba a la desaliñada Felicia.

Felicia, sin embargo, persistió en su negación. —¡Yo…, yo no lo hice! —tartamudeó, intentando desviar la culpa.

—¿De verdad esperas que me crea eso? Me engañaste para que viniera aquí y luego intentaste empujarme por la barandilla —replicó Darya con una evidente suspicacia en la mirada—. Si no me equivoco, manipulaste la barandilla, ¿verdad?

El miedo centelleó en el rostro de Felicia, pero antes de que pudiera pronunciar otra negativa, Darya la interrumpió: —Si te niegas a admitirlo, entonces te soltaré y podrás enfrentarte a las consecuencias.

—Aunque solo estamos en el segundo piso, una caída desde esta altura probablemente te dejaría una pierna rota —añadió Darya, con la voz cargada de una pizca de peligro.

Felicia lanzó una mirada temerosa a sus espaldas, sintiéndose mareada y aturdida.

—Yo… lo admito… Lo hice a propósito —confesó finalmente Felicia, con la voz temblorosa de miedo—. Por favor, súbeme.

Darya observó a Felicia, divertida por su estado de terror.

Incapaz de resistir la tentación, la soltó, dejando que Felicia cayera en picado momentáneamente antes de volver a agarrar su falda.

Sin embargo, la fuerza hizo que la falda de Felicia se rasgara, dejando al descubierto sus muslos y sumiéndola en un estado de máxima vergüenza.

El alboroto atrajo la atención de los curiosos y, para sorpresa de Darya, la primera persona en acudir a la escena fue Asher.

—¿Qué ha pasado? —preguntó, con los ojos abiertos de asombro, mientras le ofrecía su ayuda a Darya.

Darya le hizo un gesto a Asher para que la ayudara a subir a Felicia, mientras explicaba: —Intentó empujarme para que me cayera, pero le di la vuelta a la tortilla.

Asher aportó su fuerza, izando a Felicia de vuelta a tierra firme.

Al percatarse de su aspecto desaliñado y semidesnudo, se quitó amablemente la chaqueta del traje y la cubrió con ella.

Se había reunido una multitud, entre ellos Micah.

Vio a Felicia sentada en el suelo, con lágrimas corriendo por su rostro, y se sorprendió al ver a Darya de pie junto a ella.

—¿Qué está pasando? —exigió, con la mirada cargada de preocupación mientras dirigía su atención hacia Felicia.

Sin darle a Darya la oportunidad de hablar, Felicia la señaló con un dedo acusador. —¡Darya! ¿Por qué intentaste empujarme por la barandilla? ¡Casi me dejas caer a propósito para asustarme!

Todos los ojos se posaron en Darya, esperando su respuesta.

Darya no pudo evitar soltar una carcajada, con una diversión evidente mientras se agachaba y pellizcaba la barbilla de Felicia.

—Felicia Cavanaugh, te he salvado, ¿y así es como me lo pagas? —comentó, con un tono cargado de sarcasmo.

Micah frunció el ceño, debatiéndose entre dirigirse a Darya o a Felicia.

—¿Cuál es la verdad aquí? —preguntó, con la voz cargada de incertidumbre.

—Micah, tienes que creerme —suplicó Felicia, con un aspecto lastimero.

Pero a Micah le costaba creer sus palabras.

Después de todo, Felicia había cometido numerosas fechorías en el pasado, conspirando para que echaran a Darya de la residencia Cavanaugh.

¿Cómo podía confiar en ella esta vez?

Darya sonrió con desdén, sacó su teléfono y reprodujo una conversación grabada.

«¿De verdad esperas que me crea eso? Me engañaste para que viniera aquí y luego intentaste empujarme por la barandilla». La voz de Darya salió del teléfono. «Si no me equivoco, manipulaste la barandilla, ¿verdad?».

«Yo… lo admito… Lo hice a propósito». La voz de Felicia temblaba. «Por favor, súbeme».

—¡No, Micah, no es así! —. Antes de que Felicia pudiera explicarse, la oscuridad nubló su visión y el sonido de una sonora bofetada reverberó en el aire.

Micah le había dado una bofetada rotunda.

Se había acabado.

Felicia supo que su suerte estaba echada.

Micah rara vez había recurrido a la violencia física, pero esta vez, la había golpeado.

Al recordar la amenaza de Micah la última vez que intentó hacerle daño a Darya, una sensación de desesperación la invadió.

Nunca anticipó que Darya hubiera grabado su conversación, dejándola sin medios para limpiar su empañado nombre.

La bofetada de Micah en la cara de Felicia no fue nada suave; dejó una marca vívida, demostrando la intensidad de su ira.

Felicia tardó un rato en recuperar la compostura, cubriéndose la mejilla ardiente con la mano temblorosa.

Miró a Micah con puro horror, sin haber visto nunca antes una expresión tan aterradora en el rostro de su hermano.

Rodeada por las miradas burlonas y despectivas de los curiosos, Felicia deseó poder desaparecer.

Ansiaba un lugar donde esconderse de los ojos críticos que la juzgaban.

Mientras tanto, Darya, sorprendida por las acciones de Micah, encontró un cierto disfrute en la escena que se había desarrollado.

Con una sonrisa de satisfacción, Darya se dirigió perezosamente a la multitud: —La verdad ha sido revelada. Mi trabajo aquí ha terminado.

Lanzó una mirada burlona a Felicia antes de darse la vuelta para marcharse.

Felicia, sollozando, con el pelo revuelto y una cara que se hinchaba rápidamente, ofrecía una imagen lastimosa.

Pero Darya no sentía ninguna compasión por ella.

Ya había mostrado piedad al no soltarla antes.

Además, si no hubiera reaccionado con rapidez, ella habría sido la que se precipitara al primer piso.

El dolor y la vergüenza de una caída así delante de todos en el banquete habrían sido innegables.

Esa noche, Felicia había perdido sin duda toda su dignidad, y su estatus dentro de su círculo social se había desplomado aún más.

Era una consecuencia de sus propios actos, y no podía culpar a nadie más que a sí misma.

Con paso decidido, Darya se dio la vuelta, dejando atrás la escena.

Micah, a punto de alcanzarla, se detuvo al oír a Felicia gritar: —¡Micah!

—Parece que has olvidado lo que te dije la última vez. —Micah frunció el ceño; su mirada hizo que Felicia se encogiera de miedo—. Felicia Cavanaugh, estás desterrada de la residencia Cavanaugh. A partir de hoy, estás por tu cuenta y te quedas sin nada.

Con esas palabras flotando en el aire, Micah dejó a Felicia, todavía sentada en el suelo con los ojos de todos los curiosos fijos en ella, y regresó al salón de banquetes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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