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Fate/Grand Persona - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Capitulo 33 Asesinos en Londres
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34: Capitulo 33: Asesinos en Londres 34: Capitulo 33: Asesinos en Londres El aire vibraba con tensión.

La figura de Jack el Destripador permanecía estática por un segundo entre la niebla, sus cuchillos goteando una delgada capa de sangre que había rozado el brazo de Mash.

Leonel cerró los ojos y concentró su energía.

—¡Persona!

—gritó, alzando su brazo.

Una explosión de humo azulado y luz dorada estalló a su alrededor, y de ella emergió la imponente figura de Tezcatlipoca, envuelto en un manto de sombras y fuego sagrado.

El dios giró sus ojos brillantes hacia la figura infantil.

—Esa criatura…

no es una niña.

Es la encarnación del miedo, del abandono y del asesinato.

Su fuerza radica en el sigilo, la sorpresa…

pero su debilidad, Leonel, es que lucha sola.

Aíslenla.

Enciérrenla.

No la dejen escapar.

Leonel asintió, y en voz alta gritó a sus aliados: —¡Es rápida y letal!

Pero sola.

¡No la dejen moverse libremente!

¡Encerrémosla y la obligamos a retroceder!

Mash se adelantó, su escudo al frente.

—¡Entendido, Senpai!

Drake disparó una ráfaga de energía mágica con sus pistolas, obligando a Jack a moverse a la izquierda.

Inmediatamente, Artoria se colocó en ese flanco, bloqueando el escape con su espada brillante.

—¡No vas a ninguna parte!

—declaró la Reyna de los Caballeros.

Jeanne Alter apareció por la retaguardia, su espada envuelta en oscuridad.

—Vamos, pequeña.

¿No querías jugar?

Jack intentó atacar con una secuencia rápida de cuchilladas, pero fue repelida una y otra vez.

Incluso cuando consiguió acercarse a Leonel, Mash y Drake interceptaban sus movimientos.

Artoria la forzaba a retroceder con cada embate, y Jeanne Alter, como una sombra, le cerraba toda vía de escape.

Un destello de energía cruzó su pierna: Jeanne Alter la había herido.

Jack jadeó, por primera vez mostrando señales de agotamiento.

—…mamá…

—susurró en voz baja, confundida y molesta.

Tezcatlipoca murmuró con frialdad: —El alma de una niña perdida.

El corazón de un monstruo.

Viendo que no podría ganar en esa situación, Jack dio un salto hacia atrás, desapareciendo entre la niebla.

—¡Se retira!

—alertó Mash.

Leonel bajó la mano, cancelando la invocación de su Persona mientras observaba la dirección por donde Jack había huido.

—No la persigan.

En esta niebla, sería una trampa segura.

Jeanne Alter chasqueó la lengua.

—Tch.

Apenas se estaba poniendo divertido…

Artoria bajó su espada lentamente.

—Esto apenas comienza.

Jack no es el verdadero peligro…

sólo una pieza más del juego.

Drake se cruzó de brazos, sus pistolas aún humeando.

—Esto no es una niebla cualquiera…

y ese grial está haciendo cosas muy, muy peligrosas aquí.

Leonel respiró hondo, observando a su equipo.

—Sigamos con cuidado.

Tezcatlipoca, mantente alerta.

Si esa niña vuelve…

no la subestimaremos de nuevo.

La niebla seguía envolviendo Londres como un sudario, pero Leonel y sus compañeros acababan de enviar un mensaje claro: no estaban allí para ser cazados.

La niebla no cesaba.

Londres seguía cubierta por un velo espeso, húmedo y venenoso, haciendo que cada paso fuera dado con cautela.

Las calles estaban desiertas, solo las farolas rotas y los techos puntiagudos de las casas victorianas emergían como espectros entre la bruma.

Jeanne Alter encabezaba el avance, su espada alzada y sus ojos brillando con tensión.

—No me gusta esto.

Ni un alma en kilómetros, pero el ambiente grita que estamos siendo vigilados…

Mash caminaba cerca de Leonel, el escudo al frente como un bastión de acero y magia.

—Senpai, mantente cerca.

No hay líneas de visión claras y esta niebla reduce nuestro rango de percepción…

Drake vigilaba los flancos, girando con rapidez ante cualquier sonido.

—Esto se siente como navegar por una tormenta sin brújula.

Artoria se mantenía cerca, su mirada fija al frente.

—No subestimemos lo que puede ocultarse en la niebla.

Jack nos lo demostró.

De pronto, Tezcatlipoca emergió brevemente en un destello oscuro y etéreo frente a Leonel.

—¡Cuidado!

Hay otra presencia.

Esta es más densa…

más vieja…

y mortalmente silenciosa.

¡CHAC!

Un sonido seco de impacto se escuchó.

Mash apenas alcanzó a levantar su escudo cuando un filo curvado y negro se estrelló contra él desde arriba.

El atacante desapareció al instante entre la niebla como si nunca hubiera estado allí.

—¡Emboscada!

—gritó Mash.

Una figura emergió de la niebla, caminando con calma.

Vestía de negro, cubierto por capas oscuras.

Su rostro estaba cubierto por una máscara de calavera, y sus ojos brillaban con una malicia espectral.

Su figura no era imponente, pero de él emanaba un aura de muerte absoluta.

—…la muerte viene con silencio…

y yo soy su mensajero.

Leonel tragó saliva.

Sabía quién era.

Uno de los tantos Hassan-i-Sabbah, miembros del legendario gremio de asesinos.

—Un Hassan…

—murmuró Jeanne Alter con una mezcla de respeto y amenaza.

—El silencio de la muerte es su don…

y su maldición —añadió Tezcatlipoca en un tono sombrío.

El Hassan alzó su brazo, y múltiples dagas negras volaron desde su túnica como una lluvia de muerte.

Drake disparó para interceptarlas, mientras Artoria saltaba al frente con su espada lista, y Mash protegía a Leonel con su escudo.

—¡Formación defensiva!

—ordenó Leonel—.

¡Que nadie se separe!

La batalla era inminente.

El Hassan, rodeado por la niebla, se movía con fluidez espectral.

No hacía ruido.

No dejaba rastros.

Sus ataques eran rápidos, pero calculados, buscando fisuras en la defensa grupal.

Esta vez, no sería como con Jack.

Esta vez, la muerte venía por ellos con una cara cubierta por hueso y un nombre olvidado por el tiempo.

El Hassan se movía como un espectro entre la niebla, cada pisada silenciosa, cada cuchillo lanzado con precisión quirúrgica.

El crujido del aire cortado era el único aviso antes del impacto.

Su figura parecía desvanecerse entre las sombras y reaparecer sin previo aviso, como si la misma niebla lo protegiera.

—¡Demasiado rápido!

—gritó Drake, esquivando por centímetros una cuchilla que se estrelló contra una pared cercana con fuerza letal.

Leonel, al centro del grupo, mantenía una postura defensiva.

A su lado, Tezcatlipoca flotaba como una sombra cósmica con ojos brillando de inteligencia ancestral.

—Es un experto en cambios de ritmo —advirtió Tezcatlipoca—.

Alterna entre combate cuerpo a cuerpo y a distancia con fluidez.

Su objetivo es romper la sincronización del equipo.

Leonel asintió, respirando hondo, y cerró los ojos por un momento.

—¡Jeanne, acércate!

¡Manténlo ocupado de frente!

¡Drake, apunta a su sombra cuando desaparezca!

¡Está usando la niebla para engañar nuestros ojos, pero no puede ocultar su silueta al disparo preciso!

—¡Entendido!

—gritaron ambas al unísono.

Jeanne Alter rugió como una bestia liberada y se lanzó hacia el Hassan, su espada negra brillando con fuego oscuro.

El asesino bloqueó con un cuchillo, desviando el golpe con una maestría sorprendente.

La colisión de metales resonó como un campanazo fúnebre.

Jeanne atacaba sin pausa, buscando romper su defensa, pero el Hassan parecía flotar, desviando con una agilidad casi inhumana.

Un giro, una pirueta, una contra con la hoja curva.

Una danza letal.

A varios metros, Drake disparaba con precisión, usando la poca visibilidad a su favor.

Cada vez que el Hassan se alejaba de Jeanne para lanzar cuchillas, Drake respondía con una ráfaga certera, obligándolo a moverse sin descanso.

—¡No se queda quieto ni un segundo!

—murmuró Drake—.

Pero eso solo significa que tarde o temprano, ¡cometerá un error!

Leonel, sincronizado con Tezcatlipoca, gritaba nuevas órdenes: —¡Ataca su flanco izquierdo, Jeanne!

¡Acaba de tensionar el brazo derecho al bloquear!

¡Drake, cinco grados a la derecha, ahí estará en tres segundos!

Las palabras eran como comandos divinos.

Jeanne cambió su dirección en un instante, cortando con fuerza, y Drake giró levemente su pistola y disparó.

El disparo rozó el brazo del Hassan, y el corte de Jeanne desgarró su capa, haciendo que el asesino retrocediera por primera vez con una respiración agitada.

Tezcatlipoca murmuró: —Está herido.

No gravemente…

pero el equilibrio del combate cambió.

Ahora siente la presión.

El Hassan retrocedió un paso…

y luego otro.

La niebla lo cubría, pero su figura ya no era tan etérea.

Ahora era un hombre enfrentando cazadores que habían aprendido su ritmo.

—Jeanne, Drake —dijo Leonel con firmeza—.

Preparémonos.

Esta vez, vamos a cazar al asesino.

El Hassan seguía moviéndose con una rapidez aterradora, pero la presión conjunta de Drake y Jeanne Alter lo había puesto al límite.

Cada disparo obligaba al asesino a cambiar de dirección, y cada embestida de Jeanne Alter era más furiosa que la anterior.

La Avenger sonreía con fiereza, casi enloquecida por el ritmo de la batalla.

—¡No vas a huir de mí, asesino cobarde!

—gritó Jeanne Alter, su espada cortando el aire con violencia oscura.

Drake soltó una carcajada salvaje, disparando sin cesar.

—¡Te tenemos contra la pared, fantasma!

¿¡Vas a correr como un ratón o a morir como un hombre!?

El Hassan no respondió.

En cambio, giró en seco, lanzó una cortina de cuchillos para forzar distancia, y dio un salto hacia la niebla.

Su silueta parpadeó entre las sombras, desdibujándose con cada paso.

—¡No!

—gruñó Jeanne Alter, arrojándose tras él—.

¡NO VAS A ESCAPAR!

Pero cuando llegó al lugar donde había estado…

ya no había nadie.

Silencio.

Sólo niebla.

Drake bajó sus pistolas, chasqueando la lengua con molestia.

—Huyó como un maldito fantasma…

otra vez.

Jeanne Alter miraba la niebla con los dientes apretados, frustración en cada fibra de su cuerpo.

—¡Cobarde!

¡Lo tuve!

Leonel se aproximó junto a Mash, quien mantenía su escudo alzado y su mirada atenta a los alrededores.

Fue entonces que Tezcatlipoca habló con voz grave: —No es sólo niebla…

este fenómeno tiene un patrón mágico complejo.

No es una defensa.

Es un sistema de vigilancia y rastreo.

Todo Londres…

está siendo monitoreado.

Leonel frunció el ceño.

—¿Por quién?

Tezcatlipoca flotó más alto, escaneando el entorno con su energía divina.

—Aún no lo sé.

Pero la niebla no es simplemente veneno: está diseñada para cubrir movimientos, ocultar señales mágicas…

y observar.

Como si fuésemos ratas en un laberinto.

Mash apretó su escudo con más fuerza.

—Entonces no podemos seguir de esta manera.

Si seguimos moviéndonos sin plan, vamos a sufrir más emboscadas.

Leonel asintió con seriedad.

—Tenemos que buscar refugio.

Un lugar donde la niebla no nos alcance, al menos por un tiempo.

Un punto de análisis, donde podamos planear nuestro siguiente movimiento.

—Con gusto guiaría la búsqueda —interrumpió Drake—, pero esta niebla es espesa incluso para una pirata como yo.

Jeanne Alter suspiró, visiblemente molesta.

—Y yo que pensaba arrancarle la cabeza al menos a uno de estos asesinos…

Leonel observó la niebla densa y pensó en voz alta: —Esto es diferente.

Esta singularidad ya está demostrando ser más complicada que las anteriores.

Hay que moverse con más cautela…

y menos confianza en lo que creemos saber.

Tezcatlipoca asintió solemnemente.

—Prepárense.

Londres está viva…

y nos está observando.

Londres se extendía frente a ellos como un laberinto maldito.

Las calles eran indistinguibles unas de otras, envueltas en una niebla tan espesa que incluso la luz de las farolas parecían ahogarse en la oscuridad.

Leonel caminaba al frente junto a Mash, su escudo firme y su mirada alerta.

Drake y Jeanne Alter cubrían los flancos, mientras Artoria cerraba la retaguardia con la espada lista.

La tensión en el grupo era palpable, y el cansancio comenzaba a hacer mella en todos.

—Llevamos horas caminando sin rumbo fijo…

—murmuró Drake, exhalando con frustración—.

Esto ya no es niebla.

Es un maldito pantano de magia.

Tezcatlipoca, manifestado sobre Leonel con su presencia etérea y solemne, proyectó un destello desde sus ojos brillantes mientras analizaba los alrededores.

—La bruma está saturada con energía mágica a niveles anormales.

Esta no es una maldición común.

Es una construcción mágica masiva, y el Santo Grial está en el corazón de ella.

—¿Lo están usando como catalizador?

—preguntó Mash.

—Así es —confirmó Tezcatlipoca—.

El Grial está alimentando esta niebla.

Su poder es tan intenso que distorsiona la percepción, suprime la magia de rastreo y oculta incluso presencias espirituales.

Por eso nuestros oponentes nos encuentran…

pero nosotros no podemos rastrearlos.

Leonel apretó los puños.

—Necesitamos un lugar seguro.

No podemos seguir como presas.

Caminando unas cuadras más, la niebla comenzó a disminuir levemente en una intersección olvidada.

A un costado, una mansión victoriana antigua se alzaba como una sombra entre la niebla.

La casa parecía intacta, lo cual ya era extraño en medio del caos.

Sus ventanas estaban cerradas, pero ninguna luz salía de su interior.

—Ese lugar…

—Tezcatlipoca se detuvo, su aura temblando con una extraña mezcla de alivio y suspicacia—.

Aquí…

hay un espacio mágico neutro.

La niebla no penetra con la misma intensidad.

Las paredes tienen inscripciones antiguas…

runas de protección.

No son británicas…

parecen griegas.

Drake silbó.

—¿Una mansión con seguro mágico?

Ahora esto se pone interesante.

—¿Es seguro?

—preguntó Jeanne Alter, aún recelosa.

Tezcatlipoca asintió.

—Lo suficiente como para descansar.

No detecto presencia hostil.

Las runas aún están activas…

alguien las colocó para proteger este lugar del interior hacia fuera.

No al revés.

Leonel se acercó a la puerta principal, puso la mano en la empuñadura.

La sensación era…

rara.

No como entrar en territorio enemigo, sino como si el edificio esperara.

—Vamos a entrar.

No tenemos opción —dijo, abriendo la puerta.

El interior estaba en silencio, cubierto de polvo, pero extrañamente limpio.

Los muebles estaban en su lugar, las cortinas cerradas, la chimenea apagada pero aún con cenizas frescas.

Mash encendió una lámpara, y por primera vez desde que llegaron a Londres…

pudieron ver con claridad.

—Parece que alguien vivía aquí hasta hace poco…

—murmuró Artoria.

—Sea quien sea, ya no está —agregó Jeanne Alter—.

O se esfumó con la niebla, o fue más inteligente que nosotros y se largó antes.

Leonel dejó su bolso en una mesa polvorienta.

Respiró profundo.

—Esta será nuestra base de operaciones por ahora.

Nos reorganizaremos aquí, analizaremos la niebla, rastrearemos la fuente del Grial…

y esta vez, no dejaremos que se nos escape.

Tezcatlipoca cerró la puerta con un aura mágica que reforzó las defensas.

—Y estén atentos…

si esta casa fue protegida, también fue valiosa para alguien.

Tal vez podamos encontrar pistas aquí…

sobre quién controla la niebla…

y qué planea hacer con Londres.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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