Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Fate/Grand Persona - Capítulo 33

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Fate/Grand Persona
  4. Capítulo 33 - 33 Capitulo 32 Niebla en Londres
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

33: Capitulo 32: Niebla en Londres 33: Capitulo 32: Niebla en Londres Ubicación: Dormitorio de Leonel – Mañana La suave luz del sol filtrándose por la ventana fue lo primero que recibió a Leonel al despertar…

o al menos, eso esperaba.

En lugar de la usual sensación de tranquilidad matutina, algo…

o más bien alguien…

pesaba sobre él.

Abrió los ojos lentamente, sintiendo un calor extraño y una presencia femenina encima suyo.

Lo primero que vio fue una cabellera rubia suelta, un sombrero de pirata decorativo mal acomodado, y una sonrisa salvaje acompañada por unos ojos verdes chispeantes que lo miraban con descaro.

—Buenos días, tesoro —saludó Francis Drake, con tono juguetón y voz ronca de recién levantada, mientras su pecho se apoyaba descaradamente en el de Leonel.

—¿D-Drake?

¿Qué haces aquí…?

—balbuceó Leonel, intentando levantarse un poco, pero sus movimientos fueron interrumpidos cuando Drake, sin perder tiempo, lo besó apasionadamente.

El beso fue tan repentino como intenso, robándole todo el aliento, hasta que Drake se separó con una sonrisa traviesa.

—Te debía esto desde la última vez.

Tenías una deuda pendiente conmigo, ¿no?

—dijo, guiñándole un ojo.

Leonel apenas tuvo tiempo de responder cuando la puerta se abrió de golpe.

—¡¡Leonel!!

¿¡Vienes a desayun…!?

La voz melodiosa de Nero Claudius se detuvo abruptamente al ver la escena.

—¡¿Q-QUÉ ES ESTO?!

—gritó, entrando al cuarto con paso enérgico.

Kiyohime y Tamamo no Mae estaban justo detrás, y sus reacciones no se quedaron atrás.

—¡Leonel-sama…!

¡¿Cómo pudiste dejar que ESA pirata te montara primero…?!

—chilló Kiyohime, activando de inmediato su vena yandere.

—¡Ohhh no no no!

¡Esto es injusto!

¡Yo tenía planeado despertarte así el lunes!

—reclamó Tamamo, inflando los mofletes con indignación.

Leonel, atrapado entre las sábanas, con Drake aún encima suyo y las otras tres chicas acercándose como un escuadrón de élite, solo pudo suspirar internamente.

El caos romántico había comenzado otra vez.

—Chicas, por favor, puedo explic…

—¡Queremos besos también!

—gritaron al unísono las tres.

Drake se levantó triunfante, dándole una mirada pícara a las demás.

—Primero en llegar, primero en cobrar.

¿No es así como funcionan los tesoros?

—¡Eso lo veremos!

—responde Nero mientras se lanza a los labios de Leonel con determinación imperial.

Tamamo la sigue segundos después, sujetando el rostro de Leonel entre sus manos con dulzura para regalarle un beso largo y afectuoso, con una pequeña mordida al final para marcar territorio.

Kiyohime, celosa pero enamorada, lo mira intensamente antes de besarle la frente, luego la mejilla…

y finalmente los labios, de forma suave pero obsesiva.

Leonel, ahora completamente despierto (y rojo como un tomate), simplemente se rindió a su destino.

—Un día más en Chaldea…

—susurró para sí mismo, mientras era mimado, besado y prácticamente devorado a amor por su harem.

Desde la ventana, un pájaro digital piaba alegremente.

Mientras tanto, Mash, Jeanne y Artoria, que pasaban por el pasillo, escuchaban el escándalo dentro del cuarto.

—No otra vez…

—susurró Mash, apretando su escudo con frustración.

—¿Por qué no puedo dejar de mirar?

—se preguntaba Jeanne, al borde de rendirse a sus sentimientos.

Artoria, roja hasta las orejas, cerró los ojos y apuró el paso, murmurando: —Esto es indecente…

pero…

¿por qué me duele un poco el pecho?

Ubicación: Comedor principal de Chaldea – Mediodía El ambiente en el comedor de Chaldea era animado y cálido.

El murmullo de los servants disfrutando sus comidas se mezclaba con el suave tintinear de cubiertos.

En una mesa central, Leonel estaba rodeado por cuatro presencias que no pasaban desapercibidas.

Drake, con su típica sonrisa salvaje, daba un largo trago a su bebida mientras con su otra mano le ofrecía un trozo de carne a Leonel.

—Vamos, tesoro, abre la boca —dijo con picardía, mientras guiñaba un ojo.

—¡Yo lo iba a alimentar primero!

—protestó Nero, levantándose con energía y sosteniendo un tenedor con pasta, claramente lista para el contraataque romántico.

Kiyohime, acurrucada del otro lado de Leonel, lo miraba con adoración desbordante, como si en cualquier momento fuera a derretirse de amor.

—Leonel-sama, su almuerzo no sabrá igual si no lo recibe de mis manos…

por favor, déjeme consentirlo —susurró con dulzura peligrosa.

Tamamo no Mae sonreía tranquila, pero con una mirada afilada que demostraba que no pensaba perder en esta competencia.

—Fufu~ mi querido esposo necesita energía…

y yo se la daré con amor, cariño y proteína mágica.

Leonel, atrapado entre caricias, risitas y cucharas, solo suspiró y permitió que, por turnos, sus parejas lo mimaran con bocados y besos esporádicos.

Desde otra mesa, Mash los observaba con una expresión sombría, pinchando una ensalada sin ganas.

—A mí también me gustaría…

—murmuró para sí misma.

Jeanne, sentada junto a ella, trataba de ignorar la escena, pero sus mejillas rojas y los constantes desvíos de mirada delataban su incomodidad interna.

—No me afecta…

no me afecta…

¡No me afecta!

—se repetía mentalmente.

A su lado, Artoria fingía estar totalmente concentrada en su té, aunque sus orejas rojas decían otra cosa.

—¿Por qué siento esta presión en el pecho…?

Mientras tanto, en una esquina más alejada del comedor, Jeanne Alter estaba de brazos cruzados, observando fijamente a Leonel con una mirada crítica.

—Así que este es el tipo por el que esa santa tonta está suspirando…

hmmm…

—analizaba para sí, frunciendo el ceño—.

Tiene potencial…

si lo corrompo, podría ser interesante.

Tal vez…

demasiado interesante.

El ambiente romántico fue interrumpido abruptamente por el chirrido metálico de las bocinas de emergencia de Chaldea.

—¡Leonel, preséntate de inmediato en el centro de comando!

—se oyó la voz de Olga Marie, claramente alterada.

Leonel dejó el tenedor con resignación.

—Y justo cuando el postre iba a llegar…

—murmuró en voz baja, recibiendo risas de sus acompañantes.

—¡Entonces comerás postre cuando regreses, tesoro!

—prometió Drake, guiñándole un ojo.

—¡Y más de uno!

—añadió Tamamo con una sonrisa insinuante.

Nero, Kiyohime y Tamamo se levantaron con él, siguiéndolo sin dudar.

Detrás, Jeanne, Mash, Artoria y Jeanne Alter también se levantaron, cada una por sus propios motivos: celos, confusión o simples deseos de no quedarse atrás.

Emiya, con el mandil aún puesto, salió de la cocina limpiándose las manos, justo a tiempo para unirse al grupo.

—¿Otra misión?

Bueno…

ya lavé todos los platos.

Supongo que puedo patear traseros ahora —comentó con su típica actitud calmada.

Y así, con una pequeña procesión detrás de él, Leonel caminó con paso firme hacia el centro de comando, sabiendo que otra batalla por el destino de la humanidad estaba a punto de comenzar.

Ubicación: Centro de Comando de Chaldea – Minutos después del llamado de Olga Las puertas del centro de comando se abrieron con un sonido mecánico y elegante.

Leonel, seguido por su séquito personal de servants y acompañantes, entró con paso firme.

A pesar del alboroto previo en el comedor, en este lugar reinaba una atmósfera solemne.

Olga Marie, con una carpeta holográfica en la mano, se giró al verlos llegar.

—¡Por fin llegas!

¡Tenemos noticias importantes!

Romani, más relajado pero claramente preocupado, saludó con una sonrisa.

—Buenos días a todos.

Lamento interrumpir su desayuno romántico, pero acabamos de detectar una nueva singularidad.

Da Vinci, con su característica energía alegre, activó una pantalla que mostraba un mapa antiguo de Europa.

—Destino: Londres, año 1888.

La ciudad entera está sumida en una niebla densa y venenosa.

No se sabe con certeza qué la está generando, pero los signos mágicos indican que el Santo Grial está involucrado.

Leonel observó los datos con atención, aunque por dentro ya sabía lo que venía.

“Jack el Destripador…” pensó, recordando el juego.

Pero si las singularidades están cambiando…

no puedo confiarme.

—¿Hay alguna figura conocida presente?

¿Servants activos?

—preguntó con calma.

—Hasta ahora, no hay registros claros —respondió Romani—.

Pero los niveles de mana son inestables…

probablemente hay varios Servants involucrados.

Leonel se giró hacia sus Servants.

—Muy bien…

¿quién viene conmigo esta vez?

Tamamo, aún con su kimono ligeramente desordenado por los eventos del desayuno, levantó la mano con pereza.

—Mi adorable esposo, esta vez paso.

Aún estoy agotada de nuestra travesía por Okeanos.

Necesito un día de belleza y magia…

y quizás planear algo especial para tu regreso, fufu~.

Leonel tragó saliva con fuerza.

—¿A-algo especial?

Nero se estiró como una emperatriz cansada en su trono.

—Ufufu, yo también me abstendré.

¡He de preparar una velada imperial digna de tu regreso, Leonel!

¡Con música, vino y pasión!

Kiyohime simplemente lo miró con ojos encendidos y sonrisa dulce.

—Yo tengo algo…

muy, muy especial planeado para ti cuando regreses.

Así que, por favor…

sobrevive.

Leonel sudó frío.

—…Notado.

Drake, recostada sobre una consola, se levantó de golpe con una sonrisa salvaje.

—¡¿Una misión en Londres?!

¡Cuenta conmigo, tesoro!

Tengo deudas con esa ciudad.

Además, alguien tiene que mantenerte sobrio.

Mash dio un paso al frente con seguridad.

—Donde tú vayas, yo iré, Senpai.

Siempre.

Artoria, seria como siempre, alzó la mirada hacia la imagen de Londres en la pantalla.

—Ese lugar…

fue mi hogar.

No puedo ignorar esto.

Iré también.

Jeanne, cruzada de brazos, suspiró.

—Esta vez me quedaré.

Quiero…

reflexionar sobre algunas cosas.

Leonel la miró curioso, pero asintió sin presión.

Emiya, de brazos cruzados, parecía meditar la situación.

—Londres suena interesante…

pero si dejo la cocina, Chaldea entra en caos.

¿Sabías que Olga amenazó con cerrar el comedor si se acababa el curry otra vez?

Olga, desde su rincón, gritó: —¡Y lo haré de nuevo!

Finalmente, una voz conocida pero cargada de ironía se escuchó al fondo.

—Yo iré.

—Jeanne Alter apareció, caminando lentamente con sus brazos cruzados—.

No por ti, claro.

Solo quiero…

observar.

Estudiarte.

Ver si eres alguien digno de mí cuando la otra “yo” no esté alrededor.

Jeanne Ruler, desde la entrada, giró el rostro lentamente hacia Alter.

—¿Disculpa?

—Nada, hermanita —replicó Jeanne Alter con una sonrisa burlona.

Jeanne se quedó callada, pero un escalofrío le recorrió la espalda.

—…Algo malo va a pasar —murmuró para sí.

Romani aplaudió una vez se confirmó el equipo.

—Muy bien.

Leonel, Mash, Drake, Artoria y Jeanne Alter formarán el equipo principal.

Prepárense.

Parten en una hora.

Leonel respiró hondo y miró a su equipo.

No era el más equilibrado…

pero sí el que tenía.

Y eso bastaba.

—Vamos a ponerle fin a esta niebla…

y a descubrir qué diablos está pasando con las Singularidades.

Ubicación: Londres, año 1888 – Zona de Ingreso de la Singularidad El anillo de luz de la teletransportación mágica se disipó lentamente, dejando al equipo de Leonel de pie en medio de una densa y espesa niebla grisácea.

El suelo bajo sus pies era húmedo y fangoso, y el aire se sentía pesado, cargado con una sustancia intangible que raspaba levemente la garganta…

al menos, si no estuvieras preparado para ello.

Leonel dio un paso al frente, observando su entorno.

El cielo era un lienzo oscuro, apenas visible por la capa opaca de niebla que lo cubría todo.

Las luces del sol apenas lograban colarse, convirtiendo la ciudad en un limbo etéreo.

—No se ve nada…

—murmuró, entrecerrando los ojos.

La voz de Tezcatlipoca resonó en su mente.

—No es solo niebla, pequeño.

Esto…

es un velo mágico, cargado de odio y muerte.

No proviene de la naturaleza, sino de algo…

maldito.

Mash, justo a su lado, sostenía su escudo con firmeza.

—El análisis inicial confirma la presencia de partículas mágicas nocivas en el aire, pero gracias a nuestra conexión, Senpai, estás protegido por mis defensas.

El veneno no te hará daño.

Leonel asintió con alivio.

Los Servants, por su parte, no parecían afectados en lo más mínimo.

Artoria, con su espada en mano, escaneaba con los ojos los contornos borrosos a través de la niebla; Drake giraba su pistola con una sonrisa relajada pero alerta; y Jeanne Alter simplemente cruzaba los brazos con fastidio.

—¿Esto es lo mejor que puede hacer esta supuesta “Singularidad”?

Una ciudad sin visión y con olor a pescado muerto.

Fascinante.

Leonel cerró los ojos unos segundos, tratando de usar su conocimiento del juego para identificar el lugar exacto, pero no lograba reconocer nada.

Las calles, los edificios, los sonidos…

todo estaba distorsionado.

—No puedo ubicarme.

No hay puntos de referencia —dijo con frustración.

Entonces, Tezcatlipoca habló con gravedad: —Leonel.

Se acerca algo.

No humano.

No natural.

Todos se tensaron.

Mash levantó su escudo, Drake apuntó, Artoria giró su espada en posición de guardia, y Jeanne Alter…

simplemente sonrió.

De entre la niebla, se escucharon pasos ligeros, casi como si alguien caminara descalzo sobre los charcos.

Luego, un susurro suave…

infantil.

Inocente.

Y completamente fuera de lugar: —…¿Mamá?

La figura emergió.

Una niña de cabello blanco, cuerpo pequeño, con cicatrices visibles en sus brazos y piernas.

Sus ojos estaban apagados, y en sus manos, dos afilados cuchillos brillaban con intención asesina.

Leonel retrocedió un paso instintivamente.

Él la conocía.

No había forma de no hacerlo.

—Jack…

el Destripador —susurró, sus palabras como un balde de agua fría.

—¿Eh?

¿Una niña?

—preguntó Drake, desconcertada.

—No se dejen engañar —dijo Leonel con firmeza—.

Es una Assassin.

Muy peligrosa.

Sin previo aviso, Jack se lanzó directamente hacia Leonel, sus cuchillos buscando su garganta.

—¡¡Senpai!!

—gritó Mash, bloqueando el ataque con su escudo.

CLANG Las cuchillas chocaron con fuerza contra la defensa de Mash, causando chispas.

Jack saltó hacia atrás con una expresión inexpresiva, como si no entendiera por qué su ataque no había funcionado.

Artoria dio un paso al frente.

—¡Prepárense para el combate!

Drake sonrió, alzando su pistola.

—Esto se puso interesante.

Jeanne Alter chasqueó la lengua con diversión.

—Una asesina loca, una niebla infernal y un Leonel siempre rodeado de chicas…

Nada cambia.

Leonel se colocó detrás de Mash, coordinando rápidamente: —No la subestimen.

Es rápida, silenciosa y letal.

¡Vamos a neutralizarla!

Así, entre cuchillas danzantes, gritos de combate y la niebla maldita que los envolvía como una tumba viviente, la nueva singularidad daba inicio.

Y esta vez, la oscuridad era más espesa que nunca.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en patreon para seguir escribiento estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo