¿Existe algo más importante que el dinero? - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 El Reencuentro y la Culpabilidad
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30: El Reencuentro y la Culpabilidad 30: El Reencuentro y la Culpabilidad El sol comenzaba a ocultarse tras los edificios, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y oscuros.
Daniel, con una determinación renovada, decidió ir a ver a Isabella.
Necesitaba verla, hablar con ella, asegurarse de que estaba bien.
Llegó al departamento,se bañó, se cambió de ropa a unas más elegantes y salió a la puerta.
Después de una hora con treinta minutos, llego a una gran mansión, con nerviosismo toca el timbre, Isabella abrió casi al instante, con una sonrisa que se iluminó al verlo.
“¡Daniel!” Exclamó, aliviada.
“Qué bueno que viniste.
Te estaba esperando.” Daniel entró, sintiendo un alivio inmenso al verla.
La abrazó con fuerza, aspirando su aroma, sintiendo su cercanía.
“¿Estás bien?” le preguntó, preocupado.
“Sí, estoy bien,” respondió ella, sonriendo.
“Y tú, ¿cómo estás?” Daniel le contó sobre sus planes, sobre su decisión de no quedarse de brazos cruzados.
Isabella escuchó atentamente, con una mezcla de preocupación y orgullo en sus ojos.
“Estoy orgullosa de ti,” le dijo, tomándole la mano.
“Pero prométeme que te cuidarás.” En ese momento, el teléfono de Isabella sonó.
Miró la pantalla, y su rostro se ensombreció.
“Es…
es Ricardo,” dijo, con la voz temblorosa.
Daniel sintió un escalofrío.
“No contestes.” Isabella, con dudas, respondió.
La voz de Ricardo, fría y amenazante, resonó en el altavoz.
“Isabella, querida.
Sé que estás con Daniel.
Dile que quiero hablar con él.” Isabella miró a Daniel, con los ojos llenos de miedo pero ¿querida?.
Daniel, con la mandíbula apretada, tomó el teléfono.
“Aquí está.” “Daniel,” dijo Ricardo, con una voz llena de burla.
“Veo que no has entendido el mensaje.
Te lo voy a repetir: aléjate de Isabella.
Aléjate de la universidad.
Y aléjate de todo esto.” “No voy a hacer eso,” respondió Daniel, con un tono desafiante.
“Ah, no?” La voz de Ricardo se volvió más oscura.
“Entonces, permíteme que te recuerde las consecuencias de tus acciones.” En ese instante, se escuchó un golpe en la puerta.
“¿Qué fue eso?” preguntó Daniel, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho.
“Espero que no te arrepientas de esta decisión, Daniel,” dijo Ricardo, antes de cortar la llamada.
Isabella, asustada, se acercó a la puerta, y miró por la mirilla.
Sus ojos se abrieron de par en par.
“¡Daniel!
¡Son ellos!” exclamó, con pánico.
Daniel, sintiendo la adrenalina correr por sus venas, se puso delante de ella.
“Quédate atrás.
Yo me encargo.” En ese momento, la puerta se abrió de golpe, revelando a dos de los amigos de Ricardo, con miradas amenazantes.
La batalla, una vez más, estaba a punto de comenzar.
Y esta vez, la integridad de Daniel, y el amor de Isabella, estaban en juego.
En ese momento, Daniel con la mirada más fría del mundo abrio la puerta.
-Asi que son ustedes otra vez, está vez les daré una lección que no van a olvidar y les mandaré un mensaje para Ricardo.
Entonces Daniel se interpuso ante ellos.
-Dile a Ricardo que la próxima vez que diga a Isabella,”querida” la va a pasar muy mal ella es mía, mi propiedad, mi tesoro más preciado, no dejaré que sus asquerosas manos la ponga un dedo encima.
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