Fate/Grand Persona - Capítulo 2
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Capítulo 2: Capitulo 1: Fuyuki
Romani Archaman estaba en uno de los cuartos de descanso, tirado boca abajo en un sofá. La pantalla flotante frente a él mostraba una comedia romántica antigua de la Tierra, un placer culposo que rara vez podía disfrutar con tantos científicos y altos mandos caminando por Chaldea.
“Cinco minutos más…” murmuró, sin despegar la cara del cojín.
Entonces la explosión sacudió los cimientos de la instalación. La luz parpadeó, las alarmas comenzaron a gritar y el monitor se apagó al instante.
Romani saltó del sofá con una torpeza casi cómica, tropezando con sus propios pies antes de lanzarse por el pasillo, aún con el estetoscopio colgando de su cuello.
“¡¿Qué demonios fue eso?! ¡No puede ser… no puede ser ahora!”
La carrera hasta el centro de mando se le hizo eterna. Cada giro de pasillo mostraba más caos: humo, chispas, luces de emergencia. El protocolo estaba colapsando.
Cuando finalmente llegó, lo que vio hizo que su sangre se helara.
El lugar estaba devastado.
Monitores destruidos. Sistemas offline. Chispazos saliendo de consolas que antes habían controlado el destino de la humanidad.
En el centro, la mayoría de los candidatos a Master estaban en el suelo, inconscientes o gravemente heridos. Algunos eran apenas reconocibles.
Y allí, entre los restos humeantes, estaba Olga Marie Animusphere, desplomada, respirando débilmente.
Romani tragó saliva con dificultad.
“No… no ahora. No tan pronto.”
Se apresuró a revisarla, palpando su cuello con nerviosismo. Un pulso débil. Pero estaba viva. Por ahora.
-¡Necesito soporte médico aquí! -gritó por el comunicador, pero solo estática respondió.
No podía perder tiempo.
Se puso de pie, con el corazón latiendo desbocado, y se dirigió al área de mantenimiento, donde Da Vinci solía trabajar. Para su suerte -o por simple costumbre-, ella estaba allí, rodeada de planos, café y caos.
-¡Da Vinci! ¡El centro de mando fue atacado! ¡Olga está inconsciente y todos los Master colapsaron! ¡Necesito tu ayuda con la restauración del sistema de Rayshift!
Ella alzó una ceja, como si le costara un poco tomarse en serio el apuro, pero su mirada se volvió aguda de inmediato.
-¿Rayshift? ¿Qué pasó exactamente?
Romani la jaló casi a rastras mientras explicaba lo poco que sabía. De vuelta en lo que quedaba del centro de mando, comenzaron a revisar las terminales dañadas.
Y entonces, en una de las pocas pantallas aún funcionales, una alerta parpadeó en rojo:
[TRANSFERENCIA DE EMERGENCIA COMPLETADA]
[DESTINO: SINGULARIDAD F – FUYUKI]
[INDIVIDUOS TRANSFERIDOS: 2]
Romani sintió un escalofrío en la espalda. Sus dedos temblaron sobre el teclado.
“¿¡Qué…!? ¿Quién fue enviado…? ¿Cómo…?”
La pantalla no daba nombres, solo registros de datos energéticos. Solo dos firmas… y una de ellas no coincidía con ningún Master oficial.
“¿Uno de los nuevos candidatos… y alguien más?”
Sin perder un segundo, activó el sistema de comunicaciones, haciendo un barrido forzado hacia la singularidad.
-¡Aquí el Doctor Romani Archaman desde Chaldea! ¿Alguien me escucha? ¡Repito, si estás en Fuyuki y puedes oírme, responde! ¡Debes mantener la calma! ¡Intentaremos restaurar comunicación plena cuanto antes!
El silencio duró unos segundos eternos, solo interrumpido por la chispa de los sistemas rotos. No había respuesta.
Apretó los puños. Sabía que era probable que los dos enviados estuvieran solos, sin Servants, sin equipo, sin preparación. Y si uno de ellos era Mash…
-Por favor… por favor estén vivos.
El viento seguía arrastrando ceniza como si intentara ocultar los cadáveres del pasado. El protagonista caminaba sin rumbo, con el corazón latiendo a un ritmo acelerado por la tensión. El mensaje entrecortado de Romani aún resonaba en su cabeza.
“…ción… Rayshift… dañado… Mash… contacto… cuidado…”
No tenía dirección, ni respuestas. Solo el miedo mordiéndole los talones… hasta que los sintió.
El primer crujido fue suficiente. Se giró en seco para encontrar una figura ósea alzando una espada oxidada. Corrió. Sin pensarlo, corrió.
Pero a cada paso, nuevas figuras emergían de los escombros. Esqueletos armados, vacíos, sin alma. Rodeado. Cada callejón era una trampa, cada salida una emboscada.
-¡No, no, no! ¡Esto no puede estar pasando! ¡No puedo morir aquí! -gritó, cayendo de espaldas mientras los huesos se cerraban sobre él como una marea blanca.
Y entonces, una luz púrpura surcó el aire. Una explosión de fuerza, metal y voluntad.
-¡Atrás, monstruos!
El sonido de acero golpeando hueso llenó el ambiente. Una figura femenina, armada con un escudo gigantesco, se abrió paso entre las sombras con una gracia feroz. Los esqueletos fueron reducidos a polvo uno tras otro.
El protagonista alzó la vista… y su corazón se detuvo por un segundo.
-¿M-Mash…? -susurró incrédulo.
Ahí estaba. Justo como la recordaba del juego… pero más real. Mucho más. Su armadura negra se ajustaba a su figura con precisión perfecta, elegante pero algo provocadora, y el escudo enorme que portaba irradiaba poder. Era hermosa. Imponente. Innegablemente ella.
Y muy cerca.
Demasiado cerca.
Él tragó saliva, intentando no mirar demasiado, y se notó cómo un leve rubor le subía por las mejillas.
-No es momento para pensamientos raros… ¡concentra-te! -se reprendió mentalmente mientras se incorporaba torpemente.
Mash lo observó con una mezcla de alivio y seriedad, como si no se diera cuenta de su rubor.
-Estás a salvo. Llegué justo a tiempo. ¿Estás herido?
-N-no, estoy bien… gracias a ti -respondió, aún agitado.
-Qué bueno… Porque no pienso dejar que nada te lastime.
En ese momento, su mano derecha ardió con fuerza. Un resplandor rojo se encendió sobre su piel, formando lentamente un conjunto de símbolos.
-¿Eh…? -miró su mano, confundido.
Un diseño circular, con una forma que no reconoció de inmediato, se dibujó con intensidad mística. Tres marcas como lunas superpuestas, elegantes, etéreas.
-¿Sellos de comando…? -murmuró.
Mash asintió con una leve sonrisa.
-Eso confirma que eres mi Master. A partir de ahora… estaré a tu lado.
Él bajó la mirada a su mano, aún brillando suavemente. El símbolo tenía algo… extraño. No parecía un sello común. Aquella forma lunar lo hizo pensar en algo… algo que no entendía del todo. Pero también, algo que sentía cercano. Íntimo. Como si lo conociera desde siempre.
Una conexión nueva. Un destino recién sellado.
Y al alzar la vista, Mash seguía ahí, con el escudo firme, el cabello mecido por el viento… y él sin poder borrar el leve sonrojo de su rostro.
-Vale… Esto es real. Esto es muy real.
El cielo seguía teñido de rojo como una herida abierta. El viento soplaba entre estructuras retorcidas, cargado de ceniza, polvo… y algo más. Algo que no se podía ver, pero que se sentía acechando.
El protagonista caminaba junto a Mash en silencio, sus pasos resonando entre los escombros de una ciudad que ya no existía. No tenían rumbo. Romani aún no lograba restablecer la comunicación, y sin Olga en esta versión de la historia, no había liderazgo, ni guía.
-Esto es más desolador de lo que imaginaba… -dijo él, mirando los restos calcinados de lo que alguna vez fue un parque infantil.
Mash caminaba a su lado con el escudo al hombro, siempre alerta.
-Fuyuki fue convertida en este estado por una convergencia anómala de energía mágica. La Singularidad… -comentó ella, repitiendo lo aprendido en Chaldea, pero su voz se apagó poco a poco.
No hacía falta explicarlo. El paisaje hablaba por sí mismo.
Pasaron minutos largos, silenciosos. A veces intercambiaban miradas, otras solo escuchaban el crujido lejano de huesos o el chillido de alguna sombra cruzando por techos derrumbados.
De pronto, ambos se detuvieron al mismo tiempo.
El aire cambió.
Una presión súbita se instaló en sus espaldas. Instinto, puro y antiguo, gritaba “¡corran!”.
Una figura descendió desde un poste doblado, tan ligera como una pluma… y tan letal como una lanza.
-¡Aléjense! -gritó él, dando un paso atrás.
Pero era tarde.
Un hombre de cabellos azules salvajes, ojos carmesí brillantes y una armadura que parecía hecha de sombras y metal se alzó ante ellos. En su mano derecha, una lanza roja vibraba con sed de sangre.
-Vaya, vaya… Qué par tan curioso. -sonrió, sin humor-. Una Demi-Servant recién nacida… y un niño con cara de no entender nada. ¿Debería entretenerme un poco?
Lancer.
El protagonista lo reconoció al instante. Aunque no recordaba con precisión si era el mismo en todas las líneas temporales, no había duda. La lanza. La sonrisa de depredador. El aura asesina.
Mash se interpuso frente a él con el escudo en alto.
-¡Por favor, retroceda! ¡Yo me encargo!
La lanza impactó contra el escudo con un estruendo ensordecedor. Mash fue empujada varios metros, aunque logró mantenerse en pie.
-¡Mash! -gritó el protagonista, intentando acercarse.
-¡Estoy bien! ¡Solo… mantente detrás de mí! -respondió con dificultad.
La batalla comenzó.
Lancer atacaba con una velocidad imposible, lanzando estocadas precisas que Mash apenas alcanzaba a bloquear. Cada choque hacía crujir el escudo y la obligaba a retroceder más. Su técnica era buena, pero su inexperiencia se notaba. Defendía, retrocedía, y solo lograba contraatacar cuando encontraba un hueco. Pero esos huecos eran trampas. Lancer la provocaba, la obligaba a cometer errores, disfrutando del juego.
El protagonista apretaba los puños, frustrado.
“En el juego esto se resolvía rápido… ¿pero aquí? Esto es real. Si lanza un ataque certero… Mash podría…”
Lancer levantó su arma en un ángulo extraño. El protagonista lo reconoció. Esa postura…
-¡No! ¡Mash, aléjate!
Pero era tarde.
Un brillo carmesí se acumuló en la lanza… y fue lanzada con velocidad de rayo.
-¡¡¡MASH!!!
Y entonces… otra lanza lo detuvo.
Un destello de magia azul impactó de costado, desviando el arma maldita en el último segundo. Lancer chasqueó la lengua, frustrado, y giró hacia su nuevo atacante.
-¿¡Tch!? ¿Tú…!?
Desde lo alto de una ruinosa torre, descendió una figura envuelta en ropajes de mago, con una larga capa ondeando al viento y una lanza idéntica en mano.
-¿Sabes? Me da flojera ver a un yo alternativo pasarse de lanza con unos chavales que no tienen la culpa de nada.
Caster Cu Chulainn.
-Qué sorpresa -dijo Lancer, sonriendo con ironía-. ¿Así que me sustituyeron por un mago de tercera?
-Nah. Solo soy el plan B cuando tú te descontrolas. -Le guiñó un ojo con descaro.
Antes de que Lancer pudiera responder, la segunda lanza ya estaba en el aire. Un hechizo detonó al contacto y la onda expansiva lo arrojó varios metros atrás. Cuando se incorporó, gruñendo, su figura comenzó a disolverse en humo.
-Tsk… maldito idiota… Esto no ha terminado.
Y desapareció.
La tensión se disolvió como un globo reventado. Mash cayó de rodillas, agotada, mientras el protagonista corría a su lado.
-¡Estás bien! ¡Estás bien…!
-L-lo siento… no fui suficiente… -dijo ella, con la voz temblorosa.
-¿Qué dices? ¡Fuiste increíble! Solo… necesitábamos un poco de ayuda -respondió, mirándola con ternura.
Caster aterrizó junto a ellos con un gesto despreocupado.
-Vaya par de locos… ¿Qué hacen aquí sin guía ni refuerzos?
-Eso me gustaría saber a mí -murmuró el protagonista.
Caster cruzó los brazos, mirándolo de arriba abajo.
-Tú tienes algo raro, chico. No hueles a mago, pero tampoco eres normal… ¿qué eres?
El protagonista tragó saliva. No tenía respuesta fácil… y no estaba seguro de querer darla aún.
Pero Caster solo se rió.
-Da igual. Me caes bien. Ven, los llevaré a un sitio más seguro. Este lugar está infestado de tipos peores que yo.
El aire olía a ceniza y ozono. Mash respiraba agitadamente, el escudo aún temblaba levemente en sus manos, cubierto de polvo y pequeñas astillas de concreto. A su lado, el protagonista mantenía una expresión alerta, observando al hombre de túnica azul que los había salvado segundos atrás.
El misterioso Caster se giró hacia ellos, su lanza ahora descansando contra su hombro como si no pesara nada. Su rostro, una mezcla de juventud arrogante y sabiduría salvaje, mostraba una sonrisa ladeada.
-Tranquilos, no soy su enemigo. -alzó una mano-. Si quisiera matarlos, no estaríamos teniendo esta conversación. Y ustedes tampoco estarían respirando.
Mash, aún tensando los músculos, levantó su escudo con desconfianza.
-¿Quién eres? ¿Por qué nos ayudaste?
-Nombre: Cú Chulainn, clase Caster esta vez, aunque suelo ser más famoso con una lanza. -se encogió de hombros con una sonrisa socarrona-. Digamos que no me gusta ver a los novatos morir sin entender qué diablos está pasando.
El protagonista dio un paso adelante, evaluando su lenguaje corporal. Aunque su conocimiento previo le decía que podía confiar en él -al menos, por ahora-, optó por mantener una expresión neutral.
-¿Y qué sabes de esta ciudad? ¿De esta… anomalía?
Caster entrecerró los ojos y se giró, caminando lentamente por la calle agrietada.
-Síganme. Les contaré lo que he aprendido. Este lugar no es el Fuyuki que conocen. Algo o alguien cambió el curso de la historia. La ciudad fue engullida por el fuego y el caos. Y eso se desbordó, afectando más que solo Japón.
Mash caminaba tras él, su expresión era seria. El protagonista mantenía la vista al frente, atento a cada palabra.
-El fuego no es lo único que arde aquí. -continuó Caster-. Un Santo Grial corrompido fue convocado, y junto con él… una figura peligrosa. Una Servant de clase Saber, pero no cualquier Saber.
Mash lo miró confundida.
-¿Saber? ¿Quién es?
Caster la miró de reojo, luego miró al protagonista, como si sospechara que ya lo sabía.
-Una mujer con cabello dorado y armadura brillante. Pero no es una heroína en esta línea temporal. Ella es una espada maldita, un rey que cayó en la oscuridad. “Altera la historia, elimina testigos, arrasa sin compasión”… ese es su mandato. Y lo hace bien.
El protagonista asintió lentamente. Era quien esperaba: Saber Alter.
-¿Y hay alguna forma de revertir esta singularidad? -preguntó el protagonista, su tono analítico.
Caster lo observó un momento y luego sonrió con aprobación.
-Directo al grano. Me gusta. Hay una forma, sí. Si logran derrotar a Saber y neutralizar la fuente del Grial corrompido, esta historia podría empezar a corregirse. Pero dudo que puedan hacerlo solos.
El protagonista lo miró con seriedad.
-Entonces, ¿te unirás a nosotros?
Cu Chulainn Caster se cruzó de brazos, su sonrisa afilada.
-Haré un contrato temporal con ustedes. Me gusta su actitud. Se nota que no eres un simple novato… tienes mirada de estratega. Pero no basta con tener cabeza; necesitas fuerza.
Se volvió hacia Mash, su expresión se volvió más dura.
-Y tú… apenas puedes levantar ese escudo. ¿Quieres sobrevivir? ¿Quieres proteger a ese chico? Entonces deja de dudar y entrena.
Mash abrió los ojos con sorpresa, y bajó ligeramente la mirada. El protagonista colocó una mano sobre su hombro con firmeza, sin dureza pero con decisión.
-Mash. No tienes que hacerlo sola. Yo estaré contigo en cada batalla. Pero si quieres ser más fuerte… este es el momento.
Ella lo miró, sus ojos brillando con una mezcla de emoción y determinación. Asintió con fuerza.
-Entendido. ¡Entréname, señor Caster!
Cu Chulainn sonrió como un lobo.
-Esa es la actitud. Bienvenida al infierno del entrenamiento. No será bonito… pero saldrás viva. Tal vez.
El protagonista se permitió una pequeña sonrisa, mientras observaba cómo la noche de Fuyuki caía sobre las ruinas, marcando el inicio de su primer paso real hacia salvar el mundo.
La noche había caído completamente sobre el campo improvisado en el que se encontraban. Las estrellas brillaban, indiferentes a la tensión que flotaba en el aire. A unos metros de una fogata apagada, Mash se mantenía firme con su escudo al frente, jadeando por el esfuerzo.
-¡Concéntrate, escudera! -gritó Caster, lanzando una ráfaga de fuego arcano que iluminó brevemente la oscuridad-. Defender no es suficiente. Si no puedes proteger y resistir al mismo tiempo, estás perdida.
Mash bloqueó el ataque con dificultad, sus botas dejando un rastro de tierra levantada mientras retrocedía unos pasos. Su escudo vibraba por el impacto.
El protagonista observaba desde un montículo cercano, los brazos cruzados y el ceño fruncido. No intervenía. No podía. Mash necesitaba esto.
-¡Otra vez! -Caster giró su bastón y una cadena de proyectiles mágicos voló hacia ella. Mash apenas tuvo tiempo de levantar el escudo antes de ser empujada hacia atrás con fuerza.
-No puedes seguir absorbiendo daño sin adaptarte -continuó el Servant, su voz dura, pero no cruel-. Eres el último muro entre tu maestro y el enemigo. No puedes fallar. ¡No puedes dudar!
Mash gruñó, bajando ligeramente el escudo, el sudor corriendo por su frente.
-No dudo… -dijo entre dientes-. ¡Solo… necesito… un momento!
-El enemigo no te lo dará.
Caster chasqueó los dedos y una enorme lanza de energía púrpura comenzó a formarse sobre su cabeza, girando con intensidad mágica pura. El protagonista se enderezó.
-Caster… -advirtió.
-Confía en ella -respondió el Servant sin mirarlo-. Si no logra activarlo ahora, no lo logrará cuando su vida esté en juego.
Mash tembló. La lanza descendió a gran velocidad.
En ese instante, su escudo brilló.
Un círculo mágico apareció bajo sus pies, y una energía desconocida fluyó a través de ella como una ola cálida y poderosa.
-¡Master…! ¡Protegeré su camino!
El escudo creció, expandiéndose en tamaño y firmeza. Una barrera translúcida de energía se alzó frente a ella, interceptando el ataque.
La explosión fue ensordecedora. El suelo tembló. Hojas y polvo volaron por todas partes.
Cuando la luz se disipó, Mash seguía de pie. Temblando, exhausta, de rodillas… pero con el escudo aún alzado.
El protagonista corrió hacia ella y la sostuvo antes de que cayera de lado.
-Lo lograste -le susurró, sonriendo con alivio.
Mash apenas asintió, sus ojos brillando entre la fatiga y la emoción contenida.
Caster se acercó, cruzándose de brazos.
-No fue perfecto, pero fue suficiente. Ahora sé que tenemos una oportunidad real. -Miró al cielo estrellado-. Descansaremos hasta el amanecer. A partir de mañana, empezamos el verdadero entrenamiento.
Mash asintió débilmente mientras era ayudada a sentarse junto al fuego.
-Gracias… por no rendirse conmigo…
El protagonista sonrió, mientras le daba una manta.
-Jamás lo haríamos.
Los primeros rayos del sol atravesaban la copa de los árboles, tiñendo el follaje con tonos dorados. El aire fresco de la mañana se mezclaba con el sonido rítmico del escudo de Mash chocando contra las ilusiones mágicas de Caster. El entrenamiento había reiniciado antes del amanecer.
-¡Tu postura sigue siendo demasiado rígida! -gritó Caster desde una roca cercana, moviendo los dedos con precisión mientras creaba proyectiles etéreos para presionar a Mash-. Flexibilidad. ¡No eres un muro, eres un escudo vivo!
Mash rodó hacia un lado, bloqueando a tiempo una lanza de energía que podría haberla derribado. Su respiración era pesada, pero sus movimientos eran más fluidos que la noche anterior.
El protagonista, con un mapa improvisado hecho en una hoja de pergamino, observaba la escena y tomaba notas. Cuando Caster finalmente hizo un gesto para terminar el ejercicio, se acercó a los dos.
-Estás mejorando rápido, Mash. Y tú -miró a Caster con una sonrisa cansada-, deberías dar clases de entrenamiento militar.
-Preferiría enseñarle a gatos callejeros a hacer alquimia -bufó el Servant, girándose con su túnica ondeando detrás de él-. Pero al menos no estamos completamente condenados.
Mash se sentó bajo un árbol, secándose el sudor.
-¿Qué haremos ahora? Si Saber sigue en esa fortaleza, tarde o temprano nos localizará.
Caster asintió.
-Exacto. Por eso vamos a movernos. Hay un viejo monasterio en ruinas al este. Está cubierto de bruma y tiene un campo mágico natural que puede ocultar nuestras presencias.
-¿Y ahí entrenaremos más? -preguntó el protagonista mientras comenzaban a recoger sus cosas.
-No solo eso -dijo Caster con una mirada aguda-. Vamos a planear nuestro primer movimiento serio. Saber no está sola. Tiene… aliados.
Mash alzó la vista, preocupada.
-¿Qué tipo de aliados?
-Otros Servants. Al menos dos. Uno de ellos ya ha estado explorando esta zona. Un francotirador con una puntería infame y una lengua aún peor -chasqueó la lengua-. Archer. Un perro faldero leal hasta el hueso. Nos atacará antes que Saber si detecta nuestra presencia.
El protagonista asintió, ya imaginándose quién podría ser ese Archer, pero no dijo nada por ahora.
-¿Así que debemos derrotarlo antes de ir por Saber?
-Exacto -dijo Caster-. Él es el primero. No solo porque es una amenaza, sino porque cazarlo nos dará ventaja. Si lo eliminamos sin alertar a Saber, podremos decidir el momento del siguiente enfrentamiento. Si vamos directo por ella ahora… sería suicidio.
Mash bajó la mirada, pensativa.
-¿Y cómo enfrentamos a alguien que dispara desde lejos, al que ni siquiera podemos ver?
-Con estrategia -intervino el protagonista con una sonrisa-. Si sabemos que vendrá a nosotros desde la distancia, podemos elegir el terreno. Podemos forzarlo a acercarse o atraparlo en un lugar donde su ventaja desaparezca.
-Hmm… -Caster lo miró de reojo con aprobación-. Finalmente hablas como alguien que no solo sobrevive, sino que planea ganar.
El grupo emprendió la marcha hacia el monasterio en silencio, cada uno con sus pensamientos.
Mash miró su escudo con una mezcla de respeto y temor. El protagonista analizaba posibles trampas y zonas de cobertura. Y Caster, caminando con su bastón como si fuera un cetro, murmuraba fórmulas bajo su aliento, ya preparando hechizos para enfrentar a un oponente escurridizo.
Sabían que Saber era el enemigo final…
Pero Archer sería su primera prueba real.
Y no tenían margen para fallar.
El monasterio en ruinas emergió de entre la niebla como un fantasma de piedra. Sus muros estaban cubiertos de musgo, las torres colapsadas, y los vitrales, ahora astillados, dejaban que la luz se filtrara en haces finos y dispersos. El aire olía a humedad, incienso viejo… y algo más profundo, antiguo.
-Este lugar… tiene historia -dijo el protagonista mientras subía los escalones de piedra-. Se siente… cargado.
-No solo lo sientes -dijo Caster, colocando su mano contra uno de los pilares-. Las emociones impregnadas aquí son tan fuertes que se materializan. Ira. Redención. Sacrificio. Ideal para esconderse de miradas curiosas… y excelente para una trampa.
Mash seguía de cerca, mirando con cautela cada rincón, como si algo pudiera saltar desde la oscuridad. Mientras tanto, el protagonista ya había sacado un cuaderno y comenzado a dibujar un mapa rudimentario del lugar y sus alrededores.
-Necesitamos una zona donde Archer no tenga cobertura total -murmuró mientras dibujaba-. Aquí hay varios patios internos, pero están muy abiertos. ¿Qué hay de esa sección que parece una antigua cripta?
-Demasiado cerrada. Él escaparía con facilidad si se ve acorralado -dijo Caster mientras formaba una pequeña imagen ilusoria del lugar con su magia-. Pero hay un anfiteatro natural al norte del monasterio. Es un semicírculo con ruinas y columnas derruidas, algo cubierto por la vegetación. Archer ha evitado esa zona… hay una resonancia mágica leve que perturba sus sentidos. Por eso no se aproxima por allí.
Mash se inclinó sobre el mapa, interesada.
-¿Y eso nos da ventaja?
-Nos da un campo de batalla predecible -respondió Caster-. Allí solo puede posicionarse en ciertos puntos si quiere mantener visibilidad. Con la niebla y nuestras habilidades, podríamos acorralarlo.
El protagonista observó la zona señalada… pero luego miró hacia otro punto, uno que ninguno había considerado aún: un antiguo claustro medio derrumbado, cubierto por un techo parcialmente colapsado, con corredores semicerrados y paredes altas. Tomó su lápiz y comenzó a trazar líneas.
-Aquí -dijo de pronto.
-¿Qué? -dijeron Caster y Mash al unísono.
-El claustro. Archer no podría posicionarse bien para disparar desde lejos. Sus ángulos de tiro estarían limitados, y las paredes rotas generarían reverberaciones. Además, podríamos emboscarlo desde distintos corredores y manipular su movimiento. Si lo provocamos lo suficiente, lo forzaremos a entrar buscando una línea de visión limpia.
Caster entrecerró los ojos, pensativo… y sonrió.
-Inesperado… e inteligente. Esperaba que eligieras el anfiteatro. Pero aquí no solo limitamos sus ventajas, también lo obligamos a jugar con nuestras reglas.
-¿Qué opinas, Mash?
-Es riesgoso… pero si funciona, lo atraparemos donde menos lo espera. Estoy de acuerdo.
-Entonces es aquí -dijo el protagonista mientras marcaba el lugar con un círculo-. Necesitamos preparar posiciones, líneas de escape y puntos de distracción. Si él entra, no puede salir.
-Entonces es momento de compartir los detalles -dijo Caster, su expresión tornándose más seria-. Escuchen bien. Solo lo enfrenté una vez, pero fue suficiente para entenderlo.
Caster alzó la mano y proyectó una figura etérea de un hombre vestido con una túnica oscura y una sonrisa sarcástica.
-Archer… No sé su verdadero nombre, pero su estilo es una mezcla de hechicería avanzada y proyectiles místicos. Usa un arco que puede transformar en diferentes formas, y lanza flechas reforzadas con runas explosivas. No necesita línea directa para causar daño, sus disparos pueden curvarse o rebotar.
-¿Debilidades? -preguntó el protagonista.
-Confía demasiado en la distancia. Y gasta mucho maná en cada disparo potenciado. Si lo obligamos a pelear de cerca o a disparar repetidamente, lo desgastaremos rápido. Además, su arrogancia lo traiciona: le gusta hablar antes de atacar.
Mash suspiró.
-Entonces… tendremos que ser rápidos, precisos y pacientes.
-Y usar su orgullo contra él -concluyó el protagonista-. Si lo provocamos lo suficiente, lo haremos entrar al claustro por decisión propia.
Caster asintió, conjurando una pequeña llama en su palma.
-Entonces, vamos a cazar a Archer. Pero no con fuerza bruta…
Con estrategia.
Y así, entre los muros de un monasterio olvidado por el tiempo, comenzó la preparación de una cacería silenciosa, diseñada para enfrentar a un enemigo que vivía en las sombras… y caer en ellas sería su perdición.
Cuando todo estuvo claro, Caster se puso de pie, con su túnica ondeando al viento.
-Entonces, voy a divertirme un rato. -Chasqueó los dedos, y su bastón resplandeció-. Prepárense, esto va a ser escandaloso.
La batalla comenzó como un rugido de truenos. Caster apareció frente al monasterio enemigo con fuegos mágicos danzando a su alrededor. Provocó a Archer con palabras hirientes, lo llamó cobarde, lo retó a un duelo personal, y cuando el Servant de cabello plateado respondió con ira, todo cayó en su sitio.
La persecución fue rápida. Archer, cegado por el orgullo, lo siguió hasta el lugar acordado. Pero incluso atrapado, demostró por qué era una amenaza. Sus flechas mágicas destrozaban la piedra, y sus palabras casi completaban los versos antes de que Mash interviniera, escudo en alto, desviando con dificultad cada impacto.
El protagonista se movía con precisión quirúrgica, atacando los puntos ciegos, utilizando su Persona para lanzar maldiciones de reducción y debilitamiento. Itzamná, en forma de sabio espiritual, cubría el campo con runas protectoras y relámpagos que limitaban la movilidad de Archer.
Aun así, la batalla se extendió.
Sudor. Gritos. Magia. Dolor. Coordinación. Decisiones rápidas.
Hasta que finalmente, una apertura. Caster lo inmovilizó. Mash lo desarmó. Y el protagonista lanzó el golpe final, una descarga de pura voluntad comprimida a través de su Persona.
Archer cayó. Su cuerpo se desvaneció como bruma, dejando solo silencio.
Regresaron al monasterio. Cansados. Heridos. Pero vivos.
El aire olía a ozono y tierra chamuscada mientras el grupo caminaba en silencio bajo la luz tenue del atardecer. El combate contra Archer había sido más exigente de lo que esperaban, incluso con la trampa perfectamente ejecutada. Caster caminaba al frente, con su bastón apoyado en el hombro como si nada, aunque su respiración delataba el desgaste. Mash marchaba a un lado de Leonel, claramente agotada pero con una chispa de orgullo en sus ojos. Leonel, por su parte, repasaba mentalmente cada detalle de la pelea, analizando lo que funcionó… y lo que casi los mata.
Al llegar al monasterio en ruinas que usaban como refugio, Caster fue el primero en dejarse caer contra una columna derrumbada.
-Nada como una buena pelea para despertar el espíritu -bromeó con una sonrisa torcida.
Leonel sonrió apenas, pero no respondió. Estaba por sentarse junto a Mash cuando un destello azul comenzó a brillar en su comunicador.
-¿Romani? -preguntó, esperanzado.
La proyección del doctor Roman apareció con una señal inestable, pero clara.
-¡Leonel! ¡Mash! Al fin logro establecer contacto… ¿están bien?
-Estamos vivos -respondió Leonel con una leve risa sarcástica-. Aunque apenas.
Mash se inclinó hacia la imagen proyectada, visiblemente aliviada.
-Doctor, ¿cuál es el estado del centro de mando? ¿Y los demás?
Romani asintió, aunque su rostro mostraba preocupación.
-Logramos estabilizar parcialmente la Sala de Comando. El daño fue severo tras el colapso, pero nos estamos recuperando. Olga Marie está inconsciente, pero viva. Su pulso es estable y no hay signos de herida interna. Sin embargo, el resto de los Masters… están en estado crítico. Ninguno está en condiciones de reincorporarse a las operaciones. Por ahora, ustedes son los únicos que pueden actuar en el campo.
Leonel intercambió una mirada silenciosa con Mash, luego asintió.
-Entendido. De nuestro lado, logramos formar una alianza con Caster -dijo, señalando con la cabeza al Servant que descansaba más atrás-. Hemos estado evaluando el terreno y organizamos una emboscada para neutralizar a Archer. Fue difícil, pero tuvimos éxito. Ahora estamos recuperándonos, y ya planeamos cómo continuar con la singularidad.
Romani se sorprendió, pero sonrió aliviado.
-Bien hecho. Eso es… más de lo que podía esperar, considerando las circunstancias. ¿Ya saben quién está causando la distorsión?
-Sí -afirmó Leonel, con los ojos serios-. Saber. Caster lo confirmó. Nos dirigiremos hacia ella en cuanto estemos listos. Pero no vamos a lanzarnos de frente. Tengo un plan.
Mash asintió firmemente.
-Con lo que hemos aprendido, podemos enfrentarnos a ella. No estamos solos.
Caster levantó una mano desde su sitio.
-¡Hey, por si acaso! Yo también quiero lucirme, ¿eh? No me saquen del guión todavía.
Romani rió suavemente, aunque el cansancio en su rostro seguía ahí.
-Tengan cuidado. Haré lo posible por apoyarlos desde aquí. Estaré monitoreando la señal. Buena suerte, Leonel… Mash… Caster.
-Gracias, doctor -dijo Leonel, bajando el comunicador. Luego se volvió hacia los otros dos-. Descansen por hoy. Mañana nos ponemos en marcha.
Mash asintió, y Caster levantó su pulgar mientras ya cerraba los ojos.
Leonel se permitió unos segundos mirando al cielo teñido de rojo. Era un mundo destruido, una línea temporal quebrada… pero poco a poco, paso a paso, estaban arreglándolo.
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com