Fate/Grand Persona - Capítulo 3
- Inicio
- Todas las novelas
- Fate/Grand Persona
- Capítulo 3 - 3 Capitulo 2 Grand Order
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
3: Capitulo 2: Grand Order 3: Capitulo 2: Grand Order El silencio que siguió a la conversación con Romani era casi sofocante.
La revelación de que el Santo Grial estaba custodiado día y noche por la clase Saber eliminaba toda posibilidad de trampa o infiltración.
La única opción restante era la confrontación directa.
Mash cruzó los brazos, preocupada.
-¿De verdad vamos a enfrentarla de frente?
Caster dijo que su poder es abrumador…
Caster, con la mirada seria por primera vez desde que se unió a ellos, asintió con gravedad.
-No hay otra opción.
Está protegiendo el Grial como si fuera su vida misma.
Si queremos detener esta Singularidad, debemos derrotarla.
Y rápido.
El protagonista no dijo nada al principio.
Sus ojos estaban perdidos en el vacío, pero en su mente, todo se movía con precisión quirúrgica.
Él sabía quién era esa Saber.
Lo supo desde que la vio por primera vez.
No era Jeanne d’Arc.
No.
Esa figura envuelta en tinieblas, con una espada que escupía maná negro como la noche, era Artoria Pendragon…
corrompida.
Alterada.
Pero no lo dijo.
Lo dejó para que Caster lo hiciera.
-.
Esa mujer…
esa energía dracónica…
es Artoria Pendragon.
Pero no como debería ser.
Esta es la versión que abrazó la oscuridad, el orgullo y la rabia.
Saber Alter.
Mash quedó en silencio.
El impacto fue evidente.
-¡¿Eh?!
-exclamó Mash, con los ojos muy abiertos- ¡Eso no puede ser!
¡El Rey Arturo era un hombre!
Y…
¡ella no puede ser…
así!
Caster suspiró, como si ya hubiera tenido esa conversación demasiadas veces.
-La historia como la conoces fue contada, modificada y decorada para el entendimiento común.
Los bardos, escribas e incluso los historiadores contemporáneos omitieron o alteraron lo que les parecía inconveniente.
El Rey Arturo…
era una mujer.
Pero eso no era algo que pudiera ser aceptado fácilmente por su pueblo en su tiempo, ni por generaciones posteriores.
Así que se ajustó la narrativa.
-No podemos atraparla.
No podemos emboscarla.
Pero podemos hacer que cometa un error, dijo con calma.
Pasaron el resto de la noche aclarando los detalles de el plan, para despues dormir intranquilamente.
Al siguiente dia, el enfrentamiento era inevitable…
En la cueva donde se encontraba el Santo Grial…
La figura de la nueva Servant emergió entre las ruinas humeantes, cubierta de una pesada armadura negra que parecía absorber la luz a su alrededor.
Su espada, envuelta en un aura oscura, vibraba con una sed de sangre palpable.
Mash retrocedió instintivamente, escudriñando la figura con el ceño fruncido.
El protagonista la observaba con intensidad.
Sus ojos se clavaron en cada detalle: la armadura, el rostro, esa mirada helada que contrastaba con los recuerdos que él tenía de su contraparte más noble.
Lo sabía.
Sabía exactamente quién era.
Pero no dijo nada.
Fue Caster quien rompió el silencio, con una expresión grave y una voz que parecía pesar siglos.
-Artoria Pendragon.
La Reina de Caballeros, aunque esta versión suya…
ha sido corrompida por el odio y la desesperación.
No es más que una sombra de la figura legendaria.
Esta es Saber Alter.
Mash bajó un poco su escudo, confundida.
El protagonista, en cambio, mantenía la vista fija en Saber Alter.
“Así que así decidieron mostrarte en esta singularidad…”, pensó.
“Una sombra del ideal…
pero con la misma determinación de hierro.
Esto no se resolverá con razones.” Mash lo miró, buscando dirección.
-¿Qué hacemos?
¿Luchamos?
Él asintió lentamente.
-No intentes vencerla.
Solo resiste.
No pierdas de vista su espada y mantente a la defensiva.
Yo haré el resto del trabajo desde atrás…
Y Caster…
-Lo sé -respondió la Servant con una sonrisa torcida-.
Me encargaré de dar el golpe final.
El estruendo de los choques de acero resonaba por todo el campo de batalla improvisado.
Cada impacto entre la espada oscura de Saber y el escudo de Mash dejaba una onda de choque que hacía temblar el suelo bajo sus pies.
-¡Mash, movimiento lateral!
¡No bloquees de frente, redirige su fuerza!
-gritó Leonel, los ojos calculadores sin perder detalle del duelo.
Mash obedecía al instante.
No había tiempo para dudas, no frente a una oponente como esa.
Artoria Pendragon Alter era como un huracán de furia contenida, cada tajo más rápido y brutal que el anterior.
Su poder era antinatural, como si el mismo Grial corrompido alimentara cada uno de sus golpes.
-¡Kouhai, no intentes igualar su fuerza!
Solo desvía, resiste y aguanta un poco más!
-añadió Leonel, su voz firme pero al borde de la urgencia.
Mash jadeaba, el sudor perlando su frente.
El escudo resplandecía con energía mágica, pero incluso con su noble phantasm aún sin activar, se notaba que estaba llegando a su límite.
Las piernas le temblaban cada vez que paraba un golpe directo.
Mientras tanto, Caster se mantenía a distancia, con ambas manos extendidas, círculos mágicos formándose en el aire frente a él uno tras otro.
Murmuraba palabras antiguas, canalizando maná a niveles alarmantes.
El aire a su alrededor vibraba, y el cielo comenzaba a oscurecer.
Leonel no podía perder el enfoque.
No podía permitirse errores.
-¡Ahora, rueda hacia tu izquierda!
¡Bloquéalo con la parte inferior del escudo y gira para amortiguar el impacto!
-ordenó.
Saber Alter gruñó, frustrada al ver que su presa no caía.
Su espada negra trazó un arco horizontal, tan rápido que el aire silbó tras ella.
Mash logró interceptarlo, pero esta vez el impacto la hizo retroceder tres pasos.
-Maldición…
-Leonel apretó los dientes-.
Caster, ¿cuánto más?
-¡Un minuto más!
¡Solo un minuto!
-contestó Caster, sin apartar la vista del hechizo, cada palabra suya retumbando como un trueno contenido-.
¡Pero si Mash cae, no podré lanzarlo!
El tiempo se volvía su enemigo.
Leonel sabía que no podían permitir que Mash fuera alcanzada de lleno por un ataque de Saber.
Y ella también lo sabía, pero no retrocedía.
Mash resistía.
No porque fuera más fuerte que Saber, sino porque confiaba en las instrucciones de Leonel.
Porque cada palabra suya era una guía, un ancla.
Y ella no fallaría.
-¡Mash!
¡Última orden, retrocede cinco metros y prepárate para cubrirte!
¡Caster, en cuanto ella se retire, ¡lanza el hechizo!
-gritó Leonel, el sudor recorriéndole la frente.
Saber lanzó un grito de guerra y se lanzó de nuevo, la espada negra levantada para asestar un golpe definitivo.
Era ahora o nunca.
[Campo de Batalla – Frente a Saber Alter] Mash retrocedió con dificultad, el brazo temblándole por el último impacto.
Su respiración era agitada, el escudo apenas contenía el maná fluctuante de Saber Alter.
-¡Caster!
-gritó, la tensión a flor de piel.
-¡Ya casi está!
-respondió el Servant, el hechizo ya tomando forma definitiva: una inmensa esfera mágica adornada con antiguos símbolos celtas, girando lentamente en el aire sobre su cabeza.
[Sala de Control – Chaldea] Romani se sujetaba el cabello, los ojos fijos en las pantallas flotantes que mostraban cada ángulo del combate.
-¡Esto no es bueno!
¡Mash está al límite, y si Caster falla, podríamos perderla!
Da Vinci, en contraste, estaba inclinada hacia adelante, una mano en el mentón y una media sonrisa.
-No tan rápido, doctor.
Observa cómo se mueve el chico…
-dijo, señalando una pantalla donde Leonel gesticulaba-.
No está improvisando, está leyendo el flujo de batalla como si fuera un ajedrez.
Está un paso adelante.
Romani frunció el ceño.
-¿De verdad?
¿En serio puedes estar tan tranquila ahora?
-Claro.
Él no está peleando con fuerza.
Está peleando con cabeza.
[Campo de Batalla] -¡Mash, cúbrete ahora!
-ordenó Leonel.
Mash obedeció, alzando el escudo en una posición defensiva completa mientras Caster finalmente daba un paso al frente.
-¡Por el nombre de los antiguos druidas, por la voluntad de los reyes olvidados y los pactos sellados con sangre y estrellas…!
¡Que la verdad inquebrantable castigue la oscuridad!
El círculo mágico se expandió, estallando con un rugido ensordecedor.
-¡”Wicker Man”!
-gritó Caster, y la esfera de energía se disparó como un meteorito etéreo hacia Saber.
La explosión que siguió fue como un segundo amanecer dentro de la cueva.
El aire se cargó de energía pura y el impacto arrojó polvo y fragmentos en todas direcciones.
[Sala de Control] Romani se inclinó hacia la consola.
-¡La señal de Saber está…
debilitándose!
¡Mash, ahora!
¡Es tu oportunidad!
Da Vinci asintió, sin perder la sonrisa.
-Veamos si esa mente táctica tuya da resultado, chico…
[Campo de Batalla] Saber aún estaba en pie, pero su armadura chispeaba, su espada había perdido intensidad.
Y por primera vez, tambaleó.
-¡No voy a fallar!
-gritó Mash, cargando con su escudo al frente-.
¡Por Chaldea, por el Senpai…
y por este mundo!
Con un grito de guerra, embistió a Saber con todo lo que le quedaba.
El impacto final fue como el eco de un trueno lejano.
La figura de Saber Alter cayó de rodillas, luego se desvaneció poco a poco, en motas de luz.
Pero justo antes de desaparecer por completo, una sonrisa torcida cruzó su rostro.
Abrió los labios, su voz aún cargada de poder oscuro: -Bien jugado…
pero esto apenas fue la antesala.
La verdadera oscuridad aún duerme…
y ya ha comenzado a despertar.
Y con esas palabras, desapareció.
Mash miró a Caster, confundida.
Él parecía igualmente desconcertado.
-¿A qué se refería…?
-preguntó Mash, jadeando.
Leonel, en cambio, ya lo sabía.
Lo sentía.
El sudor en su espalda se volvió frío.
Eso no había sido una amenaza vacía.
Entonces, un sonido inesperado interrumpió la quietud de la cueva.
Aplausos.
Lentos.
Sarcásticos.
-¡Bravo!
Verdaderamente, una actuación destacable -dijo una voz conocida, impregnada de burla.
Las sombras se distorsionaron y una figura salió de entre ellas.
De pie, con una sonrisa burlona y un brillo cruel en los ojos, estaba Lev Lainur.
-Enhorabuena por su “éxito” en esta singularidad.
Aunque, me temo que esto apenas comienza…
-Lev…
¿qué estás haciendo aquí?
-¿Yo?
Solo vine a ver los resultados.
Y me agrada lo que veo -respondió Lev con una mueca-.
Aunque debo admitir que no esperaba que salvaran a la Directora.
Vaya molestia.
Mash se tensó.
Caster se puso frente a ella y a Olga, ya en posición de defensa.
Da Vinci frunció el ceño con desconfianza.
-Lev…
esto no fue un accidente, ¿verdad?
-¿Accidente?
Oh, Da Vinci…
-rió entre dientes-.
¿En serio no lo han entendido todavía?
Lev alzó las manos al aire como un predicador.
-Todo esto ha sido orquestado desde el principio.
Las Singularidades, la destrucción de Chaldea, la desaparición de la humanidad.
No es casualidad.
Es el inicio del único destino verdadero.
Leonel dio un paso al frente, la sombra de una chispa azul titilando en sus ojos.
No habló, pero su presencia bastó para que Lev se girara hacia él, sonriendo con un matiz distinto: irritación disfrazada de burla.
-Y tú…
tú eres la verdadera anomalía.
Una constante que no debería existir.
Te he observado desde que apareciste.
¿Cómo lo haces?
¿Cómo esquivas lo que debería ser inevitable?
Leonel cruzó los brazos.
-No soy más que un humano.
Uno que no va a dejar que destruyas lo que queda.
Lev resopló.
-Típica respuesta de protagonista barato.
Romani interrumpió, ya harto del juego.
-¡Lev!
¡¿Qué te hicimos?!
¡Éramos tus colegas!
-¿Colegas?
Bah -replicó con desdén-.
Fui su guardián…
hasta que ya no los necesitábamos.
El plan ha avanzado más de lo que imaginan.
Mash dio un paso al frente, apretando los puños.
-¿Qué plan?
Lev la miró con una sonrisa oscura.
-El Fin de la Humanidad.
La restauración del orden verdadero.
¿De verdad creen que la humanidad merece continuar?
Miren lo que han hecho con el mundo…
Romani abrió mucho los ojos.
Lev se inclinó en una reverencia burlona.
-Pronto -continuó Lev-, todas las Singularidades se manifestarán.
El pasado será desgarrado.
El presente, reescrito.
Y el futuro, erradicado.
Esto…
es el principio de la Grand Order.
Da Vinci se cubrió la boca.
Romani bajó la cabeza.
-Entonces…
el futuro de la humanidad depende solo de nosotros.
Lev dio media vuelta, su figura comenzando a distorsionarse en una nube negra de energía mágica.
-Intenten detenerlo si quieren…
Será divertido verlos fracasar.
Y desapareció.
Silencio.
-¿Qué hacemos ahora?
Leonel miró al frente, donde Lev se había desvanecido.
Su mano se apretó con fuerza.
-Reunimos lo que queda.
Reparamos lo que podamos.
Y luego…
viajamos.
-¿A dónde?
-preguntó Da Vinci.
Leonel levantó la mirada, con una chispa decidida en los ojos.
-A las Singularidades.
A donde la historia se rompió.
Vamos a arreglarla…
paso a paso.
Mash asintió.
Caster suspiró, pero sonrió con orgullo.
Y así, aunque el mundo había sido puesto de cabeza, una nueva orden nacía en la oscuridad: una batalla por toda la humanidad.
El portal de Rayshift se disipa con un suave destello azulado.
Mash y Leonel aparecen en la plataforma circular, aún cubiertos de polvo y hollín, sus respiraciones agitadas tras la batalla contra la imponente figura de Saber Alter.
El ambiente es más silencioso de lo habitual: solo algunos técnicos siguen reparando sistemas dañados.
Romani Archaman (desde la consola principal): ¡Están de vuelta!
¡Gracias a Dios!
Mash, Leonel, ¿pueden oírme?
Ambos asienten.
Mash se apoya levemente en su escudo, agotada pero sonriendo.
Leonel observa alrededor, alerta.
Mash: Doctor Romani…
hemos regresado con éxito.
La Singularidad F de Fuyuki ha sido corregida.
Romani: ¡Buen trabajo, ambos!
Enfrentarse a un Servant de clase Saber como ese…
no era poca cosa.
De hecho, aún me cuesta creer que lo lograran.
Las lecturas mágicas desde esa ciudad estaban por las nubes.
Estaban enfrentándose a alguien increíblemente poderoso.
Leonel cruza los brazos, pensativo.
Leonel: No era una simple Servant…
parecía…
corrompida.
Como si algo la hubiese transformado.
Una sombra de lo que alguna vez fue.
Romani: Sí…
lo notamos desde aquí.
Esa “Saber” no era normal.
La hemos catalogado como Saber Alter.
Aún no tenemos información precisa sobre su identidad, pero su nivel de hostilidad y energía eran anómalos.
Me temo que eso fue solo una muestra de lo que está por venir.
Romani hace una pausa, su expresión se ensombrece.
Romani: Y hablando de eso…
tengo malas noticias.
En la pantalla principal del centro de comando aparecen seis puntos rojos parpadeando sobre un holograma del globo terráqueo.
Romani: Mientras estaban en Fuyuki, nuestras lecturas de la línea temporal global detectaron seis nuevos puntos de distorsión.
Siete nuevas Singularidades.
Todas igual o más inestables que la primera.
Lo que Lev dijo antes de desaparecer…
era verdad.
Mash: ¿Siete más…?
Leonel (murmura): Esto apenas comienza…
Romani: Exactamente.
El fuego de Fuyuki fue solo el prólogo.
Ahora debemos prepararnos para lo que viene.
Y con gran pesar…
me temo que no podemos contar aún con la directora Olga-Marie.
Sobrevivió a la explosión del centro de comando, pero está en estado delicado.
Está estable por ahora, y recibiendo atención médica constante.
Mash: Entiendo…
me alegra saber que sobrevivió, pero…
pobre directora…
Romani: Y en cuanto a Da Vinci, ella se encuentra en una misión de mantenimiento en los sectores externos de Chaldea.
Está reparando los sistemas de soporte vital y control de Rayshift.
No ha podido conocerlos aún, pero confío en que lo hará muy pronto.
Seguro será una aliada invaluable.
Leonel observa el mapa con las Singularidades, su mirada decidida.
Leonel: Entonces no hay tiempo que perder.
Si hay siete más…
tenemos trabajo que hacer.
Romani: Descansen por ahora.
Su siguiente destino aún no está definido, y debemos estabilizar Chaldea antes de enviar otro equipo.
Pero cuando llegue el momento…
los necesitaremos.
Mash (con una leve sonrisa): Estaremos listos, Doctor.
La cámara se aleja del centro de comando, mostrando el globo holográfico con las Singularidades titilando como estrellas caídas.
Un silencio se instala…
momentáneo, pero lleno de tensión.
El aire en Chaldea estaba más frío de lo normal.
La batalla por Fuyuki había terminado hacía solo unas horas, y aunque las instalaciones estaban tranquilas, una tensión invisible se mantenía flotando como humo estancado.
El tipo de silencio que llega después de una catástrofe, cuando todos intentan aparentar normalidad sin saber si habrá un mañana.
En una de las salas de descanso, Leonel y Mash estaban sentados juntos.
No hablaban mucho, pero en esa calma, cada palabra se sentía más pesada de lo habitual.
Mash sostenía una taza con ambas manos, pero no bebía.
Observaba su reflejo en el líquido oscuro, como buscando respuestas en él.
-Fuyuki…
-murmuró-.
No fue solo una misión.
Fue una pesadilla.
Leonel se mantuvo callado por unos segundos.
Sus ojos también miraban la taza, aunque sus pensamientos estaban a kilómetros de ahí.
Sabía más de lo que podía decir.
Y el peligro…
era real.
-No fue nuestra culpa -respondió con calma-.
Fuimos arrojados a un fuego que ya estaba consumiendo todo.
Lo importante es que salimos vivos…
y que aprendimos.
Mash asintió lentamente, aunque la sombra en sus ojos no desapareció.
-¿Crees que esto es solo el comienzo?
Leonel respiró hondo.
Sus recuerdos de su vida anterior, de lo que sabía sobre Chaldea, sobre las Singularidades…
todo parecía un rompecabezas que ahora se armaba frente a él.
-Sí.
Pero también creo que cada batalla cuenta.
Y esta vez…
estaremos mejor preparados.
Mash lo miró sorprendida por su seguridad.
No sabía que esa firmeza nacía de una verdad que él aún no estaba listo para compartir.
[Más tarde, en el umbral del sueño…] La conciencia de Leonel se desvaneció con una extraña suavidad.
No fue sueño ni desmayo.
Fue como si lo jalaran hacia otra dimensión.
La oscuridad lo envolvió y luego, de pronto, luz azul.
Estaba en el Velvet Room.
Pero no como lo imaginaba.
El ambiente era opresivo, más denso, como si la habitación misma estuviera sufriendo.
El vagón infinito parecía más corto, menos estable.
Las paredes temblaban sutilmente, y la música de piano sonaba apagada, desafinada.
Como un mundo en ruinas envuelto en terciopelo.
Y entonces lo vio.
Sentado al fondo, tras el familiar escritorio, un hombre encorvado con rostro alargado y ojos penetrantes: Igor.
La figura arquetípica del amo del Velvet Room.
Su sonrisa era tenue, pero sus ojos estaban serios, más que en cualquier versión que Leonel hubiera conocido antes.
-Bienvenido…
al Velvet Room, Leonel -dijo Igor con voz profunda, pausada-.
Este es un lugar entre sueño y realidad, entre mente y materia.
Normalmente es un refugio…
pero incluso este lugar, ahora, tiembla con la fragilidad del mundo exterior.
Leonel sintió un escalofrío.
Era la primera vez que veia al Velvet Room tan…
inestable.
-¿Qué está pasando?
-preguntó con cautela, fingiendo ignorancia.
Igor entrecerró los ojos, pero su sonrisa desapareció.
-La humanidad se encuentra al borde de la extinción.
No por guerra, no por hambre, sino porque su historia misma ha sido interrumpida.
Las Singularidades están devorando el curso del tiempo.
Y cuando el futuro desaparece…
todo lo que depende de la existencia humana comienza a desvanecerse.
Leonel lo entendía perfectamente.
El Velvet Room no solo era un espacio psíquico.
Era una construcción conectada al inconsciente colectivo de la humanidad.
Si esta desaparecía…
el Velvet Room también lo haría.
-Incluso este lugar…
-murmuró Leonel.
-Correcto -afirmó Igor, con tono grave-.
Tu alma ha sido elegida.
El poder de encarnar potencial infinito.
Un puente entre mundos.
Y quizás…
nuestra última esperanza.
Junto a Igor, una figura femenina emergió de las sombras.
Era joven, de porte elegante, cabello plateado recogido en un moño con hebras de azul eléctrico, ojos rojo rubí, y un uniforme similar al de una bibliotecaria victoriana.
Su voz era melódica, pero su mirada era analítica, casi inquisitiva.
-Me llamo Selene -dijo ella, haciendo una leve reverencia-.
A partir de ahora, seré tu guía en este lugar.
Aunque debo advertirte…
el camino que enfrentas es peligroso incluso para los que dominan el poder de las Personas.
Leonel la miró en silencio, con el corazón latiendo fuerte.
El hecho de que el Velvet Room estuviera en peligro solo confirmaba cuán profunda era la crisis.
Esto no era un juego.
La historia misma se estaba deshaciendo, y él era una pieza clave en el intento desesperado por restaurarla.
Igor volvió a hablar, solemne.
-Te observo con gran interés, Leonel.
El destino de muchos podría inclinarse según las elecciones que tomes.
Ahora despierta…
y avanza.
Un sonido de campanas de reloj llenó el espacio mientras todo se desvanecía.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com