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Fate/Grand Persona - Capítulo 22

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22: Capitulo 21: Más ayuda 22: Capitulo 21: Más ayuda [Dormitorio de Leonel – Base de Chaldea, amanecer] El tenue resplandor del amanecer atravesaba las cortinas, colándose lentamente en la habitación.

Leonel abrió los ojos con lentitud, sintiendo la humedad en sus mejillas.

Se incorporó en silencio, pasando la mano por su rostro.

—¿Estaba…

llorando?

—murmuró, con la voz aún cargada por el peso del sueño.

El recuerdo seguía fresco, ardiente en su mente.

La Roma gloriosa.

Las multitudes que aclamaban…

y luego olvidaban.

La emperatriz que se marchitaba bajo el peso de la traición y la soledad.

Su Nero.

La mujer que cantaba con fuego, pero lloraba en silencio.

Leonel se sentó al borde de la cama, dejando que los pies tocaran el suelo frío.

—No…

No dejaré que eso vuelva a pasar —dijo con resolución, apretando los puños—.

No permitiré que Nero vuelva a sentirse sola.

No mientras yo esté aquí.

Se levantó, caminó hacia el lavabo y se lavó el rostro con agua fría, como si eso ayudara a despejar la pesadez emocional que el sueño le había dejado.

Se miró al espejo, sus ojos aún algo enrojecidos.

—Seré más que un simple Master para ustedes —se dijo a sí mismo—.

Seré su hogar, su escudo, su compañero.

No son herramientas, no son armas…

Son personas con historias que merecen ser escuchadas y honradas.

Con esa determinación ardiendo en su pecho, se vistió con su uniforme de Chaldea.

El comunicador en su muñeca vibró levemente.

[Da Vinci – Comunicación interna] “Leonel, buen día.

Reúnete en el centro de comando en cuanto estés listo.

Hoy habrá una nueva ronda de invocaciones.

Necesitaremos más apoyo para las siguientes singularidades.” Leonel asintió con seriedad y respondió: —En camino.

Tomó una bocanada de aire y salió de la habitación, con paso firme.

Cada Servant que invocara de ahora en adelante no solo sería una carta más en el tablero de guerra…

sino un alma con historia.

Una historia que él estaba dispuesto a escuchar…

y proteger.

[Chaldea – Pasillos interiores, poco antes del mediodía] Los pasillos de Chaldea estaban tranquilos, como si la calma fuera una ilusión antes de la tormenta.

Las luces blancas iluminaban el suelo metálico, reflejando la silueta de Leonel, quien caminaba lentamente, con las manos en los bolsillos de su abrigo, sumido en pensamientos.

“Okeanos…

El mar de piratas, monstruos y dioses errantes…” Su mirada estaba clavada en el suelo, pero su mente viajaba mucho más allá de esos muros.

Él conocía esa singularidad.

Sabía lo que vendría.

Las risas de piratas, el estruendo de cañones, la melancolía de una capitana distante, y una amenaza que crecía bajo la superficie del mar.

Pero no podía decir nada.

No aún.

“Tengo que actuar como si no supiera.

Cambiar demasiado las cosas podría causar más daño que bien.” En ese momento, una voz cristalina y entusiasta interrumpió sus pensamientos: —¡Amadoooo~!

Leonel apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que una figura lo abrazara por el brazo con esa energía tan característica.

—¡He estado buscándote!

¿Qué haces tan pensativo, hmm?

¿Acaso te preocupa otra mujer?

—dijo Nero Claudius, con su clásica mezcla de coquetería y autoridad imperial.

Leonel alzó la vista, y por un instante…

la vio diferente.

No su brillante y radiante emperatriz.

Sino la mujer sola que había visto en su sueño.

Abandonada.

Rechazada.

Llorando en medio del mármol roto de su palacio en ruinas.

El brillo dorado en los ojos de Nero se notó un poco menos resplandeciente…

por solo un segundo.

—¿Amado?

—preguntó, ladeando la cabeza, notando que él no había dicho nada—.

¿Está todo bien?

Leonel parpadeó, saliendo de su trance.

Sintió un pinchazo de culpa por dejarla en silencio…

justo después de prometerse no hacerla sentir así nunca más.

Y entonces, sonrió.

—Perdona, Nero…

Me perdí por un segundo.

Estaba pensando en lo afortunado que soy de tener a una emperatriz tan maravillosa a mi lado.

Los ojos de Nero se abrieron un poco más, y un leve rubor coloreó sus mejillas.

—¿E-eh?

¿Q-qué clase de declaración fue esa, tan repentina?

¡M-mas no me desagrada, claro!

¡Tu devoción será registrada con orgullo en la historia de Roma!

Ella tomó su lugar a su lado, tomándolo del brazo como si lo protegiera del mismísimo mundo.

Leonel, esta vez, se aseguró de mantener su mirada en ella.

La Nero de ahora…

fuerte, viva, llena de sueños y luz.

No dejaré que esa luz se apague.

—Vamos, emperatriz.

Hoy es un gran día —le dijo con una sonrisa más suave.

—¡Sí!

¡Un día digno de un festival romano!

¡Quizá incluso dos!

Ambos rieron mientras se alejaban por el pasillo, y por un momento, la carga del destino se sentía más ligera.

[Chaldea – Camino a la sala de invocaciones] —Entonces, ¿te parece apropiado usar mi “Rosa Imperial” como entrada en cada combate?

¡Imagina el impacto visual!

¡Te verás aún más glorioso estando a mi lado!

—decía Nero con un tono animado, mientras su vestido ondeaba ligeramente con cada paso que daba junto a Leonel.

Leonel sonrió, respondiendo al entusiasmo con su propio toque de humor: —¿”Aún más glorioso”?

Suena como si ya brillara lo suficiente como para merecer estar contigo.

—¡Obviamente!

Pero todos pueden mejorar, hasta tú, mi amado.

—Nero le guiñó un ojo de manera encantadora.

Mientras seguían caminando por el pasillo principal de Chaldea, el ritmo de su conversación era natural, divertido, casi melódico.

Tan absorto estaba Leonel en las palabras de Nero, en su risa y la pasión que emanaba con cada gesto, que no se percató del momento exacto en que sus manos se entrelazaron.

Lo notó apenas sintió la calidez firme de sus dedos envolviendo los suyos.

Miró hacia abajo…

y ahí estaba.

La mano de Nero, unida a la suya, sin la menor vergüenza.

Con total orgullo.

Como si llevara a su emperador por las calles de Roma.

Leonel abrió ligeramente los ojos, sorprendido.

No porque no quisiera ese contacto…

sino porque, pese a su relación, no se esperaba esa muestra tan directa de afecto en plena Chaldea.

—¿Sorpresa?

—dijo Nero sin mirarlo directamente, como si supiera lo que él pensaba—.

Si somos amantes, es natural mostrarlo, ¿no?

No voy a esconderme como alguna plebeya tímida.

Leonel sonrió con suavidad, apretando su mano con ternura.

—No esperaba menos de ti, mi emperatriz.

—¡Ufufu~!

Me encanta cómo suena eso…

Y así caminaron, tomados de la mano, entre miradas cómplices y una energía que parecía rodearlos como una aura dorada.

Lo que no sabían era que, a cierta distancia, desde una intersección en el pasillo, Mash Kyrielight y Kiyohime los observaban.

Mash se había detenido con su portapapeles en mano, los ojos ligeramente abiertos.

—¿M-Maestro…

y Nero…

están tan cercanos…?

A su lado, Kiyohime temblaba ligeramente, sus ojos ardían como brasas en un horno.

—Hmph…

Nero-dono es muy atrevida.

Muy atrevida.

Qué imprudente…

y peligrosa.

El maestro podría incendiarse si se deja llevar…

Mash tragó saliva, incómoda entre la incomodidad propia y la inquietud que sentía junto a Kiyohime.

—No creo que haya necesidad de…

incendiar a nadie, Kiyohime-san…

—Oh, no te preocupes, Mash-dono.

Solo lo haré si ella lo hace llorar…

o si me gana por mucho.

Mash desvió la mirada con una mezcla de pena y resignación.

Ya empezaba a entender que con Leonel, cada día sería un cóctel de emociones.

Mientras tanto, Leonel y Nero llegaron frente a la puerta de la sala de invocaciones.

Él la miró un momento más, aún sosteniendo su mano.

—¿Lista para conocer a los nuevos aliados?

—Siempre lista.

¡Que vengan los héroes y las leyendas!

¡Roma…

y yo…

los recibiremos con gracia imperial!

[Chaldea – Sala de Invocaciones] Las enormes compuertas de la sala de invocaciones se abrieron con un leve sonido metálico, revelando el amplio espacio iluminado por las luces azuladas del círculo mágico grabado en el suelo.

El aire tenía esa tensión particular, esa sensación de que algo grande estaba por ocurrir.

Leonel dio un paso firme al centro, acompañado de su compañera radiante: Nero Claudius.

—Ve con valentía, amor mío.

Invoca a aquellos dignos de luchar a nuestro lado.

—Nero se inclinó grácilmente, y antes de que él pudiera reaccionar, plantó un beso rápido en sus labios.

—¡N-Nero!

—Leonel se sonrojó visiblemente, quedando congelado unos segundos mientras la emperatriz se alejaba con una sonrisa coqueta.

Y justo en ese momento…

—¡Maestro!

¡Yo también quiero mi bendición!

—Kiyohime apareció con velocidad casi sobrenatural, tomando el rostro de Leonel con ambas manos y besando su mejilla con una mirada enloquecidamente tierna.

—¡E-Espera, Kiyohime!

—dijo Leonel, aún rojo por el primer beso, y ahora más aún por el segundo.

En la esquina, Mash presenció la escena con ojos grandes, su rostro completamente rojo mientras sujetaba con fuerza su escudo contra el pecho.

—¿Q-Q-Qué clase de rutina mañanera es esta…?

—murmuró, celosa pero sin el valor de intervenir.

—¡Ufufufu!

¡Qué escena tan deliciosa!

¡Esto parece más una comedia romántica que una ceremonia de invocación!

—se burló Da Vinci, sentada sobre una mesa con las piernas cruzadas, disfrutando del espectáculo con una sonrisa ladina.

Cerca de ella, el Dr.

Romani soltó un largo suspiro mientras revisaba datos desde su tablet.

—Esto no puede ser saludable para su ritmo cardíaco…

—Indecente…

absolutamente indecente…

—Olga Marie los observaba desde una esquina, escondida tras una columna con un tenue sonrojo en las mejillas, murmurando para sí—.

¿Qué clase de director permite este tipo de relaciones tan…

tan…

exhibicionistas?

No muy lejos, Jeanne D’Arc y Emiya conversaban junto a Romani.

—Heh…

nuestro Maestro tiene más carisma del que aparenta.

O más bien, una habilidad pasiva de conquista.

—comentó Emiya, cruzado de brazos con una sonrisa irónica.

Jeanne, por su parte, desvió la mirada con las mejillas encendidas.

Sus manos jugaron nerviosamente con la empuñadura de su estandarte.

—S-Sólo es…

expresión afectiva entre compañeros…

n-no hay que pensar demasiado en ello…

Romani no dijo nada, pero su sonrisa divertida delataba que pensaba exactamente lo contrario.

Ya con todos los ojos puestos en él, Leonel se posicionó en el centro del círculo de invocación.

Respiró profundo, buscando estabilidad entre tanta tensión emocional y expectación.

Extendió una mano, cerrando los ojos con solemnidad.

—Por el juramento que me une a este lugar…

por el lazo con el Trono de los Héroes…

Respondan a mi llamado.

¡Servants, acudid a mi lado!

El círculo comenzó a brillar con fuerza.

Chispas de maná azul y dorado emergieron a su alrededor como un vórtice de energía pura.

El aire zumbó.

Y entonces…

dos siluetas se materializaron entre la luz.

Una figura noble, majestuosa, con una armadura plateada y capa azul ondeando como si el viento le obedeciera.

—”Yo soy Saber, Artoria Pendragon…

he respondido a tu llamado.

Lucharé por tu causa, por la justicia…

y por el honor.” Sus ojos verde esmeralda se posaron en Leonel, evaluándolo con seriedad…

hasta que notó las miradas femeninas intensas alrededor de él.

Un leve arqueo en la ceja fue todo lo que expresó.

A su lado, una segunda figura emergió entre humo rosado y una risa juguetona.

Orejas de zorro, una melena anaranjada en cascada, y un porte exótico entre lo místico y lo encantador.

—”Ara~♥ Qué lugar tan interesante.

Tamamo-no-Mae, clase Caster, reportándose a su nuevo y adorable maestro~” Le guiñó un ojo a Leonel y se acercó peligrosamente.

—Ufufu~ Qué suerte tienes, Leonel-sama.

Muy buena suerte.

Me aseguraré de que no necesites a nadie más…

El ambiente se congeló unos segundos mientras Nero, Kiyohime, Mash y Jeanne apretaban los puños, parpadeaban en shock o simplemente…

hervían por dentro.

Leonel solo podía pensar una cosa mientras las nuevas Servants lo miraban fijamente: “Esto…

se va a salir de control muy rápido…” REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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