¿Existe algo más importante que el dinero? - Capítulo 27
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- Capítulo 27 - 27 Tu mente puede ser tú peor enemigo
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27: Tu mente puede ser tú peor enemigo.
27: Tu mente puede ser tú peor enemigo.
La tensión en el aire se intensificó, al tomar la decisión de seguir con el plan.
Daniel sabía que, después de la pelea, su presencia en la universidad era cada vez más peligrosa.
El acosador, los secuaces, la universidad… todos estarían en su contra.
“Tengo que irme,” dijo Daniel, con la voz grave.
“Por ahora, es lo mejor.
Necesito que ustedes estén a salvo.” Isabella sintió un nudo en la garganta.
La idea de separarse de Daniel, incluso por un corto tiempo, la aterraba.
“¿A dónde vas a ir?” preguntó Isabella, con la voz temblorosa.
“A un lugar seguro.
Y necesito que ustedes se queden aquí.
No se preocupen por mí, estaré bien,” respondió Daniel, con una sonrisa tranquilizadora.
Se acercó a Isabella, la abrazó con fuerza, y la besó, sabiendo que no sabía cuándo volverían a verse.
Luego, se volvió hacia Ariana, y le ofreció un gesto de asentimiento.
“Confío en ustedes.
Cuídense,” dijo Daniel, y con una última mirada a ambas, se marchó.
El silencio cayó sobre ellas.
Isabella sintió la ausencia de Daniel como un vacío en su interior.
“Ahora, debemos concentrarnos,” dijo Ariana, rompiendo el silencio.
Su voz era firme, decidida.
“Es hora de poner el plan en marcha.” Se dirigieron a un rincón apartado de la biblioteca, donde Ariana había estado investigando.
Sacó un mapa de la universidad, lleno de notas y diagramas.
“El plan,” comenzó Ariana, señalando el mapa, “consiste en demostrar la inocencia de Daniel, y exponer la corrupción de la universidad.” Isabella la escuchó con atención, mientras Ariana explicaba los detalles del plan.
Era complejo, elaborado, y con un alto riesgo, pero era su única esperanza.
“Primero,” continuó Ariana, “necesitamos recopilar pruebas.” Prueba 1: El vídeo de seguridad.
Ariana explicó que, a pesar de que la universidad había afirmado que las cámaras de seguridad no habían grabado el incidente, ella sospechaba que había una copia en algún lugar.
Había rastreado los registros de seguridad y creía que había una copia de seguridad en el servidor central.
El plan era infiltrarse en el servidor y copiar el vídeo.
Prueba 2: Los testimonios.
Necesitaban hablar con testigos del incidente, estudiantes, profesores, personal de seguridad, que pudieran corroborar la versión de Daniel.
Ariana había estado investigando, y había encontrado a algunas personas dispuestas a hablar.
Prueba 3: La conexión con el acosador.
Habían descubierto que el acosador, tenía vínculos con importantes donantes de la universidad, lo que explicaba la protección que recibía.
La idea era exponer estos vínculos, y demostrar que la expulsión de Daniel era parte de una conspiración para protegerlo.
“Una vez que tengamos todas las pruebas,” continuó Ariana, “las presentaremos a la junta directiva de la universidad, junto con una petición firmada por los estudiantes.
Y, si es necesario, las filtraremos a los medios.” Isabella se sintió sobrepasada por la complejidad del plan.
“¿Y cómo vamos a hacer todo eso?” preguntó Isabella, con la voz temblorosa.
Ariana le sonrió.
“Con inteligencia, con valentía, y con la ayuda de nuestros amigos.” La tarea parecía imposible, pero Isabella sabía que tenían que intentarlo.
Por Daniel, por la justicia, y por su futuro.
En otro lugar, lejos de la biblioteca, Daniel se encontraba en un pequeño departamento rentado.
La soledad lo abrumaba.
La preocupación por Isabella y Ariana, el miedo a lo que pudiera suceder, y la sensación de injusticia, lo estaban consumiendo.
Últimamente, Daniel había estado sintiendo una profunda tristeza, una apatía que le impedía disfrutar de las cosas.
La alegría había desaparecido de su vida.
Sentía que estaba perdiendo el control.
Recordó las palabras del terapeuta, el diagnóstico: depresión.
Un diagnóstico que le costaba aceptar.
Daniel se sentó en el borde de la cama, sintiendo el peso de la tristeza sobre sus hombros.
Decidió tomar su teléfono y marcó el número de Isabella.
Necesitaba escuchar su voz, saber que estaba bien.
La llamada lo tranquilizó, pero no por completo.
Sabía que debía ser fuerte por ella, por Ariana.
Pero la batalla contra la depresión era dura.
De repente, Daniel sintió un impulso.
Debía escribir.
Escribir para expresar sus sentimientos, para liberarse de la carga que llevaba.
Comenzó a escribir, con la esperanza de encontrar un poco de paz en medio del caos.
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