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¿Exesposa abandonada? ¡Heredera multimillonaria! - Capítulo 80

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  3. Capítulo 80 - 80 Capítulo 80 Don de gentes
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80: Capítulo 80: Don de gentes 80: Capítulo 80: Don de gentes —Te conseguiré una batería de repuesto y su manual de instrucciones —dijo Brooke.

—Gracias —sonrió Darya.

Reece se despidió de Darya en el aparcamiento del edificio.

—Vuelvo a mi oficina.

Nos vemos en la reunión de la semana que viene.

—Nos vemos.

—Darya colocó a Malvavisco en el asiento del copiloto y, ante su insistencia, le puso el cinturón de seguridad.

El cachorro no podía estarse quieto.

Como un perro típico, no dejaba de sacar la cabeza por la ventanilla hasta que Darya tuvo que ordenarle que parara.

—Mamá, ¿vamos a tu casa?

—La voz de Malvavisco se agudizó mientras se animaba cada vez más.

Su corta cola golpeaba el asiento.

—¿Mamá?

—Darya le lanzó una mirada de sorpresa—.

Me llamo Darya.

—Pero me estás adoptando —dijo Malvavisco solemnemente—.

Según mi base de datos, la persona de sexo femenino que se convierte en la tutora de un niño a través de la adopción es la madre legal de ese niño.

—Eh…, para empezar, no eres un niño —señaló Darya—.

En segundo lugar, no te estoy adoptando.

Solo vienes a vivir conmigo por un tiempo.

Añadió tras una pausa: —¿No deberías llamar mamá a Brooke?

Después de todo, ella te creó.

—Ella creó la batería que uso —argumentó Malvavisco—.

Un equipo de ingenieros creó mi cuerpo.

Darya le dio la razón.

—Vale.

Aun así, no creo que cumpla los requisitos para ser tu madre.

Probablemente, tu base de datos necesite una actualización.

Malvavisco guardó silencio, probablemente actualizando la mencionada base de datos.

Darya condujo hasta el apartamento de Callan para la cena que tenía con su hermano.

Abrió la puerta principal con la tarjeta que Callan le había dado y fue recibida por la visión de un hombre sin camiseta pavoneándose con solo una toalla envuelta en la cintura.

Sus bíceps y los músculos de su espalda se flexionaron cuando intentaba alcanzar algo en un estante alto.

Su pelo corto estaba húmedo por la ducha.

Gotas de agua fluían por su pecho, sobre su abdomen plano, y desaparecían en la toalla.

Darya soltó un silbido de admiración.

—Podría conseguir un dineral si le vendiera una foto tuya así a la prensa sensacionalista.

Callan se dio la vuelta.

—Pensé que me habías abandonado.

—Todavía tenemos esa cita para cenar, ¿recuerdas?

La mirada de Callan se posó en algo cerca de los pies de Darya.

—Dijiste que tenías que ocuparte de unos asuntos.

—Ajá.

—Darya cerró la puerta.

—¿Esos asuntos incluían comprar un perrito?

—¿Qué?

—Darya bajó la vista—.

Ah, saluda a Malvavisco.

—¿El perrito es para mí?

—Callan frunció el ceño—.

No tengo tiempo para una mascota.

—No es para ti.

—¡No soy una mascota!

—dijo Malvavisco al mismo tiempo.

Los ojos de Callan se abrieron como platos.

—¿Ese perro acaba de hablar?

Parpadeó.

—¿Estoy soñando?

Debo de seguir sufriendo el desfase horario.

Malvavisco se acercó trotando.

—Soy un compañero canino robótico con inteligencia artificial.

Me llamo Malvavisco y tengo cuatro meses.

Darya es mi cuidadora y madre de acogida, aunque se niega a reconocer este segundo título.

Inclinó la cabeza hacia arriba.

—¿Y tú quién eres?

Callan se quedó mirando al perrito, con la boca abierta.

Malvavisco saltó al sofá y dio vueltas en un sitio antes de acomodarse.

—Quisiera un vaso de zumo de naranja, por favor.

Darya se rio.

—No puedes beber zumo de naranja.

—Solo sigo las convenciones sociales —dijo Malvavisco con seriedad.

Inclinó la cabeza para mirar a Callan.

—¿Es usted el dueño de esta casa?

Es de buena educación que el anfitrión ofrezca al invitado una bebida refrescante.

Callan se acercó a Malvavisco como si fuera sonámbulo.

Cogió al perro con una sola mano y lo sacudió.

—Parece de verdad.

—¡Oye!

¡Bájame!

—ladró Malvavisco.

—Tienes pelo —dijo Callan con asombro mientras acariciaba el lomo del perro—.

Y puedes hablar.

—¡Claro que puedo!

¿Qué parte de «compañero canino robótico con inteligencia artificial» no entiendes?

—Malvavisco estaba indignado—.

¡Darya, Mamá, ayuda!

—¿Mamá?

—Callan se confundió aún más.

Darya se aclaró la garganta.

—Su programación necesita algunos ajustes.

Rescató al perrito de Callan.

—Ve a vestirte.

Tenemos reserva para cenar a las siete y media.

—¿Es un nuevo producto del Grupo Paragon?

—Callan no podía apartar la vista del perro—.

¡Es tan real!

—Es un prototipo de un laboratorio con el que estoy trabajando.

Reece Cooke me lo prestó para una prueba beta.

—¿Puedo tener uno?

—Callan se frotó las manos, de repente intrigado—.

Siempre he querido un robot genial.

¿Viene en otras formas?

Quiero un Optimum Prime.

—Tú lo que quieres es un traje y una corbata —Darya le dio un golpecito en el pecho a su hermano—.

Date prisa y vístete.

—¿Puedo llevármelo?

Darya suspiró.

—Malvavisco, ¿quieres hacer el favor de ir con mi hermano para que por fin pueda vestirse como un adulto?

—¡Sí, Mamá!

—Malvavisco bajó de un salto del sofá, encantado de tener algo que hacer.

—¿Te llamas Malvavisco?

—Callan se inclinó y siguió las pisadas del perrito.

—Sí.

Ya me he presentado antes.

Ahora te toca a ti.

—¿De verdad tienes solo cuatro meses?

—Según mi calendario digital interno, sí, aunque no incluye el tiempo que pasé en desarrollo y pruebas.

No me has dicho tu nombre.

—Soy Callan.

Callan McAllister.

—Según mi base de datos, tu nombre significa «poderoso en la batalla».

¿Eres soldado?

—No, soy cantante, para gran decepción de mi padre —se rio Callan—.

¿Sabes lo que es un cantante?

—Por supuesto.

Yo también sé cantar.

—¿Ah, sí?

Demuéstramelo.

Darya escuchaba a su hermano de veinticinco años charlar amigablemente con un perro robótico de cuatro meses.

Era evidente que los dos habían congeniado.

A menudo se maravillaba de la capacidad de su hermano para hacer amigos con cualquiera, ya fueran humanos o no.

A diferencia de ella, él era una persona muy sociable.

Darya se sentó con las piernas cruzadas en el sofá y le envió un mensaje a su asistente para ponerlo al día de la visita al Laboratorio Gerber.

La intención de Reece era clara.

Quería exhibir las capacidades de investigación de Solaro y convencer a Darya de que inyectara más fondos en el proyecto conjunto.

Darya tenía que admitir que estaba tentada.

La actuación de Malvavisco hasta el momento la había impresionado.

Era muy superior a cualquier robot de compañía que hubiera visto en el mercado: más inteligente, más realista y más interactivo.

Dado el adorable diseño de Malvavisco, Darya podía imaginar toda una línea de robots de compañía para el cuidado personal de los niños, especialmente para aquellos que estaban postrados en cama debido a una enfermedad grave.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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