Fate/Grand Persona - Capítulo 14
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14: Capitulo 13: La siguiente singularidad 14: Capitulo 13: La siguiente singularidad [Tarde – Sala de Comando de Chaldea] El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas nevadas que rodeaban las instalaciones de Chaldea.
El ambiente, aunque silencioso, estaba impregnado de una tensión creciente.
Da Vinci se encontraba revisando los sistemas de observación de líneas temporales, ajustando las coordenadas y repasando los informes que había recabado desde la recuperación parcial de la red mágica.
Bip.
Bip.
BIP-BIP.
Una fuerte alerta sonora estalla en la sala.
Las luces alrededor de la pantalla central parpadean en rojo.
Da Vinci levanta una ceja con interés, se inclina hacia la consola y observa detenidamente el informe proyectado frente a ella.
—Hmm…
esto no es un error —murmura, entre curiosa y preocupada—.
Coordinadas detectadas…
¿Roma, año 60 d.C.?
Esto…
esto cae justo durante los primeros años del reinado de la Emperatriz Nero.
Sus ojos se iluminan con emoción, pero también con gravedad.
—Romani, necesito que vengas al centro de comando de inmediato.
Y trae contigo a la directora.
Vamos a necesitarla para esto.
[Minutos después – Entrada a la Sala de Comando] Romani llega con pasos rápidos, empujando una silla de ruedas.
Olga Marie, aún en recuperación pero visiblemente obstinada, está sentada con los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—¡Te dije que no necesito esto!
—gruñe Olga—.
Puedo caminar, Romani, ¡estoy bien!
—Y yo te dije que si te desmayas de nuevo, no te pienso cargar —responde él con una sonrisa inocente mientras empuja la silla sin detenerse.
La puerta se abre con un sonido suave, revelando a Da Vinci frente al gran monitor.
—Bienvenidos.
Y justo a tiempo —dice ella con un gesto—.
Acabamos de identificar la Segunda Singularidad.
Romani abre los ojos con sorpresa.
Olga frunce aún más el ceño.
—¿Dónde?
¿Qué ocurrió esta vez?
Da Vinci señala la imagen proyectada: una vista mágica reconstruida de la ciudad de Roma…
pero distorsionada.
Ruinas antiguas, estructuras anacrónicas, y una atmósfera cargada de energía mágica inestable.
—Roma, año 60 d.C.
Pero algo está mal.
Muy mal.
Según nuestros registros, no debería haber anomalías en ese punto de la historia.
Y sin embargo, esta Roma…
ha sido modificada.
Se ha formado una Singularidad con niveles de corrupción temporal preocupantes.
—¿La época de Nero…?
—murmura Olga—.
¿Está relacionada con ella?
—Es lo más probable —responde Da Vinci, con tono grave—.
A juzgar por la energía mágica presente, hay múltiples Servants materializados en ese tiempo, algunos actuando fuera de su rol histórico.
Podría tratarse de una versión alternativa del imperio romano.
Uno dominado por una figura distorsionada…
o quizás por Nero misma.
Romani se gira hacia Da Vinci, claramente preocupado.
—¿Ya estás preparando la Rayshift?
—Por supuesto.
Esta vez nos aseguraremos de enviar a Leonel con un equipo más preparado.
Aunque…
—sonríe y baja un poco la voz— …sabemos que también tiene compañía bastante leal últimamente.
Olga suspira, cerrando los ojos un momento.
—Entonces es oficial.
Nos enfrentamos a una amenaza global, distorsión por distorsión…
Romani asiente con pesar.
—Y con Leonel como nuestro único Master, la responsabilidad sigue sobre sus hombros.
Da Vinci mira la pantalla con firmeza.
—Preparen el equipo.
Roma nos espera.
[Pasillo hacia la Sala de Comando – Tarde] Los ecos de pasos resonaban por los fríos pasillos de Chaldea.
Al frente caminaba Leonel, serio pero relajado.
A su lado, Mash Kyrielight, siempre atenta y lista.
Cerrando la formación, iban Emiya, con los brazos cruzados y mirada aguda, Kiyohime, caminando pegada a Leonel como una sombra enamorada, y Nero Claudius, que iba dando vueltas de emoción como una flor en plena primavera.
—¡Ufufu!
¿Has oído, León-kun?
¡Roma!
¡¡Mi adorada Roma!!
¡La gloria del Imperio me llama una vez más!
—exclamó Nero, brillando de entusiasmo—.
¡Esto debe ser obra del destino!
¡Como emperatriz, tengo el deber de responder!
—Solo espero que esta vez no haya fuentes termales involucradas…
—murmuró Emiya, sin dejar de observar su entorno.
Mash rió nerviosamente.
—Me alegra verlos de buen humor antes de una misión importante.
La puerta de la sala de comando se abrió y fueron recibidos por la intensa mirada de Da Vinci, el rostro preocupado de Romani y la ceja arqueada de Olga Marie, que aún permanecía en la silla de ruedas.
—¡Perfecto!
Justo los que faltaban —anunció Da Vinci—.
Pasen, tenemos mucho que discutir.
[Dentro de la Sala de Comando] Las pantallas mostraban imágenes reconstruidas de la antigua Roma, deformada por estructuras ajenas a su tiempo y figuras envueltas en energía mágica.
Romani explicó con seriedad: —Esta es la Segunda Singularidad, ubicada en Roma del año 60 d.C., dentro de los primeros años del reinado del emperador…
o en este caso, emperatriz Nero Claudius.
Nero dio un salto de alegría.
—¡Lo sabía!
¡El universo clama por mí!
¡Permitidme restaurar la belleza de mi ciudad y corregir cualquier herejía temporal!
Pero Da Vinci levantó la mano, interrumpiendo su entusiasmo.
—No tan rápido, mi querida emperatriz.
Hay un problema.
Si tú, una versión invocada de Nero, te encuentras con tu yo original en esa época…
podrías provocar una paradoja temporal devastadora.
Romani asintió con gravedad.
—El choque de egos, identidades y líneas de tiempo podría destruir la singularidad…
o peor, distorsionar aún más la historia humana.
Olga, recuperada pero firme, cruzó los brazos.
—No puedes ir.
No podemos arriesgarnos a que las dos Neros se encuentren.
Por más que duela, tendrás que quedarte aquí.
Nero abrió los ojos con incredulidad, luego frunció el ceño.
—¡¿Cómo?!
¡¿Se atreven a negarme mi papel en la historia?!
¡Soy la emperatriz de Roma!
¡Yo—yo debo…!
Su voz se quebró y comenzó a hacer pucheros, dando vueltas y murmurando tragedias dignas de una obra teatral.
—¡Mi alma ha sido herida!
¡Mi orgullo imperial, lacerado!
¡Mi amado esposo me abandona…!
¡Mundo cruel!
Leonel, suspirando con una sonrisa, se acercó a ella.
—Nero.
La emperatriz volteó, los ojos aguados.
—¿Sí…?
Leonel se inclinó suavemente, tomó su mentón con ternura y la besó directamente en los labios.
Un suspiro general invadió la sala.
Los ojos de Nero se abrieron como platos, sus mejillas encendidas como un atardecer romano.
—Te lo prometo —dijo Leonel con suavidad, al separarse—.
En la siguiente singularidad, irás conmigo sí o sí.
Pero por ahora, necesito que me ayudes desde aquí.
Confío en ti, mi emperatriz.
Nero tembló, visiblemente emocionada, antes de cubrirse la cara con ambas manos.
—¡León-kun…!
¡Tan apasionado…!
¡Por supuesto!
¡Esperaré aquí como toda buena esposa!
¡Con toda mi fe puesta en ti!
Desde un lado, Kiyohime comenzó a emitir un aura inquietante.
—Ara…
ara…
Leonel-sama…
qué injusto…
¿No cree que la igualdad es importante en una relación…?
Leonel tragó saliva.
El calor berserker detrás de ella era casi visible.
Antes de que la situación se descontrolara, se giró y tomó con cuidado el rostro de Kiyohime…
y también la besó.
Los sensores mágicos en la sala registraron una súbita caída de presión espiritual peligrosa…
que desapareció de inmediato.
Kiyohime quedó paralizada por un momento.
Luego, su expresión se tornó de una paz absoluta.
—Haaa…
estoy tan feliz.
Mi fuego interior…
arde solo de amor ahora…♡ Emiya simplemente resopló, desviando la mirada.
Romani masajeó sus sienes.
—Voy a necesitar más café para lidiar con este equipo.
Da Vinci rió suavemente.
—Y aún no hemos comenzado…
[Corte final: Las pantallas centellean, enfocándose en la anomalía temporal de Roma.
La misión se acerca.] [Hangar de Rayshift – Área de Preparación] La sala vibraba levemente por la actividad del centro de comando, luces parpadeaban y personal técnico corría de un lado a otro haciendo los ajustes finales al sistema de Rayshift.
Frente al gran círculo de invocación, Emiya revisaba sus cuchillos proyectados mientras Mash ajustaba su escudo con expresión decidida.
Kiyohime afinaba los últimos detalles de su naginata, visiblemente emocionada.
A un costado, Nero Claudius observaba todo con su clásica pose imperial, una mano en la cintura y la otra agitando un pañuelo para despedirse.
—¡Ufufu!
¡Ah, el heroísmo de mi esposo en marcha a la guerra!
Kiyohime, querida mía —dijo con una sonrisa encantadora—.
¡Te dejo a cargo del cuidado de mi León!
Que no le falte nada, ¿sí?
Kiyohime, que acababa de ser besada por Leonel y todavía tenía un leve rubor en las mejillas, asintió con una sonrisa casi peligrosa.
—Por supuesto, Nero-sama.
No permitiré que ni el más mínimo daño toque a Leonel-sama.
Cuidaré de él como si fuera…
mi amado esposo.
Nero asintió, satisfecha.
—¡Muy bien!
Me quedaré aquí como buena emperatriz…
pero que conste que yo iré a la próxima.
Ambas chicas miraron hacia donde Leonel hablaba con Romani y Da Vinci, y luego se miraron entre sí con una extraña complicidad femenina.
Una suerte de tregua silenciosa se firmó en ese momento.
[Un poco más allá, Mash ajusta su escudo] Mash se preparaba con eficiencia.
Ajustó los guantes, revisó el anclaje de su escudo y comprobó su traje de combate.
Todo estaba en orden.
Sin embargo, su mente divagó.
Recordó claramente el momento en la sala de comando…
cuando Leonel, con firmeza y dulzura, había besado primero a Nero y luego a Kiyohime.
Su pecho se apretó sin querer.
—No es el momento para distraerse…
—se dijo en voz baja.
Apretó los labios y respiró profundo, disipando el leve ardor en sus mejillas.
Era una misión.
La seguridad del mundo estaba en juego, y eso era lo importante.
[Cuarto de Leonel – Poco antes del Rayshift] Leonel se encontraba solo, vestido ya con su uniforme de operaciones.
El silencio del cuarto era solo interrumpido por el leve zumbido de las máquinas en espera.
Sentado en su cama, miraba el anillo que Nero había hecho aparecer para simbolizar su “compromiso imperial”.
—Bueno…
—suspiró—.
Besé a dos waifus en menos de cinco minutos.
Apoyó el rostro contra la palma de su mano, entre resignado y divertido.
—Y así es como uno se condena…
a tener un harem.
No es como si no lo viera venir…
pero aún así…
Se rió para sí.
No se arrepentía.
Había sido necesario en ese momento, y ambas chicas parecían más contentas y enfocadas luego de su gesto.
Pero también entendía que las cosas serían más complicadas de aquí en adelante.
—Voy a tener que pensar bien mis palabras y mis acciones.
Con estas mujeres, cualquier cosa puede escalar…
muy rápido.
[Mientras tanto, en el ala de reparaciones] Jeanne d’Arc no estaba presente en el centro de comando.
Había insistido en ayudar a los técnicos de Chaldea con la reconstrucción de varias zonas dañadas tras la primera singularidad.
Vestía un overol simple y llevaba una caja de herramientas en la mano.
—No puedo ir con ellos esta vez…
pero haré mi parte aquí —dijo con una sonrisa serena, viendo las pantallas desde una esquina.
[De regreso en el hangar] Todo estaba listo.
Da Vinci dio las coordenadas finales y Romani activó la cuenta regresiva.
—¡Equipo, prepárense para el Rayshift!
—anunció Romani—.
Destino: Roma, año 60 d.C.
¡Buena suerte!
Mash, Emiya y Kiyohime se posicionaron junto a Leonel en el círculo mágico.
El resplandor comenzó a envolverlos.
Y con un destello, el equipo partió hacia su próxima aventura.
[Centro de Comando – Plataforma de Rayshift] Una inmensa plataforma circular brillaba con luz azulada, alimentada por los sistemas mágicos de Chaldea.
El aire estaba cargado de energía y la tensión se palpaba.
Mash, Emiya, Kiyohime y Leonel estaban ya sobre el círculo de Rayshift, listos, cada uno con su propia expresión.
Mash sostenía su escudo firmemente, concentrada.
Emiya tenía los brazos cruzados, sus ojos fijos al frente con calma profesional.
Kiyohime, aunque emocionada, estaba sorprendentemente serena…
al menos por ahora.
Leonel, en el centro, inspiraba hondo, ajustando los guantes de su uniforme.
[Podio de Control] En lo alto del centro de mando, Romani, Da Vinci y Olga Marie trabajaban sin descanso.
—¡Todos los cálculos del punto de anclaje están listos!
—anunció Da Vinci, con una sonrisa orgullosa—.
Ritmo mágico estabilizado.
¡Sin signos de distorsión!
—¡Las coordenadas temporales han sido fijadas!
—agregó Romani, mientras las pantallas frente a él se iluminaban una tras otra.
—Muy bien —dijo Olga con voz firme—.
Asegúrense de que todo esté bajo los parámetros de seguridad.
Esta singularidad es más densa que la anterior, cualquier error podría ser fatal.
Romani asintió.
—Leonel, chicos…
esta vez los enviamos al corazón del Imperio Romano.
Cuidado con las alteraciones.
¡Y por favor, traten de no besar a nadie en medio de la historia!
Leonel no pudo evitar soltar una risa baja.
—Sin promesas, doc.
Pero lo intentaré.
Kiyohime se sonrojó levemente, y Mash rodó los ojos con una sonrisa disimulada.
[Luces intensas comienzan a rodear la plataforma] El sistema de Rayshift rugió con intensidad.
Un círculo mágico se desplegó bajo los pies de los cuatro, comenzando a elevarlos en energía espiritual.
—¡Energía a 120%!
¡Rayshift en 5…
4…!
—contó Da Vinci.
Mash apretó los dientes, Emiya cerró los ojos.
Leonel miró al frente, con decisión.
—3…
2…
1…
¡Lanzamiento!
[Explosión de luz] Una explosión de partículas etéreas estalló desde el círculo mágico.
En un abrir y cerrar de ojos, los cuerpos de Leonel, Mash, Emiya y Kiyohime comenzaron a desmaterializarse en haces de luz azul brillante.
Desde la sala de control, Romani y los demás los observaron desvanecerse, rumbo al pasado.
Hacia una nueva distorsión en la historia.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame a mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com