Fate/Grand Persona - Capítulo 28
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Capítulo 28: Capitulo 27: Piratas
La brisa marina acariciaba las velas del barco, que avanzaba plácidamente por el mar abierto. No había señales de otras embarcaciones, islas, ni mucho menos enemigos. Solo cielo y agua.
Tamamo, en la proa del barco, tenía los ojos cerrados, concentrándose profundamente. Sus orejas de zorro temblaban levemente, como si buscaran algo más allá del viento.
-Mmm… aún nada… ningún eco del Grial…
Cansada, se sentó en la cubierta. Leonel, que la había estado observando con una leve sonrisa, se acercó en silencio y se arrodilló frente a ella. Sin decir nada, le acarició el rostro con ternura, lo que hizo que Tamamo soltara un pequeño suspiro encantado.
Tamamo:
-Mi señor… si sigues mimándome así, perderé el control…
Leonel, con una leve risa:
-No quiero que te agotes. Ya estás haciendo más de lo que cualquiera podría. Gracias por no rendirte.
Tamamo, visiblemente animada, se estiró y lo abrazó con fuerza.
-Con tu amor, puedo seguir hasta el fin del mundo.
Leonel, ya solo, se recostó contra la baranda del barco. Su mirada perdida en el horizonte. Las olas tranquilas contrastaban con la tormenta silenciosa dentro de él.
Leonel (pensamiento):
“Llevamos días navegando… y aún nada. ¿Y si estoy guiándolos directo a un callejón sin salida? ¿Y si… fallo?”
-¿Estás bien? -interrumpió una voz suave, pero firme.
Leonel se volteó y vio a Jeanne, de pie, mirándolo con preocupación. Vestía su habitual armadura blanca con azul, pero su expresión era enteramente humana. Cercana.
Leonel:
-Sí, solo pensaba… o bueno, preocupándome.
Jeanne se acercó y se sentó a su lado, dejando que el silencio hablara por unos segundos.
-Sabes… he estado observándote. Cargas mucho sobre tus hombros, más de lo que cualquier persona debería.
Leonel suspiró.
-No soy un héroe. Solo soy alguien a quien arrojaron a esto… y si fallo, todos los que confían en mí… tú, Mash, Nero, Tamamo, Drake… todos pueden morir. Eso me aterra.
Jeanne lo miró con compasión, luego puso una mano sobre la suya.
-Los verdaderos líderes no son los que nunca dudan… son los que, aun con miedo, siguen adelante. Como tú lo haces.
Leonel, sorprendido por su ternura, desvió la mirada, pero no retiró su mano.
-Además… no estás solo -añadió ella con una leve sonrisa-. Si alguna vez caes, estaré ahí para levantarte. Esa es mi promesa.
Leonel sintió su pecho apretarse. No era como el afecto apasionado de Tamamo ni la adoración imperial de Nero. Lo que sentía en Jeanne era… calidez. Honestidad. Algo puro.
-Gracias… Jeanne.
Ella solo asintió, y por un instante, solo se quedaron así, con las manos unidas y el sonido del mar llenando el espacio entre ellos.
Mientras el día caía y las nubes teñían el cielo de naranja, Tamamo en la proa abrió los ojos de golpe. Sus orejas se erizaron.
-¡Una señal! ¡Sutil, pero poderosa… está cerca!
Al escucharla, Leonel se levantó con renovada energía. Jeanne, a su lado, compartía su determinación.
Desde el timón, Drake gritó emocionada:
-¡Por fin algo de acción! ¡Todos prepárense, que nos dirigimos directo al corazón de este misterio!
El cielo se había teñido de un azul profundo cuando Tamamo alzó la voz desde la proa del barco. Sus ojos brillaban con intensidad, sus orejas de zorro firmes y alerta.
-¡Ahí está! ¡La señal mágica se intensifica… justo al frente!
Drake, sin perder tiempo, giró el timón con fuerza y rugió con emoción:
-¡Sujétense! Vamos directo hacia la fuente de esa señal.
Las olas rompían contra el casco del barco como si el mar mismo advirtiera del peligro que se avecinaba. Y entonces, al emerger entre una neblina espesa, lo vieron.
Un barco colosal, al menos el doble del tamaño de la nave de Drake, con velas desgastadas y mástiles decorados con cráneos y cadenas oxidadas. El barco parecía salido de una pesadilla… o de una leyenda olvidada.
Pero lo más inquietante no fue su tamaño ni su apariencia.
Fue la bandera.
Una calavera negra con una corona torcida, dos sables cruzados y una serpiente enrollada en los huesos… ondeando en lo alto.
Drake, al verla, dio un paso atrás con los ojos abiertos de par en par.
-Esa bandera… no… ¡no puede ser!
-¿Lo reconoces? -preguntó Leonel con cautela.
Drake asintió con la voz temblorosa.
-Es la bandera del “Dread Leviathan”… el buque insignia de la tripulación de Barbanegra. Fue destruido hace años. ¡Eso es imposible!
Leonel frunció el ceño, procesando la información. Recordó las palabras del informante: “Un barco que no debería existir, comandado por un capitán muerto…”
Sutilmente, giró la cabeza hacia Tamamo y Nero, quienes ya estaban tensas.
Tamamo, sin hablar, asintió lentamente. Sus orejas se aplanaron levemente, señal de que había percibido algo más.
Nero, por su parte, entrecerró los ojos y con un tono bajo y solemne, dijo:
-No hay duda… esa presencia no es humana.
Leonel cerró los ojos por un instante, conectando con Tezcatlipoca, quien confirmó la sospecha:
-Ese navío lleva en su interior a un Servant poderoso… y perturbado. La magia que lo envuelve no es natural. Puede que el Santo Grial haya intervenido directamente con él…
Mash apretó su escudo con fuerza.
-Entonces… ¿estamos frente al enemigo?
Jeanne, firme como siempre, avanzó al lado de Leonel.
-Aún no sabemos su intención. Pero no podemos bajar la guardia.
Leonel asintió.
-Drake, acércanos… con precaución. Si ese barco está aquí, puede que sea parte del núcleo de esta singularidad. Y eso lo convierte en una amenaza… o en una pista vital.
Drake, recuperando su temple, sonrió con arrogancia pirata.
-Ya tengo preparada una buena línea para recibir a esos bastardos si intentan algo. ¡Preparados todos! ¡Y que no se diga que Francis Drake teme a los fantasmas del pasado!
El barco viró suavemente en dirección al “Dread Leviathan”. La niebla comenzaba a espesarse otra vez.
Todos en cubierta estaban listos, sus corazones latiendo con fuerza. Delante de ellos, la leyenda del terror pirata volvía a surcar los mares, y Leonel, acompañado por sus leales Servants, estaba por descubrir qué rostro tenía el enemigo que custodiaba este mar maldito.
El mar estaba en silencio, casi reverencial, mientras ambos barcos -el de Drake y el temido Dread Leviathan- flotaban frente a frente, tan cerca que el crujir de la madera y el sonido de las velas ondeando se podían escuchar con claridad. La tensión era casi palpable.
Y entonces, entre la niebla que comenzaba a disiparse por la brisa salada del mar, una figura se alzó sobre la cubierta del navío enemigo.
Una carcajada chillona, chillante y desagradable rasgó el silencio como un cuchillo oxidado.
-¡Fufufufu! ¡Así que eres tú, Francis Drake! ¡Vieja bruja del mar y destructora de mi legendario encanto pirata! -exclamó con teatralidad Edward Teach, más conocido como Barbanegra.
Llevaba su clásica vestimenta negra adornada con calaveras falsas y banderas con corazones rotos. Tenía una mirada chispeante y claramente desequilibrada, además de una sonrisa que daba escalofríos por su intensidad.
Drake, con una vena marcada en la frente, chasqueó la lengua.
-¿Bruja, dijiste? ¡Tienes el descaro de llamarme bruja cuando tú pareces un otaku que se cayó dentro de un barril de pólvora y sobrevivió por milagro, bastardo con complejo de secundaria tardía!
Barbanegra puso cara de indignado exagerado.
-¡Oye! ¡Este look es de lo más elegante y moderno en el inframundo pirata! ¿No sabes apreciar el estilo de un verdadero amante del moe?
Dicho eso, desvió la mirada a las chicas del barco de Leonel. Su expresión pasó de exagerada a aún más perturbadora. Miró a Tamamo, Nero, Jeanne, Artoria, Mash… y entonces se detuvo.
-Hmm… ¿Qué clase de fiesta es esta? ¡¡¿¿Dónde están las lolis??!! -gritó con total descaro y lágrimas de frustración-. ¡¿Cómo se atreven a zarpar por los mares sin una dulce chica menudita e inocente?! ¡Esto es una falta de etiqueta pirata!
El silencio en el barco de Drake fue inmediato y demoledor.
Todos -Leonel, Jeanne, Mash, Nero, Tamamo y Artoria- giraron lentamente a ver al pirata degenerado con una mezcla de asco, incomodidad y desaprobación absoluta. Incluso Drake se llevó una mano a la cara como si acabara de presenciar un naufragio en cámara lenta.
-¡Qué horror…! -murmuró Mash, retrocediendo medio paso.
-Eso explica por qué su barco huele tan raro -añadió Jeanne con un tic nervioso en la ceja.
Nero, cruzada de brazos, miró a Leonel y dijo con tono grave:
-Mi emperador… jamás permitas que te acerques a esa criatura. Tiene una mirada que ni los tigres de mis coliseos.
Tamamo, notablemente irritada, extendió un talismán con una sonrisa dulce que no engañaba a nadie.
-Si me das permiso, esposo, puedo purificarlo de… todo.
Leonel, tratando de mantener la compostura mientras reprimía las náuseas, carraspeó.
-Estoy sorprendido de que el Santo Grial haya traído a alguien como tú… pero a la vez, tiene sentido. Nada dice caos como tú.
Barbanegra, ajeno al desprecio colectivo, alzó los brazos como si fuera una estrella de rock.
-¡Exacto! ¡Yo soy el Caos! ¡El Verdadero Espadachín del Amor Imposible! ¡El Gran Fan de las Lolis que cruzó los siete mares buscando su felicidad! ¡Barbanegra, el Degenerado Pirata Supremo!
Drake, que ya estaba roja de la ira, sacó su pistola y apuntó sin dudar.
-Me das una excusa… una sola excusa, Edward, y te borro esa sonrisa de idiota de la cara.
Barbanegra, como si nada, soltó un gritito dramático y se escondió tras la barandilla de su propio barco, espiando con ojos chispeantes desde una rendija.
-¡Uwah~! ¡Amo cuando te pones ruda! ¡Tsundere nivel diosa!
Leonel suspiró pesadamente.
-Y pensar que este tipo tiene un Servant-rango… el Grial realmente no tiene estándares.
Tezcatlipoca murmuró en su mente:
-Este hombre es una malformación cultural. Lo más peligroso no es su poder, sino lo que dice.
El ambiente se tensó hasta quebrarse.
Barbanegra, al ver que ni Drake ni Leonel cedían ante sus “maravillosas” ofertas de paz (que incluían convertir a todos en parte de su tripulación de idols), chasqueó los dedos con dramatismo y gritó:
-¡¡Muy bien, si no quieren un contrato de exclusividad, entonces… a pelear se ha dicho!! ¡Tripulación, al abordaje! ¡Y ustedes, mis sirvientes preciosas y musculosas, es hora del espectáculo!
Desde su barco emergieron tres figuras distintas:
Anne Bonny y Mary Read, ambas compartiendo el mismo Spirit Origin, montadas juntas en un cañón pirata modificado, con un aura de sincronía inquebrantable.
Anne tenía una sonrisa seductora y una pistola en cada mano. Su cuerpo maduro y elegante contrastaba con el de Mary, quien era pequeña, de complexión infantil, y con una espada más grande que ella.
-Listas, Mary.
-¡Claro, Anne! ¡Vamos a acabar con esto rápido!
Barbanegra les lanzó un beso exagerado a Mary.
-¡Mi dulce angelito letal, destroza sus corazones~!
Luego volteó a Anne y le hizo una mueca de fastidio.
-Y tú… trata de no arruinarlo.
Anne frunció el ceño y le mostró el dedo medio sin perder la sonrisa.
-Con gusto.
Luego vino el rugido de guerra del Berserker, Eric Bloodaxe, un gigante musculoso con una hacha ensangrentada que hacía temblar la cubierta con cada paso.
-¡¡¡SANGRE!!!
-Dios, otro más con complejo de volumen máximo -dijo Nero, rodando los ojos.
Por último, con calma, apareció el Lancer Hektor, que alzó una ceja y suspiró.
-¿En serio vamos a hacer esto otra vez? Estoy viejo para estos despliegues…
Drake dio un paso al frente, sacando sus pistolas gemelas.
-¡A sus puestos! ¡Cañones, fuego de cobertura! ¡Y tú, Leonel, haz lo tuyo con la magia!
Leonel, en la retaguardia junto con Mash y Tamamo, activó la comunicación mental con Tezcatlipoca.
-¡Tezcatlipoca, necesito toda la información que puedas darme sobre sus formaciones y debilidades!
-Ya está hecho, niño. Anne y Mary tienen puntos débiles cuando se separan, Eric entra en frenesí si daña mucho pero pierde visión táctica, y Hektor es lento pero imparable si no lo bloqueas bien. Barbanegra… bueno, su punto débil es su propio ego.
Leonel activó el canal mágico mental con todos los que estaban en ofensiva.
-Artoria, ve a por Bloodaxe. Nero, cubre a Jeanne en su carga contra Hektor. Jeanne, mantén la línea. No dejen que Anne y Mary se separen mucho. Tamamo, refuerza a Jeanne y Artoria primero. Mash, quédate conmigo. ¡Vamos!
Nero desenfundó su espada con una risa triunfal.
-¡Hora del espectáculo imperial!
Artoria asintió con seriedad, corriendo con su espada en alto mientras saltaba al barco enemigo.
Jeanne rezó un instante antes de cargar al frente, su estandarte ondeando con fuerza.
Tamamo, con varios talismanes en mano, susurraba conjuros.
-Refuerzo divino, barrera antimagia, y… ¡una caricia para el esposo más guapo! -gritó lanzándole una bendición mágica a Leonel con forma de corazón rosa que lo rodeó de una ligera brisa protectora.
Leonel se sonrojó.
-¡Tamamo, concéntrate!
-¡Estoy concentradísima, esposo~!
Mash, por su parte, mantuvo su escudo firme, bloqueando cualquier disparo o pirata que se acercara a Leonel.
El choque de espadas, gritos y cañones fue ensordecedor. El mar rugía, salpicando las cubiertas mientras ambos barcos se unían en una batalla brutal.
Drake, ignorando los demás conflictos, caminó directamente hacia Barbanegra, sus pasos firmes.
-Es hora de saldar cuentas, Edward.
-¡¿Ya tan pronto?! ¡Aún no he presentado a mi waifu número cinco!
Sin decir más, Drake disparó, obligando a Barbanegra a refugiarse tras una vela rota.
La lluvia de balas abrió la escena. Las pistolas de Anne Bonny y Mary Read disparaban sin piedad mientras reían en sincronía. Sin embargo, Jeanne d’Arc alzó su estandarte justo a tiempo.
-¡Luminosité Eternelle! -gritó con determinación.
Una barrera brillante se desplegó en el aire como un domo sagrado, deteniendo cada bala con un sonido metálico celestial. Aun así, la presión del fuego cruzado no cedía.
-¡Ahora, Nero! -gritó Jeanne.
Nero Claudius rugió con su típica pasión teatral, corriendo como una leona hacia las pistoleras. Sin embargo, una lanza cruzó el aire, obligándola a retroceder. De pie en su camino estaba Hektor, de la clase Lancer.
-Tú debes ser el “Emperador”. Me temo que no dejaré que vayas más lejos, jovencita -dijo Hektor, girando su lanza con una precisión milimétrica.
-¡Qué grosero eres! ¡Soy una emperatriz! ¡Y no aceptaré menos que respeto y admiración! -replicó Nero, lanzando un tajo que Hektor desvió sin siquiera moverse de su sitio.
Al otro lado, Artoria Pendragon avanzó sin vacilar, solo para encontrarse con un alarido salvaje que estremeció la madera.
-¡¡¡BLUUUUT!!!
Eric Bloodaxe, su cuerpo cubierto de runas y cicatrices, levantó su hacha colosal y la lanzó en un golpe vertical brutal.
Artoria apenas logró esquivarlo, el golpe destruyendo parte del mástil detrás de ella.
-Un Berserker, eh… Tendré que ser precisa.
Nero atacaba con gracia y elegancia, su Aestus Estus brillando con cada tajo. Pero Hektor, aunque con cara de “esto es una molestia”, respondía como un verdadero veterano.
-Tu estilo es bello, pero tiene demasiadas aberturas -comentó, desviando otro golpe y contraatacando con un giro bajo.
-¡Insolente! ¡Mis movimientos son arte! ¡No los entenderías, anciano! -gritó Nero, saltando hacia atrás con una voltereta.
Hektor suspiró.
-¿Por qué todos los enemigos de hoy tienen tanta energía…? Mi espalda me va a matar mañana…
Aun con eso, el intercambio era intenso: fuego y filo contra lanza y experiencia.
Jeanne giraba su estandarte como un molino de justicia, deteniendo cada disparo de Anne Bonny, mientras Mary corría por los flancos como una niña endemoniada.
-¡Vamos, hermanita! ¡A ver cuánto resiste la santa!
-¡No es santa, es molesta! -gruñó Anne, recargando con rabia.
Jeanne, aunque a la defensiva, no cedía.
-¡No pelearé para matar! ¡Pero no dejaré que pasen!
Un disparo impactó su hombro, pero Jeanne resistió con firmeza, lanzando un empuje con su estandarte que obligó a ambas pistoleras a separarse.
Mary, en su pequeña forma, lanzó una granada improvisada. Jeanne apenas logró saltar a tiempo, pero quedó expuesta.
-¡Ahora! -gritaron ambas hermanas a la vez.
La batalla más brutal era sin duda la de Artoria y Eric.
El Berserker golpeaba con fuerza bruta, cada ataque era como el golpe de una catapulta. Pero Artoria, usando su velocidad y técnica, se mantenía al filo del peligro.
-¡Tú… no… entiendes… la gloria… de la batalla! -gruñía Eric, cada palabra entre alaridos.
-No. Pero entiendo el deber. -respondía Artoria, su Excalibur rugiendo con cada choque.
Finalmente, Eric logró atraparla en una embestida cuerpo a cuerpo, lanzándola contra la barandilla. El impacto le cortó el labio y la dejó aturdida.
Pero Artoria se levantó.
-Yo… soy la espada de la victoria. ¡No perderé aquí!
Empuñó su espada con ambas manos. La luz de Excalibur empezó a brillar.
Mientras tanto, en el barco de Drake, Leonel y Tamamo seguían apoyando con información mágica.
-¡Leonel, las pistoleras pierden sincronía cuando Mary se separa!
-¡Gracias, Tezcatlipoca! ¡Jeanne, sepáralas y ataca primero a Mary!
-¡Nero, no intentes ganarle por fuerza a Hektor, hazlo bailar en su lugar!
-¡Artoria, el cuello de Eric está cubierto por su propia hacha, apunta a sus piernas primero!
Tamamo, canalizando magia desde lejos, lanzó un hechizo de refuerzo sobre Artoria.
-¡Ánimo, querida! ¡Deja que tu zorrita favorita te dé un poco de poder mágico!
-¡Tamamo! ¡Concéntrate! -gritó Leonel, desesperado.
-¡Lo estoy haciendo~! -respondió con guiño coqueto.
-No es nada personal, emperatriz -dijo Hektor, girando su lanza con una precisión casi aburrida-. Solo quiero terminar con esto rápido y volver a dormir la siesta.
-¡Impertinente! ¡Decirle eso a una emperatriz que se digna a luchar contigo es imperdonable! -bramó Nero Claudius, su Aestus Estus ardiendo en sus manos como un sol al atardecer.
Nero lanzó una estocada a la garganta de Hektor, seguida de un tajo ascendente. Pero Hektor… ya no estaba ahí. Su lanza interceptó el golpe sin esfuerzo, su pie giró en un movimiento perezoso pero calculado, y se deslizó hacia un lado.
-Demasiado impulso. Dejas tu flanco izquierdo abierto. Te van a herir -comentó sin emoción.
-¡Ya veremos, viejo estratega de cuarta!
Otro embate. Luego otro. Y otro. Nero atacaba desde ángulos inesperados, con cambios de ritmo y falsos movimientos. Pero la lanza de Hektor era como una muralla invisible. Cada golpe encontraba una defensa, cada movimiento de Nero era leído y respondido como si el veterano supiera lo que haría antes que ella misma.
Desde el barco de Drake, Leonel observaba frustrado.
-¡¿Cómo puede bloquearlo todo?! ¡Es como pelear contra el mar mismo… no hay apertura!
-Tiene el aura de un defensor de civilizaciones, -comentó Tezcatlipoca desde la mente de Leonel-. Él protegió Troya hasta el final. No peleas contra un hombre, peleas contra la última muralla de un mundo perdido.
Leonel cerró los ojos, enfocado.
-Entonces necesitamos algo que él no pueda calcular… algo que solo Nero pueda hacer.
Se comunicó con ella:
-¡Nero! No pienses como emperatriz. Piensa como artista. Pelea como si fueras a dejar una obra maestra en este barco.
-¡Oh, Leonel! ¡Tus palabras me llenan de inspiración! -gritó Nero con renovado brillo en los ojos-. ¡Hoy esta emperatriz mostrará su mejor función!
Nero retrocedió un paso. Se tomó un segundo. Respiró. Su mirada se volvió más serena, más controlada. Ya no era solo la mujer apasionada que combatía por amor o ego. Era una artista sobre el escenario.
-¡Aestus Domus Aurea… aún no! Pero este escenario es mío, ¡y este es mi público!
Hektor frunció el ceño.
-¿Qué trama esta mujer…?
La siguiente ofensiva de Nero no fue brutal ni rápida. Fue hermosa.
Trazos de acero, pasos elegantes, esquives que parecían parte de un ballet de guerra. Hektor, por primera vez, no tenía claro el patrón. Su defensa comenzó a fracturarse levemente. No por errores, sino porque el arte no sigue lógica, y el instinto de Nero brillaba con fuerza.
-¡Aquí voy! -gritó Nero, lanzándose por la derecha, solo para frenar de golpe y girar por la izquierda, como un pincel creando una curva inesperada.
Hektor levantó su lanza, pero no a tiempo.
Un corte rozó su mejilla. Sangre.
-…¿Me heriste? -dijo sorprendido, llevándose la mano al rostro.
-¡Tu muralla fue derribada por la pasión de una emperatriz! ¡Admite tu derrota con dignidad, Hektor de Troya!
Hektor sonrió, por primera vez genuinamente.
-Heh… vaya. Eres más peligrosa de lo que aparentas… Me rindo. No quiero morir aquí. Me caes bien, al final.
Nero bajó su espada, respirando con fuerza, pero su expresión era victoriosa, radiante.
Desde la distancia, Leonel aplaudió con una sonrisa.
-Lo hiciste increíble, Nero…
-¡Gracias, mi emperador! ¡Una actuación gloriosa solo merece un final digno! -gritó ella, enviándole un beso dramático a Leonel desde la cubierta enemiga.
El crujir de la madera bajo las botas de acero de Artoria apenas era audible frente al bramido infernal de Eric Bloodaxe, quien saltó hacia ella con su hacha levantada como si fuese a partir el mundo en dos.
-¡GRRRAAAAHHH!!! -rugió con una locura inhumana, sus ojos desbordando fuego berserker.
Artoria levantó su espada con ambas manos, recibiendo el impacto con una defensa justa, pero el golpe fue tan brutal que la hizo retroceder varios metros, dejando marcas profundas en la madera del barco.
-Es más fuerte de lo que parece… -dijo entre dientes, su voz firme pero tensa.
Eric no se detenía. Como una tormenta de violencia, golpeaba con hachazos gigantes, sin ritmo ni lógica, pero con una brutalidad que podía aplastar a cualquiera.
Artoria esquivaba, bloqueaba, retrocedía. Pero cada impacto sacudía su brazo, cada defensa la empujaba más cerca del borde del barco.
Desde la retaguardia, Leonel analizaba el patrón errático de Eric.
-¡No hay estrategia… pero hay patrones! ¡Tezcatlipoca, ayúdame a aislarlos!
-Listo. El segundo ataque tras cada rugido deja abierta la parte derecha de su espalda. Artoria puede usar eso.
-¡Artoria, cuando lo escuches rugir dos veces, ataca su costado derecho después del segundo hachazo! ¡Es tu apertura!
Artoria, en pleno movimiento, recibió la instrucción por su comunicador. Asintió en silencio.
-Gracias, Leonel… -murmuró.
Eric volvió a gritar, esta vez más fuerte, más errático. El primer golpe cayó verticalmente, y el segundo fue un tajo cruzado. ¡Justo como Leonel predijo!
Artoria giró con gracia y determinación, la Excalibur brilló con un dorado tenue al recibir la luz de las llamas del combate. Se deslizó bajo el hacha y asestó un corte certero en el costado de Eric, generando una herida profunda.
El berserker gritó de furia, girando en un intento de aplastarla, pero Artoria retrocedió con elegancia, su respiración controlada.
-No importa cuán fuerte seas… tu furia no eclipsará mi deber -dijo con solemnidad.
El combate continuó. Herida tras herida, Eric seguía de pie como un coloso iracundo. Pero las instrucciones constantes de Leonel, guiadas por Tezcatlipoca, le permitían a Artoria avanzar, paso a paso.
Hasta que…
-¡GRRRAAAAAA-!!
Ese rugido, más fuerte que todos. Un hacha alzada con intención de terminarlo todo. Una apertura mortal.
-¡Ahora! -gritó Leonel.
Artoria dio un salto, envolviendo su espada en luz sagrada y con un grito que resonó con poder caballeresco, descendió:
-EXCALIBUR!
El golpe atravesó el torso de Eric en un arco perfecto, lanzándolo hacia atrás, donde finalmente cayó con un estruendo de carne y hierro. El berserker había sido derrotado.
Leonel, aliviado, suspiró mientras la conexión se estabilizaba.
-Buen trabajo, Artoria… fue una batalla increíble. Estoy orgulloso de ti.
Artoria, aún con la respiración agitada, miró en dirección al barco de Leonel, donde él la observaba. Por un momento, su corazón, normalmente firme como una roca, dio un vuelco sutil.
-T-Te lo agradezco… Leonel -dijo en voz baja, apenas audible para sí misma-. No es momento para distracciones… pero… gracias.
El rubor en sus mejillas apenas duró un instante antes de volver a su postura caballeresca, lista para seguir luchando.
Jeanne corría, escudo en mano, intentando cerrar distancia. Pero una ráfaga de balas disparada por Anne Bonny la obligaba a cubrirse.
-¡¿Qué pasa, santa?! ¿No puedes volar? -gritó Anne con una sonrisa arrogante, disparando con su mosquete de diseño barroco.
Desde una torre cercana, Mary Read, pequeña y ágil, apuntaba con una precisión que no se esperaba de su estatura. El fuego venía de dos ángulos distintos. Una trampa perfecta para inmovilizar.
-¡No me lo pondrán fácil! -murmuró Jeanne, su cuerpo lleno de rasguños, su ropa rota por el fuego cruzado.
No podía avanzar sin ser alcanzada. No podía retroceder sin exponerse. Estaba atrapada.
-Leonel -dijo Tezcatlipoca con voz intensa-, esta formación de tiro cruzado solo tiene una debilidad: un ángulo muerto desde la zona de los barriles vacíos, al este de Jeanne.
-¡Pero está a campo abierto! Si corre hacia allá sin protección, será un blanco fácil -replicó Leonel.
-Sí… a menos que confíes en ella. Y en ti.
Leonel tragó saliva, luego respiró hondo.
-Entonces es hora de apostar fuerte.
Activó el comunicador.
-Jeanne, tengo un plan… pero necesitas creer en mí más que nunca. Es peligroso. Si fallamos, te alcanzarán.
Hubo silencio por un segundo. Luego, la voz decidida de la santa respondió.
-Leonel… confío en ti. Dímelo.
-Vas a correr a campo abierto. Esquiva hacia la derecha en zigzag. Mary disparará primero, desde su torre. Esa bala está cargada con magia. Luego, Anne tendrá un retraso de 1.2 segundos. Justo ahí, lánzate a los barriles. A partir de ahí, irás rodando hasta la cuerda principal. La cuerda está tensada: es tu línea de aproximación. ¡Córrela y salta sobre ella!**
-…Eso suena imposible.
-Para cualquiera, excepto para ti.
Jeanne sonrió.
-Entendido.
Jeanne corrió. Las balas volaron. Mary disparó primero, con una bala tan potente que partió una caja detrás de Jeanne.
Jeanne zigzagueó con pasos ligeros, su escudo bloqueando una de las balas que no pudo evitar.
-¡Ahora! -gritó Leonel.
Ella se lanzó de costado, rodó hacia los barriles, luego se impulsó con la pierna izquierda. Sus dedos tomaron la cuerda principal que conectaba los mástiles del barco.
Como una acróbata divina, corrió por la cuerda, el fuego enemigo pasando debajo de ella como una tormenta metálica.
-¡¿Qué-?! -gritó Anne, sin tiempo para girar.
Jeanne gritó:
-¡Mi espada es la voluntad del cielo!
Saltó desde la cuerda, cayendo sobre Anne Bonny con la lanza de su estandarte, golpeándola y desarmándola con un solo ataque limpio.
Mary trató de disparar desde su torre, pero Jeanne ya lo sabía. Giró sobre sí misma, lanzó el asta de su bandera como jabalina y destruyó el cañón del arma de Mary.
-¡Ah…! -exclamó la pequeña, cayendo de su posición, derrotada pero viva.
Jeanne, con la respiración agitada, se puso de pie, cubierta de polvo y sangre, pero con la bandera aún en mano.
Leonel, desde el barco, sonrió con orgullo.
-Lo hiciste… te dije que lo lograrías.
Jeanne cerró los ojos, dejando que el viento marino la bañara.
-Y tú me lo hiciste creer.
El combate entre Francis Drake y Edward Teach, alias Barbanegra, era feroz y ruidoso. El rechinar de sus espadas llenaba el aire, cada golpe soltaba chispas y cada estocada podía ser la última.
-¡Vas muy lenta, bruja del mar! ¡Este barco será mío! -gruñó Barbanegra, empujando con fuerza bruta.
Drake respondió con una sonrisa confiada.
-Viejo sucio… Deberías preocuparte más por tus pies.
Barbanegra no lo notó, pero Drake había redirigido el combate hacia una zona de cuerdas sueltas y objetos esparcidos. En un momento de descuido, resbaló ligeramente, apenas medio segundo… suficiente.
-¡Ahora! -gritó Drake.
Con un giro elegante, su espada impactó directo en el abdomen de Barbanegra, un golpe crítico que lo hizo escupir sangre al instante. La tripulación de Drake vitoreó, mientras que los esbirros de Barbanegra miraban con horror.
Teach cayó de rodillas, jadeando.
-Mal…dita… sea…
Drake bajó la guardia, su respiración agitada. Se acercó lentamente, con la intención de acabar con el duelo o tal vez interrogarlo.
Pero en ese instante, sin que nadie lo esperara, Hektor apareció por la espalda de Barbanegra.
-Lo siento… viejo -dijo Hektor con su voz desganada, pero con una mirada seria, determinada.
Su lanza atravesó el cuerpo de Teach de lado a lado.
Barbanegra abrió los ojos, boqueando por aire.
-¡¿Tú… también…?! Maldito traidor…
Cayó de frente, muerto al instante.
Drake retrocedió, sorprendida y confundida.
-¡¿Hektor… qué estás-?!
Hektor no respondió. Con movimientos calculados, se agachó y sacó del cinturón de Teach un objeto envuelto en magia dorada: el Santo Grial.
-Era una molestia mantenerlo con vida. Y ustedes son demasiado lentos -dijo mirando directamente a Leonel, que recién acababa de llegar a cubierta junto a Mash y Tamamo.
Leonel se quedó paralizado. El shock del momento, ver cómo el Grial, su objetivo, su misión… caía en manos del enemigo, lo dejó sin palabras. Tamamo lo sostuvo por el brazo, preocupada, mientras Mash se tensaba lista para atacar, pero era tarde.
Un círculo mágico apareció bajo los pies de Hektor, y su figura comenzó a desvanecerse.
-Nos veremos pronto -dijo con una leve sonrisa irónica, antes de desaparecer con el Santo Grial.
Silencio.
Sólo el mar y los cuerpos inconscientes o derrotados alrededor de ellos.
Drake, aún sorprendida, enfundó su espada.
-Maldito… nunca pensé que él sería el traidor. ¡¡Ese viejo siempre parecía tan perezoso!!
Leonel bajó la cabeza, apretando los puños.
-Nos lo arrebataron… otra vez…
Jeanne se acercó y puso una mano en su hombro.
-Hicimos lo mejor que pudimos… Pero esto no ha terminado.
Mash asintió con firmeza.
-Aún podemos alcanzarlo.
Tamamo, más calmada, abrazó a Leonel del brazo.
-No es el final, mi amado. Esta historia aún tiene muchas páginas por escribirse.
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