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¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 25

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25: Capítulo 25 Paparazzi 25: Capítulo 25 Paparazzi Mientras Micah reflexionaba sobre cómo podría resarcir a su exesposa, su madre y su hermana se quedaron de pie en la acera, fuera de Remède, soportando las miradas burlonas de los curiosos.

No podían volver a entrar en el spa; el gerente había ordenado a los guardias de seguridad que las vigilaran.

Sus nombres probablemente ya estaban en la lista negra.

Judy estaba absorta en sus pensamientos, mientras Felicia se sobaba la cara hinchada y rabiaba.

—Mamá, ¿qué hacemos ahora?

Judy tampoco sabía qué hacer.

Creía lo que Micah había dicho sobre los McAllisters, pero dudaba que Avery fuera a dar todo su apoyo a Darya.

Seguramente, un hombre en su posición tendría un montón de aventuras.

Darya probablemente solo era su capricho del mes.

¿De verdad se enfrentaría a Micah por una mujer?

Felicia se aferró al brazo de Judy.

—Mamá, no voy a disculparme con esa perra.

Judy le dio una palmadita tranquilizadora en la mano.

—Lo sé.

Si Felicia se doblegaba ante Darya, toda la familia Cavanaugh perdería el prestigio, incluida Judy.

No iba a permitir que eso sucediera.

—Solo mantén un perfil bajo por ahora —dijo Judy—.

No la provoques de nuevo.

—¡Pero mamá!

Yo quiero…

—Escúchame.

—Judy miró a Felicia a los ojos para asegurarse de que su mensaje se entendiera—.

Es solo temporal.

Espera a que el Sr.

McAllister se aburra de ella.

Volverá a ser Darya, la don nadie.

Entonces podrás hacer lo que quieras con ella.

Felicia hizo un puchero.

—¿Cuánto tiempo tengo que esperar?

—¿Cuánto crees que tarda en desvanecerse el interés de un hombre por una mujer?

Felicia se encogió de hombros.

—¿Y yo qué sé?

En sus relaciones, normalmente era ella la que se aburría primero y rompía.

—Por el momento, mantente alejada de ella.

—Vale.

Felicia fingió seguirle la corriente solo para que su madre dejara de darle la lata.

Pero esperar no era parte de su naturaleza.

Era insultante perder contra una don nadie, sobre todo una a la que solía mangonear.

Si Darya Miller podía conseguir que un hombre librara sus batallas, ella también.

Felicia hizo una llamada cuando Judy no miraba.

—Ryan, necesito un favor.

***
Sentada en la mesa de la esquina de la terraza de El Comedor, Darya disfrutaba de la vista del cielo estrellado mientras esperaba que llegara Bianca.

Avery había hecho su magia y les había conseguido una reserva en el restaurante de tres estrellas Michelin, famoso por ser uno de los establecimientos de alta cocina de Hagen en los que era más difícil conseguir mesa.

El temperamental chef ejecutivo, que además era el propietario, ofrecía un menú ecléctico.

Se servían platos como flores con langosta junto a cangrejos de río recién pescados.

Darya estaba deseando probar el especial de esa noche: venado con alcachofa caramelizada, encurtidos y ajo negro.

Ojeó la carta de vinos, que presumía de tener setecientas cincuenta selecciones de todo el mundo, aunque Darya se reservó su opinión sobre la autenticidad de dicha afirmación: nadie había visto jamás la bodega de El Comedor y el propietario era conocido por su hipérbole.

Su teléfono, que descansaba sobre la mesa, empezó a sonar justo cuando llegaba a la tercera página de la carta de vinos, que, en su opinión, debería llamarse más bien «el libro de vinos».

Llamaba Bradley Gould.

Darya se preguntó distraídamente qué podría querer de ella el CEO de Eminencia.

La última vez que hablaron fue hacía más de un mes, cuando le pidió que la ayudara a conseguir fotos de Felicia apostando en el extranjero.

—Hola.

—Señorita McAllister, lamento molestarla a estas horas.

—Bradley tenía una voz de una amabilidad que desarmaba, un recurso que a menudo utilizaba en la mesa de negociación—.

Me han informado de que alguien la está siguiendo.

—¿Ha descubierto quién es?

—Es un equipo de paparazzi, pagado por Felicia Cavanaugh.

A Darya no le sorprendió.

Era algo típico de Felicia.

—¿Quiere que me deshaga de ellos?

—preguntó Bradley.

Darya tamborileó con un dedo sobre la mesa de roble.

—No.

Déjelos en paz.

De todos modos, no tenía nada que ocultar.

Felicia se llevaría una gran decepción si esperaba sacar algún trapo sucio de Darya.

—Como desee —dijo Bradley con suavidad—.

Simplemente los vigilaré, si no le importa.

—Claro.

Darya borró a Felicia de su mente en el momento en que colgó.

Judy y Felicia solo eran importantes para ella por su conexión con Micah.

Una vez que lo superara, no podría importarle menos lo que hicieran los Cavanaughs.

—¡Dolly!

—Bianca dio las gracias al maître antes de inclinarse para besar a Darya en la mejilla.

La mesa cuadrada tenía cuatro sillas, pero la que estaba junto a Darya estaba repleta de bolsas de la compra.

—Te he traído algunas cosas de Remède.

Bianca inspeccionó el contenido de las bolsas.

—¡Oh, sérum hidratante antioxidante con triple ácido hialurónico!

Me apunté a la lista de espera hace como dos meses y todavía estoy esperando.

Suspiró con satisfacción mientras cogía el frasco de manteca corporal de karité.

—Gracias.

Ojalá hubiera podido ir contigo al spa.

Empezó a quitar las bolsas de la compra cuando Darya negó con un dedo.

—Nada de eso.

Tu asiento está al otro lado.

Bianca no pasó por alto el brillo juguetón en los ojos de su amiga mientras tomaba la silla de enfrente, lo que la situó justo al lado de Avery, que acababa de volver de hablar con un socio.

—Buenas noches, Bianca.

—Avery le dedicó su sonrisa característica—.

Ese color te sienta de maravilla.

—Gracias.

—Bianca esperó que la cálida luz amarilla ocultara el rubor de su cara.

Se alisó el vestido fucsia con los hombros al descubierto.

Darya miró alternativamente a su hermano y a su mejor amiga, y se imaginó cómo sería su bebé.

—¿Pedimos?

—sonrió ella.

Cuando estaban con los postres —babà al ron para Darya y fondant de chocolate para Bianca—, Darya sacó el tema que había querido mencionar.

—Sabes que ahora trabajo en Paragon —dijo.

—Claro.

—Bianca se limpió las comisuras de la boca con una servilleta.

—Mi querido hermano aquí presente es un negrero.

—Darya señaló con la barbilla a Avery, que sonrió complacientemente—.

Estoy hasta arriba de trabajo.

Me vendría bien un poco de ayuda.

Tú tienes un máster en Administración de Empresas.

Bianca levantó la vista, sorprendida.

—¿Quieres que vaya a trabajar para ti?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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