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Fate/Grand Persona - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Capitulo 15 Despues del combate
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16: Capitulo 15: Despues del combate 16: Capitulo 15: Despues del combate [Exterior – Campo de batalla, justo frente a la fortaleza caída de Caesar] Los estandartes del enemigo caían al suelo, uno tras otro, mientras los soldados de Caesar abandonaban sus armas y huían entre la polvareda.

El estruendo de la batalla se desvanecía lentamente, dando paso al murmullo del viento y al crujir de la tierra bajo las botas de los victoriosos.

Leonel, cubierto de polvo y con la respiración agitada, observaba el horizonte mientras bajaba la mano que sostenía el comunicador mágico.

—Se acabó…

Emiya, unos metros detrás, envainó su espada doble proyectada y se dejó caer a una rodilla para descansar.

—Tuvieron suerte de que Caesar subestimara tu apoyo táctico, Leonel.

Eso fue lo que inclinó la balanza.

Kiyohime, aún con su lanza en mano, se acercó corriendo con una sonrisa radiante.

Sus ojos brillaban con un afecto intenso mientras miraba a Leonel.

—¡Anchin-samaaa~!

¡Estás a salvo!

¡Sabía que lo lograrías!

—exclamó antes de lanzarse sobre él con un abrazo fervoroso, envolviéndolo sin reservas.

Leonel tambaleó un poco, pero no pudo evitar reír levemente.

—Gracias, Kiyo.

No lo hubiera logrado sin ustedes.

Mash llegó en ese momento, jadeando ligeramente, aún con su escudo flotando tras ella.

Se detuvo al ver la escena…

y frunció los labios con un leve sonrojo.

—U-Um…

Kiyohime-san…

ese abrazo es un poco…

excesivo, ¿no crees?

Kiyohime giró apenas la cabeza, con una sonrisa victoriosa.

—¿Excesivo?

¡Pero si mi querido Anchin sobrevivió a una batalla mortal!

¿No merece eso y mucho más?

Mash apretó su escudo con una mezcla de celos e incomodidad, sin saber cómo responder.

Nero Claudius llegó detrás, con su espada aún en mano, aunque ya desactivada de energía.

Su traje estaba algo desgarrado por la batalla, pero su porte seguía siendo regio.

Levantó la cabeza con orgullo y proclamó: —¡Victoria total!

¡La rebelión de Caesar ha sido aplastada por el poder del verdadero Imperio!

¡Buen trabajo, todos!

Los soldados imperiales estallaron en vítores.

Pero Nero no tardó en dirigir su mirada a Leonel, observando con interés la escena entre él, Kiyohime y Mash.

No sentía celos…

pero sí una extraña curiosidad.

Había algo en ese muchacho: su calma bajo presión, su inteligencia estratégica, y esa extraña sensación de autoridad que emanaba…

sin magia evidente.

Como si su poder viniera de algo más profundo, algo que no podía explicar.

Nero pensó en silencio, mientras una sonrisa traviesa adornaba sus labios.

—(Hoh…

interesante.

Muy interesante.

Qué curioso que me esté empezando a fijar en un simple estratega…

¿o no tan simple?) Mientras tanto, Tezcatlipoca apareció brevemente, flotando en su forma etérea, junto a Leonel.

—Una victoria limpia.

Pero aún quedan emperadores por enfrentar.

Leonel asintió.

—Lo sé.

Y cada uno será más difícil que el anterior.

Pero ahora sabemos que es posible.

Mash, aún junto a él, le dirigió una sonrisa tímida.

—Me alegra haber peleado a tu lado, Senpai…

Leonel le devolvió la sonrisa, pero antes de que pudiera responder, Kiyohime ya lo tenía nuevamente agarrado del brazo.

—¡Y seguirás peleando con nosotras, Anchin-sama!

Porque nunca dejaré que vayas a una batalla sin mí.

Nero observaba todo desde su lugar, divertida…

pero también contemplativa.

—(Sí…

definitivamente no eres un simple humano.

Estoy empezando a comprender por qué los demás se sienten atraídos a ti.) [Interior – Templo Imperial en ruinas, decorado con estatuas colosales y llamas mágicas flotantes] La figura imponente de Romulus, el legendario fundador de Roma, permanecía de pie frente a un enorme mapa etéreo del continente fragmentado.

Su lanza dorada descansaba a un lado mientras observaba en silencio el flujo de la guerra.

Su rostro sereno, casi melancólico, era el de alguien que había vivido mil glorias…

y también presenciado mil caídas.

Junto a él, emergiendo desde una columna de niebla oscura, apareció Lev Lainur Flauros.

Su túnica negra de magus rozaba el suelo mientras sus ojos brillaban con una ira contenida.

Romulus habló primero, sin girarse: —Entonces, Caesar ha caído…

Y lo hizo luchando como un verdadero hijo de Roma.

Lev entrecerró los ojos con disgusto, apretando el bastón con fuerza.

—Una pérdida…

innecesaria.

Pensé que la fuerza bruta de Caesar y su carisma bastarían para aplastar a esos insectos.

¡Pero no!

Resulta que la “emperatriz heredera” es más competente de lo que aparentaba.

Romulus asintió levemente, con su tono grave y solemne.

—Nero Claudius…

Esa llama en su alma…

es Roma.

Es el espíritu indomable de nuestro pueblo.

La batalla la ha despertado…

y eso, en sí, es digno de celebración.

Lev torció el gesto.

—¿Celebrar?

¿Tú también has olvidado de qué lado estamos, Romulus?

El héroe por fin giró su rostro, su expresión impasible pero sus ojos centelleando con cierta incomodidad.

—No he olvidado nada.

Pero incluso un enemigo puede ser digno de respeto.

Aquella joven lucha con el corazón de una emperatriz, y el muchacho a su lado…

ese tal Leonel…

Al oír ese nombre, Lev no pudo contener un gruñido de rabia.

Dio un paso adelante, dejando que su magia se manifestara brevemente en un aura rojiza.

—Ese maldito…

¡No debería estar vivo!

¡Su alma fue marcada para perecer en la Primera Singularidad!

¡Lo vi con mis propios ojos!

No solo sigue respirando, ¡sino que lidera y altera el rumbo del destino con cada paso que da!

Romulus alzó una ceja.

—¿Y no es precisamente eso lo que hace a un verdadero rey?

¿A un digno oponente?

—¡No!

—gritó Lev, golpeando el suelo con su bastón, haciendo temblar levemente el templo—.

Eso lo convierte en una amenaza.

Algo que no debería existir en este mundo…

ni en ningún otro.

Respiró hondo y se calmó un poco, aunque su ceño permanecía fruncido.

—A partir de ahora, no cometeré más errores.

Mandaré refuerzos a todos los puntos estratégicos.

Aumentaré la sincronización mágica con los Servants leales a nuestra causa.

No volverán a tener una victoria tan fácil.

Romulus volvió a mirar el mapa, donde ahora brillaban puntos rojos: las fuerzas en formación, nuevas unidades invocadas y campos de energía que comenzaban a florecer como plagas sobre la tierra.

—Haz lo que debas, Flauros.

Yo…

estaré esperando el momento justo.

—¿Para qué?

—Para probar el temple de la nueva Roma…

y quizás, para recordar por qué la fundé.

Lev se alejó, sus pensamientos cargados de odio y cálculo.

“Leonel…

No sabes en qué te estás metiendo.

Esta vez, no escaparás de tu destino.” [Campamento de los vencedores – una gran fogata en el centro, mesas improvisadas y ambiente festivo] Las llamas crepitaban en medio del campamento mientras los soldados de Nero festejaban con gritos de alegría y cánticos que narraban su victoria.

Música romana llenaba el aire y la comida abundaba.

Aunque el vino era escaso (gracias a Emiya que confiscó el 80% “por razones de seguridad”), el ánimo estaba por los cielos.

Leonel se encontraba sentado en un tronco, observando a su alrededor con una sonrisa mientras se servía un poco de agua.

A su lado, Kiyohime lo miraba como si acabara de regresar de la guerra convertido en dios.

—Aaaaah, Anchin-samaaaa, peleaste tan inteligentemente…

tan majestuoso…

tan kawaii.

Deberías dejarme mimarte esta noche…

eeeeh, solo masajito de pies, ¿sí?

—¿Qué?

¿Kiyohime?

¿Estás ebria?

—preguntó Leonel, alzando una ceja.

—No he tomado ni una gota —respondió con una sonrisa boba—, pero el amor…

¡el amor embriaga el alma!

💕✨ Mash, quien estaba a unos pasos observando toda la interacción, se acercó visiblemente molesta, con las mejillas infladas como un hámster.

—Kiyohime-senpai…

por favor aléjese un poco de Leonel-senpai.

¡Está invadiendo su espacio personal y emocional!

Kiyohime la miró con una carcajada suave, con ese tono provocador que no auguraba nada bueno.

—Oh, Mash-chan, ¿celosa?

No sabía que tenías sentimientos tan intensos por nuestro querido Anchin.

—¡No estoy celosa!

¡Solo soy responsable!

¡Y usted huele a incienso y locura!

—gritó Mash, cruzándose de brazos.

—¿Locura?

¡Yo soy la encarnación del amor eterno!

¡¡Y tú eres una armadura parlante con emociones de cubeta!!

—chilló Kiyohime, dramatizando su pose.

Las dos entraron en una discusión acalorada, gritando cosas sin sentido mientras intentaban competir por ver quién podía estar más cerca de Leonel.

Desde la sombra de una tienda, Emiya los observaba mientras comía una brocheta de carne en silencio, levantando lentamente una ceja.

—…Hora de intervenir —dijo en tono plano.

Con una eficiencia envidiable, Emiya caminó hacia ambas chicas, tomó una por cada brazo como si fueran bolsas de supermercado borrachas, y con un suspiro, se las llevó mientras seguían peleando verbalmente: —¡¡No es celos, es logística emocional!!

—¡¡Yo aprendí a hacer arroz por él!!

—¡¡Él me regaló una pluma!!

—¡¡Tonterías, Anchin me sonrió dos veces!!

Leonel solo podía mirar con una mezcla de sorpresa, ternura y pánico existencial.

—Gracias, Emiya…

—susurró, con una gota de sudor recorriendo su sien.

[Unos minutos después] Ya con la tranquilidad retomada, una figura se acercó entre el resplandor del fuego.

Era Nero Claudius, vestida con un manto más relajado, dorado y rojo, con una copa vacía en la mano.

—Fufu…

¿así que esta es la celebración que me corresponde como emperatriz, hmm?

Aunque he de decir que la atención parece haber estado más centrada en ti, Leonel.

Él sonrió, dándole palmaditas a un banco a su lado.

—Solo soy un estratega algo afortunado.

La emperatriz fue quien peleó en el frente.

El pueblo canta por ti, Nero.

Ella se sentó con una expresión más tranquila de lo habitual, mirando el fuego.

—Hmpf…

eres diferente.

Te escuchan, te siguen, y no temes hablarme como si fuera…

igual.

Eso es intrigante, y refrescante.

Me agradas.

Leonel rió suavemente, cruzando los brazos.

—Supongo que…

conozco a otra tú.

Diferente, pero igual de brillante.

Aunque tú, Nero, me estás mostrando un lado aún más interesante.

Nero lo miró de reojo, sus mejillas sonrojadas levemente, pero sin perder su porte.

—¿Hablando como un poeta ahora?

Hmm…

quizás merezcas una presentación teatral personalizada algún día, Leonelus Maximus.

Ambos rieron mientras el fuego seguía danzando ante ellos.

La noche avanzó entre bromas, recuerdos de la batalla y una conversación ligera que se fue tornando cada vez más personal y cálida.

Finalmente, al llegar la medianoche…

—Creo que es hora de descansar.

Mañana será otro día —dijo Leonel, poniéndose de pie.

—Sí…

pero me alegra haber compartido esta noche contigo.

Roma puede dormir un poco más tranquila ahora.

Ambos se separaron, cada uno regresando a su tienda con una sonrisa en el rostro y pensamientos nuevos en el corazón.

[Interior de un antiguo templo romano – noche, antorchas iluminando estatuas de mármol resquebrajadas] Los ecos de pasos resonaban entre las columnas del templo derruido.

A cada paso, la figura del hombre de ojos vacíos y sonrisa artificial se hacía más presente.

Lev Lainur Flauros no caminaba, se deslizaba como un espectro entre las ruinas del pasado, con una mezcla de aprecio y desdén por aquella estructura que una vez representó el esplendor de Roma.

Delante de él, sentado en un trono improvisado hecho de fragmentos de estatuas y escudos, se encontraba un hombre cubierto de túnicas doradas.

Su rostro era el de un emperador, pero su mirada…

la de un demente.

Calígula.

Servant de clase Berserker.

Su boca murmuraba cosas incomprensibles, su mirada bailaba entre lo brillante y lo inexistente.

En sus manos sostenía una pequeña estatua de bronce que acariciaba como si fuera un hijo.

—Mi amada…

mi emperatriz…

mi Roma…

mi Neronia…

¿por qué me rechazas, siempre tan distante…?

¡Nero!

¡Neroooooo!

—gritó de repente, arrojando la estatua contra la pared con furia.

Lev no se inmutó.

Sonrió.

—Qué pasión tan admirable, mi emperador.

Tan…

ardiente como las llamas que consumieron los pilares de la vieja Roma.

Calígula se volteó bruscamente.

Su energía asesina brotaba como vapor desde su cuerpo.

Pero al ver a Lev, su mirada se agudizó…

por un instante.

Luego volvió a la confusión.

—¿Tú eres…

tú eres mi eco?

¿El que me susurra dulces verdades desde los muros del Coliseo?

—Llámame como desees, pero traigo noticias…

de ella —dijo Lev, con voz sedosa.

Ese “ella” bastó para hacer que Calígula lo escuchara.

El Berserker se arrastró lentamente hacia él, ojos abiertos como platos.

—¿Ella?

¿Mi amada emperatriz?

¿La diosa que heredó mi fuego?

¿La flor carmesí que camina entre gusanos?

—La misma.

La que se alza sobre cadáveres cantando versos.

Tu sobrina…

Nero Claudius.

El cuerpo de Calígula tembló.

Una mezcla de furia, deseo, idolatría y locura se fusionaban en su alma rota.

Lev aprovechó la grieta.

—Está siendo manipulada.

Usada.

Por un extranjero.

Un intruso llamado Leonel.

Él le susurra mentiras, la hace dudar de su linaje.

¡Quiere robarte a Roma!

—¡NOOOOOOO!

¡MI NEROOOO!

¡¡MI LEGADO!!

—bramó Calígula, arrancándose parte de la túnica mientras golpeaba el suelo como una bestia herida.

—¿Vas a permitirlo?

¿Vas a ver cómo otro la mancha con sus palabras, con su poder?

—¡¡NOOOOOOOOOOOO!!

—Entonces levántate, emperador.

Haz lo que solo tú puedes hacer.

Recupera a Roma…

¡y destruye al falso emperador!

Los ojos de Calígula brillaron con una luz salvaje.

Su risa comenzó suave…

pero creció, espantosa, retumbando por todo el templo hasta que los cuervos huyeron de los tejados rotos.

—¡SANGREEEEEEE!

¡VOX POPULI!

¡VOX DEIII!

¡ROMAAAAAAA!!

—gritó el Berserker, ya sin sentido, pero con un objetivo grabado en su mente.

Lev lo miró con satisfacción, ajustando sus guantes mientras se alejaba.

—Uno a uno, Leonel…

tus aliados caerán.

Y cuando estés solo, te mostraré lo que significa desafiar al fin del mundo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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