¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 75
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75: Capítulo 75: Juego de publicidad 75: Capítulo 75: Juego de publicidad Callan estaba despatarrado en el asiento del copiloto.
Tanteó el suave cuero bajo él.
—¿Cuándo te compraste un Mercedes GLE nuevo?
—No me lo compré.
Es un regalo de Avery.
—Darya manejaba el coche con una mano en el volante.
El espacioso SUV fue un regalo de su hermano cuando se presentó a trabajar en Paragon su primer día.
—Yo podría haberte comprado un coche mejor —dijo Callan con celos.
Los tres hermanos competían a menudo por el puesto número uno en el corazón de su hermanita.
—Lo sé.
—Darya sonrió—.
Vi tu garaje.
Después de cumplir dieciocho años, Callan se compró una casa no muy lejos de la residencia familiar, aunque seguía pasando la mayor parte del tiempo con su familia.
Su casa de dos pisos se usaba principalmente como almacén: coches, joyas, ropa y equipo de música.
—Te he traído un montón de perfumes.
Y ropa.
Y bolsos…
Hermes, Chanel, Dior, LV…
—Para no ser menos que su hermano mayor, Callan empezó a presumir de los regalos que había preparado para Darya.
—Solo tengo dos manos, ¿sabes?
¿Cuántos bolsos crees que necesito?
—Una chica nunca tiene suficientes bolsos.
—Callan la amonestó con el dedo—.
Ni ropa.
—Está bien.
Pero quiero guardarlos en tu casa.
No quiero que mi habitación esté desordenada.
—Sin problema.
Por cierto, puedes dejarme en North Park.
—¿No vienes a casa?
—Sí, pero primero tengo que resolver unos asuntos del trabajo.
—Callan agitó su teléfono—.
Mi asistente ya viene de camino al apartamento.
—Entendido.
—Darya introdujo el nuevo destino en el sistema de navegación GPS del coche.
Residencias North Park era un nuevo proyecto de apartamentos de lujo terminado el año anterior.
Contaba con todas las instalaciones modernas: dos piscinas, un gimnasio abierto 24 horas, una casa club, dos zonas de barbacoa y un salón.
A Darya no le sorprendió que su hermano hubiera comprado otra casa; Callan parecía tener un fetiche por coleccionar.
Coleccionaba un montón de cosas, desde lujos como coches y relojes hasta baratijas como broches de pedrería.
Una vez, cuando era adolescente, Darya vio un álbum en su estudio.
No un álbum de su música.
Era una colección de hojas que Callan había recogido de parques y lugares al azar.
Darya sonrió al recordarlo.
No se dio cuenta de que Callan se había quedado en silencio.
No volvió a hablar hasta que el coche se detuvo en un semáforo en rojo.
—¿Ese que vi antes era Micah?
—¿Eh?
—Fuera del aeropuerto, cuando nos íbamos.
Darya recordó la escena.
—Sí, era él.
—¿Quién es esa mujer que va con él?
—Regina Fischer —dijo Darya con voz neutra.
—¿Quién es?
—Una amiga suya.
—¿Solo una amiga?
—Callan frunció el ceño—.
Estaba prácticamente colgada de él como un perezoso agarrado a un árbol.
Darya se rio entre dientes.
—Solo iban del brazo.
—Entonces, ¿estaba él allí para recogerla a ella, o al revés?
—Estaba en el mismo vuelo que tú.
¿No te fijaste en ella en el avión?
—bromeó Darya con su hermano—.
Es guapa.
—Yo estaba en primera clase —añadió Callan tras una pausa—.
La he visto bien hace un momento.
Incluso si la hubiera visto en el avión, no me habría fijado.
No te llega ni a la suela del zapato.
—Solo dices eso porque soy tu hermana.
—Darya avanzó con el coche cuando el semáforo se puso en verde.
—¡Que no!
—insistió Callan—.
Pregúntale a quien sea.
Si ella es un seis, tú eres un diez.
—Nadie es un diez.
—Tú sí.
Darya sonrió a su pesar.
Cambió de tema antes de que Callan pudiera quejarse más de Regina.
—Tienes que llamar a tu publicista.
—¿Para qué?
—Control de daños.
Tus fans deben de habernos hecho un montón de fotos juntos.
No quiero que esas fotos aparezcan mañana en las webs de la prensa rosa.
—¿Qué tienen de malo las fotos?
—preguntó Callan en broma—.
Sé que yo salía bien.
Tú tampoco estabas mal.
Darya le dio un codazo en las costillas a su hermano.
—Ya sabes cuál va a ser el titular: «La estrella del pop que vuelve a casa sale con una divorciada».
Fuera de un círculo muy reducido de amigos, muy poca gente sabía que Callan y Darya eran hermanos.
—Acabas de volver a Hagen —dijo Darya—.
No quiero que te veas agobiado por los cotilleos.
Callan asintió.
Estaba a punto de mandarle un mensaje a su publicista.
Entonces cambió de opinión.
Se fijó en la forma en que Micah había mirado a su hermana antes, fuera del aeropuerto.
Cuando sus miradas se cruzaron, Callan vio, inequívocamente, hostilidad en los ojos de Micah.
Eso le dio que pensar.
¿Por qué iba Micah a ser hostil con él?
Nunca se habían visto antes de ese día.
La única razón debía de ser Darya.
Micah no dejaba de fulminar a Callan con la mirada, sobre todo a su mano en la cintura de Darya.
¿Significaba esto que Micah todavía sentía algo por Darya?
Si ese era el caso, ¿qué hacía con otra mujer del brazo?
Callan siempre se había culpado por no haber adoptado una postura más firme cuando Darya decidió casarse con ese hombre tres años atrás.
Pensó que hacía lo correcto al apoyar a su hermana, pero era evidente que Darya no era feliz en ese matrimonio.
Parte de la razón de su regreso al país era para estar con su hermana.
No solo eran hermanos, sino también mejores amigos.
Darya era inteligente en muchos aspectos, pero quizá no estaba gestionando sus relaciones sentimentales tan bien como creía que podía.
Era hora de que él diera un paso al frente.
—Nah.
—Callan se guardó el móvil en el bolsillo—.
Déjalo estar.
—¿No te preocupan los rumores?
—preguntó Darya.
—Hay todo tipo de rumores sobre mí.
Dale un día o dos, y desaparecerán por sí solos.
—Bien, si es lo que quieres.
—Darya decidió dejar que su hermano se encargara de esto.
Después de todo, no estaba familiarizada con el mundo del espectáculo.
Callan se dio unos golpecitos en la barbilla con un dedo y sonrió.
Sabía que su regreso era una gran noticia en los medios locales.
Durante las próximas semanas o quizá incluso meses, él y la gente de su entorno estarían en el punto de mira.
Pronto, Micah iba a ver que la mujer a la que tan despiadadamente había abandonado era tratada como una princesa por una estrella del pop internacional.
«Muérete de envidia, Micah Cavanaugh», pensó Callan sin piedad.
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