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Fate/Grand Persona - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capitulo 11 De regreso
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12: Capitulo 11: De regreso 12: Capitulo 11: De regreso El remolino de luz que envolvía a Mash y Leonel se desvaneció tan pronto como sus pies tocaron el frío suelo metálico del sistema de retorno de Rayshift.

Las luces del laboratorio parpadearon levemente, y la voz de Romani estalló por los altavoces con entusiasmo contenido.

—¡Bienvenidos de regreso!

¡Buen trabajo, ustedes dos!

¡Lo lograron!

Da Vinci, siempre elegante incluso con gafas protectoras puestas, apareció con una tablet en la mano y una sonrisa radiante.

—Nada de explosiones ni desastres esta vez.

Estoy impresionada.

Y lo digo en serio, esta vez la energía del Grial se estabilizó tan pronto como Mash lo absorbió.

Buen trabajo, chicos.

Mash respiró profundamente, sus hombros relajándose mientras bajaba el escudo de su espalda con lentitud.

—Gracias…

Da Vinci…

Doctor…

me siento un poco agotada.

Leonel le dio una palmada leve en el hombro y sonrió.

—Lo hiciste bien, Mash.

Como siempre.

Mash se sonrojó un poco, pero su expresión seguía cansada.

Romani carraspeó, con tono comprensivo: —Ambos merecen un descanso.

Vayan, coman algo, duerman, tómense el día libre.

Mañana hablaremos del reporte de la singularidad y analizaremos lo que ocurrió con el Pilar y el Grial.

—¿De verdad?

—Leonel ladeó la cabeza, incrédulo.

—¿Quieres que lo ponga por escrito y lo firme con mi sangre?

—respondió Da Vinci, cruzándose de brazos con una media sonrisa.

Mash suspiró aliviada y asintió.

—Gracias…

me gustaría una ducha caliente y dormir ocho horas seguidas, por una vez.

Leonel levantó una ceja.

—¿Solo ocho?

Ella rió suavemente.

—No quiero abusar del privilegio.

Ambos salieron del laboratorio de Rayshift caminando lado a lado.

Las luces del pasillo estaban tenues, como si Chaldea también supiera que era hora de descansar.

El silencio del lugar era reconfortante, con solo el zumbido de la maquinaria mágica en el fondo.

—Mash…

—Leonel dijo, mientras caminaban.

—¿Sí?

—Lo de Kiyohime y Jeanne…

fue duro.

Pero al final…

me alegra haber podido estar allí.

Con ustedes.

Mash lo miró y asintió suavemente.

—Yo también.

Siempre que esté contigo, Leonel-senpai…

no importa qué tan difícil sea la batalla.

Leonel sonrió.

Y por primera vez en mucho tiempo, no sentía el peso del mundo sobre sus hombros.

Mientras las puertas de sus respectivas habitaciones se cerraban tras ellos, la calma se asentó en Chaldea como una manta cálida.

Mañana sería otro día.

Uno lleno de respuestas, reportes y quizás nuevas misiones.

Pero por hoy…

Hoy podían simplemente descansar.

El cuarto de Leonel en Chaldea era sencillo, funcional: cama, escritorio, armario, y una pequeña lámpara de lectura.

Nada más.

Cerró la puerta con un leve clic, tiró su chaqueta a una silla, se quitó los guantes con desgano…

y ni siquiera alcanzó a acomodarse bien cuando se dejó caer sobre la cama.

En cuanto su cabeza tocó la almohada, el mundo se volvió azul.

El Velvet Room apareció una vez más ante él, aún envuelto en una atmósfera de caos contenido.

Cortinas rasgadas, vitrales astillados, relojes que giraban erráticamente…

pero, al menos, el cielo nocturno que se extendía por los ventanales parecía más tranquilo.

Como si el universo mismo respirara con menos angustia.

Leonel se hallaba sentado en el mismo sillón de siempre, frente a Igor, cuya sonrisa era igual de enigmática que siempre.

—Bienvenido de nuevo…

al Velvet Room, Leonel.

Selene, sentada elegantemente junto a Igor, lucía más serena.

Su vestido estaba reparado en parte, y su cabello, antes desordenado y opaco, brillaba tenuemente.

Sus ojos, antes sombríos, ahora mostraban una chispa de vida.

—¡Lo lograste!

La distorsión fue contenida…

y el Grial no cayó en manos oscuras.

Estoy…

verdaderamente feliz por eso, Leonel —dijo con una sonrisa genuina.

Leonel asintió, aún un poco aturdido por el cambio de escenario.

—Fue una pelea dura.

No creí que el Pilar resistiera tanto…

Igor entrelazó los dedos.

—Tu determinación ha sido admirable.

Gracias a tu esfuerzo, el Compendio de Personas ha empezado a reactivarse.

Muchos de los nombres perdidos en la niebla del Caos han vuelto a su lugar…

aunque aún débiles, son ecos de su antigua gloria.

Selene se levantó y extendió una pequeña libreta encuadernada en cuero oscuro hacia Leonel.

En la tapa brillaba un símbolo antiguo: el sello del Compendio.

—Con esto podrás invocar a algunas Personas básicas desde aquí.

Pixie, Apsaras, Angel, Silky, Mandrake…

ninguna con un poder desbordante, pero si se usan bien, pueden salvarte la vida en una emergencia.

Leonel la tomó con reverencia, como si sostuviera algo vivo.

Sintió un pequeño calor en el pecho, como si el lazo con estas entidades se tejiera apenas al tocarlas.

—¿Y Tezcatlipoca?

—preguntó de pronto, mirando a Igor.

El anciano hizo una leve reverencia con su larga nariz sobresaliendo.

—Tu Persona original, Tezcatlipoca, es…

especial.

No puede ser fusionado, ni se verá reemplazado.

Él es tu reflejo más íntimo…

tu verdad más oscura y resplandeciente.

Sin embargo…

Selene intervino: —Como los Wild Card de leyenda, tú también puedes usar múltiples Personas.

Puedes alternarlas cuando la situación lo requiera.

Aunque Tezcatlipoca no se irá, siempre estará en ti.

Leonel asintió lentamente.

—Entonces…

puedo formar mi propio arsenal.

A mi manera.

Igor soltó una risita nasal.

—Esa es la esencia de este contrato.

Camina tu sendero, y que tus decisiones moldeen el destino.

El Velvet Room comenzó a desvanecerse poco a poco.

Selene le dirigió una última mirada, más cálida esta vez.

—Descansa, Leonel.

Tus batallas apenas comienzan…

pero por ahora, puedes dormir tranquilo.

Leonel se despertó con un suave parpadeo de las luces del techo.

La almohada bajo su cabeza estaba cálida.

Afuera, Chaldea seguía en silencio.

Y en su pecho, un nuevo lazo vibraba con posibilidades.

La suave luz del sol se filtraba a través de las persianas, marcando líneas doradas en las sábanas desordenadas de Leonel.

Abrió los ojos con lentitud, como si sus párpados pesaran toneladas.

Sus músculos aún sentían el eco de la batalla, y su mente navegaba entre el sueño azul del Velvet Room y la realidad.

—Ugh…

—se quejó con voz ronca mientras se sentaba en la cama y se frotaba la cara.

Había algo reconfortante en saber que la distorsión en Orleans había sido contenida…

pero también sabía que vendrían más.

Un sonido claro y puntual interrumpió sus pensamientos.

Toc.

Toc.

Toc.

Leonel parpadeó, confundido, y se levantó arrastrando los pies hasta la puerta.

Al abrirla, se encontró con Mash, impecable como siempre, aunque con una ligera somnolencia visible en su expresión.

Su escudo descansaba en su espalda, y sus manos estaban juntas al frente, con su típica educación casi robótica.

—Buenos días, Senpai.

El Dr.

Romani y Da Vinci nos esperan en la sala de mando para revisar el informe de la singularidad de Orleans.

Leonel asintió con una sonrisa perezosa.

—Gracias, Mash.

Dame diez minutos…

o cinco, si me salto el café.

Ella asintió, con una leve sonrisa antes de girarse y marcharse con pasos tranquilos por el pasillo.

Leonel cerró la puerta y se estiró, soltando un bostezo monumental.

—Hora de volver al trabajo…

—murmuró.

Mientras tanto, en otra habitación…

Un suave ronquido se escuchaba desde una cama donde los sábanas de satén rojo estaban hechas un desastre.

Nero Claudius dormía profundamente, abrazada a una almohada como si fuera un peluche.

—Zzz…

mi querido Maestro…

fufu, no podrás resistirte eternamente…

—murmuraba entre sueños, con una sonrisita confiada en los labios.

Una burbuja de baba se formaba cómicamente en la comisura de su boca.

De repente, se dio la vuelta y abrazó la almohada con más fuerza.

—…¡Serás mío por decreto imperial!

¡Ufufu~!

Y siguió durmiendo, completamente ajena al mundo y al reporte que estaba por comenzar.

Centro de Comando – Informe de la Singularidad Las puertas del centro de comando de Chaldea se deslizaron con un suave zumbido, dando paso a Leonel y Mash.

La sala, llena de pantallas holográficas, gráficos mágicos flotantes y sensores de mana, estaba iluminada con una luz azulada tenue, como si el lugar nunca conociera el concepto de descanso.

Romani Archaman, con su taza de café en mano y las ojeras casi eternas en su rostro, les sonrió con alivio.

—¡Ah, chicos!

Bienvenidos.

Siéntense, por favor.

—Hizo un gesto hacia las sillas frente a la consola central.

A un lado suyo, Da Vinci, con su característico aire de genio despreocupado, ya tenía varios paneles flotando a su alrededor, recopilando datos en tiempo real.

Llevaba una pluma encantada que escribía sola al ritmo de la conversación.

—¡Buen trabajo en Orleans!

La alteración del flujo temporal ha cesado, y la lectura de partículas mágicas regresó a niveles normales.

Todo un logro para ser su primera incursión.

—Dijo con tono animado, pero con los ojos brillando de interés—.

Ahora, ¿por qué no nos cuentan los detalles?

Mash asintió, erguida y formal como siempre.

—La singularidad estaba centrada en una versión distorsionada de la Francia medieval, invadida por Dragones Negros y controlada por una Jeanne d’Arc alterada, conocida como Jeanne Alter.

Reunimos aliados Servants como Mozart, Kiyohime, Elizabeth Bathory y la verdadera Jeanne d’Arc, y procedimos a eliminar el núcleo corrupto, el Pilar Demoníaco.

—¿El Grial?

—preguntó Romani.

—Recuperado —respondió Leonel, cruzando los brazos—.

Fue sellado por Mash, lo que provocó que la distorsión comenzara a desaparecer.

Da Vinci asentía mientras su pluma flotante escribía a toda velocidad.

—Fascinante.

La forma en la que reaccionó el espacio-tiempo fue más estable de lo que esperábamos.

Y los vínculos mágicos con tus Servants fueron…

intensos.

Romani bebió de su café, mirándolo con una ceja alzada.

—Leonel…

todavía no nos has contado todo sobre tu Persona.

Solo que te permite combatir con magia y resistencia aumentadas, pero no sabemos su origen…

ni por qué parece actuar fuera de los parámetros normales de un Servant, o incluso de un magus.

Leonel guardó silencio unos segundos.

Su mirada se cruzó con la de Mash, que aunque neutral, le transmitía cierto respaldo.

—No es que esté ocultando algo —dijo con calma—.

Es solo que aún no tengo toda la información clara.

Mi Persona…

es diferente a cualquier entidad que ustedes hayan registrado.

No es un espíritu heroico, ni una deidad como las que Chaldea ha catalogado.

Su nombre es Tezcatlipoca.

Da Vinci entrecerró los ojos, claramente intrigada.

—Tezcatlipoca…

¿como el dios mexica del espejo humeante?

Leonel asintió.

—Exactamente.

Pero no es una invocación al estilo de los Servants.

Mi vínculo con él no es una simple invocación de contrato.

Él…

es parte de mí.

Me eligió, o quizás yo lo arrastré desde otro lugar.

No estoy seguro todavía.

Romani anotó algo en su consola con expresión pensativa.

—Eso explicaría la resonancia mágica inestable que sentimos la primera vez que activaste tu Persona.

No responde al sistema de invocación normal.

Da Vinci se llevó una mano al mentón, observándolo como si fuera una pintura viva.

—Y tampoco es una Noble Phantasm.

Hmm…

esto es inédito.

Un usuario de Persona real, con acceso a un ser divino que puede materializarse a voluntad y combatir de igual a igual con Servants.

Fascinante.

Leonel sonrió de lado, ligeramente incómodo por la intensidad de su mirada.

—Por ahora, solo puedo decirles que estoy aquí para ayudar.

Y que si mi Persona sirve para proteger el mundo, no tengo intención de detenerme.

Mash bajó ligeramente la cabeza en señal de respeto y reafirmación.

—Yo confío en Senpai.

Romani sonrió de forma más relajada.

—Está bien, por ahora eso basta.

Pero si en algún momento te sientes listo para compartir más…

estaremos aquí.

Da Vinci giró su silla hacia él, sonriendo con picardía.

—Y si alguna vez me dejas analizar esa conexión mágica…

podría hacer maravillas con ese espejo humeante.

Imagino teorías muy divertidas.

Leonel alzó una ceja, pero solo rió suavemente.

—Un día, Da Vinci.

Un día.

Centro de Comando – Tras el Informe Las puertas se cerraron tras Mash y Leonel, y el centro de comando quedó en un silencio breve pero denso.

Romani dejó su taza de café sobre la consola y suspiró.

—Es un buen chico.

Sincero…

en lo que dice.

Da Vinci, sin apartar la vista de la pantalla flotante, cruzó los brazos con expresión seria, cosa rara en ella.

—Sí, pero el problema es lo que no dice.

Romani se recargó en su silla, entrelazando los dedos.

—Sabemos que tiene un vínculo con una entidad poderosa, algo más allá del sistema de Servants.

Y aunque lo haya explicado como una “Persona”, el término no tiene registros en la Fundación.

Da Vinci asintió, pensativa.

—Y eso de que sea un “dios mexica”, y aún así no pueda fusionarse ni funcionar como Servant tradicional…

hmm.

Incluso el sistema FATE se resiste a clasificarlo.

Eso no es normal.

—Además, la forma en la que dirigió a los Servants…

fue demasiado natural, incluso para alguien con aptitudes de Master.

Da Vinci sonrió con un toque de picardía.

—¿Lo dices como científica o como mujer celosa de su carisma?

Romani soltó una risa cansada.

—Como científico, Da Vinci…

aunque sí, el carisma no se lo niego.

Pero hay algo más.

Algo profundo que él mismo no quiere ver o no está listo para contar.

No creo que mienta…

pero tampoco nos está diciendo toda la verdad.

Da Vinci bajó la mirada un instante, seria.

—Habrá que observarlo de cerca.

Porque si lo que carga va más allá de lo que entendemos…

puede ser nuestra salvación o nuestra perdición.

Pasillos de Chaldea – Camino al Comedor Leonel caminaba a paso tranquilo por los pasillos blancos de Chaldea.

Aunque aún estaba algo cansado por la travesía en Orleans y su visita nocturna al Velvet Room, el aire fresco de las instalaciones le ayudaba a mantenerse despierto.

A su lado, Mash caminaba en silencio, leyendo algo en su holopad.

—¿Crees que lo hicimos bien?

—preguntó ella de repente.

Leonel asintió, con una pequeña sonrisa.

—Sí.

Fue difícil, pero logramos mantenernos unidos.

Eso vale más que cualquier victoria fácil.

Mash asintió con una tímida sonrisa.

Al girar en una esquina, llegaron al comedor principal de Chaldea, donde varios miembros del personal y algunos Servants estaban almorzando.

En una de las mesas cercanas a la ventana, Nero Claudius estaba sentada con elegancia, aunque devoraba una gran porción de pasta con un entusiasmo casi desproporcionado.

Su risa melodiosa se mezclaba con el golpeteo de los cubiertos.

Al ver a Leonel y Mash, alzó una mano y sonrió ampliamente.

—¡Ohh, Praetor!

¡Mash!

¡Venid!

¡Uníos a mí en este humilde banquete!

¡Nada honra más al Emperador que compartir la mesa con sus más valientes generales!

Mash parpadeó, sorprendida por la efusividad de Nero, mientras Leonel simplemente se rió por lo bajo.

—¿Hacemos caso a la emperatriz?

—Creo que no tenemos opción —respondió Mash, algo apenada.

Ambos se dirigieron hacia la mesa mientras Nero movía platos a un lado con una sonrisa triunfal, lista para disfrutar no solo de la comida…

sino de la compañía de su Praetor.

El trío se acomodó en la mesa con las bandejas listas.

Mash, siempre educada, se sentó frente a Nero, mientras Leonel tomó lugar a su lado.

Al principio, todo transcurría con normalidad: cuchillos cortando suavemente la comida, el murmullo de los demás comensales llenando el fondo.

Hasta que Nero comenzó su jugada.

—Hmm…

Praetor, ¿no os habéis dado cuenta de algo especial hoy?

Leonel, a mitad de un bocado de arroz, parpadeó confundido.

—¿Eh?

¿Algo especial?

Nero se inclinó sutilmente hacia él, sus ojos verdes brillando con picardía, y bajó ligeramente el tono de voz.

—Sí…

que estoy más radiante que nunca.

¿Lo notáis?

¿O acaso los esfuerzos de una emperatriz para conquistar el corazón de su amado han sido en vano?

Mash casi se atraganta con su sopa, sus mejillas se tornaron de un rojo intenso.

—¡N-Nero-san!

¡Eso es muy inapropiado en público!

—¡Oh, vamos, querida Mash!

¿Acaso el amor debe esconderse como una sombra?

¡No!

¡Debe florecer como las rosas en el Coliseo romano!

Leonel, ya algo sudoroso, intentó mantener la compostura.

—Nero, no sé si esto es lo mejor para— Ella no le dejó terminar.

Se deslizó ligeramente más cerca, con un coqueto movimiento de hombros, y colocó una mano sobre la suya.

—Praetor, ¿acaso no sentís el destino entre nosotros?

¡Sois fuerte, valiente, apuesto!

¡Y yo soy una emperatriz gloriosa, dotada de belleza sin igual!

¡Unidos, conquistaríamos no sólo tierras, sino corazones!

Mash no soportó más.

Se levantó de golpe, su rostro encendido como un tomate.

—¡T-Tengo que…

irme!

¡¡Tengo cosas que hacer!!

¡Lo siento!

Y salió del comedor casi corriendo, tropezando ligeramente en el umbral.

Leonel la vio irse, entre divertido y apenado.

—Pobre Mash…

—Jeje, ¡su juventud la hace tímida!

Pero tú…

tú eres distinto.

—Nero lo miró con ojos brillantes, su voz cargada de intensidad—.

A ti no te basta una vida simple.

Yo lo sé.

¡Tú naciste para ser grande, y yo seré tu reina!

Leonel suspiró, rascándose la nuca con una mano mientras la otra seguía atrapada entre los dedos de Nero.

—Mira, Nero…

no voy a mentirte.

Eres hermosa.

Fuerte.

Inspiradora.

Y sí, me atraes…

mucho.

Pero ahora mismo estamos en medio de una guerra por la existencia de la humanidad.

No puedo concentrarme en romance ahora mismo.

Por un momento, el silencio cayó.

Luego, Nero sonrió con una intensidad deslumbrante.

—Entonces…

¿me deseas, pero no ahora?

Leonel abrió la boca para responder, pero ella se le adelantó.

—¡Perfecto!

¡Eso es más que suficiente!

Praetor, ¡te declaro mi esposo a partir de este instante!

¡No hay necesidad de una ceremonia larga, el corazón ha hablado!

—…¿Es-Esposo?

—Leonel parpadeó, congelado.

—¡Sí!

¡Mi esposo imperial!

Desde ahora, compartirás el mismo destino que yo.

Gloria, pasión, y un lecho de rosas al final de cada batalla.

¡No aceptaré un “no”!

¡La voluntad de Roma es absoluta!

Leonel miró al techo, sin saber si reír o gritar.

Finalmente suspiró y dejó caer los hombros, murmurando para sí: —…Estoy condenado.

Nero rió alegremente, mientras comía otro bocado de pasta con una sonrisa victoriosa, como si acabara de ganar una guerra.

Pasillos de Chaldea – Luego del Almuerzo Los pasos resonaban suavemente en el piso de mármol mientras Leonel caminaba junto a Nero, quien lo tenía aferrado por el brazo como si fuera el más valioso de los tesoros.

Su cabeza descansaba ligeramente sobre su hombro, sus largos rizos dorados balanceándose con gracia mientras avanzaban.

—Uf…

¿cómo acabé así?

—pensaba Leonel, mirando de reojo a la emperatriz que sonreía con absoluta satisfacción.

—¡Ah~!

El aire aquí no es tan refinado como en Roma, pero caminar junto a ti, Praetor mío, lo hace tan placentero~ —murmuró ella, acurrucándose un poco más contra su brazo.

Leonel intentó mantener una sonrisa neutra, aunque su mente era un torbellino.

—Nero…

¿segura que esto está bien?

Apenas…

estamos conociéndonos.

—¡Já!

¡No se necesita toda una vida para reconocer un destino glorioso!

—respondió ella, soltando una pequeña risa antes de alzar la vista hacia él—.

Además, ya somos esposos.

¿No te dije?

Roma no necesitaba trámites innecesarios cuando el corazón decidía.

Yo, como emperatriz, lo decreté.

¡Y punto!

—…¿Así funcionan las cosas en Roma?

—¡Así es!

Y como parte de ese sagrado lazo…

hay algo más que debo explicarte —añadió con una sonrisa más traviesa que antes, guiándolo hacia un rincón menos transitado del pasillo—.

Verás, como mi esposo, y por derecho imperial…

debes empezar a formar tu propio harem.

Leonel se detuvo en seco.

—¿¿Mi qué??

Nero lo miró con toda la naturalidad del mundo, como si le hubiese dicho que debía comprar pan.

—Tu harem, por supuesto.

¡Un emperador debe estar rodeado de bellezas dignas de su estatus!

Es una antigua tradición romana.

Los grandes hombres no están hechos para amar en soledad, sino para inspirar a muchas.

Y tú, Praetor, ¡no eres menos!

—¿Y tú…

no tendrías celos?

—preguntó Leonel, medio en broma, medio en serio.

Nero lo miró con una risita encantadora, y luego se puso de puntas para darle un beso en la mejilla.

—Claro que sí, pero eso sólo hará que me esfuerce más por ser tu favorita.

¿Ves?

¡Una competencia sana estimula el espíritu!

Además, ya vi cómo te mira esa niña llamada Mash.

Jejeje, quizás sin saberlo, ¡ya tienes dos!

Leonel no sabía si reír, llorar o salir corriendo.

—Esto…

esto está yendo muy rápido…

—¡Así es Roma!

¡Rápida, gloriosa, apasionada!

—exclamó con orgullo mientras volvía a abrazar su brazo, como si nada hubiese pasado—.

Pero no temas, Praetor mío.

Yo te guiaré.

A cada victoria, a cada conquista…

y a cada amante, si hace falta.

Leonel suspiró con una sonrisa resignada, sabiendo que resistirse más sería inútil.

—Muy bien…

haremos esto a tu manera.

Pero por favor, sin anunciarlo con trompetas.

—¡Hmph!

¡Entonces me limitaré a mandar un mensaje por el sistema interno!

—respondió con tono juguetón.

—¡Nero!

—¡Broma, broma!

—rió ella—.

Más o menos.

Ambos siguieron caminando por los pasillos, con Nero irradiando energía imperial y Leonel ya mentalmente preparando una lista de explicaciones que dar…

empezando por Mash.

Frente al cuarto de Leonel —Aquí es donde duermes, ¿verdad, Praetor mío?

—preguntó Nero con una ceja alzada y tono insinuante.

—Sí…

gracias por acompañarme…

y por no seguir con más decretos— murmuró Leonel, algo nervioso.

—Oh, aún me guardo unos cuantos para más tarde~ —rió ella antes de ponerse de puntas nuevamente.

Sin dudarlo, besó suavemente la mejilla de Leonel.

—¡B-bueno!

¡¡Nos vemos más tarde!!

—balbuceó él, completamente rojo.

Nero le guiñó el ojo y se marchó con una risa cantarína, caminando con porte imperial.

—Por los dioses…

¿qué acabo de vivir?

—pensó Leonel, apoyando la frente contra la puerta.

En ese momento…

—¡L-Leonel-kun!

—se escuchó una voz justo detrás de él.

Leonel saltó del susto, girándose de golpe.

—¡Mash!

¡No te escuché venir!

Ella bajó la mirada, algo nerviosa.

—L-lo siento…

no quise asustarte…

solo…

vi que estabas con Nero-sama, y…

bueno…

quería saber qué estaba pasando…

—Oh…

eso…

—Leonel se rascó la nuca, desviando la mirada—.

Verás, Nero es…

intensa.

Muy intensa.

Declaró que yo soy su esposo.

Según ella, como emperatriz romana, tiene ese derecho.

Supongo que es…

simbólico, ¿no?

Mash frunció los labios, visiblemente incómoda.

—¿Entonces…

lo aceptaste?

—No exactamente.

Fue más como…

imposible negarse.

Ya la conoces, es como una tormenta con forma de mujer —bromeó Leonel, intentando alivianar el ambiente.

Mash bajó un poco la cabeza, con un tono triste en la voz.

—Entiendo…

es solo que…

me sorprendió.

No sabía que ella…

quería algo tan serio contigo.

Leonel suspiró y le puso una mano en el hombro.

—Mash, te juro que yo no planeé nada de esto.

Apenas la conozco.

Ella es…

espontánea, apasionada.

Y bueno, me halaga, claro, pero eso no significa que…

—se detuvo, el recuerdo de lo que Nero había dicho sobre “la competencia y su harem” aún flotaba en su cabeza—.

En fin, lo importante es que, por ahora, tenemos misiones y deberes más importantes.

No te preocupes, ¿sí?

Mash levantó la mirada.

Sus ojos reflejaban una mezcla de alivio y algo más difícil de descifrar.

—Está bien, Leonel-kun.

Solo…

no me dejes fuera.

—¿Eh?

—Digo…

como compañera.

Como escudo.

Y…

como amiga.

—Forzó una sonrisa tímida—.

Estaré contigo mientras todo esto…

se acomoda.

Leonel le sonrió, más relajado.

—Gracias, Mash.

De verdad.

Ella asintió, y tras una breve pausa, se dio media vuelta y se fue a paso rápido, ocultando el leve rubor que aún manchaba sus mejillas.

Leonel la observó hasta que desapareció por el pasillo y luego suspiró, apoyándose contra la puerta otra vez.

—Primero una emperatriz, ahora una kouhai celosa…

Esto apenas empieza, ¿verdad?

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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