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Fate/Grand Persona - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 Capitulo 22 Servants descontrolados
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23: Capitulo 22: Servants descontrolados 23: Capitulo 22: Servants descontrolados La tenue luz anaranjada del atardecer se filtraba por la ventana de su habitación.

Leonel se encontraba sentado en el borde de su cama, aún con su chaqueta puesta, mirando el suelo con una expresión perdida.

Un suspiro se escapó de sus labios mientras recostaba la espalda contra la pared.

-¿Cómo terminé en este desastre…?

-murmuró, cerrando los ojos por un momento.

Y así comenzaron a pasar por su mente, como una serie de flashbacks, los eventos del caótico día.

— [Flashback: Sala de Reuniones de Chaldea – Horas antes] -¡Esposooooo~!

¡Tu Tamamo ya llegó para adorarte!

-gritó Tamamo-no-Mae mientras literalmente se lanzaba hacia Leonel con los brazos extendidos, impactándolo con fuerza en un abrazo que casi lo tumba al suelo.

-¿E-Esposo?

¿Qué demonios estás diciendo?

-balbuceó Leonel, mientras Tamamo le frotaba la mejilla con la suya.

-Pero si ya somos el dúo perfecto~.

¿No es natural que me llames tu amada esposa?

-¡¿Eh?!

¡No, no lo es!

-¡No permitiré esto!

-Nero levantó la voz con el ceño fruncido y una visible vena palpitando en su frente-.

¡Soy yo quien fue la primera en entregarle su corazón al Maestro!

¡Tamamo, aparta tus zarpas de mi amor!

-¡No puedes acapararlo todo, emperatriz descarada!

-respondió Tamamo con picardía, sacando su abanico como si se preparara para un duelo.

-Heh…

como si yo fuera a dejarlo ir tan fácilmente…

-susurró Kiyohime con una sonrisa peligrosa, observando la escena con sus ojos entrecerrados y su lanza en mano.

Leonel en medio, con cara de tragedia griega: -Esto va a terminar en llamas…

otra vez.

— [Flashback: Comedor – Minutos después] Artoria Pendragon, con una bandeja de comida perfectamente servida, simplemente se alejó en silencio.

-No tengo nada que ver con esto…

-dijo mientras se perdía por el pasillo, ignorando los gritos y caos que se escuchaban detrás.

— [Flashback: Pasillo de Chaldea] Mash caminaba junto a Jeanne, ambas con expresiones tensas.

-Se ven tan seguras de sí mismas…

-murmuró Mash, con un leve sonrojo.

-A veces, quisiera poder hablar con esa seguridad también…

-admitió Jeanne en voz baja, bajando la mirada con timidez.

— [Flashback: Sala de descanso] -…Y entonces Tamamo dijo “esposo” nada más aparecer.

-Da Vinci reía mientras hablaba con Olga Marie, quien apenas podía ocultar su incomodidad.

-Eso es completamente impropio…

¡Chaldea es una organización seria!

¿¡Qué clase de imagen estamos dando!?

-se quejó Olga, aunque su rostro aún conservaba un tono carmesí.

-Vamos, Olga-chan, admítelo: fue divertido de ver.

-¡No lo fue!

— [De vuelta al presente – Habitación de Leonel] Leonel abrió los ojos y soltó una risa suave, resignada.

-…Al menos no fue aburrido.

Se levantó lentamente, dirigiéndose hacia la ventana.

Miró el cielo teñido de rojo por el atardecer.

-Un día más…

¿Qué me espera mañana?

-musitó con una mezcla de agotamiento y expectación.

Una leve brisa entró por la ventana abierta, moviendo los bordes de las cortinas, como si el propio destino soplara con travesura…

anticipando aún más caos romántico por venir.

[Chaldea – Habitación de Leonel | Mañana siguiente] Un cálido rayo de sol se colaba por las cortinas ligeramente abiertas.

Leonel, aún adormilado, sintió algo suave y cálido a su lado.

Se giró lentamente…

y entonces la vio.

Tamamo-no-Mae, con sus orejas de zorro asomando entre su cabellera rosada, estaba recostada a su lado, mirándolo con unos ojos llenos de cariño puro.

Su cola esponjosa reposaba tranquilamente detrás de ella, moviéndose levemente.

-Ohayo, Goshujin-sama~ -dijo con voz melosa, ladeando la cabeza-.

Dormías tan pacíficamente…

No quise despertarte.

Leonel parpadeó varias veces, su cerebro tardando en arrancar.

-¿T-Tamamo?

¿Q-Qué haces en mi cama?

-¿No es obvio?

Estoy cumpliendo mi rol como tu esposa amorosa.

¿Quién mejor para darte los buenos días que yo?

-dijo, acercándose más, su rostro a escasos centímetros del suyo.

Leonel tragó saliva.

Había recibido muestras de afecto antes, de parte de Nero y Kiyohime, pero…

esto se sentía diferente.

Tamamo no buscaba sólo pasión o posesividad.

Había una ternura cálida y firme en su mirada.

Una cercanía que lo hacía sentirse completamente…

vulnerable.

-Yo…

no sé cómo responder a esto -murmuró Leonel, sin apartar la vista.

Tamamo sonrió dulcemente y colocó una mano sobre su mejilla.

-Entonces deja que lo diga yo, sin rodeos.

Te amo, Leonel.

Y lo digo con toda mi alma de kitsune.

Leonel se quedó sin palabras.

Su rostro se tornó rojo, completamente perplejo ante la sinceridad inesperada.

¡PUM!

La puerta se abrió de golpe.

-¡Maestro!

¡Hora de almo-…!

-Nero se detuvo en seco al ver la escena frente a ella.

Sus ojos se abrieron de par en par.

-¡L-Leonel-senpai…!

-Mash, justo detrás de Nero, se tapó la boca con ambas manos, completamente ruborizada.

-¡¿QUÉ HACE ESA KITSUNE EN TU CAMA?!

-gritó Nero, entrando como un torbellino en la habitación.

Tamamo, con total calma, abrazó aún más a Leonel.

-¿Acaso no es obvio, emperatriz?

Estoy cuidando de mi esposo.

-¡Él es mi esposo también!

¡Y yo llegué antes!

-Nero respondió, ofendida y celosa.

Y sin más, se inclinó hacia Leonel y le plantó un beso directo en los labios, mirándolo con intensidad.

-Para que no lo olvides, mi querido Leonel -dijo con voz orgullosa y desafiante.

Tamamo se quedó paralizada un momento…

luego su expresión cambió a una furia adorable, con los ojos llameantes y orejas tiesas.

-¡Eso fue trampa!

¡¡Totalmente deshonesto!!

¡¡La próxima soy yo!!

Ambas mujeres se quedaron frente a frente, el ambiente chispeando con tensión amorosa.

-¡Una emperatriz nunca necesita permiso para reclamar lo que es suyo!

-¡Las esposas zorro tenemos prioridad en el hogar!

¡¡Es el protocolo celestial!!

Mientras ambas discutían a gritos con poses dramáticas y acusaciones graciosas volando de un lado a otro, Mash, aún con las mejillas rojas, aprovechó el momento.

-Senpai…

esto es mi oportunidad…

Tomó la mano de Leonel con delicadeza pero firmeza.

-Vamos a comer antes de que exploten la habitación…

Y así, mientras Tamamo y Nero seguían peleando como caricaturas animadas en segundo plano, Mash se llevó triunfalmente a Leonel fuera del cuarto, con una sonrisa tímida de satisfacción.

— Pequeña victoria para Mash Kyrielight.

Y el corazón de Leonel…

más confundido que nunca.

[Punto de Vista – Mash Kyrielight] Mash no podía creer lo que sus ojos acababan de presenciar.

Tamamo abrazando a Leonel en la cama…

y luego Nero besándolo sin pudor alguno.

Su corazón latía tan fuerte que temía que lo oyeran.

“¡C-Conserva la calma, Mash…!

¡Piensa, piensa!” Mientras las dos mujeres discutían a centímetros de distancia, con una tensión que podría incendiar la habitación, Mash aprovechó el caos.

Sin decir palabra, se adelantó sigilosamente, tomó la mano de Leonel -que seguía demasiado confundido para reaccionar- y lo arrastró fuera de la habitación.

-¿Eh?

¿Mash?

-Leonel susurró mientras corrían por el pasillo.

-¡Shhh!

¡No te detengas, Senpai!

Es por tu bien…

¡Y el mío también!

-dijo con una mezcla de timidez y determinación mientras sus mejillas se encendían.

— [Punto de Vista – Leonel] Todo pasó tan rápido.

Un segundo estaba atrapado entre Tamamo y Nero, y al siguiente estaba siendo secuestrado con cariño por Mash, quien lo jalaba por los pasillos como si estuvieran escapando de una misión encubierta.

-Esto…

¿es normal en Chaldea…?

-susurró él, sin soltar su mano.

Mash solo apretó más fuerte.

-Lo normal está sobrevalorado, Senpai.

— [Punto de Vista – Nero] -¡¿Y ahora qué estás insinuando?!

-Nero seguía con la frente pegada a la de Tamamo, ambas fulminándose con la mirada.

-¡Que eres una egoísta emperatriz mimada!

-Tamamo le replicó, sacando la lengua de forma burlona.

-¡¿Qué dijiste, lavandera de palacio?!

¡Ven aquí, que voy a-!

Silencio.

Ambas se quedaron congeladas.

El silencio en la habitación…

era demasiado sospechoso.

-…¿Dónde está Leonel?

-preguntó Tamamo, con un parpadeo lento.

-¿Mash…?

-añadió Nero, girando la cabeza hacia la puerta abierta.

Nada.

Solo el vacío.

Entonces, como en cámara lenta, ambas corrieron hacia el pasillo…

solo para ver la punta de la melena lavanda de Mash desaparecer tras una esquina.

-¡NOS ROBARON A NUESTRO QUERIDO!

-gritaron al unísono, con dramatismo shakespeariano.

— [Punto de Vista – Tamamo] Tamamo apretó los puños, bufando de furia y celos.

-Esa escudera…

¡astuta!

¡Sigilosa!

¡Haciendo uso del caos para llevarse a Goshujin-sama!

Nero, con su típica arrogancia imperial, resopló.

-¡Se atrevió a adelantarse a las reinas legítimas!

¡No puedo permitirlo!

Tamamo giró la cabeza hacia Nero con mirada seria.

-Imperial o no, tenemos un enemigo común.

Nero asintió, levantando el mentón.

-Una alianza temporal, entonces.

¡Por el bien de nuestro amado Leonel!

Tamamo sonrió.

-Pero que conste: lo haré sufrir con cosquillas si intenta escaparse otra vez~.

-Y yo lo encerraré en mi palacio privado si vuelve a ser tan ingenuo…

-agregó Nero.

Ambas rieron, luego se miraron con renovada competitividad…

y corrieron por el pasillo en busca de su presa compartida.

— [Punto de Vista – Leonel] Mientras tanto, en la cafetería de Chaldea…

Leonel suspiraba mientras Mash le entregaba una bandeja con comida caliente.

Ella sonrió tímidamente al sentarse frente a él.

-Aquí tienes, Senpai…

lo logré -dijo con un pequeño toque de orgullo en su tono.

-Gracias, Mash.

Siento como si hubiera escapado de una zona de guerra…

Mash se sonrojó y bajó la mirada, revolviendo su comida.

-No te preocupes…

Solo quería un momento contigo…

sin tantos gritos, rivalidades o orejas esponjosas.

Leonel sonrió.

-Aprecio eso, de verdad.

Mash y Leonel estaban sentados tranquilamente, con sus bandejas de desayuno recién servidas frente a ellos.

Mash, aún sonrojada, mantenía la mirada baja…

pero no soltaba la mano de Leonel.

-Esto se siente como una pequeña victoria…

-murmuró para sí, sonriendo con timidez.

Leonel rió nerviosamente, sin saber cómo interpretar lo que estaba pasando, pero también disfrutando un poco del momento.

-Bueno…

al menos no hay gritos, explosiones ni- ¡BANG!

Las puertas del comedor se abrieron de par en par, como si fueran el clímax de una obra teatral.

-¡GOSHUUUJIN-SAMAAAAA~!

-chilló Tamamo, con fuego en los ojos y las orejas de zorro erizadas.

-¡LEONEL!

¡TRAIDOR DE BAJO HONOR!

-vociferó Nero, apuntando con un tenedor cual espada.

Leonel tragó saliva.

-…y ahí están las explosiones.

Ambas mujeres corrieron como torbellinos hasta su mesa.

Al ver sus manos entrelazadas, el aura cómica de furia femenina se duplicó.

-¡Mash, fuiste muy astuta!

¡Usaste mi distracción emocional para robarte a mi amado!

-exclamó Tamamo, sacudiendo el puño.

-¡Eso fue una jugada baja, escudera!

¡La táctica fue digna de un general romano…

pero aún así inadmisible!

-añadió Nero, frunciendo el ceño.

Mash trató de responder, aún sonrojada: -¡N-No fue así!

Yo solo…

sólo…

aproveché una ventana estratégica…

-¡CONFESIÓN!

-gritaron ambas al unísono, señalándola.

Leonel alzó ambas manos, nervioso.

-¡Yo no tengo nada que ver, juro que no fui cómplice!

Intentó retroceder discretamente, pero una cola peluda lo envolvió del tobillo y lo hizo tropezar.

-¡¿Huh?!

¡¿Tamamo?!

-gimió mientras caía.

La zorro ya estaba sobre él, con una mirada peligrosa y divertida.

-Goshujin-sama…

escapar de una doncella fiel como yo merece un castigo.

Un castigo suave, claro…

-dijo mientras sus manos se acercaban amenazadoramente.

-N-No, espera- ¡JAJAJA- NO, PARA- AAAAAHHH!

-Leonel estalló en carcajadas, totalmente a merced de las cosquillas letales de Tamamo, que no cedía ni un segundo.

Nero, mientras tanto, tenía agarrada a Mash de los hombros, agitándola como si fuera una criminal de guerra.

-¡Admite que planeaste todo desde el principio!

¡Hasta tus pasos silenciosos estaban calculados!

Mash, roja como un tomate y con los ojos girando, solo podía balbucear: -¡I-I-It’s not what it looks like…!

¡M-Me gustas también, Senpai!

¡Pero no asíii~!

La escena era tan ruidosa que incluso los sirvientes de cocina se asomaban desde la puerta, observando con ojos como platos.

— [Interrupción – Comunicadores de Chaldea] -BIP BIP BIP- Las voces se congelaron cuando los comunicadores de todos sonaron al mismo tiempo.

Una imagen apareció en el aire: Olga Marie con expresión seria, acompañada de Da Vinci al fondo.

-Aquí Olga.

Equipo de combate, reportarse inmediatamente.

Se ha localizado la tercera Singularidad.

Leonel, tu presencia es requerida en el centro de comando.

El silencio fue absoluto.

Tamamo, aún encima de Leonel, lo miró parpadeando.

-¿Singularidad…?

¿Hora de pelear?

Nero lo soltó y se irguió como una emperatriz.

-Entonces la batalla llama…

y no podemos dejar a nuestro amado sin protección divina.

Mash se incorporó como si nada hubiera pasado, ahora toda profesional.

-Entendido.

Me encargaré de preparar el armamento y la información estratégica, Señorita Olga.

Leonel, todavía con el cabello despeinado y riéndose por la cosquilla residual, suspiró.

-…Y yo que solo quería desayunar.

[Comedor de Chaldea, minutos después] Leonel seguía en el suelo, sin aliento, con lágrimas en los ojos y el cabello todo despeinado por la risa.

Tamamo se limpiaba las manos con satisfacción, mientras Nero seguía sacudiendo a Mash con una verborrea teatral.

-¡Eso te pasa por usar tácticas viles!

¡No esperaba esto de ti, escudera!

¡¿Dónde quedó el honor romano?!

Mash intentaba defenderse entre sacudidas, pero cada palabra salía más como un balbuceo que otra cosa.

En medio de ese caos, nadie notó a la figura silenciosa que se deslizaba como un espectro tras ellos.

-Ara~ ara~…

tan ocupadas peleando por el amor de nuestro adorable Leonel-sama…

-murmuró una voz suave, casi melodiosa.

¡KIYOHIME!

Vestida con su kimono celeste y su característico toque elegante, apareció como una sombra dulce…

pero peligrosa.

Leonel apenas se incorporaba, frotándose las costillas mientras murmuraba: -¿Qué rayos…?

¿Cuándo se volvió esto una guerra mundial de waifus…?

Antes de que pudiera entender qué pasaba…

-¡CHU!

Kiyohime se inclinó, lo sujetó suavemente del rostro y le plantó un beso en los labios.

Leonel parpadeó.

Dos veces.

-¿Qué…

qué fue eso…?

Kiyohime sonrió con dulzura peligrosa.

-Un recordatorio de que yo también estoy aquí, Leonel-sama~.

Las otras pueden pelear todo lo que quieran…

pero yo sé esperar…

y atacar cuando es más efectivo.

¡SILENCIO ABSOLUTO!

Tamamo se quedó paralizada, aún con la cola alzada.

Nero soltó a Mash, que cayó al suelo como trapo.

Mash solo pudo mirar con la boca abierta.

-…¿Q-QUÉ?

-Tamamo soltó.

-¡¡¡NOOOO!!!

¡¡¿CÓMO SE ATREVE?!!

-gritó Nero con dramatismo, cayendo de rodillas cual tragedia griega.

-Eso fue trampa…

¡Eso fue asesinato emocional!

-dijo Mash, todavía procesando.

Kiyohime simplemente entrecerró los ojos con una sonrisa inocente.

-Ara~ ¿dijeron algo, queridas rivales?

Leonel, rojo como un tomate, se tambaleó hacia atrás.

-O-Oigan, ya fue mucho…

¡¡me están matando de estrés romántico!!

-Voy al centro de comando.

Si siguen así, me van a tener que revivir antes de cada singularidad -bromeó, medio cansado, medio divertido.

Kiyohime, Tamamo, Nero y Mash se quedaron mirándolo mientras se iba.

-…¿Lo seguimos?

-¡Por supuesto!

-¡El campo de batalla ahora será el centro de comando!

-S-Senpai, ¡espera por mí!

Y así, la guerra romántica quedaba en pausa temporal, mientras la próxima aventura de la humanidad estaba por comenzar…

[Centro de Comando de Chaldea] Las puertas del elevador se abrieron con un sonido mecánico y suave.

Leonel salió acompañado de Tamamo, quien caminaba alegremente a su lado, aún lanzando miradas suspicaces a Mash, quien avanzaba en silencio con sus manos juntas al frente, con ese aire profesional que la caracterizaba…

aunque algo sonrojada.

Nero, por otro lado, parecía aún ofendida por todo lo anterior, pero su porte imperial no le permitía quedarse atrás, por lo que marchaba como si fuera a una reunión senatorial.

Cerrando la fila estaba Jeanne d’Arc, serena, con una sonrisa amable y tranquila, que parecía poner un poco de orden a la caótica dinámica del grupo.

-¿Y Kiyohime?

-preguntó Leonel al notar la ausencia de la chica más impredecible del grupo.

-Dijo que tenía…

“algo importante que hacer”.

-respondió Mash, aún mirando de reojo hacia la sala común de donde salieron.

Tamamo frunció el ceño.

-¿Desde cuándo Kiyohime rechaza la oportunidad de seguir a Leonel-dono como un perrito enamorado?

-Algo raro debe estar tramando -añadió Nero, con los brazos cruzados y tono acusador.

[Cuarto de Leonel, Chaldea – Perspectiva de Kiyohime] La habitación estaba en silencio, con solo el leve zumbido de los sistemas de soporte vital de Chaldea sonando en el fondo.

Kiyohime se asomó por la puerta entreabierta del cuarto de Leonel como una sombra silenciosa.

Sus ojos brillaban con un fulgor emocionado y…

ligeramente desequilibrado.

-Ufufu…

tan confiado, tan desprevenido, tan…

mío.

Cerró la puerta detrás de sí y avanzó con pasos ligeros y gráciles, cargando consigo una bolsa llena de cuerdas de seda, incienso aromático, una almohada con forma de corazón…

y lo que parecía ser una poción que brillaba con un tono rosado sospechoso.

-Si esas vulgares kitsune y emperatrices creen que pueden ganarse el corazón de mi amado anata con solo un poco de piel y gritos, están muy equivocadas…

¡yo jugaré el largo juego!

Se agachó junto a la cama de Leonel y empezó a trabajar.

Movimientos rápidos y entrenados por años de “romántica devoción”.

Entre nudos elegantes, pequeñas trampas con resortes ocultos y una red muy discreta colocada justo sobre la cama, su plan iba tomando forma.

-Cuando regreses, estarás cansado…

vulnerable…

confiado…

¡y caerás justo en mis brazos!

-decía mientras sus mejillas se sonrojaban y soltaba una risa baja, envolvente, y muy peligrosa.

Dejó una carta perfumada encima de la almohada, escrita con una caligrafía bellísima y adornada con corazones.

> “Descansa bien, mi dulce.

Yo cuidaré de ti…

siempre.

Con amor ardiente, tu dulce Kiyohime ♡” Justo en ese momento, un ruido en el pasillo la hizo girarse rápidamente.

Era Emiya, pasando rumbo al comedor con las mangas arremangadas, sin mirarla directamente.

-No quiero saber nada de lo que estás haciendo ahí -dijo sin detenerse-.

Solo asegúrate de no destruir la habitación.

Otra vez.

-Ara~, Archer, no seas tan celoso~ -canturreó Kiyohime, asomándose por la puerta con una sonrisa inocente…

demasiado inocente.

-Solo mejora tu puntería con los ingredientes, no te metas en mis planes.

Emiya suspiró y siguió su camino.

Kiyohime cerró la puerta con un golpecito suave, volvió a ver su obra y suspiró con adoración.

-Todo está listo…

ahora solo queda esperar.

Ufufu…

— [Centro de Rayshift – Sala de Lanzamiento] Mientras tanto, Leonel, vestido ya con su uniforme de viaje, ajustaba su cinturón con ayuda de Mash.

Jeanne estaba haciendo una pequeña oración silenciosa por el éxito de la misión, mientras Tamamo y Nero discutían sobre quién debería estar más cerca de él durante el Rayshift.

-¡Claramente yo, la emperatriz de Roma, debo estar a su lado para brindarle mi inspiración divina!

-¡No, no, no!

Tamamo es esposa por naturaleza.

¡Debo protegerlo, cuidarlo, abrazarlo, alimentarlo, y dormir a su lado!

-¿Qué dijiste último?

-gruñó Nero, chispas en sus ojos.

Artoria Pendragon (Saber), de brazos cruzados, suspiró.

-¿Acaso no pueden centrarse en la misión?

-¿Podrías decirles eso mientras yo ajusto este guante?

-pidió Leonel, con una gota de sudor en la sien.

Mash solo asintió con una sonrisita muy discreta.

Da Vinci apareció en la plataforma de control.

-¡Muy bien!

Coordinadas listas, espíritus calificados, maná estable…

¡Todo listo para el Rayshift!

Romani también los saludó desde la consola.

-Buena suerte, chicos.

Esta singularidad parece…

compleja.

-¿Tienes algún mal presentimiento, doctor?

-preguntó Jeanne.

-…Siempre que Jeanne d’Arc está en la ecuación, el destino tiene sus propios planes -respondió, en parte en broma…

en parte en serio.

Con todos en posición, la cuenta regresiva inició.

-¡Iniciando Rayshift en 3…

2…

1…!

-¡Buena suerte, equipo!

-gritó Olga desde el fondo.

Una luz blanca los envolvió.

El grupo desapareció con un destello.

Mientras tanto…

Kiyohime, sentada en la cama de Leonel, balanceaba las piernas y suspiraba.

-Volverás…

y yo estaré esperándote…

♡ REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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