¿Existe algo más importante que el dinero? - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 Sera que juntas podemos salvar a Daniel
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23: Sera que juntas podemos salvar a Daniel?
23: Sera que juntas podemos salvar a Daniel?
“¿Confías en mí, Isabella?” preguntó Ariana, observando a la chica fijamente.
Isabella asintió, con una pequeña sonrisa que no llegaba a sus ojos.
“Más de lo que crees.
Ahora, tenemos un plan que ejecutar…” Pero antes de que pudiera continuar, un sonido interrumpió el silencio de la biblioteca.
Un crujido metálico, seguido de pasos apresurados que se acercaban.
Ambas se sobresaltaron, girando la cabeza hacia el origen del ruido.
“¿Qué…?” susurró Isabella, sintiendo un escalofrío recorrer su columna vertebral.
Ariana se puso de pie, sus ojos brillando con alarma.
“Alguien nos está escuchando.” Los pasos se detuvieron justo fuera del rincón apartado.
Un momento de silencio tenso, y luego…
Una voz se escuchaba desde lo profundo de la biblioteca.
“Isabella, ¿estás ahí?
¿Con quién hablas?” El corazón de Isabella latió con fuerza en su pecho.
No podía creer que la hubiera encontrado, y menos aún, que estuviera tan cerca.
“Yo…
yo estoy sola.” Su voz tembló, traicionando su nerviosismo.
Una risa burlona resonó fuera del rincón.
“No me mientas, Isabella.
Escuché voces.
¿Quién está contigo?
¿La pequeña genio?” La mirada de Ariana se encontró con la de Isabella.
Era una mirada llena de pánico y determinación a la vez.
Era obvio que la situación había escalado.
Ariana se movió con rapidez, señalando con un gesto a un librero alto y estrecho que se alzaba junto a ellas.
“Rápido.
Escóndete.” Isabella obedeció instintivamente, sintiendo que su mundo se estrechaba.
Se agachó detrás del librero, su corazón martilleando contra sus costillas.
Miró a Ariana, quien, con una calma sorprendente, se quedó de pie, frente a la entrada del rincón, como si estuviera lista para enfrentar cualquier peligro.
Los pasos se acercaron.
Isabella sintió el peso de la presencia del acosador, la sombra del peligro amenazando con engullirlas.
El acosador apareció en la entrada, su expresión sombría y amenazante.
Sus ojos recorrieron el rincón, deteniéndose en Ariana.
“¿Qué haces aquí, niña?” preguntó con voz áspera.
Ariana se mantuvo firme, con la mirada fija en él.
“Estudiando.
¿Y usted?” El acosador sonrió, una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
“Buscando a alguien.
Pero parece que ya la encontré.” Extendió la mano hacia Ariana.
“Sal de ahí.
Ahora.” Ariana no se movió.
“No voy a ninguna parte.” La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo.
Isabella contuvo la respiración, esperando lo peor.
El acosador dio un paso adelante, acercándose a Ariana.
“No me hagas perder el tiempo, niña.
Sé que estás encubriendo a Isabella.
Ya es suficiente.” Ariana lo enfrentó, sin retroceder.
“Usted es quien está cometiendo un error.” La paciencia del acosador se agotó.
Con un movimiento rápido, agarró a Ariana del brazo, con la intención de apartarla.
“¡No!” gritó Isabella, saltando fuera de su escondite.
El acosador se detuvo, sorprendido por la aparición repentina de Isabella.
Por un breve instante, sus ojos se encontraron.
El odio y el miedo se entrelazaron en la mirada de Isabella, mientras que en la del acosador se reflejaba sorpresa y, quizás, una pizca de…
¿arrepentimiento?
Pero la vacilación duró un instante.
El acosador soltó a Ariana y se volvió hacia Isabella, su expresión se transformó en una mueca de furia.
“Maldita sea, Isabella.
¿Por qué siempre tienes que interponerte?” La situación había escalado.
La amenaza era real, y la batalla acababa de comenzar.
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