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Fate/Grand Persona - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Capitulo 25 Batalla en altamar
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26: Capitulo 25: Batalla en altamar 26: Capitulo 25: Batalla en altamar Ubicación: A bordo del barco de Drake – Dos semanas de viaje Día 1 – Comienzo del viaje El sol se alzaba sobre las aguas turquesa mientras el barco de Francis Drake zarpaba rumbo a las islas misteriosas.

El ambiente estaba cargado de energía y expectativas.

Drake, de pie en la proa, gritaba órdenes mientras sus marineros trabajaban como una maquinaria aceitada.

Leonel, rodeado por sus compañeras, observaba el horizonte, deseando que el viaje fuera tranquilo.

Spoiler: no lo sería.

Día 3 – Clase de navegación (¿o flirteo?) Artoria ofreció enseñar a Leonel a leer mapas náuticos.

—Para un Rey, el mar es solo otro reino —dijo con solemnidad.

Mientras ambos estaban sobre el mapa, Tamamo aparecía con una bandeja de té, insinuando: —No hay necesidad de mapas, mi querido esposo puede simplemente navegar directo a mi corazón.

Leonel se atragantó con el té.

Artoria levantó una ceja, incómoda.

Nero, que pasaba por ahí, solo murmuró: —Lo tiene bien merecido por ser tan popular…

Día 5 – El incidente de la bañera Leonel fue sorprendido por Jeanne, quien sin querer entró al baño mientras él estaba en la tina.

Se quedó congelada, los ojos abiertos como platos.

—¡P-perdón!

¡No sabía que estabas ahí!

—gritó, huyendo como si fuera un castillo en llamas.

Más tarde, Mash le lanzó miradas de juicio.

Tamamo preguntó en tono casual: —¿Y qué tan santa era la vista?

Leonel no sobrevivió verbalmente ese día.

Día 7 – Problemas de convivencia Nero y Tamamo, en su lucha constante por afecto, comenzaron a hacer competencia de cocina.

Resultado: la cocina del barco terminó hecha un caos, con harina volando, salsas derramadas y una batalla de cucharones.

Leonel tuvo que comer ambos platillos mientras las dos lo observaban intensamente.

—Esto sabe…

¿a rivalidad?

—murmuró con una sonrisa incómoda.

Día 10 – Sueños compartidos Durante una noche de cielo despejado, Leonel y Jeanne compartieron guardia.

Hablaron de fe, de ideales, y de lo que significa luchar por otros.

Jeanne lo miró con ternura.

—Eres diferente a cualquier Master…

quizás por eso, empiezo a temer lo que siento.

Leonel quedó en silencio.

Jeanne le regaló una sonrisa y volvió a mirar al mar.

Día 12 – Día sin camisa (involuntario) Durante una limpieza del barco, los piratas lanzaron agua a todos para “celebrar el buen viento”.

Leonel terminó sin camisa, mojado y brillando al sol.

Las reacciones fueron variadas: Nero: “¡Mi emperador brilla como el sol!” Tamamo: “¡Kyaaa~!” Mash: se cubre el rostro, pero espiaba entre los dedos Jeanne: se sonrojó y se fue corriendo Artoria: “Ridículo…

pero estéticamente correcto.” Día 14 – Última noche antes de llegar Una pequeña fiesta fue organizada por Drake para animar a la tripulación.

Hubo baile, música, y bebidas.

Leonel fue arrastrado a bailar por Nero, luego por Tamamo, luego por Mash, y finalmente por Jeanne, quien se dejó llevar por primera vez.

Artoria miraba desde lejos, en silencio.

Cuando Leonel fue a hablar con ella, solo dijo: —No bailo…

pero si me lo ordenas, lo haré.

Leonel negó con una sonrisa: —No quiero que me sigas como Rey…

quiero que viajes conmigo como igual.

Artoria desvió la mirada, sonrojada.

Ubicación: A bordo del barco de Francis Drake, cerca de las islas misteriosas Hora: Mañana, con un cielo parcialmente nublado y una brisa salada El mar se extendía calmo y profundo, la costa de las islas apenas visible en el horizonte.

Leonel y compañía se encontraban en cubierta, disfrutando de un descanso tras dos semanas de travesía.

Nero se apoyaba contra el mástil, tarareando una melodía antigua mientras miraba a Leonel con ojos enamorados.

Tamamo descansaba en su regazo como si fueran una pareja recién casada.

Jeanne y Mash revisaban su equipo a un costado.

Artoria, con su típica disciplina, tomaba su turno en el timón junto a un relajado pirata veterano.

Drake, con un catalejo en mano, sonreía confiada: —Con un poco de suerte, llegaremos al anochecer.

Si el viento se mantiene como está…

Pero entonces…

sucedió.

Un temblor violento sacudió el barco.

Las tablas crujieron, el mástil vibró y una onda expansiva desde el mar estalló como si algo gigantesco hubiera emergido y vuelto a hundirse en un instante.

—¡¿Qué demonios fue eso?!

—gritó uno de los marineros.

—¡El casco recibió daño!

¡¡Estamos tomando agua!!

—gritó otro.

Leonel se levantó de golpe mientras Tezcatlipoca se manifestaba parcialmente a su lado, sus ojos resplandecientes mirando al agua.

—Hay algo…

abajo.

Algo muy antiguo y muy hambriento —dijo la deidad maya con voz grave.

Drake arrojó el catalejo, tomó el timón de Artoria y gritó: —¡Todos a sus posiciones!

¡Prepárense para maniobras evasivas!

¡Y por el amor a lo que respeten, sujétense!

El mar se revolvía como si una serpiente colosal estuviera dando vueltas debajo del barco.

Vórtices se formaban a su alrededor, y tentáculos fugaces parecían asomar entre las olas solo para hundirse de nuevo.

Tamamo, ya en alerta, lanzó varios talismanes selladores al agua.

—¡No es un simple calamar, mi esposo!

¡Hay una maldición en este lugar!

Nero, desenvainando su espada con teatralidad: —¡Nada se atreve a dañar el escenario donde actúa la emperatriz!

Jeanne y Mash formaban una línea de defensa junto al mástil central, mientras que Artoria, con firmeza, se aseguraba de estabilizar el curso.

Leonel cerró los ojos un instante, buscando la guía de Tezcatlipoca.

—Es un ser espiritual que habita estas aguas, corrompido por la energía de la singularidad —informó la deidad—.

¡No lo vemos, pero nos acecha!

Necesitamos hacerlo salir.

—¿Cómo?

—preguntó Jeanne, conteniendo la presión del ambiente.

—¡Provóquenlo!

¡Que sepa que no somos presa fácil!

—exclamó Tezcatlipoca.

Tamamo y Mash se pusieron a lanzar hechizos y rayos de energía al agua.

Nero y Artoria, de pie en la proa, desafiaban al abismo con sus armas listas.

Entonces sucedió.

Una enorme criatura emergió brevemente de las aguas —tentáculos oscuros, ojos como faros rojos, y un cuerpo cubierto de escamas negras— antes de sumergirse de nuevo.

—¡Ese es el causante de los rumores en la isla!

—gritó Drake—.

¡Ese monstruo ha hundido más de un barco!

Leonel, decidido, gritó: —¡Prepárense para combatir si regresa, pero concentremos todo en sobrevivir hasta llegar a tierra!

¡Drake, guíanos!

—¡Por supuesto!

¡Este barco no ha sido vencido por hombre ni bestia!

—rugió la capitana con una sonrisa desafiante.

Ubicación: Mar abierto, cercanías de la isla de la singularidad Hora: Medio día, cielo gris y mar agitado ¡BOOM!

Otra sacudida hizo crujir las maderas del casco, y el barco de Drake dio un giro brusco, provocando que varios barriles salieran rodando.

Las olas eran enormes, como si el océano mismo hubiera despertado en furia.

Una sombra ciclópea bajo la superficie dejó claro que aquello no había terminado.

—¡Nos sigue atacando!

¡Maldito bicho no va a dejarnos llegar tan fácil!

—gritó Drake, empapada por el agua de mar, mientras giraba el timón con fuerza.

—¡Vamos en círculos!

¡No le daremos una línea recta para atraparnos!

El barco giraba con fuerza alrededor de la criatura, el timón chirriando con cada maniobra.

Mientras tanto, tentáculos colosales emergían de las profundidades, buscando aplastar o envolver el barco.

—¡Leonel!

¡Esto no parará hasta que le enfrentemos directamente!

—exclamó Tamamo, invocando múltiples talismanes de fuego que lanzaba contra los tentáculos, causando explosiones controladas.

Artoria, con su espada en mano, dio un salto prodigioso, cortando un tentáculo que amenazaba con derribar el mástil principal.

Su espada brillaba como un rayo.

—¡Esto es obra de una bestia corrompida!

¡No permitiré que lastime a mis aliados!

Mash y Jeanne estaban en la retaguardia: —¡¡¡Escudo desplegado!!!

—gritó Mash, protegiendo con su Lord Chaldeas las secciones más débiles del casco.

Jeanne, con su bandera al viento, recitaba bendiciones que mantenían la moral y fortalecían al equipo.

Leonel cerró los ojos en medio del caos, sujeta su colgante y susurra: —Tezcatlipoca…

¿qué es esta cosa?

La figura espiritual de Tezcatlipoca se manifestó parcialmente a su lado, flotando sobre cubierta con una mirada severa.

—Este no es un simple monstruo marino…

es el Kraken, el mismo de las leyendas, corrompido por la distorsión de la Singularidad.

Su mente está intoxicada por resentimientos antiguos y hambre perpetua…

No nos dejará avanzar mientras viva.

Leonel, con determinación, abrió los ojos.

—Entonces lo haremos retroceder…

o lo hundiremos.

Extendió el brazo: —¡Artoria, Tamamo!

¡Vamos a por su cabeza!

Tamamo saltó a una plataforma del costado, desde donde invocó una gigantesca esfera de fuego espiritual con forma de zorro: —¡Técnica secreta, Kitsune Pyrostorm!

¡A que esto te caliente los tentáculos, bestia fea!

La esfera explotó contra el torso del Kraken cuando emergió, revelando su enorme cuerpo con múltiples ojos, fauces dentadas y tentáculos llenos de ventosas espinosas.

Artoria invocó la energía de su Excalibur, y con un grito de guerra, se lanzó al ataque directo: —¡EX—CALIBUR!!!

Un haz dorado cortó a través del brazo principal del Kraken, haciendo que la criatura rugiera de dolor y se retorciera con furia, salpicando agua por toda la cubierta.

Leonel, mientras tanto, usó la visión táctica que Tezcatlipoca le ofrecía: —¡Sus ojos son sus puntos débiles!

¡Distraerlo y ataquen los más altos, eso hará que se sumerja!

Jeanne y Mash reforzaron la estructura del barco con todo lo que podían.

Drake, sudando pero sonriendo: —¡Así se habla!

¡Dale duro, guapo!

¡Este barco no se detiene por nadie, ni por un Kraken borracho!

El Kraken, en un rugido final de rabia, lanzó un tentáculo con fuerza descomunal que apuntó al centro del barco.

Leonel, con rapidez, saltó al frente y extendió ambas manos.

—¡Tezcatlipoca!

¡Ahora!

El dios invocó un enorme jaguar espiritual hecho de luz dorada que saltó desde el aire y desgarró el tentáculo en pleno vuelo, salvando el barco del golpe final.

El Kraken, herido y debilitado, emitió un chillido que hizo temblar el mar…

y comenzó a sumergirse, hundiéndose de nuevo en la oscuridad marina.

—¿Se…

fue?

—susurró Mash.

—No por completo —respondió Tezcatlipoca—.

Pero por ahora, nos ha permitido pasar.

El barco quedó dañado pero a flote.

El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de tonos anaranjados mientras la isla se acercaba cada vez más.

Tamamo y Nero se acercaron a Leonel, una a cada lado, exhaustas pero sonrientes.

—Mi esposo es tan valiente…

—susurró Tamamo.

—Nuestro emperador, como siempre, glorioso en batalla —dijo Nero con orgullo.

Mash, desde el fondo, los observaba con una mezcla de orgullo…

y celos.

Jeanne guardaba silencio, agradecida por la victoria.

Artoria miraba al horizonte, alerta aún.

Leonel, sudando, con el corazón latiendo con fuerza, solo pudo decir: —Y pensar que aún ni hemos tocado tierra…

Ubicación: Isla cercana a la Singularidad de Okeanos Tiempo: Atardecer, tras la batalla contra el Kraken Las velas colgaban rasgadas, la madera crujía y las reparaciones improvisadas apenas mantenían el barco a flote.

Drake, con su típica actitud audaz, apuntó con firmeza a una isla que se asomaba entre la niebla.

—¡A tierra!

Esa isla servirá para reparaciones de emergencia —gritó mientras daba órdenes a su tripulación.

Leonel, aún recuperándose del esfuerzo mágico con Tezcatlipoca, se acercó.

—¿Estás segura de esa isla, Drake?

Drake le lanzó una mirada intensa.

—No, pero tampoco tenemos muchas opciones si queremos seguir flotando.

Mientras el barco comenzaba a acercarse a la orilla, un extraño escalofrío recorrió a todos.

El ambiente estaba cargado, como si el aire mismo se resistiera a ser respirado.

El sol caía lentamente, tiñendo todo de rojo.

Tamamo frunció el ceño.

—Este lugar está…

maldito.

Hay magia aquí…

pero es inestable.

¿Lo sienten?

Artoria, en guardia, asintió.

—Hay algo más.

No solo magia.

Hay…

sangre en la tierra.

Mash hizo sonar su escudo.

—¡Todos atentos!

No estamos solos.

Apenas habían bajado del barco, los primeros rugidos sacudieron la selva densa que se alzaba cerca de la costa.

De los cielos, una sombra cruzó volando a gran velocidad, exhalando fuego en forma de una onda expansiva que estremeció el suelo.

—¡¿Eso es…

un dragón?!

—exclamó Jeanne, tomando su estandarte.

Leonel, con el instinto afilado, invocó a Tezcatlipoca una vez más.

El dios materializó parcialmente su rostro sobre el cielo nublado, observando.

—Lo que ves…

son ecos.

Criaturas que ya no pertenecen a este mundo, traídas por el Santo Grial.

Están deformadas por el tiempo, por el deseo y la sangre.

No obedecen a lógica, ni historia…

solo a la voluntad de quien controle ese poder.

—¿Una repetición de Orleans?

—preguntó Leonel, ajustando sus guantes.

—No.

Esto es peor.

Aquí, la historia ni siquiera intenta fingir coherencia —respondió el dios, con voz grave.

Un grupo de dragones menores, deformes y oscuros, emergió desde las laderas, descendiendo sobre el campamento improvisado.

Sus ojos brillaban con un tono púrpura enfermizo, la señal inconfundible de la corrupción del Grial.

Drake, sin dudarlo, desenvainó sus pistolas.

—¡¿Quién quiere carne de dragón asado?!

¡A mí no me tocan mi barco!

Nero, alzando su espada y su ego: —¡Nadie se atreve a interrumpir nuestra hora romántica y sale impune!

¡Hagámoslos polvo, mi querido Leonel!

Tamamo, rodeada de talismanes: —Un campo de inconsistencia histórica…

solo puede significar una cosa: ¡una singularidad al borde del colapso!

Jeanne, con firmeza: —¡Entonces debemos purificarla!

Mash se interpuso entre Leonel y una bestia que bajaba en picada: —¡Leonel, atrás!

Los dragones menores atacaban en grupo, lanzando fuego, embistiendo, intentando romper líneas.

Artoria, Mash y Jeanne actuaban como escudo.

Nero, Tamamo y Drake contraatacaban sin descanso.

Leonel, con Tezcatlipoca, analizaba sus patrones y comunicaba puntos débiles, como si fuera un estratega en medio del campo.

Cada dragón derrotado liberaba una onda mágica oscura, que desaparecía hacia el cielo.

—No son reales —murmuró Leonel—.

Son recuerdos violentos, alimentados por el Grial…

Uno de los dragones mayores apareció entonces, enorme, con escamas negras y ojos rojizos.

Este no se desintegró al morir: sufría, rugía con ira verdadera, era consciente.

—Este…

este sí fue alguien…

—dijo Mash con horror—.

¡Es un espíritu heroico que ha sido pervertido…!

Tras una batalla larga y brutal, el grupo logra hacer que las bestias retrocedan.

El terreno queda en ruinas, pero el barco puede ser reparado mientras montan guardia.

Leonel, agotado, observa el cielo.

—El Grial está aquí…

pero no en un solo sitio.

Está esparciendo su influencia, creando zonas de caos.

Y esto fue solo el principio.

Drake, limpiando su pistola: —Si Barba Negra está en esa dirección, apuesto a que esto es solo una fiesta de bienvenida.

Tamamo y Nero, aún algo nerviosas, se acomodan junto a Leonel.

Jeanne, en voz baja, sin mirar a nadie: —Quizá esta vez…

los milagros no sean suficientes.

Artoria, de pie con la espada al suelo: —Entonces no pidamos milagros.

Forjémoslos.

Los piratas sudaban mientras amarraban sogas, remendaban maderas y reforzaban costillas del barco.

El sol descendía poco a poco en el cielo anaranjado, mientras la playa quedaba teñida por manchas de ceniza, sangre y fuego.

Drake, con un puro en la boca y las manos en la cintura, observaba el casco dañado de su barco con expresión dura.

—Tch…

Esto no es una reparación sencilla —gruñó, escupiendo a un lado—.

A este ritmo, necesitaremos al menos tres días para dejarlo navegable.

Leonel, cubierto aún de marcas de batalla y con el abrigo rasgado, asintió con gravedad.

—¿Qué necesitas?

Drake no dudó.

—Madera.

Y no cualquiera.

Robusta, firme, que aguante el mar, los cañones y las bestias.

Pero esta maldita isla tiene árboles más flacos que los brazos de mi cocinero.

Mash, consultando su escáner: —Confirmado…

la flora no es apta para tallado naval.

No hay madera utilizable.

Un silencio incómodo los envolvió, hasta que…

—¡Entonces usemos escamas!

—interrumpió Tamamo-no-Mae, con su clásica sonrisa astuta—.

Las escamas de un dragón adulto son más resistentes que el acero templado.

Y tenemos una reserva natural justo aquí.

Nero, cruzando los brazos con teatralidad y altivez, apoyó la propuesta con entusiasmo.

—¡Magnífica idea!

¡Mi querido Leonel, imagina qué gloriosa embarcación podríamos tener, decorada con la esencia de una criatura mítica!

Sería digna de una emperatriz…

y de su emperador, por supuesto~ Leonel parpadeó, procesando la locura que acababan de sugerir.

—¿Están diciendo que…

debemos ir al nido de los dragones adultos que nos atacaron y arrancar sus escamas?

—Exactamente —dijo Tamamo con una mirada felina—.

No necesitas pelear si no están…

Solo tomar prestado.

O al menos…

intentarlo.

Jeanne, claramente incómoda: —Eso suena como una blasfemia…

y una temeridad.

Artoria, apoyando la espalda contra una roca, asintió con expresión seria: —Pero viable.

El material sería ideal.

Y…

creo que ya nada aquí sigue las reglas de este mundo.

Drake, soltando una risa: —¡He oído peores ideas en una taberna de borrachos!

Si lo logran, reforzaremos el barco mejor que nunca.

Leonel, al final, dejó escapar un suspiro.

Su mirada fue al bosque oscuro más allá de la playa, donde los árboles eran escasos…

pero las sombras de enormes alas se desvanecían en la niebla espesa.

—Muy bien.

Vamos por esas escamas.

Y con voz baja, agregó para sí mismo: —Solo espero que los dragones no estén en casa…

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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