Fate/Grand Persona - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Capitulo 28 Argonautas
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29: Capitulo 28: Argonautas 29: Capitulo 28: Argonautas Ubicación: Aguas desconocidas del océano mítico Hora: Varios días después del combate contra Barbanegra — El mar había estado en calma, pero en el aire flotaba una tensión amarga.
El Santo Grial estaba una vez más fuera de su alcance, y ahora en manos de un enemigo escurridizo.
Hektor se había desvanecido, usando rutas ocultas y magia de ocultamiento que incluso dificultaban a Tamamo detectar rastros mágicos.
Durante días, Leonel, Tamamo, Mash, Jeanne, Artoria, Nero y Drake recorrieron islas, hablaron con piratas y rastrearon corrientes mágicas.
Tezcatlipoca, siempre atento, ayudaba a deducir la posible dirección, pero incluso él reconocía que el enemigo era inteligente.
Leonel, visiblemente frustrado en algunos momentos, se mantenía fuerte por sus compañeras.
Tamamo, sensible a su estado emocional, lo reconfortaba con abrazos y caricias dulces en privado, mientras Nero le ofrecía sonrisas y palabras de aliento, como su emperatriz leal.
— Al cabo de varios días de búsqueda, Tamamo finalmente sintió una presencia mágica poderosa.
Tezcatlipoca confirmó que no solo era Hektor, sino otros espíritus heroicos en el mismo sitio.
Drake, observando con su catalejo, avistó un barco blanco con detalles dorados acercándose desde el horizonte.
—Ese diseño… no lo reconozco de ningún pirata —comentó.
Mash consultó los archivos en su escudo: —Ese es el Argo, el barco legendario de los Argonautas… comandado por Jason.
Leonel apretó los dientes.
—Entonces Hektor encontró aliados…
y no cualquiera.
— Ambos barcos se aproximan.
Esta vez, sin cañonazos.
Solo viento y miradas tensas.
Jason aparece en la cubierta de su barco, rodeado de Servants conocidos de la mitología griega.
Con una sonrisa cínica, saluda con teatralidad.
—¡Oh, visitantes de Chaldea!
¿Vinieron por el Grial?
Qué sorpresa.
Esperaba una mejor carta de presentación —dijo burlonamente.
Leonel da un paso al frente, acompañado de Jeanne y Drake.
—Jason.
No venimos a pelear.
Solo queremos el Grial.
No debería estar aquí, sabes lo que puede causar.
Jason pone cara de fastidio.
—Oh, sí, sí, la integridad de la historia y el orden temporal.
Qué aburrido.
Mira, yo tengo un trato simple: quiero recuperar mi reino.
El Grial puede conceder deseos, ¿no?
Entonces lo necesito más que ustedes.
Jeanne, con serenidad, insiste: —Sabes que no funcionará así.
El Grial distorsiona las realidades.
No crea milagros sin consecuencias… Jason levanta la mano con sarcasmo.
—¡Oh, perdona, Santa!
Pero algunos de nosotros no nacimos santos.
¡Nacimos reyes!
O al menos… se nos negó serlo.
— [Escena Final: Preludio de Guerra] Leonel, viendo que las palabras no funcionarían, intenta una última propuesta: —Jason.
No tienes que cargar con eso solo.
Podemos ayudarte, sin el Grial.
Jason se ríe, seco y cortante.
—No quiero tu ayuda.
Quiero mi reino.
Y si tengo que atravesar sus cadáveres para lograrlo… ¡entonces que así sea!
La cubierta del Argo se ilumina con varias figuras heroicas que empiezan a manifestarse: Atalanta, Medea, Heracles (forma joven), Orpheus, y Hektor, entre otros.
Drake, Tamamo, Nero, Jeanne y Artoria se preparan para el combate, tensando sus armas.
Leonel suspira, su mirada seria.
—Entonces… no hay más remedio.
Tezcatlipoca aparece a su lado, envuelto en humo dorado.
—Prepara a tu equipo, Campeón.
Los verdaderos héroes de la antigüedad están por ponerlos a prueba… Con un gesto teatral, Jason extiende su mano al cielo.
—¡Argonautas… al combate!
Frente a los ojos de Leonel y su grupo, las figuras heroicas aparecen una a una: Atalanta, ágil, elegante, su arco ya preparado con flechas mágicas.
Heracles, en su forma de Berserker, con ojos encendidos de ira silenciosa.
Medea Lily, flotando a pocos metros, rodeada de un aura de curación luminosa.
El choque comienza de inmediato.
Atalanta dispara con precisión quirúrgica, lanzando flechas benditas que podrían atravesar magia simple.
Tamamo, con agilidad y gestos gráciles, levanta talismanes mágicos que neutralizan varios disparos, aunque con dificultad.
—Esa arquera no está bromeando…
—murmura Tamamo, sus orejas temblando levemente por la tensión.
Jeanne se mantiene firme, usando su bandera para bloquear flechas que se desvían.
Aunque no tiene el alcance de Tamamo, sirve como escudo humano.
Tamamo, siguiendo las instrucciones rápidas de Leonel, lanza una explosión de fuego espiritual hacia los pies de Atalanta, obligándola a retroceder mientras Jeanne avanza para interceptarla.
— El verdadero infierno está frente a ellas.
Heracles, más bestial que humano, carga sin pausa con su espada ancha.
Cada impacto hace temblar la cubierta.
Sus movimientos no tienen técnica, pero cada golpe es capaz de destrozar madera, acero y huesos.
Artoria y Nero coordinan como una danza de fuego y acero.
Nero con su agilidad y ataques precisos, Artoria con su defensa regia y contragolpes.
Sin embargo… —¡Solo le hemos cortado una vez y ya se levantó como si nada!
—grita Nero, jadeando.
Tezcatlipoca aparece a su lado como un espectro y le susurra a Leonel: —Su Noble Phantasm…
“God Hand”.
Trece resurrecciones.
Tendrán que matarlo trece veces.
Leonel traga saliva.
—Entonces…
que no paren.
— Medea Lily no tiene intenciones ofensivas, pero su poder de curación es real.
Desde la retaguardia, canta cánticos que regeneran heridas de Heracles y Atalanta, lo que vuelve todo más complicado.
Drake, con su sable en mano, corta a través de constructos mágicos para acercarse.
Mash, en cambio, protege a su capitana de contrahechizos defensivos.
—¡No subestimen a una navegante de los siete mares!
—grita Drake mientras se lanza hacia la pequeña hechicera.
Medea Lily lanza un hechizo de barrera, pero Mash lo rompe con un ataque cargado, obligándola a retroceder.
Solo en la retaguardia, recibiendo el flujo de batalla por medio de Tezcatlipoca, Leonel sabe que Jason aún no se ha movido, esperando la oportunidad para aplastar al corazón del equipo.
Leonel mira su Compendio.
—No tengo acceso a los más poderosos aún…
pero hay una entrada aquí…
El nombre resalta como si ardiera: RAKSHASA – Espíritu violento de la destrucción, portador de fuego y caos.
Leonel se muerde el dedo, deja caer su sangre en el suelo del barco, y pronuncia un Ritual de Invocación improvisado con ayuda de Tezcatlipoca.
Una figura envuelta en llamas púrpuras y oscuridad emerge del círculo.
Su cuerpo es esbelto pero fuerte, su rostro cubierto parcialmente por una máscara bestial.
El aura que lo rodea es intimidante.
—Tú me llamaste, humano…
¿vas a darme sangre?
—Te daré enemigos…
y un espadachín que cree que es rey.
¿Aceptas?
El Rakshasa sonríe.
—Acepto.
Jason, desde el otro barco, al fin toma su espada.
—¡Ahora sí!
¡Hora del espectáculo!
¡Ven, extraño invocador, y prueba mi acero!
Leonel, respirando profundo, se pone de pie.
—Vamos a bailar, entonces.
El silbido de las flechas corta el aire con precisión letal.
Atalanta, con sus ojos fríos como el mármol, salta entre cuerdas y mástiles, utilizando la altura a su favor.
Desde las vigas más altas, lanza una lluvia de flechas mágicas.
—No tienen posibilidad…
No contra alguien que ha sido cazadora toda su vida —declara la arquera sin emoción.
Tamamo, agachada y con talismanes flotando a su alrededor, murmura: —Tampoco contra una kitsune milenaria, querida.
Jeanne, firme con su estandarte, bloquea flecha tras flecha.
Aun así, algunas atraviesan su defensa, causándole cortes leves en los brazos y el costado.
—Agh…
no puedo protegernos por completo desde aquí…
—jadea Jeanne, pero no cede terreno.
Desde la retaguardia, Leonel se conecta mentalmente con su Persona.
—Tezcatlipoca… necesito debilidades.
No hay tiempo para adivinanzas.
El dios de la oscuridad y la guerra responde con rapidez.
—Atalanta es veloz, pero su ritmo es predecible.
Cada tres disparos, cambia de posición.
Si fuerzas su ruta de escape…
la puedes atrapar.
Leonel transmite esto a Tamamo, que asiente con una sonrisa astuta.
—Entonces vamos a ponerle una trampa, como en los viejos cuentos de zorros.
Mientras Jeanne mantiene la defensa y provoca a Atalanta con movimientos estratégicos, Tamamo despliega talismanes invisibles en puntos clave de las vigas.
Algunos paralizan, otros ralentizan, y unos más invocan pequeñas llamas de distracción.
—Vamos, arquera… salta como siempre… —susurra Tamamo con dulzura venenosa.
Atalanta, sin percatarse, sigue su patrón.
Uno… dos… tres disparos… Salta hacia la siguiente cuerda.
Y ahí es cuando cae directo en la trampa de Tamamo.
Varios talismanes la atrapan en el aire, envolviéndola con cadenas espirituales que inmovilizan su cuerpo por unos segundos.
—¡Ahora, Jeanne!
—grita Tamamo.
Con rapidez, Jeanne salta hacia la viga donde Atalanta está atrapada y canaliza su poder divino en una descarga controlada.
—¡Perdónanos, hermana… pero esto es por la humanidad!
El impacto del estandarte sagrado golpea a Atalanta con una descarga de energía bendita.
La arquera grita, no por dolor físico, sino por la rabia de ser cazada.
La luz del golpe envuelve el mástil.
Cuando se disipa, Atalanta cae inconsciente, su arco destruido, su cuerpo lleno de marcas de quemaduras mágicas.
Jeanne y Tamamo se toman un momento para respirar.
—Eso fue…
intenso —dice Jeanne, limpiando la sangre de su mejilla.
Tamamo se sacude el polvo de su kimono, sonriendo.
—Siempre quise atrapar a una cazadora con mis trucos.
Me siento como en mis años jóvenes.
Desde su punto de comando, Leonel suspira de alivio, viendo que una de las amenazas ha caído.
Le transmite su agradecimiento a ambas.
—Buen trabajo, Tamamo… Jeanne… Una menos.
Tamamo sonríe, sintiendo orgullo al escuchar el tono cálido de Leonel.
Jeanne, sin decir nada, solo se lleva una mano al pecho y asiente.
Sin embargo, ambas sabían que los otros combates apenas estaban empezando… y que la batalla por el Grial aún estaba lejos de terminar.
El rugido de Heracles hace temblar la estructura del barco.
Su enorme cuerpo está cubierto por un aura oscura, y cada paso suyo rompe la madera bajo sus pies.
—Ese…
es el monstruo que debemos enfrentar —dice Artoria con la voz tensa, sujeta a Excalibur con ambas manos.
—Una sola de sus embestidas podría mandarnos al fondo del océano…
qué emoción —ríe nerviosa Nero, alistando su espada Aestus Estus.
Ambas se lanzan hacia él, abriendo el primer asalto.
Desde la distancia, Leonel y Tezcatlipoca analizan frenéticamente el comportamiento del Berserker.
Heracles no sigue un patrón claro, sus ataques son erráticos pero increíblemente precisos.
El dúo mental identifica algo crucial: —Tiene puntos ciegos justo después de una embestida frontal…
Artoria puede cebarlo, y Nero debe cortar por el flanco —dice Tezcatlipoca con rapidez.
Leonel transmite las instrucciones por enlace mental.
—¡Ahora, Artoria!
¡Provócalo y gira a la izquierda, Nero entra por su costado!
La coordinación funciona.
Un golpe preciso de Nero borra una de las “vidas” de Heracles.
—¡Una menos!
¡Quedan doce!
—grita Leonel.
Heracles, enfurecido, aumenta su velocidad y fuerza.
En lugar de perder efectividad, parece más letal con cada resurrección.
Artoria recibe un golpe en el escudo y es arrastrada varios metros por el impacto, apenas logrando levantarse.
—No…
puedo fallar ahora —murmura, escupiendo sangre.
Nero entra en escena y lo distrae con una serie de fintas gráciles, manteniéndolo ocupado hasta que Artoria se reincorpora.
Cada victoria sobre una de sus vidas cuesta heridas, sangre y energía.
—¡Esto no puede seguir así!
¡Necesitamos apoyo!
—dice Leonel por el canal mental.
Justo cuando la octava “vida” es eliminada, Tamamo y Jeanne llegan a la escena.
—¿Adivina quién terminó de cazar una arquera salvaje?
—dice Tamamo con una sonrisa, lanzando talismanes de soporte.
—¡Apoyo defensivo en camino!
—grita Jeanne, invocando su estandarte para proteger a Nero, quien ya casi colapsa por el esfuerzo.
Con la ayuda de Tamamo y sus hechizos de aumento de velocidad, regeneración y fortaleza, la ofensiva retoma impulso.
Ahora, con Artoria, Nero y Jeanne en rotación de ataque y defensa, y Tamamo lanzando hechizos a cada segundo, logran eliminar las últimas “vidas” de Heracles… hasta que solo queda una.
Heracles ruge, su cuerpo envuelto en una aura carmesí, y por primera vez, piensa antes de atacar.
Aunque su mente no es clara, el instinto de supervivencia lo empuja a ser más estratégico.
—¡Es más inteligente ahora!
—advierte Tezcatlipoca.
Leonel, agotado por coordinar tres batallas a la vez, aún logra gritar: —¡Finalicen ahora!
¡Ataque combinado!
¡Denlo todo!
Artoria concentra su poder en Excalibur, mientras Nero hace lo mismo con su Laus Saint Claudius.
Ambas miran a Heracles, quien carga por última vez.
—¡Por la humanidad!
—grita Artoria.
—¡Por el amor y el arte!
—añade Nero.
Los dos rayos dorados de sus noble phantasms golpean al Berserker al unísono.
La explosión ilumina el cielo, y por unos segundos, todo queda en silencio.
Cuando el humo se disipa, Heracles está de rodillas, su cuerpo completamente destruido… y finalmente se desvanece en partículas doradas.
Todos jadean.
Artoria cae de rodillas, Nero se apoya en Jeanne, Tamamo se sienta agotada y Leonel…
cierra los ojos por un momento, dejándose caer sobre un barril para descansar.
—Lo logramos…
—susurra.
Tezcatlipoca ríe en su mente.
—Solo faltan dos combates más, chico.
No te duermas aún.
Leonel resopla.
—Solo… cinco minutos…
Drake y Mash inician el enfrentamiento contra Medea Lily, quien en apariencia parece indefensa.
Sin embargo, su dominio sobre la magia de curación y escudos la convierte en un verdadero dolor de cabeza.
Cada ataque que logra romper su defensa, es curado casi instantáneamente.
—¡Maldita sea!
¡Se regenera más rápido de lo que puedo disparar!
—gruñe Drake mientras recarga sus pistolas.
—Incluso con mi escudo… apenas puedo mantener la ofensiva —dice Mash jadeando.
La batalla se prolonga.
Pasan los minutos, y justo cuando Jeanne, Tamamo, Artoria y Nero llegan tras derrotar a Heracles, la situación no mejora… hasta que sucede lo inesperado.
Medea Lily sonríe suavemente, junta las manos, murmura un encantamiento… y su cuerpo comienza a desvanecerse como niebla.
—¡Es una ilusión!
—grita Tamamo, alarmada.
—¡Nos distrajo todo este tiempo!
—añade Nero, enfadada.
Cuando todas se disponen a avanzar hacia la posición de Leonel, se topan con un muro invisible de energía.
Un campo mágico opaco los separa completamente de él.
Dentro del campo, Leonel está solo.
Frente a él, con el Santo Grial sujeto en su mano izquierda y una espada griega ornamentada en la derecha, Jason lo mira con arrogancia.
—Así que tú eres el líder… No pareces gran cosa —dice Jason mientras gira el Grial con los dedos.
—Y tú no pareces el tipo de persona que merezca tener eso —responde Leonel con firmeza.
Medea Lily, ahora en su forma verdadera, está detrás del campo, manteniéndolo activo con un círculo mágico complejo.
Sus ojos reflejan culpa, pero obedece a Jason.
—¿Sabes qué es lo más irónico?
—añade Jason—.
Nunca quise ser un héroe.
Solo… recuperar lo que me quitaron.
Y si eso significa usar este Grial, lo haré.
Leonel desenvaina su arma, y la silueta espiritual de Tezcatlipoca aparece detrás de él.
—Nos toca —dice la deidad con una sonrisa fiera—.
Hora de demostrar por qué somos el Comandante.
Jason no es el más fuerte físicamente, pero su habilidad como estratega y sus reflejos son sobrenaturales.
Usa movimientos rápidos, técnicas evasivas y hace uso del Grial para reforzar su cuerpo temporalmente, dándole fuerza, velocidad y resistencia mejoradas.
Leonel, sin acceso a sus compañeros, depende enteramente de: Tezcatlipoca, para análisis y contraestrategias en tiempo real.
Sus reflejos y entrenamiento previo con Mash y los demás.
Sus emociones contenidas, que en ese instante se convierten en determinación pura.
Y de Rakshasa, su nueva persona invocada.
Desde fuera del campo mágico, Jeanne golpea el muro con su estandarte.
—¡Leonel!
¡Resiste!
¡Vamos hacia ti!
—¡No puedes morir ahora, darling!
¡No sin besarme otra vez!
—grita Tamamo con ojos llorosos.
—¡Maldito seas Jason!
¡Él es mi emperador!
—grita Nero enfurecida.
Mash mira impotente.
—Por favor… vuelve con vida.
Leonel jadea, sujetando su espada con fuerza.
El sudor resbala por su frente mientras Jason, con su postura arrogante, lo observa con burla.
—¿Ya estás cansado?
Qué decepción… esperé más de un “líder”.
Aunque supongo que sólo eres la cara bonita del grupo.
—Jason gira su espada entre los dedos, con destreza burlona.
Leonel sabe que no puede ganar solo.
Su entrenamiento con Mash, Jeanne y Artoria le da una base… pero Jason es un guerrero curtido por batallas y reforzado por el Santo Grial.
Cada choque de espadas lo empuja al límite.
Entonces, en su mente… —¿Vas a morir aquí, muchacho?
—retumba una voz ronca y ardiente.
Es Rakshasa.
Una figura infernal, parecida a un demonio guerrero hindú, de piel azulada y cabellos ardientes, se manifiesta a espaldas de Leonel.
Su cuerpo está cubierto de runas y sus ojos destilan rabia y poder.
Aunque recién invocado, su lealtad inmediata es total.
—No eres espadachín aún, pero tienes coraje.
Déjame prestarte mi fuerza, y aprende con cada tajo.
Leonel asiente, apenas creyendo lo que está por hacer.
—¡Persona!
—grita con fuerza.
Rakshasa se manifiesta en el campo, y en ese instante, el cuerpo de Leonel se llena de energía.
Una segunda espada aparece en su mano izquierda, de filo curvo y aura llameante.
En su mente, Rakshasa le transmite conocimientos básicos de esgrima y estilos de combate salvaje.
Tezcatlipoca, mientras tanto, le susurra con velocidad: —El hombro derecho.
Falló un parry por ahí.
Dale presión.
Evita la pierna izquierda, está cargada con magia del Grial.
Ataca diagonal alto tras giro.
¡¡MUÉVETE!!
Jason se lanza al ataque con un corte rápido.
Leonel responde con doble bloqueo cruzado, guiado por Rakshasa.
No es elegante.
No es perfecto.
Pero funciona.
Cada movimiento de Jason es técnico, pulido, meticuloso.
Cada reacción de Leonel es instinto mezclado con apoyo mental de sus Personas.
—¿Quién te está ayudando?
¿Tu niñera mágica?
—bufa Jason, molesto.
Leonel sonríe por primera vez en el combate.
—Tengo más de una voz en mi cabeza… y todas creen que puedo patearte el trasero.
Rakshasa libera una técnica especial: Agni Vritti, una secuencia de cortes con energía ígnea que abrasa el campo a su alrededor.
Jason es forzado a retroceder, sorprendido por la agresividad del ataque.
Tezcatlipoca añade: —¡Se tambaleó!
¡GOLPEA AHORA!
Leonel corre, impulsado por el poder de sus Personas, y da un tajo directo.
Jason se defiende, pero la fuerza del golpe lo lanza varios metros atrás.
Jason jadea.
La arrogancia en su rostro comienza a desmoronarse.
—No debería estar… perdiendo.
¡Tú eres solo un humano!
Leonel apunta con su espada llameante.
—Tal vez… pero soy un humano con aliados.
Con Personas.
Con fe en mí.
Leonel se tambalea, exhausto pero victorioso.
Con ayuda de Rakshasa y la guía constante de Tezcatlipoca, finalmente desarma a Jason, haciendo caer su espada y su orgullo junto con ella.
Jason cae de rodillas.
—…Todo por nada… —murmura.
Leonel lo mira con compasión, sabiendo que el deseo del capitán era tan trágico como humano.
Desde la distancia, los Servants observan en silencio.
Artoria cruza los brazos, impresionada.
—“Ese estilo…
su voluntad es inquebrantable.” Nero se ilumina de orgullo.
—“¡Ave!
¡Mi emperador brilla gloriosamente!” Jeanne no puede evitar sonreír, una ternura profunda en su mirada.
—“Lo está logrando por sí mismo…” Mash se lleva la mano al pecho.
—“Senpai…” Drake silba.
—“Hombre, si yo no fuera tan libre, te robaba un beso~” Tamamo se abraza a sí misma.
—“¡Mi amor está floreciendo tan bien~!” Sin previo aviso, Medea Lily aparece detrás de Jason y le arrebata el Santo Grial de sus manos temblorosas.
—¡¿Qué haces, Medea?!
¡Ese es mi sueño!
Ella lo observa con una frialdad extraña en su rostro infantil.
—Tu sueño está muerto, Jason.
Como tu reino.
Intentar traerlo de vuelta… es una blasfemia contra la historia.
Jason grita, insultándola con desesperación.
Pero Medea no se inmuta.
Alza el Santo Grial, el cual comienza a derramar una sustancia oscura como tinta viva.
Leonel da un paso adelante, alarmado.
—¡No lo hagas!
—Lo siento… esta es mi verdadera misión.
No puedo revelar aún quién nos guía… La oscuridad se arremolina y absorbe a Jason, quien es envuelto mientras su voz se distorsiona.
Un aura oscura consume el espacio.
El aire se congela.
El cielo se tiñe de rojo sangre.
Y desde la oscuridad, una figura aparece.
Tezcatlipoca se manifiesta con gravedad: —¡Leonel… retrocede!
Ese no es cualquier ser… ¡Es uno de los 72 Pilares del Ars Goetia!
La figura se revela como un ser alado, con ojos ígneos y una risa que suena como cuchillas chirriando.
> —Soy Glasya-Labolas… General de la Matanza, Portador del Odio Invertido, Amo de las Traiciones Justificadas.
Yo arrastro héroes a la ruina y hago que sus legados sangren por siempre.
Su presencia distorsiona la realidad: la niebla se torna carmesí, los árboles se marchitan, y el campo empieza a descomponerse bajo su sombra.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com