Fate/Grand Persona - Capítulo 20
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20: Capitulo 19: Altera 20: Capitulo 19: Altera [Ruinas de la Fortaleza – Anochecer caótico] El cielo se tornó púrpura.
El aire, pesado como el plomo, vibraba con una presión abrumadora.
Desde el círculo de invocación, una figura emergía, esbelta y solemne.
Su silueta se recortaba contra la energía distorsionada del Grial.
Su cabello blanco ondeaba como una bandera de guerra, y su mirada vacía era tan fría como el vacío del espacio.
Altera.
La espada de la destrucción.
El azote de las civilizaciones.
La guerrera del fin.
Lev, con una sonrisa arrogante, alzó los brazos como quien presenta a una obra de arte.
—¡Contemplen!
¡La verdadera diosa de la guerra!
¡La aniquilación hecha carne!
¡A la conquista, Altera!
La respuesta fue inmediata.
Un destello blanco.
Corte limpio.
Silencio.
La mitad del cuerpo de Lev cayó al suelo, sin sangre.
Su expresión aún sonreía mientras se desvanecía, reducido a motas negras.
Altera había desenvainado su espada y lo había partido…
sin siquiera mirarlo.
—No me interesa servir a nadie —susurró con una voz etérea—.
Yo…
solo destruyo.
Pero el Santo Grial brilló con furia.
Un aura negra la envolvió como cadenas invisibles.
Altera se tensó, sus músculos rígidos como si la obligaran a moverse contra su voluntad.
—Tsk…
aún estás atada…
—murmuró Archer, apuntando su arco.
Leonel, desde la retaguardia, con la mano en su sien, se concentraba.
Tezcatlipoca a su lado, manifestado a medias como un espectro entre la neblina de maná.
—¡La magia del Grial la está forzando!
¡Está en conflicto!
Hay debilidades en sus movimientos, pero son breves…
¡Kiyohime, Archer, cubran los flancos!
—gritó Leonel, con un brillo en los ojos—.
¡Estudiaré su patrón de ataque!
Kiyohime se lanzó sin dudar, con furia feroz, sus garras extendidas como lanzas.
Su fuerza bestial chocó con el filo de Altera, provocando una onda expansiva.
Pero fue repelida.
Altera apenas se había movido.
Archer, desde una cornisa, disparaba flechas encantadas, apuntando a las articulaciones.
Las esquivaba, pero cada impacto la ralentizaba apenas, lo suficiente para que Kiyohime pudiera presionar.
—¡Maldita…!
—gruñó Kiyohime, tras recibir un tajo superficial que hizo crujir sus huesos—.
¡No permitiré que toques a Leonel!
Mientras tanto, Mash y Nero observaban desde una posición elevada, jadeando.
Nero apretaba el puño, frustrada.
—¡Maldita sea!
¡Si tuviera un poco más de maná…!
¡No puedo quedarme quieta mientras esa mujer amenaza mi imperio!
Mash miró a Leonel, sabiendo que esta vez él tenía que tomar la iniciativa.
Leonel cerró los ojos un instante, recordando las palabras de Igor.
“Tu rol no es solo luchar…
sino guiar.
Encontrar el momento justo para cambiar el destino.” —Pixie, Tezcatlipoca, vamos a leerla —susurró, invocando ambos a la vez.
Tezcatlipoca proyectaba un aura de análisis y cálculo mientras Pixie mantenía al grupo con descargas precisas que interrumpían momentáneamente a Altera.
—¡Ahora, Kiyohime!
¡Apunta a su espalda baja, es su punto ciego después del tajo lateral!
—gritó Leonel.
Kiyohime rugió, y obedeció, logrando por primera vez hacer sangrar a Altera, aunque fuera una herida mínima.
Altera se volvió lentamente…
sus ojos más brillantes, más enfocados.
Ahora los reconocía como amenazas.
Y aún no había mostrado toda su fuerza.
[Ruinas de la Fortaleza – Zona de Combate] La presión del maná era insoportable.
Altera, ahora completamente seria, alzó su espada hacia el cielo.
La hoja, antes pálida y elegante, empezó a brillar con una intensidad multicolor.
Rayos de energía salían disparados como chispas de una tormenta cósmica.
—Photonic Ray…
—murmuró, su voz resonando como un eco divino—.
…el fin de las civilizaciones.
Kiyohime y Archer retrocedieron instintivamente.
Incluso el aire parecía querer huir.
La hoja se segmentó en anillos flotantes que giraban como engranajes.
Cada rotación acumulaba más y más energía pura, hasta que la luz del campo se volvió blanca.
La destrucción era inminente.
—¡No hay tiempo!
—gritó Leonel, con los ojos clavados en la escena, mientras Tezcatlipoca bramaba dentro de su mente—.
¡¡Mash!!
Y ella respondió.
Mash Kyrielight, tambaleándose, su escudo temblando en sus manos…
se adelantó.
—¡No permitiré que lastimen a nadie más!
El escudo se elevó, tan brillante como una estrella solitaria en la oscuridad.
—Lord Camelot…
¡muralla del espíritu noble!!
Una fortaleza ilusoria se alzó, translúcida y vasta, abarcando a todos los aliados.
Una ciudadela de luz, erigida con la voluntad inquebrantable de proteger.
Photonic Ray se desató.
Un haz de energía cataclísmico impactó directamente contra el escudo, provocando un rugido ensordecedor.
El suelo tembló, los cielos parecieron partirse.
Por un instante, el mundo fue solo luz.
Y luego…
silencio.
La fortaleza se agrietó…
pero resistió.
Mash cayó de rodillas, inconsciente, pero viva.
—¡¡Ahora!!
—rugió Leonel, aprovechando la pausa en la energía de Altera—.
¡¡Está en su fase de enfriamiento!!
¡¡Archer, lanza todas las flechas que tengas, apunta al núcleo del Photonic Ray!!
¡¡Kiyohime, fuego por los flancos!!
Archer asintió con seriedad, invocando una serie de flechas doradas, cada una cargada de prana explosivo.
—Entendido…
esto es por Mash —dijo con frialdad.
Las flechas salieron disparadas, convergiendo con precisión milimétrica.
Altera levantó su espada, pero su brazo temblaba.
El uso de su Noble Phantasm la había debilitado momentáneamente.
Kiyohime, rugiendo con furia, rodeó el campo, arrojando torrentes de fuego que se curvaban como serpientes ígneas.
La envolvía, presionaba, obligándola a retroceder.
—¡¡¡NO TOCARÁS A MI AMADO, MENTALISTA DEFORME!!!
—vociferaba Kiyohime, envuelta en llamas, golpeando sin piedad.
Desde atrás, Leonel, con el sudor en la frente y un grimorio flotando a su lado, analizaba la situación al instante.
Tezcatlipoca murmuraba en su oído: —Su centro de gravedad se ha movido.
Está fatigada.
Ahora…
es vulnerable.
—¡Entendido!
—Leonel gritó—.
¡Kiyo, ataca bajo!
¡Archer, apunta al hombro derecho, es su punto de equilibrio!
Mientras tanto, Pixie, agitando sus pequeñas manos resplandecientes, canalizaba magia blanca sobre Nero.
—¡D-Dia!
¡¡D-Dia!!
—repetía, las lágrimas en sus ojos mientras brillaba—.
¡¡No te duermas ahora, emperatriz!!
Una tenue luz curativa fluyó en el cuerpo herido de Nero, haciendo que su respiración se estabilizara.
Nero abrió los ojos, jadeando…
y sonrió.
—…Heh…
Roma…
aún no ha caído.
Y mientras la batalla alcanzaba su segundo clímax, todos daban lo mejor de sí.
Porque aunque la Espada de la Destrucción se alzaba…
el corazón humano, y el de sus Servants, no pensaba ceder.
[Campo de Batalla, en ruinas] El combate se había alargado más allá de toda lógica.
Kiyohime y Archer peleaban como si el tiempo no existiera, como si el dolor fuera una moneda que pagaban por cada segundo de ventaja.
La tierra estaba hecha cenizas, el cielo rasgado, y cada respiración dolía como fuego en los pulmones.
Altera, la Destructora de Civilizaciones, seguía en pie.
Pero apenas.
Su armadura brillaba con grietas, su espada multicolor chispeaba erráticamente, y su respiración…
era apenas un susurro.
—…Persistentes…
como termitas —susurró con voz ronca.
Archer, con un brazo colgando inútilmente, aún tensaba su arco con la otra mano, jadeando.
—Y tú…
eres más dura que una muralla de hierro, maldita sea…
Kiyohime, con el kimono hecho jirones, quemaduras y sangre por todo el cuerpo, daba pasos lentos pero decididos.
Sus ojos, sin embargo, ardían como brasas.
—Mi amado me pidió proteger…
y así lo haré —dijo entre dientes, mientras llamas emergían de cada poro de su cuerpo.
El aire tembló.
El suelo crujió.
Y entonces, su voz resonó como un rugido de la naturaleza: —Sange: Kokuen no Hebi (“Tragedia: La Serpiente del Fuego Negro”) Las llamas que la envolvían se alzaron en un espiral salvaje, girando, retorciéndose, moldeándose…
hasta formar la figura titánica de una serpiente de fuego, colosal, etérea, con ojos ardientes y fauces abiertas.
—¡Llévala contigo, gran serpiente de la pasión…!
La serpiente lanzó un rugido ensordecedor y se abalanzó contra Altera.
La Destructora intentó alzar su espada.
Demasiado tarde.
La serpiente de fuego la envolvió, golpeando su cuerpo una, dos, cien veces.
Fuego, pasión y rencor de mil almas se concentraban en cada embate.
Altera gritó, no de dolor, sino de comprensión…
como si, en ese último instante, por fin entendiera algo.
—Así…
termina…
¿mi cruzada?
Su cuerpo comenzó a brillar, deshacerse lentamente en motas doradas.
—Entonces…
que esta batalla…
no se pierda en el tiempo…
Altera cerró los ojos, y con una última sonrisa nostálgica, desapareció.
Solo quedó ceniza…
y una brisa cálida.
Kiyohime cayó de rodillas.
Archer dejó caer su arco.
Y Leonel, jadeando, observaba en silencio.
Mash seguía inconsciente.
Nero, curada parcialmente por Pixie, sonrió débilmente.
—Una victoria digna de Roma…
—susurró.
Tezcatlipoca, en la mente de Leonel, rió profundamente.
—Muy bien, pequeño fuego…
aún hay más por arder.
Y mientras el humo se disipaba, el grupo sabía que esto no había terminado…
pero habían ganado una batalla que resonaría por siempre en las arenas del tiempo.
[Ruinas del Coliseo, ya en calma] Las llamas habían cesado.
El aire ya no vibraba con hostilidad.
Solo el murmullo del viento, cálido y tranquilo, acompañaba el crepitar de escombros todavía tibios.
En el centro de todo, donde antes había estado Altera, una esfera dorada cayó lentamente al suelo: el Santo Grial.
Clink.
El sonido fue pequeño, pero resonó con fuerza en los corazones de todos.
Mash, con los últimos vestigios de energía, se acercó tambaleante.
Sus piernas apenas la sostenían, pero su expresión era firme.
Con reverencia, tomó el Grial con ambas manos.
—…Este objeto es demasiado peligroso para dejarlo aquí.
El centro de su escudo brilló con un símbolo mágico.
Un compartimento etéreo se abrió y el Grial fue absorbido, protegido en el interior del dispositivo defensivo.
Y entonces…
El suelo dejó de temblar.
Las nubes comenzaron a despejarse.
La luz del sol asomó entre los restos del Coliseo.
La Singularidad comenzaba a restaurarse poco a poco, la historia y el tiempo reajustándose como si el destino por fin respirara tranquilo.
Nero miró alrededor, visiblemente conmovida.
—Mi Roma…
vuelve a vivir…
qué gloriosa visión.
Pero entonces, notó algo.
Leonel, Mash, Kiyohime y Archer comenzaban a brillar con una tenue luz azulada.
Sus bordes se difuminaban, como si empezaran a deshacerse en energía.
—¿¡Qué es esto!?
—preguntó Nero, alarmada.
Leonel, aún aturdido por todo lo vivido, le respondió con una sonrisa tranquila.
—Estamos regresando…
nuestra misión aquí ha terminado.
La Singularidad ya está corregida.
Mash asintió, con una leve sonrisa nostálgica.
—Gracias, emperatriz Nero.
Tu hospitalidad y ayuda fueron invaluables.
Nero se giró, colocándose una mano sobre el corazón, con teatralidad imperial.
—¡Bah!
¡No digáis tonterías!
¡La emperatriz de Roma jamás dejaría de ayudar a sus aliados…
y menos a su amado!
¡Ufufu~!
Antes de que alguien pudiera procesar eso, Nero dio un paso adelante, tomó a Leonel del rostro con ambas manos…
…y lo besó apasionadamente.
Los ojos de Leonel se abrieron como platos.
Su cerebro…
simplemente colapsó.
Archer soltó una carcajada desde el fondo.
—¡Ja!
Aunque no sea la misma versión de Nero que está en Chaldea…
Leonel, de alguna forma igual lograste enamorarla.
Eres un caso perdido.
Kiyohime solo suspiró, sin decir nada.
Sus ojos tenían ese brillo resignado que solo un espíritu obsesivo podía conocer.
—Otra más…
no debería sorprenderme…
pero aún duele un poco…
Mash apretó los puños, su cara roja como tomate, mirando al suelo.
—…Senpai…
¡Ugh…!
—Pero no dijo más.
Solo infló los cachetes, frustrada.
El beso terminó.
Nero se apartó con una sonrisa victoriosa.
—Consideradlo un recuerdo imperial.
¡Hasta que nuestras almas se crucen de nuevo, amor mío!
La luz azul envolvió a Leonel y los demás.
Su cuerpo temblaba.
No por el poder mágico…
sino porque su cerebro seguía en estado de error fatal.
—¿¡Qué acaba de pasar…!?
—pensó, con los ojos vacíos, aún procesando el beso.
Y entonces…
Con una explosión de luz…
Desaparecieron.
[Fin de la Singularidad – Roma, restaurada] La historia había vuelto a su cauce.
El Grial estaba seguro.
Pero en el corazón de todos…
un nuevo recuerdo había sido grabado.
Uno ardiente.
Uno inolvidable.
Y para Leonel…
uno demasiado difícil de explicar después.
[Centro de Comando – Chaldea] Un destello azul, brillante como el cielo despejado, estalló en el centro de la sala.
La luz se disipó…
y ahí estaban de nuevo: Leonel, Mash, Archer y Kiyohime, de vuelta en casa, ilesos…
bueno, casi.
—¡Bienvenidos de vuelta!
—gritó una voz enérgica y familiar.
Da Vinci se acercó con una sonrisa radiante, aplaudiendo mientras Romani los recibía visiblemente aliviado, frotándose los ojos (¿o estaba llorando?).
—¡Lo lograron!
La Singularidad está estabilizada…
¡y todos están vivos!
¡Eso ya es un milagro!
—Uf, pensé que me iba a dar un paro cardíaco —añadió Romani, dejándose caer en su silla.
Y entonces…
—¡Ufufu!
¡Mi amado está de vuelta~!
Una voz melodiosa y orgullosa retumbó por el pasillo.
Nero Claudius, la de Chaldea, apareció con su típica elegancia, vestida con su traje rojo imperial, una sonrisa brillante adornando su rostro.
Antes de que Leonel pudiera siquiera levantar una mano para saludarla, Nero corrió hacia él y, sin ningún aviso, lo besó intensamente, fundiéndolo en un beso apasionado que rivalizaba —no, igualaba— al de su contraparte de la Singularidad.
Mash se quedó congelada, los ojos como platos, la boca abierta, su mente hecha trizas.
—¡¡NO DE NUEVOOOOOOO!!
—gritó mentalmente, apretando los puños al punto de crujir los nudillos.
Archer se llevó una mano a la frente, conteniendo otra carcajada pero sin poder evitar soltar: —Este tipo…
tiene más suerte que el mismísimo Iskandar en San Valentín.
Ya es descarado.
Kiyohime, que había contenido todo lo que pudo, finalmente explotó.
Caminó lentamente hacia Leonel, fulminándolo con la mirada y cruzándose de brazos con fuerza.
—Leonel-sama…
Su tono era suave…
pero amenazante.
—Dos besos…
dos…
y yo sigo sin recibir ni uno.
Esto…
es inaceptable.
Exijo…
no, demando…
¡un beso mío, aquí y ahora!
Todo el centro de comando enmudeció.
Leonel, con la cara aún roja por el beso de Nero, parpadeó.
Miró a Mash, que desviaba la mirada, a Archer, que hacía gestos de “¡dale, dale!”, y a Da Vinci que estaba disfrutando como si fuera una telenovela.
Suspiró.
Se acercó a Kiyohime, tomó su rostro con delicadeza…
…y le plantó un beso igual de apasionado, intenso y profundo.
Los sensores de temperatura en el centro de comando se dispararon.
Mash ya no sabía dónde meter la cara.
—¡¿Por qué todos tienen besos menos yo?!
—gritó en su cabeza, agarrando su escudo con fuerza.
Archer ya no podía más.
Se dobló de risa, riéndose a carcajadas mientras murmuraba: —Este chico no tiene una ruta romántica…
tiene una harem route full EX Rank.
Nero solo sonrió complacida, como si la competencia le resultara divertida.
Kiyohime suspiró con felicidad, su expresión iluminada como una antorcha.
—Ahora sí…
puedo morir feliz…
aunque preferiría seguir viva, para repetirlo.
Romani se quedó boquiabierto, y Da Vinci tomó notas.
—Necesito registrar esto…
¡por razones científicas, claro!
Mash solo murmuró por lo bajo: —Senpai…
es un peligro público.
Leonel, mentalmente, seguía en shock.
—¿Qué acabo de hacer…?
¿Por qué siento que esto…
apenas es el comienzo?
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Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com