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Fate/Grand Persona - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Prologo Entre el ruido y el silencio
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1: Prologo: Entre el ruido y el silencio 1: Prologo: Entre el ruido y el silencio El zumbido de electricidad estática flotaba en el aire, intermitente, como si la realidad misma estuviera mal sintonizada.

Leonel Herrera abrió los ojos.

La luz era tenue, azulada, casi artificial.

A su alrededor, enormes columnas metálicas se alzaban hacia un techo que no podía ver.

Pantallas flotaban suspendidas en el aire, mostrando símbolos que no reconocía.

Todo parecía salido de una mezcla entre un laboratorio de ciencia ficción y una iglesia sin dioses.

Sus piernas temblaron al intentar levantarse.

Estaba acostado sobre una superficie fría, de cristal o acero, difícil de distinguir.

Un pitido lejano resonaba cada ciertos segundos, rítmico, mecánico, como un corazón artificial que marcaba el pulso de ese lugar extraño.

Leonel parpadeó.

Su cuerpo…

se sentía raro.

No dolorido, pero sí diferente.

Como si algo hubiera cambiado en él, algo fundamental.

Como si fuera él…

pero no del todo.

Trató de recordar.

La fábrica.

El panel.

El ruido.

El derrumbe.

El impacto.

Y luego, nada.

-¿Dónde…

estoy?

-murmuró, su voz sonando seca, como si no hubiera hablado en días.

No hubo respuesta.

Solo el eco de su propia voz y el chasquido distante de algún mecanismo abriéndose.

Caminó con pasos torpes, arrastrando los pies.

Cada rincón parecía observarlo, aunque no había nadie a la vista.

Las paredes brillaban con circuitos pulsatiles y símbolos arcanos, una mezcla imposible de tecnología y algo más…

antiguo.

Se miró las manos.

Eran suyas.

¿Verdad?

La angustia comenzó a treparle por la garganta.

Sentía que había algo que debía recordar, algo importante, pero cuanto más lo intentaba, más se le escapaba, como arena entre los dedos.

El frío del suelo se filtraba por su espalda.

Gabriel Elías Ramírez abrió los ojos, lento, como si cada parpadeo le costara una parte de sí mismo.

La luz del pasillo era blanca, pero no natural.

Parpadeaba con un zumbido suave, como si el sistema eléctrico estuviera en sus últimos momentos.

El techo era liso, blanco, metálico.

Su cuerpo pesaba.

El aire olía a desinfectante y tecnología.

No sabía dónde estaba.

Ni cómo había llegado allí.

-¿…Hola?

-intentó decir, pero su voz fue apenas un susurro que se perdió en el silencio del pasillo.

El eco le respondió, lejano, vacío.

Se incorporó con torpeza, apoyándose en un brazo tembloroso.

Algo en su pecho palpitaba con fuerza, como si una parte de él supiera que ese lugar no era seguro.

O peor: que era demasiado importante.

Trató de ponerse de pie, pero sus rodillas cedieron.

Apenas logró arrastrarse hasta la pared y apoyarse en ella, respirando agitado, confundido…

y asustado.

Fue entonces que escuchó pasos.

Livianos, pero firmes.

Rápidos.

Y una voz femenina, suave, contenida: -¡…Está despierto!

Frente a él apareció una figura que parecía salida de un sueño.

Una joven con una armadura ligera, cabello lila recogido en una coleta baja, y un escudo tan grande como ella en la espalda.

A su lado, una pequeña criatura blanca y peluda con ojos azules lo observaba con curiosidad.

-¿Estás bien?

-preguntó ella, arrodillándose a su lado.

Gabriel la miró, pero no dijo nada.

No por miedo.

Sino porque algo dentro de él gritaba que la conocía…

y al mismo tiempo, no.

Ella lo observó un segundo más, preocupada, y luego se giró hacia la pequeña criatura.

-Fou, ayúdame a levantarlo.

Tenemos que llevarlo a la enfermería.

-Fou!

-chilló la criatura, como si entendiera perfectamente.

El mundo se volvió borroso de nuevo.

Y la oscuridad regresó.

La calidez de las sábanas contrastaba con el persistente frío metálico del entorno.

El aroma a desinfectante llenaba sus fosas nasales mientras sus ojos se entreabrían con pesadez.

Luz blanca.

Paredes estériles.

Un pitido sutil acompañaba los latidos de su corazón.

No era su habitación.

No era su cama.

Y definitivamente, no estaba muerto…

¿o sí?

-¡Oh!

Estás despierto -una voz tranquila, casi aliviada, lo sacó de sus pensamientos.

Giró lentamente la cabeza hacia la fuente de la voz.

Un hombre de cabello desordenado y expresión amable lo observaba desde una terminal médica.

Llevaba una bata blanca algo arrugada, como si hubiese dormido con ella puesta.

-¿Cómo te sientes?

-preguntó con un tono cálido.

El protagonista lo miró en silencio por unos segundos.

Esa voz…

ese rostro…

ese nombre, que llegaría segundos después: -Me llamo Romani Archaman.

Soy el médico jefe aquí en Chaldea.

El corazón del protagonista dio un vuelco.

Chaldea…

El nombre rebotó en su mente como un eco que no lograba encontrar su origen.

Era familiar.

Demasiado familiar.

Su expresión se mantuvo serena, pero por dentro, su cerebro trabajaba a mil por hora.

¿Chaldea?

¿Romani Archaman?

Espera…

eso no es…

¿Fate?

No, no puede ser…

-Me llamo…

-hizo una pausa, dudando un momento.

Lo pensó.

¿Su nombre real?

¿O uno nuevo?- Me llamo Leonel Herrera, gracias por cuidarme.

-Fue Mash quien te encontró desmayado en los pasillos junto con Fou -explicó Romani, mientras revisaba una tableta con sus signos vitales-.

Estabas estable, pero inconsciente.

Tus análisis no mostraron nada anormal.

Ningún residuo de prana externo, ni signos de malformaciones mágicas.

El protagonista asintió débilmente, pero su mente seguía lejos.

No puede ser verdad.

Esto tiene que ser un sueño.

Una alucinación.

¿Un coma inducido?

¿Estoy en el hospital y mi cerebro simplemente está procesando todo esto como una fantasía?

Mientras Romani murmuraba cosas médicas, él bajó discretamente la mirada a su mano.

Lentamente, la llevó a su antebrazo y se pellizcó con fuerza.

Dolor.

Real.

Breve.

Inconfundible.

Su garganta se secó.

No es un sueño…

El mundo que conocía, su antiguo cuerpo, su vida…

todo se sentía ahora como un recuerdo borroso atrapado tras una ventana empañada.

Romani interrumpió sus pensamientos, mostrando una expresión tranquila.

-Debo decir que tu registro como candidato a Master fue una sorpresa.

Te enviaron desde una de las ramas asociadas, pero tu ficha llegó con un sello de prioridad especial.

Me disculpo por no haberte recibido antes.

Ha sido un día…

complicado.

El protagonista tragó saliva.

-Así que…

esto es real…

Chaldea existe…

-musitó para sí, casi sin voz.

Romani alzó una ceja con curiosidad.

-¿Dijiste algo?

-N-no, nada -respondió, carraspeando suavemente-.

Solo…

aún estoy un poco confundido.

¿Podría preguntarte…

algunas cosas?

Romani asintió con una sonrisa.

-Por supuesto.

Es normal que te sientas desorientado al despertar.

Adelante.

-¿Dónde estoy exactamente?

Quiero decir…

¿qué es Chaldea?

¿A qué se dedican?

Romani ladeó la cabeza, como si se sorprendiera de la pregunta, pero lo atribuyó al shock del despertar.

-Chaldea es una organización de investigación mágica y científica, respaldada por la Asociación de Magos y las Naciones Unidas.

Nuestra misión principal es preservar la continuidad de la historia de la humanidad.

Aunque, claro, eso suena muy grandilocuente, ¿cierto?

El protagonista asintió lentamente.

Cada palabra encajaba perfectamente con lo que él recordaba.

Las piezas se unían, sin dejar espacio a la negación.

-¿Y…

la gente que trabaja aquí?

¿Todos son magos?

-No necesariamente.

Algunos tienen formación mágica, otros vienen del lado científico.

Tú, por ejemplo, no tienes un circuito mágico fuerte, pero según tus exámenes, tienes una compatibilidad rara con el sistema de invocación.

Por eso fuiste aceptado como candidato.

Así que todavía no han invocado a ningún Servant…

El sabotaje aún no ocurre.

Todavía estoy a tiempo de prepararme…

El peso de la realidad lo golpeó por completo.

Ya no estaba en su mundo.

Y si su memoria de Fate/Grand Order era correcta, lo que venía no era precisamente fácil.

Pasos suaves resonaban en los pasillos de Chaldea, apenas perceptibles sobre el murmullo constante de las máquinas que regulaban temperatura, energía y la barrera mágica que envolvía las instalaciones.

El protagonista caminaba lentamente, rozando con los dedos las frías paredes metálicas, como si tocarlas le confirmara que todo era real.

Pero su mente seguía atrapada entre la incredulidad y la expectativa.

“Esto es demasiado…

aunque sabía que iba a pasar, no se siente real…” Cada rincón le parecía salido de una cinemática, una imagen congelada de un videojuego que había jugado muchas veces.

Pero aquí no había botones, no había menús.

Solo sus pies descalzos, el murmullo eléctrico y su respiración contenida.

De pronto, un sonido suave lo sacó de sus pensamientos.

Algo parecido a un quejido o un chillido corto.

Volteó con cautela, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.

-¿Qué fue…?

Sus ojos se posaron en una pequeña figura peluda, de ojos brillantes y curiosos.

Una criatura blanca, de orejas redondeadas, lo observaba desde el suelo con una intensidad casi…

humana.

-Fou…

-susurró, su voz teñida de sorpresa y un poco de miedo.

Él sabía quién era.

Lo sabía demasiado bien.

Cath Palug.

Primate Murder.

El Bestia número IV.

Una criatura que podía rivalizar con los mismísimos dioses…

y que, sin embargo, en este momento lo miraba como un simple animalito curioso.

Se quedaron así, en un silencio espeso que parecía devorar el tiempo.

Sus ojos se encontraron, estudiándose mutuamente, como si ambos quisieran desentrañar los secretos del otro.

Entonces, sin previo aviso, Fou se acercó con un pequeño salto.

Y otro.

Hasta que se impulsó de nuevo y aterrizó suavemente en su hombro.

El protagonista se tensó.

Su instinto gritaba que esa criatura podía matarlo con un simple gesto…

pero en vez de eso, Fou frotó su mejilla contra la suya y soltó un pequeño sonido encantado.

-…¿Me aceptaste?

-murmuró, sintiendo el temblor en su voz apagarse lentamente.

Una leve sonrisa cruzó su rostro-.

Esto…

esto es bueno.

Estaba acariciando a una Bestia.

Una parte de su mente gritaba incoherencias, pero otra se sentía extrañamente agradecida.

Fue entonces cuando escuchó pasos más apresurados.

-¿Eh?

¡Fou!

-la voz femenina fue como una campana suave, y segundos después, Mash Kyrielight apareció en el pasillo.

Llevaba su uniforme habitual, aunque su expresión era de sorpresa más que de protocolo.

-¿Fou está contigo?

-preguntó, un poco desconcertada.

Se acercó lentamente, sus ojos violeta observando al pequeño ser en el hombro del chico-.

Es raro…

Fou normalmente no se acerca tanto a nadie.

Excepto a mí…

El chico rió de forma nerviosa, intentando no parecer tan consciente de todo.

-Vaya, ¿en serio?

Supongo que me tiene cariño, ¿eh?

Aunque…

ahora que lo pienso…

¿cómo sabes mi nombre?

Mash parpadeó, un poco sorprendida por la pregunta.

-Ah, eso.

Lo escuché cuando el Dr.

Romani te ingresó en la enfermería.

Dijo tu nombre varias veces mientras verificaba tu estado.

-Hmm, ya veo…

-dijo, disimulando-.

Disculpa si suena raro, pero…

¿cuál es tu nombre?

Mash pareció un poco desconcertada por la pregunta, pero sonrió amablemente.

-Mash.

Mash Kyrielight.

Soy una…

aprendiz de Chaldea.

Bueno, técnicamente aún no soy un Servant Demi…

quiero decir…

aún estoy en entrenamiento.

-Mash, ¿eh?

Bonito nombre.

Es un gusto -respondió él, con una sonrisa amable que ocultaba su mente corriendo a mil por hora.

Tenía que estar seguro.

¿En qué parte de la historia estaba exactamente?

¿Fuyuki ya había ocurrido?

¿Ya existía el protagonista original?

-Mash…

¿ha estado por aquí un chico…

con cabello oscuro, más o menos de mi edad?

¿Uno que…

bueno, se ve como si estuviera perdido la mayoría del tiempo?

Mash ladeó la cabeza, confundida.

-¿Un amigo tuyo?

No, no creo haber conocido a nadie así.

Hasta donde sé…

tú eres el único que llegó recientemente.

Nadie más ha sido convocado o transportado…

Eso confirmó lo que temía…

o lo que esperaba.

No había otro protagonista.

Él era el protagonista.

Mash continuó, como si intentara cambiar de tema: -Ah, mañana tendremos una reunión importante.

La Directora, la Dra.

Olga Marie, nos presentará algo.

Dijo que será el inicio de una nueva etapa en Chaldea.

La confirmación lo golpeó como un martillo.

Mañana empieza la historia.

Fuyuki.

La Primera Singularidad.

Su verdadero infierno personal.

Sintió un nudo formarse en su estómago.

Aunque sabía lo que venía, no se sentía preparado.

No todavía.

Mash lo miró con preocupación.

-¿Estás bien?

Él forzó una sonrisa, mientras acariciaba suavemente a Fou.

-Sí…

solo un poco nervioso.

Es mucho que asimilar.

El silencio se instaló por un momento tras la partida de Mash.

A solas en la habitación, el protagonista dejó caer su cuerpo contra la cama con un suspiro largo y pesado.

Su mirada se perdió en el techo blanco, casi como si buscara respuestas entre sus grietas invisibles.

“Así que esto es real…” Sabía que lo era.

La habitación, el uniforme de Mash, el nombre de Olga Marie…

todo encajaba con el prólogo de Fate/Grand Order.

Solo que ahora él estaba aquí, dentro de la historia.

No como un espectador, sino como el protagonista.

Pero eso lo preocupaba.

“El protagonista original tenía la habilidad de vincularse con cualquier Servant…” Miró sus manos.

Temblaban ligeramente.

No de miedo, sino de incertidumbre.

Conocía los eventos, los momentos clave, las muertes inevitables…

y sobre todo, sabía que lo que se venía no era un juego.

No podía “cargar la partida” si algo salía mal.

No tenía garantía de invocación, ni del poder de las Personas en este mundo.

Y aún así…

debía actuar.

“Si quiero sobrevivir…

si quiero protegerlos…

debo jugar mi papel.

Pero no puedo improvisar todo.

Necesito tiempo.

Necesito ventaja.” Recordó el momento exacto del prólogo, cuando Olga Marie reúne a los candidatos en la sala de comando.

En el juego, el protagonista apenas tenía tiempo de conocerla antes de que todo explotara, matándola.

Él solo despertaba entre los escombros, con Mash protegiéndolo.

Pero si eso ocurría aquí…

si él solo se sentaba y escuchaba como todos, sin hacer nada…

“Ella morirá.” Y no quería eso.

Aunque en el juego ella parecía arrogante y altiva, él sabía lo que había detrás de esa fachada: el peso del legado de los Animusphere, su lucha por ser tomada en serio, y el sacrificio que hizo sin que nadie realmente lo notara.

Ella no merecía morir.

“Si el precio de jugar este rol es vivir con esas muertes sabiendo que puedo evitarlas, entonces no merezco estar aquí.” Decidido, se levantó.

La enfermería estaba tranquila, y el pasillo oscuro, apenas iluminado por las luces tenues del sistema nocturno.

Se movió con cuidado, guiado más por la memoria del mapa de Chaldea en el juego que por señales visibles.

Caminó por pasillos aún deshabitados, hasta llegar a las puertas de la sala de comando.

Estaban cerradas, pero no bloqueadas aún.

Era de madrugada.

Nadie debía estar allí.

Entró en silencio, el eco de sus pasos resonando como un fantasma.

Se mantuvo alerta mientras exploraba la gran sala blanca, buscando con cuidado.

Sabía que la bomba estaba escondida…

una carga pequeña, colocada por Lev Lainur Flauros, el traidor.

En el juego era solo una escena, un detalle más del guión.

Pero ahora…

era real.

Tardó casi veinte minutos de búsqueda minuciosa.

Revisó estructuras metálicas, conexiones, falsos paneles.

Finalmente, tras remover una cubierta discreta detrás del estrado de la directora, encontró un pequeño dispositivo incrustado entre los cables.

“Maldito…” murmuró, observando los componentes.

No era un experto, pero recordaba cómo Mash había dicho que la explosión fue repentina, sin señales.

Esto era el catalizador.

Sin herramientas, lo único que pudo hacer fue desconectar el sistema, cortar las conexiones con cuidado para que pareciera un malfuncionamiento técnico.

Incluso lo dejó levemente flojo para que, si alguien revisaba, pensara que era desgaste.

Nada drástico, nada que alertara a Lev.

Solo lo suficiente para que no explotara.

Cuando terminó, escondió los rastros de su intervención, se sentó en una esquina y suspiró de nuevo.

“No tengo poderes, ni armas.

Solo lo que sé…

y lo que decida hacer.” Quedaban horas para la reunión.

No pensaba dormir.

Ni relajarse.

Solo cerrar los ojos un momento y prepararse para actuar como el protagonista.

“Olga Marie…

si esta historia debe comenzar…

lo hará con un cambio.” La mañana llegó con una lentitud insoportable.

A pesar de haber dormido algunas horas después de sabotear la bomba, el protagonista se sentía más cansado que nunca.

Se había duchado, había comido algo, incluso había intentado meditar, pero nada conseguía calmar ese nudo en su estómago.

El miedo era real.

El peligro era real.

A diferencia de un videojuego, aquí no había segundas oportunidades.

No tenía poderes, no tenía armas, ni siquiera tenía una razón lógica para estar ahí…

excepto su deseo de cambiar el destino de quienes, en su mundo, solo eran personajes digitales.

Mash.

Olga.

Romani.

Todos ellos ahora eran reales.

Y vulnerables.

Mientras se dirigía al centro de mando, su mente repasaba, una y otra vez, lo que estaba a punto de hacer.

Fingir indiferencia.

Dormirse en mitad del discurso de Olga.

En el juego había sido una escena cómica, una rareza del protagonista silencioso…

pero en este mundo, sería una falta de respeto, un acto deliberado de desprecio.

Y aún así, era necesario.

Porque si su memoria no le fallaba, ese simple acto terminaría salvándole la vida.

Pero ahora que Olga no moriría en la explosión…

¿seguiría todo igual?

¿Estaba cambiando demasiado, demasiado pronto?

Entró en la sala de conferencias con el corazón acelerado.

Mash le saludó tímidamente.

Olga aún no había llegado.

Minutos después, ella hizo su entrada: segura, elegante, con esa autoridad que aún no sabía cómo se rompería.

Comenzó a hablar, explicando los principios de la Rayshift, los planes de Chaldea, el proyecto de restauración de la historia.

Y entonces él cerró los ojos.

Lentamente.

Deliberadamente.

La somnolencia no tardó en vencerlo.

No por cansancio, sino por esfuerzo.

Cada palabra de Olga se desvanecía, se apagaba como un murmullo lejano.

El murmullo se hizo eco.

El eco se volvió oscuridad.

Cuando despertó, fue expulsado de la sala, justo como en el juego.

Y luego todo ocurrió muy rápido.

La explosión sacudió el centro de mando, pero sin víctimas.

Él lo sabía.

No había muerte…

por ahora.

Aún sin entender cómo, se levantó y corrió.

Los pasillos eran un caos.

Alarmas, luces rojas, humo, gritos.

Supo hacia dónde debía ir.

Corrió al centro de comando.

A ese momento.

Mash estaba atrapada.

Olga inconsciente.

Romani gritaba desde los altavoces.

El sistema colapsaba.

Y él…

él no tenía nada.

Sin Persona.

Sin Servant.

Sin Mystic Code.

Solo su cuerpo.

Solo su miedo.

Aun así, entró.

Cruzó el umbral con la convicción del que no espera volver.

Se lanzó hacia Mash.

Trató de liberarla.

No pudo.

La luz los envolvió a ambos.

Entonces, la voz mecánica del centro de comando, fría e indiferente, pronunció la sentencia: “Falla en el sistema de contención.

Seguridad comprometida.

Rayshift forzado activado.

Destino: Singularity F, Fuyuki.

Preparando transferencia de emergencia.” “Dos almas detectadas.

Iniciando transición.” Un último destello.

Y luego…

nada.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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