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Fate/Grand Persona - Capítulo 35

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  4. Capítulo 35 - 35 Capitulo 34 La mansion mortal
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35: Capitulo 34: La mansion mortal 35: Capitulo 34: La mansion mortal Era difícil decir si el tiempo avanzaba o simplemente se disolvía entre la niebla que asfixiaba Londres.

No había sol, ni luna, ni estrellas.

Solo una penumbra grisácea que lo cubría todo.

Para Leonel y sus compañeros, cada hora se sentía igual a la anterior…

salvo por las constantes emboscadas.

Assassins.

Decenas.

No particularmente poderosos, pero sí infinitos.

Los combates eran cortos, pero constantes, como una gotera que lentamente erosiona la piedra.

Las energías de los Servants, aunque vastas, no eran inagotables.

Y más de uno comenzaba a mostrar signos de tensión: movimientos menos fluidos, respiraciones más pesadas, miradas más tensas.

—Esto es una tortura psicológica —gruñó Drake, limpiando la hoja de su sable tras otro combate—.

No pelean para ganarnos.

Solo para desgastarnos.

—Sí…

—respondió Leonel, con la mirada dura—.

Esto es guerra de desgaste.

Y lo peor es que están logrando su objetivo.

Tezcatlipoca, manifestado a su lado, irradiaba una energía constante, extendiendo su conciencia por el área, detectando movimientos, presencias y vibraciones mágicas en tiempo real.

—No tienen un solo punto de control —explicó el dios—.

Están usando el Santo Grial como un generador de niebla mágica que conecta todos los sectores de Londres.

Es una red viviente.

Como un sistema nervioso.

Fue entonces cuando Jeanne Alter, en la vanguardia, alzó la mano.

—¡Deténganse!

Hay algo adelante.

Emergiendo de la bruma, se reveló un lago oscuro, de aguas quietas que no reflejaban absolutamente nada, ni siquiera la niebla.

Era como si el agua absorbiera la luz.

Más allá del lago, apenas visible, se alzaba una mansión antigua.

De arquitectura victoriana, su silueta era elegante pero siniestra.

Ni un solo cristal brillaba, ni una vela titilaba en su interior.

Mash entrecerró los ojos.

—¿Es…

un lugar seguro?

Tezcatlipoca giró hacia la estructura.

—…No detecto trampas inmediatas.

Pero la mansión está envuelta en una magia diferente.

Más densa…

más estructurada.

No es parte de la niebla.

Es una fuente de resistencia a ella.

Artoria se adelantó unos pasos.

—¿Entonces…

es una anomalía en medio del sistema?

—Exactamente —respondió el dios—.

Y eso lo vuelve interesante…

o peligroso.

Leonel observó el lago.

Silencioso.

Inmóvil.

Demasiado inmóvil.

—No me gusta —murmuró—.

Algo aquí no cuadra.

¿Por qué este lugar no fue cubierto como el resto de la ciudad?

—Podría ser el lugar de origen —sugirió Jeanne Alter—.

O una fortaleza de alguien que también se opone al controlador de la niebla.

—¿Entramos o no?

—preguntó Drake, apoyando una mano sobre el hombro de Leonel—.

No podemos estar vagando eternamente.

Este lugar tiene estructura.

Eso ya es mejor que la locura allá afuera.

Leonel asintió lentamente.

—Hagamos una reunión.

Todos se reagruparon cerca de la orilla del lago, las espadas enfundadas pero los sentidos aún alerta.

Mash desplegó su escudo como una mesa improvisada mientras Tezcatlipoca manifestaba un mapa espiritual rudimentario de la zona.

—Opciones —dijo Leonel, mirando a cada uno—.

Uno: entramos a la mansión, evaluamos su seguridad, buscamos pistas o al menos refugio.

Dos: evitamos el lago y seguimos avanzando a ciegas.

¿Opiniones?

Jeanne Alter fue la primera en hablar, cruzada de brazos.

—Propongo entrar.

Si es una trampa, la destruimos.

Si es un refugio, descansamos.

Drake asintió.

—Estoy con la chica vengativa.

Esa mansión grita “misterio”, y los misterios esconden pistas.

Pistas llevan al Grial.

Mash vaciló.

—Si vamos, deberíamos proceder con extremo cuidado…

escudo al frente, todos juntos.

Artoria, solemne, miró el lago.

—El mal suele ocultarse en belleza y orden.

Pero también…

la esperanza.

Leonel observó a Tezcatlipoca.

El dios simplemente le devolvió la mirada.

—Tú decides, Guerrero.

Yo protegeré tu vida, sea cual sea el camino.

Leonel cerró el puño.

—Vamos a cruzar el lago.

Preparados para lo peor…

pero esperando encontrar algo que nos acerque al Grial.

La niebla silbó en los bordes del agua, como si la ciudad misma los observara.

Y con el corazón palpitando en sus pechos, el grupo avanzó.

El grupo cruzó el lago en silencio.

Las aguas no se agitaban.

Ni siquiera se escuchaban insectos o el susurro del viento.

El mundo parecía haber contenido la respiración.

Frente a ellos, al otro lado de la neblina, se erguía una mansión colosal.

Antiguo estilo victoriano, columnas góticas, gárgolas en los aleros…

y ventanas selladas como ojos ciegos.

No había rastro de vida, pero la energía mágica que emanaba del lugar era sofocante.

Leonel dio un paso adelante, con su mano en el mango de su daga.

—Esto…

esto no es arquitectura normal.

Tezcatlipoca apareció a su lado, con sus ojos brillando como carbones ardiendo.

—No lo es.

Esta mansión ha sido fabricada por el Santo Grial mismo.

No es una construcción antigua ni un edificio real.

Es una estructura nacida de la voluntad mágica del Grial, sostenida por alquimia y hechicería compleja.

Leonel tragó saliva.

—Entonces…

podría ser uno de los núcleos de esta singularidad.

—Y uno de los lugares más peligrosos en toda Londres —añadió Mash, firme, con su escudo en alto.

Jeanne Alter sonrió con ferocidad.

—Perfecto.

Siempre he querido destruir una casa embrujada.

Drake rió por lo bajo.

—Me pido el sótano.

Artoria desenfundó Excalibur.

—Entramos.

Prioridad: investigar.

Pero todos listos para pelear.

Las puertas de la mansión crujieron al abrirse solas, como si estuvieran esperándolos.

Un pasillo largo y oscuro los recibió.

Candelabros flotaban en el aire, encendidos con llamas azuladas.

El piso de mármol blanco estaba impecable, pero cada paso que daban resonaba como si caminaran sobre huesos.

Entonces, una voz suave y educada cortó el silencio.

—Vaya, vaya…

parece que tengo invitados inesperados.

Desde el fondo del vestíbulo descendió una figura.

Un hombre delgado, de túnica azul profundo, con guantes blancos y una expresión serena…

Paracelsus von Hohenheim, Servant de clase Caster, uno de los más célebres alquimistas de la historia.

Su mirada se clavó en Leonel, como un cirujano contemplando una anomalía fascinante.

—Así que tú eres el último Master de la humanidad.

Interesante.

Las leyendas no te hacen justicia…

eres más mundano de lo que esperaba.

Leonel se puso en guardia de inmediato, sus ojos serios.

—¿Eres uno de los responsables de esta singularidad?

Paracelsus asintió con una sonrisa educada.

—Por supuesto.

Junto con mis dos colegas, estoy reescribiendo la historia para adecuarla al orden que debería haber sido.

Londres se convertirá en la cuna de un nuevo entendimiento del alma y la materia.

Jeanne Alter dio un paso al frente.

—¿Matando inocentes con niebla venenosa y enviando Assassins a matar sin cesar?

¿Eso te parece un buen comienzo?

—Sacrificios necesarios.

El conocimiento siempre tiene un precio —respondió el Caster con tranquilidad—.

Y ustedes…

son variables no deseadas.

Sus ojos brillaron con luz etérea.

—Así que debo eliminarlos.

Con un chasquido de sus dedos, círculos mágicos se activaron en las paredes y el techo.

Golems alquímicos emergieron del suelo, de los muros, incluso del aire: autómatas humanoides de piedra y metal bañados en magia.

—¡Formación de combate!

—gritó Mash, bloqueando el primer ataque de un gólem.

Leonel invocó de inmediato a Tezcatlipoca, cuya presencia en la sala oscureció aún más el ambiente.

—¡Caster confirmado!

—dijo Leonel— ¡Paracelsus, especialista en alquimia y manipulación del alma!

¡Eviten ataques frontales!

¡Destruyan los círculos mágicos primero!

Drake y Jeanne Alter cargaron juntas al frente, disparando y cortando con precisión.

Artoria se cubría con Mash mientras cargaba energía para un ataque mágico.

Pero Paracelsus no solo esperaba.

Él también atacó.

—”El cuerpo es un recipiente…

el alma, su combustible” —murmuró—.

“Transmutación de energía vital: activación.” De sus manos surgió una oleada de magia pura.

Rayos de alquimia impactaron cerca de Leonel, forzándolo a esquivar.

—¡No subestimen al alquimista que descubrió la raíz de la transformación humana!

—gritó Paracelsus con los ojos encendidos.

Tezcatlipoca lo miró con severidad.

—Este hombre…

no es un simple Caster.

Está usando el Grial para recrear el alma humana a su imagen.

—Entonces tenemos que detenerlo ahora —murmuró Leonel—.

¡Todos, prioridad: destruir a Paracelsus!

La batalla por la Mansión del Alquimista había comenzado…

y con ella, el corazón de la Singularidad de Londres empezaba a revelar sus secretos.

El grupo entró a la mansión decidido a enfrentar a Paracelsus…

pero nadie se esperaba esto.

—¡CUIDADO!

—gritó Mash, empujando a Leonel justo cuando una cuchilla gigante cayó del techo con un chasquido mortal.

Leonel rodó por el suelo y se levantó sacudiéndose el polvo, pálido.

—¡¿QUÉ DEMONIOS FUE ESO?!

Jeanne Alter, con una ceja arqueada, inspeccionó el mecanismo.

—…Una trampa bastante obvia.

—¡¿Obvia?!

¡Casi me parte en dos como jamón en navidad!

Drake soltó una carcajada.

—¡Ay, por el amor de las olas!

Esto parece más una cueva pirata maldita que una mansión mágica.

—No…

—dijo Leonel, sudando—.

Esto es Scooby-Doo versión pesadilla alquímica…

Todos lo miraron con confusión.

—¿Scooby qué?

—preguntó Artoria, parpadeando.

Leonel suspiró, cabizbajo.

—Olvídenlo…

referencia cultural inútil.

¡THUMP!

Un sonido sordo resonó.

Todos voltearon justo a tiempo para ver una enorme piedra redonda bajando a toda velocidad por un pasillo lateral.

—¡NO PUEDE SER!

—gritó Leonel.

—¡CORRAN!

—exclamó Mash, cargándolo como un costal.

La persecución comenzó.

Jeanne Alter lideraba la huida con movimientos atléticos, saltando por encima de obstáculos.

Drake iba disparando a mecanismos en las paredes que activaban más trampas solo por diversión.

Artoria corría como si estuviera en una maratón real, seria pero elegante.

Tezcatlipoca, aún manifestado, suspiró pesadamente.

—El alquimista tiene un sentido del humor…

desagradable.

CLANG–CLANG–CLANG.

¡Trampas con cuchillas giratorias!

Leonel apenas logró esquivarlas agachándose mientras Mash le cubría la cabeza.

—¡¿QUIÉN DISEÑÓ ESTA LOCURA?!

—Leonel gritó— ¡NI EN LOS MEJORES DUNGEONS DEL JUEGO HABÍA TANTA MALDAD GRATUITA!

PUFFFSSHHH!

¡Lluvia de dardos mágicos desde las paredes!

—¡Esto es una pesadilla cómica!

—rugió Drake mientras rodaba por el suelo para esquivar.

—¡TENGO ARENA EN LUGARES DONDE NO DEBERÍA HABER ARENA!

—se quejó Jeanne Alter mientras reventaba un golem con una patada.

Finalmente, llegaron a un gran salón sin trampas…

o al menos eso parecía.

Leonel cayó de rodillas, jadeando.

—Por…

favor…

que no haya más…

trampas asesinas por al menos cinco minutos…

Paracelsus, apareciendo en un balcón en lo alto, miró con genuina curiosidad científica.

—Hmmm…

notable resistencia.

No esperaba que sobrevivieran más de tres corredores.

—¡¿ESTO ERA UN EXPERIMENTO?!

—gritaron todos al unísono.

El Caster los observó con una sonrisa serena.

—Todo sea por la ciencia.

CLUNK.

Un nuevo mecanismo se activó…

pero se detuvo de inmediato.

Tezcatlipoca, cansado de la farsa, había sellado mágicamente la mansión con un gesto de su bastón.

—Se acabaron los juegos.

A partir de aquí, combate limpio.

Leonel se levantó tambaleante.

—Gracias…

ya no sentía las piernas.

—Yo no siento ni la paciencia —murmuró Jeanne Alter, con los ojos inyectados de furia.

Drake se estiró, sonriente.

—Bueno, ahora sí, vamos a partirle su alquímica cara.

Con el sistema de trampas inutilizado y el grupo al fin reunido en la sala principal, la verdadera batalla con Paracelsus von Hohenheim estaba a punto de comenzar.

Pero nadie olvidaría jamás la “Mansión de las Mil Trampas”…

ni las carreras dignas de caricatura, ni las referencias que nadie entendía, ni el trauma de ver a Leonel casi aplastado por una roca.

Con la mansión ya purgada de trampas, la sala principal se transformó en un campo de batalla improvisado.

Paracelsus von Hohenheim, flotando levemente sobre el suelo, extendió una mano envuelta en luz azulada, y un círculo mágico se formó a su alrededor.

—Mis estudios me han enseñado que los resultados más valiosos surgen bajo presión —anunció con una voz suave pero segura—.

Veamos qué tan lejos ha llegado la humanidad…

¡BOOM!

Un torbellino de luz mágica estalló desde su círculo, lanzando una oleada de proyectiles elementales hacia el grupo.

—¡ATRÁS!

—gritó Leonel, activando un escudo con ayuda de Mash para protegerse.

—¡Déjamelo a mí!

—Jeanne Alter avanzó sin temor, su espada envuelta en una energía oscura y ardiente.

Paracelsus, como buen Caster, no se arriesgaba en combate cuerpo a cuerpo.

Desde la distancia, lanzó ampollas alquímicas que explotaban con efectos diversos: fuego, parálisis, niebla cegadora y hasta ilusiones momentáneas.

—¡Qué fastidio de nerd mágico!

—refunfuñó Jeanne Alter mientras esquivaba y cortaba con precisión milimétrica.

—¡Cubriéndote!

—gritó Drake, disparando una andanada de proyectiles mágicos desde sus pistolas.

Las balas de energía cortaron el aire y forzaron a Paracelsus a moverse, rompiendo su concentración.

La estrategia comenzó a dar frutos.

—¡Sigan forzándolo a retroceder!

—dijo Leonel, recibiendo información constante de Tezcatlipoca, que analizaba la posición y mana de Paracelsus—.

¡Está gastando más maná del que puede reponer!

¡Pronto estará cansado!

Paracelsus no dejaba de lanzar hechizos, círculos arcanos giraban a su alrededor como engranes mágicos.

Pero Jeanne Alter era tenaz, como una sombra viviente.

Cada vez que una pócima explotaba cerca de ella, salía con quemaduras menores y una sonrisa peligrosa.

—¿Eso es todo lo que tienes, doctorcito?

¡Hasta un slime con sombrero lanza mejores maldiciones!

Drake, por su parte, apuntaba a los pies y manos del Caster, limitando su movilidad.

El dúo estaba logrando acorralarlo poco a poco.

—¡Lo tenemos!

—gritó Drake.

Paracelsus, agotado, tropezó con una losa mal posicionada del piso —resto de sus propias trampas anteriores— y cayó de rodillas, jadeando.

—Ahora…

—murmuró Leonel.

Jeanne Alter no dudó.

Con un rugido, saltó al frente y lanzó su Noble Phantasm “La Grondement Du Haine”, una explosión oscura de odio manifestado que se estrelló directamente contra Paracelsus.

¡BOOM!

Un rugido mágico retumbó por toda la mansión.

Cuando el humo se disipó, Paracelsus yacía inconsciente en el suelo, con su túnica hecha jirones y el aura mágica apagada por completo.

La batalla había terminado.

Leonel se acercó lentamente, aún en guardia, mientras Tezcatlipoca se aseguraba de que no quedaran trampas mágicas activas.

—¿Está…

vivo?

—preguntó Mash, bajando su escudo.

—Sí…

aunque dudo que tenga fuerzas para lanzar otra botella más —respondió Jeanne Alter, sacudiéndose el polvo.

Drake, apoyando su rifle sobre el hombro, silbó.

—Eso fue un buen ejercicio.

Me hacía falta algo de acción después del desayuno.

Leonel sonrió, agotado, pero aliviado.

—Uno menos…

dos más.

Tezcatlipoca asintió.

—Esta mansión fue construida con el poder del Santo Grial.

Si lo estamos sintiendo tan fuerte ahora…

lo más probable es que los otros dos responsables estén cerca.

El grupo se preparó para reagruparse, recuperar energías, y buscar a los otros dos responsables de la singularidad de Londres.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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