Fate/Grand Persona - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 Capitulo 29 El fin del mar
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30: Capitulo 29: El fin del mar 30: Capitulo 29: El fin del mar Leonel se prepara, ojos firmes.
Tezcatlipoca aparece junto a él, rostro grave.
—No hay debilidades, Leonel.
No puedo ver nada.
Este ser… está más allá del análisis.
—Entonces… lucharemos hasta que deje de existir.
Glasya-Labolas abre sus alas en un aullido ensordecedor.
Sus palabras reverberan como ecos infernales: > —“¿Dolor…?
¿Desesperación…?
¡Mostradme vuestras miserias!
Que vuestro espíritu sea mi banquete, y vuestra carne… mi bandera.” Leonel se ubica al centro como comandante táctico.
Sus Personas, Tezcatlipoca y Rakshasa, están listas.
A su alrededor, los Servants toman posiciones: Nero, Artoria y Jeanne: Línea ofensiva principal.
Las tres cargan contra el demonio buscando flanquearlo.
Tamamo y Mash: Apoyo y defensa.
Tamamo lanza talismanes, mejora a sus aliados y sana.
Mash protege a Leonel y refuerza la línea.
Drake: Se suma con sus pistolas y sable, enfocándose en disparos precisos al núcleo del demonio cuando se manifiesta.
El equipo ataca… pero Glasya-Labolas apenas se inmuta.
Cada golpe que dan se regenera.
Sus contraataques son devastadores: cuchillas de sombras, ráfagas sónicas y explosiones malditas.
Jeanne cae de rodillas tras cubrir un golpe para Artoria.
—“¡Este ser… no se agota…!” Nero: —“¡Tch!
¡No dejaré que opaque mi resplandor!” Tamamo suda mientras lanza más hechizos.
—“¡Leonel-dono, necesito más tiempo!” Leonel, jadeando, sostiene su amuleto.
Rakshasa aparece a su lado, ayudándolo a mantenerse firme mientras Tezcatlipoca canaliza la poca información que puede obtener: —Su energía no disminuye… pero su estructura empieza a volverse inestable.
La única forma de vencerlo… es seguir golpeando hasta que su forma colapse.
—¡Entonces eso haremos!
Glasya-Labolas comienza a deformarse por la presión.
El constante asedio de Artoria, Nero, Jeanne y Drake, junto al soporte de Tamamo y Mash, empieza a hacer efecto.
Sus ataques, aunque fatales, ya no tienen la misma precisión.
Leonel ve su oportunidad.
—¡Ahora!
¡Todos, usen sus Noble Phantasms juntos!
Uno a uno, los gritos se elevan: Artoria: —“Excalibur!” Nero: —“Laus Saint Claudius!” Jeanne: —“Luminosité Eternelle!” Drake: —“Golden Wild Hunt!” Mash: —“Lord Chaldeas!” Tamamo, con voz dulce pero poderosa: —“Eightfold Blessings of Amaterasu!” La energía combinada explota en un mar de luz y magia.
Glasya-Labolas, envuelto en ese torrente divino, grita con mil voces que se quiebran una a una… > —“¡MI DESTRUCCIÓN NO ES SU VICTORIA!
¡SOY EL NOMBRE DE TODA GUERRA!
¡VOLVERÉ EN OTRA ERA—!” Un estallido final rompe su cuerpo.
Una onda de energía oscura se disipa, llevándose su forma con ella.
Silencio.
Solo el sonido del viento.
Leonel cae de rodillas, agotado.
Tamamo lo abraza por detrás, ayudándolo a sostenerse.
Mash corre a su lado, lágrimas en los ojos.
Jeanne, Nero y Artoria se acercan, heridas pero firmes.
Tezcatlipoca habla por última vez en ese momento: —Uno menos… pero aún no es el final.
Drake, sacudiendo el polvo de su abrigo: —“Chicos… eso fue de locos.
Necesito una bebida.” Leonel levanta la mirada hacia el horizonte, sabiendo que este solo fue otro paso en la ruta del caos que representa la Grand Order.
Clank.
Una esfera dorada, pura y radiante rueda ligeramente hasta detenerse en medio del grupo.
El Santo Grial.
Todos se giran, sorprendidos.
Mash es la primera en reaccionar.
Se acerca con cuidado, como si el objeto pudiera desvanecerse.
Se agacha y lo toma en sus manos.
—Este es… el Santo Grial.
—dice con reverencia.
Su escudo resplandece suavemente, listo para absorberlo.
Leonel, aún respirando con dificultad por la batalla, levanta la mano.
—No lo selles aún, Mash.
Mash asiente, abrazando el Grial con cuidado.
—Aún debemos despedirnos… de Drake.
— [Una Tripulación que Celebra] Más tarde, esa misma noche, la cubierta del barco está llena de risas, hogueras improvisadas y jarras chocando.
La tripulación pirata de Drake está en pleno festejo, tocando instrumentos marinos, bailando y cantando canciones irreverentes.
Drake, en el centro de todo, alza una botella de ron.
—¡A la victoria!
¡A los mejores malditos compañeros que una capitana puede tener!
La multitud aplaude, y los Servants también se unen al brindis.
Nero lanza pétalos de rosa mientras ríe teatralmente.
Artoria, a pesar de su sobriedad, se permite una sonrisa.
Jeanne conversa tranquila con Mash, ambas compartiendo un momento dulce.
Tamamo se pega a Leonel, tomando su brazo con descaro.
Drake se acerca a Leonel con una gran sonrisa.
—Así que… chico.
¿Este es el fin de la línea para mí?
Leonel asiente, pero le responde con una media sonrisa.
—No del todo.
Este fue tu mundo, tu océano.
Pero ahora… es momento de que regreses a descansar.
Drake da un largo trago, se limpia la boca con el dorso de la mano y luego mira el horizonte.
—He navegado mares reales y ficticios… pero ustedes me dieron la aventura más loca de todas.
Gracias por eso.
Mash se les acerca, el Santo Grial aún en sus manos.
—Capitana… ¿está lista?
Drake asiente.
—Más que lista.
Levanta su sable y grita por última vez: —¡Levanten anclas!
¡Que esta noche se cante por nuestra gloria!
Y entre vítores, risas y lágrimas discretas, Mash finalmente guarda el Grial dentro del escudo.
Una luz brillante envuelve el barco.
La isla, el mar, todo comienza a desvanecerse como arena arrastrada por el viento.
Leonel abre los ojos.
Está de nuevo en el anillo de transferencia de Chaldea, junto a Mash y los demás Servants.
Silencio.
Solo el eco distante de un grito alegre de Drake resonando en sus recuerdos.
Mash lo mira y sonríe con melancolía.
—Otro mundo… salvado.
Leonel asiente.
Y entonces, voltea hacia adelante.
—Y otro por descubrir.
La luz del círculo de transferencia se apaga con un zumbido suave, revelando a Leonel, Mash, Tamamo, Nero, Jeanne, Artoria y los demás Servants en su forma física, cubiertos de polvo, sangre seca, escamas de dragón, sal, arena… y un fuerte aroma a mar.
En el centro de la sala los esperan Romani, Da Vinci y una recién despertada Olga Marie.
Los tres sonríen ampliamente.
—¡Bienvenidos de vuelta!
—dice Romani, extendiendo los brazos—.
¡Otra singularidad cerrada!
¡Buen trabajo!
—Y sobrevivieron a un demonio del Goetia, a piratas, dragones, y a la humedad marítima.
Debo decir, chicos…
—añade Da Vinci entre risas—.
Apestan horrible.
Olga se tapa la nariz con elegancia fingida.
—Sí, sí, felicidades…
pero por amor al Santo Grial, ¡váyanse a bañar!
Todos ríen, hasta los Servants, aunque Artoria apenas puede ocultar su incomodidad con el comentario.
Mash, como siempre, se endereza y asiente con energía.
—Sí, señorita Olga.
Iremos a los dormitorios inmediatamente.
Pero Leonel da un paso adelante, sonriente.
—Yo me voy por mi cuenta, necesito un rato a solas.
—Ya veo, —murmura Da Vinci con una sonrisita maliciosa—.
Claro que sí, héroe romántico.
Antes de que se retire, Nero se le acerca sin dudarlo.
De puntillas, le planta un beso en los labios, largo, apasionado y dramático, como solo una emperatriz sabría hacerlo.
—Mi león ha regresado triunfante.
Mereces mi afecto imperial.
Tamamo de inmediato, celosa, da un paso al frente con las orejas en alto y expresión determinada.
—¡¡No voy a quedarme atrás!!
¡Yo también merezco un beso por haberme esforzado!
Leonel, ya acostumbrado a la dinámica, suspira con una sonrisa y se inclina para darle el beso que exigía.
Tamamo lo recibe con un suspiro feliz, sus colas agitándose dulcemente.
A lo lejos, Mash observa en silencio.
Una sonrisa suave se dibuja en su rostro, pero sus ojos la delatan: celos discretos, una pequeña punzada en el pecho.
Aprieta las manos con fuerza.
Jeanne, por otro lado, cruza los brazos mientras mira a otro lado.
—Eso no tiene nada que ver con la misión… —musita, con el rostro ligeramente sonrojado.
Se niega a admitir lo que siente.
Artoria, que había permanecido callada, gira sobre sus talones al ver el beso.
Su cara se vuelve roja como una manzana.
La Reina de los Caballeros camina en silencio hacia los pasillos, murmurando algo inaudible.
Leonel, entre confuso y divertido, se despide con un gesto de mano.
—Nos vemos en la cena…
si no me ahogo en la regadera primero.
Todos se van por su cuenta.
Pero los ecos de aquella bienvenida, con risas, celos, y afecto, se quedan en el aire de Chaldea.
Leonel suspira mientras cierra la puerta de su habitación con un sonoro clic.
Las luces suaves del cuarto le dan la bienvenida como una cálida caricia.
Su cuerpo agotado solo desea una cosa: una buena ducha y, quizás, una siesta digna de héroe salvador de la humanidad.
Sin perder tiempo, entra al baño, se despoja de la ropa ensalada y arenosa, y enciende la regadera.
El vapor empieza a llenar el ambiente cuando escucha un sonido peculiar…
un suave y femenino “¡Tadaima~!” —¿Eh?
Voltea lentamente… solo para ver, saliendo entre la cortina del vapor como si emergiera de un sueño (o una pesadilla), a una figura muy familiar.
Cabello largo, lacio y azulado.
Kimono perfectamente ajustado a pesar del ambiente húmedo.
Y unos ojos intensamente brillantes que solo podrían pertenecer a Kiyohime.
—¿Q-Qué haces aquí?!
—exclama Leonel, cubriéndose lo mejor que puede con una toalla improvisada mientras retrocede.
Kiyohime sonríe con dulzura.
—Estaba esperándote, Ma~aster.
Quería darte una sorpresa…
romántica.
♡ Leonel palidece.
—¡¿Cómo entraste aquí?!
¡Mi habitación tiene seguro de seguridad de Chaldea!
—¿Seguro mágico?
Hmph, eso es pan comido cuando el amor verdadero guía tu camino.
—responde con una risita encantadora mientras se adentra lentamente en la regadera con él—.
Además…
estuviste con otras allá afuera.
Me muero si no me aseguro de que aún me amas solo a mí…
Leonel empieza a sudar frío.
No por el vapor, sino por la presión.
—K-Kiyohime, esto es peligroso…
no puedes simplemente entrar aquí y…
y…
—¿Y qué, Leonel-sama?
¿Hacerte mío?
—dice acercándose lentamente, con un brillo amoroso…
demasiado amoroso en los ojos—.
Prometo ser gentil.
♡ —¡¿Ser gentil?!
¡Esto es una emboscada romántica!
¡Una batalla sin cuartel!
¡No puedo perder ahora, no aquí, no así!
Con un salto ágil, Leonel logra esquivar una mano traviesa que iba directo a su cintura.
Resbala, pero se mantiene de pie, usando una toalla mojada como látigo improvisado para mantenerla a raya.
—¡Mi virginidad es una misión secundaria, no una principal!
—grita mientras intenta negociar su escape.
—No seas tímido, mi amor.
Serás mío eventualmente…
—responde Kiyohime, avanzando como una serpiente encantadora, rodeada de vapor y pasión.
La escena continúa como una mezcla de batalla y danza, con Leonel tratando desesperadamente de mantener su “pureza” intacta, mientras Kiyohime lanza cada línea como si fuera su Noble Phantasm personal de seducción.
Al final, Leonel logra encerrarse dentro del clóset de toallas, jadeando como si hubiera escapado de una Singularidad nivel EX.
Desde fuera, la voz melosa de Kiyohime se escucha: —Te amo, Leonel-sama… no importa cuánto corras, el destino nos une.
Y…
puedo esperar~ ♡ Leonel suspira desde su escondite.
—¿Cómo demonios sobreviví al Kraken, pero esto casi me mata?…
Aún jadeando y con la toalla aferrada a su cintura como si fuera una espada sagrada, Leonel se desliza fuera del clóset de toallas.
Sus pasos son cautelosos, como si anduviera por un campo minado.
El vapor del baño aún se arremolina en el aire… y ella no está a la vista.
—Tal vez… tal vez escapó por el ducto de ventilación… —murmura Leonel con esperanza.
Pero el sueño de la libertad dura exactamente tres pasos.
—¡Te encontré, Masteeer!
♡ Desde el rincón de la habitación, como si fuera una bestia mitológica acechando a su presa, Kiyohime emerge con su kimono perfectamente ceñido y una expresión mezcla de ternura y locura apasionada.
Sus ojos brillan con una devoción peligrosa.
El cerrojo de la puerta brilla detrás de ella… cerrado.
—¡¿Otra vez con la maldita traba mágica?!
—Leonel grita mientras da media vuelta para correr… solo para ser interceptado en el aire.
Kiyohime lo embiste, ambos caen sobre la suave alfombra de la habitación.
Leonel intenta resistirse, pero ella lo besa con una pasión salvaje, sus manos firmes en su pecho mientras le susurra con voz ronca: —Eres mío… mío, mío, mío… te amo más que a mi vida… y si alguien intenta arrebatarme ese amor… bueno, me convertiré en dragona otra vez…
♡ Leonel siente cómo su rostro se pone rojo como un tomate, su cuerpo arde, pero no por deseo… sino por pura supervivencia hormonal.
—No… puedo más… si esto sigue así, moriré como mártir virgen… Y entonces, ocurre algo inesperado.
—¡BASTA!
—grita él, y con una determinación templada por el infierno emocional que ha vivido desde Fuyuki, Leonel toma la iniciativa.
La gira y la somete él esta vez.
Kiyohime apenas alcanza a suspirar sorprendida cuando Leonel la besa de vuelta, con una mezcla de furia contenida, instinto primario y puro estrés post-singularidad.
El beso dura… mucho.
Tanto, que la misma Kiyohime empieza a jadear y ruborizarse como si fuera una colegiala vencida por el príncipe de sus sueños.
—S-si sigues así… moriré de amor… —balbucea con la mirada nublada y los labios entreabiertos.
Leonel se levanta, con el rostro totalmente rojo, respirando con dificultad.
Observa a Kiyohime, ahora colapsada sobre la alfombra, con un corazón flotante en la expresión.
—Dios mío…
lo hice.
Gané la batalla del amor…
pero perdí la guerra contra la tentación…
—piensa, mientras se tambalea hasta el baño.
El agua helada cae sobre su cabeza como una cascada purificadora.
Tiembla, pero se mantiene de pie.
Minutos después, Leonel sale, seca su cabello, se pone su pijama, y camina hacia la puerta para desactivar la traba mágica.
Abre la cerradura.
El cuarto está en paz.
Ve a Kiyohime aún desmayada, con una sonrisa tonta en el rostro, murmurando cosas como “Leonel-sama~ eres tan…
apasionado~”.
—Y pensar que todo esto empezó con querer darme un baño… Suspira, apaga la luz, y se recuesta en la cama con el cuerpo exhausto.
Kiyohime, como por instinto, se arrastra dormida hasta quedar acurrucada a su lado.
Leonel no se molesta en apartarla.
Simplemente cierra los ojos y deja que el sueño lo venza.
Leonel abrió lentamente los ojos, el sol colándose entre las cortinas de su habitación.
Se estiró ligeramente, sintiendo el peso de…
algo sobre él.
—¿Eh?
¿Qué rayos…?
Bajó la mirada, y ahí estaba: Kiyohime, dormida tranquilamente sobre su pecho, con una sonrisa tan dulce que parecía completamente inofensiva…
si no fuera porque sus piernas estaban entrelazadas con las suyas y su cuerpo, como si buscara derretirse contra él.
—¿Cómo demonios terminó así…?
—pensó, antes de que un recuerdo candente de la noche anterior le cruzara la mente como un rayo.
Su cuerpo respondió por instinto.
—Mmmh… Leonel-sama… ¿ya estás tan feliz de verme…?
—dijo una voz melosa y somnolienta.
Kiyohime abrió los ojos lentamente, sus mejillas ruborizadas y su expresión traviesa, mientras deslizaba una mano sobre el pecho de Leonel.
—Podríamos… continuar lo que dejamos pendiente anoche…~ —susurró en su oído con un tono tan dulce como peligroso.
Leonel tragó saliva.
La situación estaba al borde de lo irremediable.
Sus impulsos estaban gritándole ¡hazlo!, pero su conciencia… y una parte de él que valoraba ese momento como más que deseo… lo detuvo.
Tomando aire, puso sus manos en los hombros de Kiyohime y con firmeza pero sin brusquedad, le sonrió.
—Kiyohime… esto es especial.
Y quiero que cuando suceda, sea porque ambos estamos listos, no solo por el impulso.
Ella lo miró, confundida al principio… y luego completamente derretida.
Su rostro se encendió como una llama, sus ojos brillaron con una intensidad adorable, y le plantó un beso apasionado en los labios.
—Eres tan cruel y tan adorable al mismo tiempo, Leonel-sama… está bien.
Me aguantaré… pero solo porque tú lo pediste.
Aunque si necesitas… descansar tu cuerpo, sabes que yo estaré más que disponible…
♡ Leonel solo alcanzó a abrir la boca para responder, cuando…
—¡Leonel~!
¡Despierta ya!
Tamamo quiere desayuno contigo—¡¿QUÉ ES ESTO?!
—la voz de Nero estalló al abrir la puerta sin tocar.
—Leonel-kun~ vinimos por ti para comer—¡¿EH?!
—y la dulce pero intensa Tamamo la seguía justo detrás, sus orejas erguidas al ver a Kiyohime montada sobre Leonel, sus ropas algo desordenadas, y el clima del cuarto lleno de un cierto aroma.
Ambas se quedaron heladas por dos segundos… antes de que el volcán de celos explotara.
—¡¿Te estás adelantando a todas nosotras, serpiente obsesiva?!
—bramó Nero.
—¡Eso es injusto!
¡Yo también quería dormir con Leonel después de su gran victoria!
—agregó Tamamo con los ojos húmedos y brillantes.
Kiyohime solo se rió con picardía, y sin levantarse todavía de Leonel, respondió con voz desafiante: —Oh, mis queridas rivales… el que madruga se queda con el maestro…~ ♡ Leonel quería gritar.
O esconderse.
O congelar el tiempo.
Pero ya era demasiado tarde.
Tamamo y Nero saltaron sobre la cama, cada una agarrando una parte de él.
—¡Yo también quiero un beso!
—exigió Nero.
—¡Y yo uno con lengua, onegai~!
—añadió Tamamo, toda sonrojada.
Leonel solo pudo suspirar antes de que los besos simultáneos lo hicieran rodar por la cama entre suaves caricias y quejas amorosas, mientras Kiyohime los observaba con media sonrisa satisfecha.
—Este harem me va a matar…
y no precisamente en batalla.
—pensó, mientras su cuerpo desaparecía bajo una lluvia de besos apasionados.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com