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Fate/Grand Persona - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Capitulo 12 La calma antes de la tormenta
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13: Capitulo 12: La calma antes de la tormenta 13: Capitulo 12: La calma antes de la tormenta [Chaldea – Dormitorio de Leonel | 7:00 a.m.] Bip.

Bip.

Bip.

La alarma sonaba insistente, y tras unos segundos, una mano somnolienta la apagó.

Leonel se sentó en la cama, revolviéndose el cabello mientras bostezaba largamente.

—Otro día en el paraíso…

—murmuró sarcásticamente, arrastrándose hasta el baño.

Tras una ducha rápida y un desayuno ligero que pidió por intercomunicador, se vistió con su uniforme estándar de Chaldea: simple, funcional, pero con cierto aire de comandante.

Mientras ajustaba el cinturón de su abrigo, escuchó un toc-toc en la puerta.

—Leonel-kun, ¿estás listo?

Hoy haremos nuevas invocaciones —la voz cálida y amable de Mash llegó desde el otro lado.

—¡En un segundo!

—respondió Leonel, tomando su comunicador y abriendo la puerta al instante.

Mash lo saludó con una pequeña sonrisa y una leve reverencia.

—Buenos días.

—Buenos días, Mash.

¿Ya desayunaste?

—Sí, antes de venir por ti.

Quiero ver si en esta ronda de invocación obtenemos aliados fuertes…

y agradables.

—La última palabra la murmuró con un tono levemente picante, difícil de ignorar.

Antes de que Leonel pudiera responder, una alegre voz interrumpió la escena.

—¡Praetor mío~!

¡Qué dicha verte tan radiante desde tan temprano!

Nero Claudius, como siempre, apareció de forma teatral, con una rosa en la mano que parecía haber conjurado de la nada.

Sin perder tiempo, se acercó y besó la mejilla de Leonel con total confianza, abrazando su brazo con fuerza y una sonrisa triunfante.

—Un nuevo día para expandir nuestro glorioso imperio sentimental~.

¡Y qué mejor manera que con nuevas invocaciones!

Mash parpadeó varias veces, su rostro pasando de una expresión neutra a un rojo evidente, aunque intentaba mantener la compostura.

—Buenos días, Nero-sama —saludó con cortesía forzada.

—Oh, Mash.

¿Te unirás también?

Excelente, ¡necesitamos testigos para los momentos importantes!

Leonel tragó saliva, intentando no parecer incómodo.

—Vamos, antes de que alguien más reserve la sala —comentó, comenzando a caminar.

Así, el trío se dirigió al salón de invocaciones, Nero aferrada con orgullo al brazo de Leonel, mientras Mash caminaba al otro lado, en silencio…

aunque cada tanto lanzaba pequeñas miradas furtivas a los dos, su expresión cambiando entre fastidio y celos apenas contenidos.

—¿Qué le ve…?

Bueno, además de su sonrisa, seguridad, carisma, figura perfecta y esa forma de hablar…

—Mash se interrumpió a sí misma con un leve puchero y apretó el paso.

Nero, por su parte, silbaba alegremente, feliz de estar al lado de su “esposo”.

—¡Hoy atraeremos a grandes héroes!

Y si son mujeres hermosas, mejor aún.

¡Para el harem del Praetor!

—exclamó en voz alta.

Leonel, congelado, sintió como todos los técnicos del pasillo volteaban a verlos.

—Nero…

por favor, baja la voz…

—¡Nunca!

El amor debe proclamarse con orgullo.

Como emperatriz, no conozco la vergüenza.

¡Solo pasión!

Mash miró hacia otro lado, mordiéndose el labio.

—No es justo…

—pensó.

La sala de invocaciones ya los esperaba…

y con ella, nuevos vínculos, nuevas historias…

y, probablemente, más caos sentimental.

[Chaldea – Sala de Invocaciones | 8:12 a.m.] La sala de invocaciones vibraba con energía mística.

Runes flotaban en el aire, dibujando círculos brillantes en el suelo de mármol blanco, iluminando la habitación con un resplandor azul pálido.

Leonel, Mash, Nero y Da Vinci observaban desde una sala de control elevada, protegidos por una pantalla de vidrio.

—¿Estás listo, Leonel?

—preguntó Da Vinci, ajustando los controles con una sonrisa confiada—.

El maná está estabilizado y el ritual preparado.

—Tan listo como puedo estar —respondió Leonel, su voz tensa, pero decidida.

Mash se colocó a su lado, observando los sellos de invocación con ojos expectantes.

Nero, por otro lado, tenía los brazos cruzados y una sonrisa altiva en el rostro.

—Espero que estas nuevas caras sean dignas de luchar a tu lado, esposo mío.

La luz se intensificó y los círculos brillaron con un estallido de energía dorada.

¡Flash!

Una figura se materializó primero: una mujer de cabello largo, rubio cenizo, armadura blanca con detalles dorados y una expresión serena en su rostro.

Su estandarte ondeaba con elegancia a su lado.

—Jeanne d’Arc, Servant de clase Ruler.

He venido a luchar por la justicia y la humanidad…

y por ti, maestro.

—Se inclinó, con dulzura pero con autoridad.

—¡Una santa!

—exclamó Mash, impresionada.

—Magnífica presencia —murmuró Nero, con una sonrisa de aprobación.

Leonel asintió con respeto, impresionado por su porte.

—Soy Leonel, tu nuevo Master.

Es un honor, Jeanne.

—El honor es mío —respondió ella, regalándole una suave sonrisa.

¡Flash!

Una nueva figura apareció, envuelta en fuego verde que se desvaneció revelando a una joven de largo cabello azul claro, ojos brillantes y una expresión alegre…

aunque un poco perturbadora.

—¡Kyahahaha~!

¡Lo sabía!

¡Sabía que cumplirías tu promesa, Leonel-sama!

Kiyohime corrió hacia él a toda velocidad y lo abrazó con fuerza, apoyando su mejilla en su pecho.

—Te esperé tanto…

pero sabía que vendrías por mí.

¡Siempre supe que estábamos destinados!

—¿E-eh?

—Leonel abrió los ojos de par en par, mientras Nero lo observaba con una ceja levantada y Mash palidecía levemente.

—Yo…

¿te prometí algo?

—preguntó Leonel, sudando frío.

—¡En la singularidad!

¡Dijiste que volverías por mí!

¡Y lo hiciste!

¡Como un buen esposo!

—exclamó Kiyohime con adoración absoluta.

Nero bufó, molesta.

—Otra que reclama ser esposa de mi Praetor…

tendré que recordarle su posición.

—N-Nero, calma…

—susurró Mash, aunque tampoco se veía muy tranquila.

¡Flash!

La última invocación completó el trío.

Un hombre de cabello blanco, piel morena, y un traje negro con detalles rojos apareció.

Sus ojos observaban a todos con calma y una pizca de cinismo.

—Nombre real irrelevante.

Llámenme simplemente Archer.

Estoy aquí para pelear.

—Cruzó los brazos, su tono práctico, pero no hostil.

Leonel dio un paso al frente, aún con Kiyohime colgada de su brazo.

—Soy Leonel, seré tu Master a partir de ahora.

—Entendido.

Me basta con que seas competente.

—Respondió Archer, observando detenidamente a Mash y a Jeanne.

—Jeanne d’Arc.

Me alegra ver a alguien como tú convocado también —comentó Jeanne, asintiendo.

—Tú eres…

la santa de Orleans —Archer entrecerró los ojos, como si recordara detalles vagos—.

Sí, eso encaja.

Jeanne asintió suavemente.

—Una parte de mí recuerda la locura de esa singularidad…

pero esta vez, estoy aquí para impedir que algo así se repita.

Le serviré con todo mi ser, Master Leonel.

—Eso significa mucho, gracias.

Mash sonrió ligeramente, aunque seguía lanzando miradas constantes a Kiyohime, quien aún no soltaba al pobre Leonel.

—Esto…

Leonel-kun, ¿debería…

separarla?

—No…

creo que es más peligroso intentarlo —susurró él, claramente resignado.

Da Vinci aplaudió, rompiendo la tensión.

—¡Una excelente invocación!

Tres Servants de gran poder y carisma.

¡Chaldea se está fortaleciendo!

Nero se adelantó, con su usual gracia.

—Muy bien, nuevos súbditos.

¡Sean bienvenidos al servicio de mi esposo y de este glorioso futuro!

Juro que tendrán escenarios dignos de su talento.

Aunque…

Sus ojos se entrecerraron hacia Kiyohime.

—…ciertas serpientes necesitan recordar que no se abraza al Emperador sin permiso.

Kiyohime sonrió ampliamente, sin dejar de apretar a Leonel.

—¿Quién dice que tú tienes el único permiso?

Mash suspiró, mientras Archer cruzaba los brazos, ya resignado a lo que sería una vida llena de caos y drama.

[Chaldea – Sala Común Post-Invocación | 9:25 a.m.] Luego de la ceremonia, los recién invocados fueron conducidos a una sala de descanso para que se familiarizaran con su nuevo entorno y su Master.

Leonel había respondido algunas preguntas, les había ofrecido una bebida caliente y los había dejado un momento para que procesaran su invocación.

Desde una esquina de la sala, los tres nuevos Servants lo observaban, cada uno con pensamientos distintos.

Jeanne d’Arc “Entonces…

esta vez…

no hay fuego, ni dragones, ni traición.” Jeanne contemplaba a Leonel, quien charlaba animadamente con Da Vinci y Mash.

En sus ojos brillaba una mezcla de alivio y determinación.

“No es la misma guerra.

No es la misma sangre.

Este joven no busca venganza ni gloria…

sólo quiere salvar al mundo.

Y eso basta para mí.” —Un viaje para restaurar la humanidad…

—susurró para sí—.

Esta vez lucharé para proteger, no para corregir.

Y esta vez…

no estoy sola.

Emiya (Archer) “Hmph…

así que este es mi nuevo Master.” Desde su rincón, Archer cruzaba los brazos, observando con detenimiento a Leonel.

“No parece del todo preparado…

pero tampoco es un tonto.

Hay firmeza en sus ojos.

Algo me dice que la vida aún no lo ha quebrado, y eso…

es extraño en un Master.” —Por ahora, solo observo.

Ya veremos si es digno de esa promesa que dijo cumplir.

Aunque su tono era neutral, en sus ojos había un ligero dejo de interés.

Kiyohime “¡Mi amado Master!

¡Fiel a su palabra!

¡Oh, qué dicha!” Kiyohime apenas podía dejar de sonreír.

Estaba sentada muy cerca de donde Leonel hablaba, acurrucada con una taza de té caliente.

“Sabía que no me había olvidado.

Sabía que mis sentimientos no eran en vano.

¿Quién dice que los sueños no se hacen realidad?” —Le protegeré con todo mi ser —susurró suavemente, apretando la taza entre sus manos—.

Y si alguien más intenta quitármelo…

bueno, ya sabrán lo que ocurre con las mentirosas~ [Cambio de escena – Pasillo cercano] —Kiyohime —la voz de Nero se alzó elegante y cortante a la vez.

—¿Huh?

¿Imperatrix…?

—Kiyohime ladeó la cabeza, sin soltar del todo la mirada de Leonel.

—Deseo hablar contigo.

A solas.

No tomará mucho.

—Nero dio un paso adelante, su porte regio innegable.

Kiyohime suspiró suavemente.

Quería quedarse al lado de Leonel…

pero también intuía lo que Nero deseaba decirle.

Y no podía huir.

—Muy bien —dijo al fin, poniéndose de pie con renuencia—.

Pero que conste que esto es por él…

—Claro.

Por él.

—respondió Nero con una media sonrisa.

Las dos mujeres se alejaron del grupo, sus pasos resonando suavemente por el pasillo.

Una tensión sutil empezaba a emanar entre ellas.

No de odio…

pero sí de competencia.

Porque ambas sabían, sin necesidad de palabras, que Leonel Cruz no era un Master cualquiera.

[Pasillo cercano a la sala de invocación – 9:40 a.m.] El silencio entre las dos mujeres se mantuvo unos instantes, sólo interrumpido por el eco de sus pasos.

Nero caminaba con gracia imperial, la cabeza en alto.

Kiyohime, en cambio, se veía incómoda, como si temiera que una palabra equivocada desatara un juicio de fuego.

Finalmente, Nero se detuvo y la miró de frente, con una sonrisa suave pero determinada.

—Kiyohime…

sé muy bien lo que sientes.

—dijo con voz melodiosa—.

Yo también amo a nuestro Master.

Kiyohime parpadeó, sorprendida por la declaración directa.

Abrió la boca, pero Nero levantó una mano.

—Fui la primera en decírselo.

La primera en besarlo.

Y como emperatriz, podría decir que eso me da prioridad.

—agregó con una pizca de vanidad.

—¿Entonces por qué me trajiste aquí?

¿Para advertirme?

¿Amenazarme?

—Kiyohime ladeó la cabeza, con un brillo peligroso en los ojos.

—Nada de eso.

—respondió Nero con una sonrisa traviesa—.

Te traje para darte la bienvenida.

A su harén.

—¿¡Eh!?

—Kiyohime dio un paso atrás, confundida.

—Lo amas, ¿no?

No tienes que mentirme.

Lo vi en tus ojos cuando lo abrazaste.

Pero, querida Kiyohime…

debes entender algo.

Leonel es el único Master restante en Chaldea.

El único que puede comandarnos.

El único con quien podemos luchar, soñar…

o amar.

Kiyohime bajó la mirada, sus emociones agitadas.

—Yo…

sólo quería estar con él.

Para siempre.

Prometió llamarme, y cumplió…

¿Ahora tengo que compartirlo?

—Así es.

—afirmó Nero con dulzura, pero firmeza—.

Tarde o temprano, otras también lo amarán.

Es inevitable.

¿Qué harás entonces?

¿Quemarlas a todas?

Kiyohime tembló un poco ante la mención, pero no respondió.

—No eres la única que arde por él.

Pero si de verdad lo amas, entonces lucharás a su lado.

Lo protegerás.

Lo harás feliz.

Aunque haya otras.

Aunque tengas que ceder una parte de él.

Kiyohime guardó silencio largo rato.

Finalmente, suspiró con resignación, pero en su rostro aún brillaba una chispa de amor inquebrantable.

—…Muy bien.

Aceptaré.

Pero que conste…

si alguna de las otras lo lastima, no responderé por mí.

—¡Hecho!

—dijo Nero, sonriente, y extendió su mano como emperatriz sellando un tratado—.

Por el bien de Leonel…

que este pacto se cumpla.

Kiyohime la miró unos segundos…

y finalmente apretó su mano.

Sin que Leonel lo supiera, una alianza peligrosa pero sincera acababa de nacer entre fuego y oro.

[Comedor de Chaldea – 1:15 p.m.] El aire olía a arroz recién cocido, sopa caliente y alguna clase de curry picante.

Leonel caminaba tranquilamente junto a Mash, ambos con sus bandejas en mano.

—Me alegra que el sistema de comida aún funcione en Chaldea.

—comentó Leonel, dejando su bandeja en una mesa vacía—.

Creí que tendríamos que sobrevivir a base de raciones de emergencia.

—Doctor Romani se encargó de mantener en línea los servicios básicos.

Aunque…

el curry de anoche sabía raro.

—respondió Mash con una leve risa.

Ambos se sentaron y comenzaron a comer en silencio, disfrutando un poco de normalidad tras la caótica invocación.

Sin embargo, esa tranquilidad no duró mucho.

—¡¡Leonel~!!

¿Nos extrañaste?

—la voz cantarina de Nero resonó en el comedor.

Kiyohime no dijo nada, pero su sonrisa dulce y sus ojos iluminados decían todo.

Ambas se acercaron con sus bandejas, y antes de que Leonel pudiera reaccionar, ya estaban sentadas…

una a cada lado suyo.

—¿Ehhh…?

—Leonel miró a una y luego a la otra—.

¿Y esta formación táctica de almuerzo…?

—No es táctica, mi querido Master.

Es estratégica.

—dijo Nero, sonriendo con brillo imperial—.

He decidido que Kiyohime y yo compartiremos…

tu afecto.

Kiyohime asintió con una mirada tan amorosa que casi derretía la cuchara en su mano.

—Nero me explicó…

que es natural que varias te amen.

Y aunque me duela…

acepto compartirte…

por ahora.

Leonel se quedó con la boca entreabierta, el tenedor flotando a medio camino de su curry.

Mash, sentada al otro lado de la mesa, apenas podía ocultar su sonrojo.

—¿Un acuerdo…?

—preguntó Leonel, rascándose la cabeza—.

¿De qué están hablando?

—Nuestro pacto.

—declaró Nero con orgullo, alzando su vaso como si brindara—.

Hemos acordado que…

tú serás nuestro amado compartido.

¡Haremos fila si es necesario!

—Eso fue tu idea.

—murmuró Kiyohime con una sonrisa torcida—.

Pero sí…

por el bien de Leonel-sama, acepto.

Mash bajó la vista, sonrojada hasta las orejas.

Su corazón latía rápido.

¿Un…

harem?

pensó.

¿Sería eso posible…?

¿Podría…

también…?

—Mash…

¿estás bien?

—preguntó Leonel al notar su silencio.

—¿Eh?

¡S-sí!

¡Sólo estoy…

masticando!

—respondió ella rápidamente, agitando su cuchara.

La escena comenzaba a caldearse emocionalmente…

hasta que un sonido interrumpió el momento.

Piiiiip.

[Sistema de audio general – Activado] —”Ahem…

atención a todo el personal.

Esta es una actualización urgente: la Directora Olga Marie Animusphere ha recuperado la conciencia.

Se encuentra actualmente en la sala de enfermería.

Repito, la Directora Olga ha despertado.” —informó la voz de Romani con tono aliviado.

Un silencio repentino invadió la mesa.

—¿La directora…?

—murmuró Mash con sorpresa.

—Oh, vaya.

—comentó Nero, alzando una ceja—.

Eso podría complicar las cosas.

Kiyohime sólo entrecerró los ojos, su atención cambiando del curry al anuncio.

Leonel se puso de pie lentamente, dejando los cubiertos sobre la bandeja.

—Entonces…

es momento de visitarla.

Debe estar confundida.

—dijo él con seriedad.

Mash se levantó a su lado, decidida.

Nero y Kiyohime se miraron por un instante…

luego sonrieron con un mismo pensamiento: Leonel sigue siendo el centro de todo.

Y nadie…

se lo llevará fácilmente.

[¿Sueño?

¿Memoria?

¿Pesadilla?] Oscuridad.

Gritos.

Explosiones.

Olga Marie corría, pero sus pies no tocaban el suelo.

Todo a su alrededor era rojo, naranja, y negro.

La sala de comando se caía a pedazos, el calor la rodeaba, y el olor a ceniza llenaba su nariz.

—¡¿Qué está pasando?!

¡¿Qué es esto?!

¡Esto no debería…!

—gritaba, su voz mezclándose con las alarmas estridentes.

Las sombras de su equipo se desvanecían una por una.

El suelo temblaba.

El núcleo mágico explotaba una y otra vez.

Una, dos, diez veces…

todo reiniciaba como una cinta rota, una y otra vez.

“No lograste salvarlos…” “Fuiste una directora inútil…” “Todos murieron por tu culpa…” Las voces eran como cuchillas, rodeándola en un torbellino.

Se tapó los oídos, se agachó, pero el fuego subía.

¡No quiero verlo otra vez…!

Y entonces…

Un resplandor suave perforó la oscuridad.

No era rojo.

No era calor.

Era…

blanco.

La pesadilla comenzó a desvanecerse como niebla ante el sol.

El aire cambió, ya no olía a ceniza…

sino a alcohol desinfectante.

El temblor cesó.

El mundo se estabilizaba.

Una luz cálida se filtraba por sus párpados cerrados.

Con esfuerzo, sus dedos se movieron.

Luego los párpados.

Sus ojos se abrieron lentamente.

[Sala de Enfermería – Chaldea] —Mmmgh…

Romani Archaman murmuraba algo para sí mismo mientras revisaba una caja de medicamentos sobre una mesa cercana.

—Bien…

dos frascos de suero, cinco ampollas de calmantes, una caja de vendas…

Ugh, ¿quién organizó esto?

¡Está todo al revés!

Detrás de él, una figura se movió.

Los ojos dorados de Olga Marie se entreabrieron con dificultad, enfocando el techo blanco.

Parpadeó varias veces.

Su cuerpo pesaba, pero estaba…

tibio.

Segura.

—¿…Dónde…

estoy…?

Romani se congeló.

Dejó caer una caja de jeringas de la sorpresa.

—¡¿Directora?!

—gritó, volteando con ojos desorbitados.

Se acercó a toda prisa—.

¡D-directora Olga!

¡Está despierta!

—¿Romani…?

—murmuró ella, aún aturdida—.

¿Qué…

pasó?

¿Dónde…

está el equipo?

Su voz temblaba.

El recuerdo aún era confuso, pero la angustia en su mirada era real.

Romani la tomó suavemente de la mano.

—Estás en la enfermería de Chaldea.

Sobreviviste…

y estás a salvo.

Descansa un poco más.

Todo irá bien ahora.

Olga parpadeó.

Un par de lágrimas silenciosas rodaron por sus mejillas mientras se dejaba caer de nuevo sobre la almohada, agotada pero viva.

Romani se incorporó, limpiándose el sudor de la frente, y fue hacia el panel de comunicación en la pared.

[Sistema de audio – Activado] —”Ahem…

atención a todo el personal.

Esta es una actualización urgente: la Directora Olga Marie Animusphere ha recuperado la conciencia.

Se encuentra actualmente en la sala de enfermería.

Repito, la Directora Olga ha despertado.” [Sala de Enfermería – Chaldea] Leonel y Mash entran a la sala de enfermería con pasos tranquilos pero atentos.

Romani está junto a Olga, revisando su estado.

Olga, aún confundida, parpadea al ver a los recién llegados.

Olga fija la mirada en Leonel, con un leve gesto de reconocimiento.

—Tú eres…

Leonel, ¿verdad?

—dice con voz débil—.

Recuerdo…

que me quedé hablando contigo antes de la operación, pero…

tú…

te dormiste.

Leonel sonríe apenado, rascándose la nuca.

—Sí, directora…

no lo pude evitar, estaba agotado.

Me alegra que esté despierta.

Mash observa la escena en silencio, mientras Romani se acerca con una expresión seria.

Olga vuelve su atención a Romani, preocupada.

—¿Cómo está el equipo A?

¿Y los demás candidatos a Master?

Romani traga saliva, preparándose para lo difícil.

—Directora…

la situación es grave.

El equipo A no pudo sobrevivir a la crisis final…

y no solo ellos.

Muchos otros Masters están incapacitados o desaparecidos debido a los ataques y sabotajes dentro de Chaldea.

La expresión de Olga se torna seria, intentando asimilar la noticia.

—¿Qué significa eso para la misión?

—pregunta, con voz firme—.

¿Quién queda para proteger a la humanidad?

Justo en ese momento, Da Vinci entra en la sala, portando información digital y con una actitud calmada pero decidida.

—Es cierto, directora.

Debido a la traición y los daños sufridos, Leonel es el único Master activo y capaz de liderar la recuperación y continuar con las misiones para restaurar el orden y proteger a la humanidad.

Da Vinci mira a Leonel con respeto.

—Los recursos son limitados, y cada misión será crítica.

Pero confío en que Leonel tiene el potencial para superar este desafío.

Olga asiente lentamente, con determinación renovada.

—Entonces…

toda la esperanza recae en ti, Leonel.

Leonel aprieta suavemente la mano de Olga en señal de compromiso.

—Haré todo lo posible por cumplir esa responsabilidad.

Mash asiente con convicción a su lado.

El ambiente queda cargado de tensión y esperanza mientras los presentes preparan sus próximos pasos.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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