¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 51
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51: Capítulo 51 Negociación 51: Capítulo 51 Negociación La mirada de Felicia recayó en el brazo de Avery enlazado con el de Darya.
Ambos parecían ser el centro de atención de todo el mundo.
Felicia captó fragmentos de la conversación entre Darya y el presidente de una empresa de energía.
Darya comparaba los pros y los contras de las baterías de litio-tungsteno con las de óxido de zinc-manganeso.
Felicia apenas podía seguir la conversación, pero no se le escapó la mirada de admiración en los ojos del presidente.
—¿Cómo lo hace?
—le susurró Talia a una amiga suya—.
Primero Micah y ahora Avery.
He oído que también está liada con Timothy Barrett.
¿Qué crees que ven los hombres en ella?
—¿Te refieres a algo más que su físico?
—dijo su amiga con sorna—.
Debe de ser buena en la cama.
Ambas intercambiaron una mirada y soltaron una risita.
Al escuchar esto, Felicia se sintió un poco mejor.
Sus amigas tenían razón.
Darya Miller no era más que una arribista intrigante que intentaba abrirse paso a la cima a base de acostarse con hombres.
No había ninguna razón para estar celosa de ella.
En cuanto perdiera su atractivo, los hombres la desecharían como si fuera basura.
Felicia tomó un sorbo de su champán, sonriendo.
Mientras tanto, Darya ni siquiera se dio cuenta de que su excuñada estaba en la misma fiesta.
Poco a poco, se había abierto paso hasta una sala privada a la izquierda del salón de baile.
Reece Cooke estaba sentado en un sillón con un puro encendido en la mano, midiéndola con la mirada.
—Gracias por el regalo.
—Asintió en dirección a la caja de madera dorada que Darya había sacado.
Contenía un candado de la longevidad de oro para el hijo recién nacido de Reece, hecho a mano por un orfebre de renombre que llevaba mucho tiempo retirado.
Reece había intentado hacerle un encargo al orfebre el mes pasado, pero se lo denegaron amablemente.
En cuanto vio el nombre del orfebre grabado en la caja, accedió a reunirse en privado con Darya.
No fue el regalo lo que le impresionó.
Eran los contactos que Darya debía de tener para conseguir algo que ni él mismo había podido lograr.
Le gustaba hacerse amigo de gente resolutiva.
Reece dejó a un lado su puro.
—Sé quién es usted y sé por qué solicitó esta reunión.
He leído la propuesta del Grupo Paragon.
Debo decir que es una buena propuesta.
Darya sonrió.
Pero antes de que pudiera hablar, Reece dijo: —Me temo que no puedo aceptarla.
Frunciendo el ceño, Darya analizó la expresión del rostro de Reece.
No estaba bromeando.
Pero tampoco parecía que estuviera descontento con ella.
—Si es por las acciones, siempre podemos negociar —ofreció ella—.
La propuesta no es definitiva.
Había hecho los deberes antes de venir a la fiesta.
Reece había recibido muchas ofertas de colaboración, pero ninguna tenía ni la solvencia financiera ni los canales de distribución que tenía Paragon.
Confiaba en que podría cerrar el trato hoy mismo.
—No es por las acciones.
—Reece le dio una calada a su grueso puro—.
De hecho, estoy impresionado por la oferta, bastante generosa, de un reparto equitativo de las acciones.
Las propuestas que había recibido de otras empresas solían mencionar un reparto de cuarenta-sesenta, en el que Reece se llevaba el cuarenta por ciento de los beneficios.
Reece giró la cabeza hacia la puerta al oír que llamaban.
—Ahí llega el motivo.
Darya se dio la vuelta cuando el asistente de Reece abrió la puerta.
Abrió los ojos como platos cuando vio a Micah entrar en la sala.
Se giró en redondo.
—¿Sr.
Cooke, ha decidido trabajar con Zenith?
A Darya se le encogió el corazón, pero su rostro no delató ninguna emoción.
Reece se puso de pie.
—Señorita Miller, ha habido un malentendido.
No voy a rechazar su propuesta.
Solo quiero hacerle algunas modificaciones.
Le estrechó la mano a Micah.
—Me gustaría convertir esta empresa conjunta en una colaboración tripartita.
—¿Quiere que trabaje con él?
—preguntó Darya.
Reece asintió.
—¿Puedo preguntar por qué?
—Darya intentó no mirar a Micah—.
Su empresa tiene la tecnología.
Paragon tiene el capital y la distribución.
Para serle franca, no veo qué podríamos ganar al añadir a Zenith a la mezcla.
Si le preocupa la financiación, puedo asegurarle que el proyecto con Solaro tiene estatus prioritario dentro de Paragon.
Podría concertar una reunión con nuestro Director Financiero si lo desea.
Realmente detesto las situaciones en las que demasiados cocineros estropean el caldo.
Reece inclinó la cabeza.
—Estoy de acuerdo con usted.
Confío plenamente en la solvencia financiera de Paragon.
Darya esperó el «pero».
—Pero —continuó Reece—, le debo un favor al viejo Sr.
Cavanaugh.
Ambos sabemos el potencial de este proyecto.
Es un éxito asegurado.
Puede considerar la participación de Zenith como mi forma de devolverle el favor.
Extendió ambas manos.
—Lamento decirle que la presencia de Zenith no es negociable.
Darya se quedó en silencio.
La implicación de las palabras de Reece era clara: o había una colaboración a tres bandas, o Paragon podía darse por descartado.
Mientras sopesaba múltiples escenarios en su cabeza, ganó tiempo tomando un sorbo de té.
Había estudiado tanto a Solaro como a Zenith en detalle.
Desde una perspectiva empresarial, no venía mal que alguien más compartiera el riesgo.
Pero, desde un punto de vista personal, no estaba segura de poder trabajar bien con su exmarido.
Pensando en esto, levantó la mirada.
Era la primera vez que estaba tan cerca de Micah desde el divorcio.
No había dicho una palabra desde que entró, solo se quedó ahí con las piernas ligeramente separadas y la espalda recta como una vara, como siempre hacía.
Parecía más un soldado sin uniforme que el CEO de una de las mayores empresas de Hagen.
Aunque estuvieron casados durante tres años, nunca habían trabajado juntos.
Mientras Darya reflexionaba sobre el acuerdo propuesto, Micah echó los hombros hacia atrás y levantó la barbilla.
Le costó un esfuerzo tremendo no mirarla fijamente.
Llevaba un sencillo vestido negro y ninguna otra joya salvo un collar de plata.
Pero era completamente distinta a la Darya Miller que él conocía.
Había cálculo en su mirada, pero ya no había amor.
Micah se obligó a apartar la mirada.
—Sr.
Cooke, no tengo ningún inconveniente con una colaboración a tres bandas.
Reece sonrió.
Ambos se giraron hacia Darya.
La pelota estaba ahora en su tejado.
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