¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 40
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- Capítulo 40 - 40 Capítulo 40 Devolver el favor
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40: Capítulo 40: Devolver el favor 40: Capítulo 40: Devolver el favor Bianca suspiró ruidosamente.
—Cambié la cena de negocios por una reunión matutina, específicamente para no tener que pasar más tiempo del necesario con ese tipo.
Pero es que no sabe cuándo rendirse.
Tuve que almorzar con él.
Pero le saqué lo que quería.
Se enderezó en su asiento.
—Industrias Kemp está en serios problemas.
—Cuéntame.
—A Darya no le sorprendió.
—Sabes que la empresa lleva mucho tiempo en el mercado, pero su crecimiento se ha estancado.
Sus cifras de ingresos por ventas y beneficios parecen impresionantes sobre el papel, pero la empresa está perdiendo dinero a espuertas.
Los bancos que se han enterado de esto están intentando distanciarse de Kemp.
Se acabaron las líneas de crédito, se acabaron los préstamos con tipos de interés por debajo del mercado.
Resumiendo, la empresa se va a pique.
—Suena grave.
—Darya procesó la noticia—.
¿Hunter no está preocupado?
Al fin y al cabo, su familia es la dueña del negocio.
—Qué va —dijo Bianca, agitando una mano con desdén—.
A él nunca le ha interesado el negocio de todos modos.
Pero sí me dijo que su padre está intentando desinvertir en el negocio de la energía.
Están haciendo un esfuerzo por entrar en la industria de la hostelería.
—Así que Industrias Kemp es un barco que se hunde.
—Darya tamborileó los dedos sobre el escritorio—.
Ja, con razón Sharon se esforzó tanto para que me fuera con Kemp.
Me está tendiendo una trampa.
—Le pregunté a Hunter por ella —dijo Bianca—.
Nunca ha oído hablar de una Sharon Hoyles de Paragon.
Pero, claro, él es solo el CEO de nombre.
La mayor parte del trabajo la hace el equipo directivo.
Quizá Sharon se acercó a otra persona de su empresa.
Dijo que lo investigaría y que me avisaría si descubría algo.
—Es bueno saberlo.
—Darya no estaba preocupada.
El teléfono de Bianca sonó.
Tocó la pantalla.
—Hablando del rey de Roma.
Hunter acaba de enviarme un mensaje.
—Trabaja rápido.
—De todos modos, no tiene otra cosa que hacer.
El tipo se pasa el día sentado en la oficina jugando al Grand Theft Auto.
—Le enseñó el mensaje a Darya—.
Esto demuestra que Sharon es una Judas.
¿Qué quieres hacer?
Las pruebas que Bianca había reunido eran suficientes para demostrar la mala conducta y el conflicto de intereses de Sharon, ambos motivos de despido.
—Me tendió una trampa —sonrió Darya—.
Voy a devolverle el favor.
Darya lo sopesó y luego le envió un mensaje rápido a Glen Chasey: «Ayúdame a organizar una cena esta noche con el VP de Industrias Kemp, Howard Banks».
—¿Quieres que te acompañe?
—preguntó Bianca cuando llegó la hora de salir.
—No es necesario —dijo Darya, dándole una palmada en el brazo a su amiga—.
Puedo con un tipo como Banks.
—Avísame qué tal te va.
—Bianca le lanzó un beso al aire antes de alejarse contoneándose.
A petición suya, Glen eligió un club privado para la cena.
Ya había dos personas sentadas en la sala del rincón del segundo piso cuando Darya llegó.
La presencia de Sharon no la sorprendió: Darya le había encargado a Glen que subiera su calendario de trabajo de la semana a la intranet de la empresa, accesible para todos los empleados.
Howard Banks eructó al dejar su copa de vino.
Se puso en pie, con ambas manos extendidas.
—¡Señorita Miller!
¡Qué placer conocerla por fin!
Darya asintió hacia él y no hizo ningún esfuerzo por estrecharle la mano.
Sharon cruzó sus largas piernas, cubiertas con medias negras.
El pesado maquillaje que llevaba era más apropiado para una cita nocturna que para una cena de trabajo.
Pero a Howard Banks no pareció importarle.
Retiró la mano, se limpió la palma sudorosa en la pernera del pantalón, sin dejar de sonreír.
—Bienvenida.
Siéntese, por favor.
¿Le apetece una copa?
—¿Qué haces aquí?
—preguntó Sharon con sarcasmo—.
Creía que no te interesaba trabajar con Industrias Kemp.
—Podría preguntarte lo mismo.
—Darya eligió un sillón en el lado opuesto—.
No recuerdo haber solicitado tu presencia en esta cena.
Sharon miró rápidamente a su alrededor.
En cuanto vio el calendario de Darya, supo que había llegado su oportunidad.
Había contactado a Howard tres horas antes y había llegado a un acuerdo.
—Invité a la señorita Hoyles.
—El hombre acudió en su rescate—.
He estado en contacto con ella desde antes de que usted se uniera a Paragon, así que pensé que sería bueno tenerla aquí.
Se frotó las palmas de las manos.
—Espero que no le importe.
—En absoluto.
—Darya le restó importancia a la disculpa con un gesto.
La iluminación de la sala estaba deliberadamente atenuada.
Aun así, Darya no pasó por alto la carnosa mano izquierda de Howard acariciando el muslo de Sharon.
—¿Pedimos?
—Howard pulsó un botón para llamar a un camarero.
Mientras tanto, su mirada recorrió el cuerpo de Darya.
A diferencia de Sharon, Darya casi no llevaba maquillaje.
Su esbelta figura iba enfundada en un traje de chaqueta hecho a medida que acentuaba sus curvas.
Ya achispado, Howard se relamió los labios.
Había oído hablar de Darya Miller antes, pero era la primera vez que se veían cara a cara.
Le desconcertaba por qué Micah querría divorciarse de un bombón como ella.
Pero, claro, quizá ni siquiera un hombre tan poderoso como el Sr.
Cavanaugh era inmune a la debilidad común que todos los hombres compartían: no hay coño mejor que un coño nuevo.
Un dicho vulgar, quizá, pero que encerraba una verdad absoluta.
El propio Howard tenía una esposa en casa, una amante y más de una docena de socias ocasionales de sexo y negocios como Sharon.
Fue Sharon quien se le acercó con la propuesta.
Como era precavido, Howard había hecho los deberes antes de venir a esta cena.
Darya Miller era una divorciada que, de alguna manera, había llegado al puesto de vicepresidenta de Paragon a base de cama.
Sharon quería que se fuera de la empresa.
Howard la quería en su cama.
Resultó que ambos objetivos coincidían, de ahí su acuerdo para trabajar con Sharon.
Pensando en esto, Howard le echó otro vistazo a Darya, imaginando cómo se vería desnuda.
Darya frunció el ceño al sentir la mirada lasciva del hombre, pero solo tendría que soportarla un poco más.
Después, no volvería a tener que hablar con un hombre como Howard Banks nunca más.
Así que respiró hondo y adoptó una actitud educada.
Sacó un archivo de su maletín.
—Ya que la comida tardará un poco en servirse, me gustaría repasar la propuesta.
—Claro, claro —dijo Howard, apartando la mano del muslo de Sharon e inclinándose hacia delante.
Cogió el documento y lo hojeó.
La sonrisa de su rostro se desvaneció.
—¿Qué es esto?
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