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Fate/Grand Persona - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capitulo 35 Torre del reloj
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36: Capitulo 35: Torre del reloj 36: Capitulo 35: Torre del reloj Después de la agotadora pero poco emocionante expedición en la mansión llena de trampas y alquimia, Leonel y sus servants vagaban sin rumbo fijo bajo la densa niebla londinense.

La humedad les calaba los huesos y la atmósfera opresiva parecía envolverlos en un manto de incertidumbre.

—No podemos permitirnos perdernos —dijo Leonel, mirando el rostro preocupado de Mash, Artoria, Jeanne Alter y los demás—.

Tezcatlipoca, ¿qué puedes hacer para orientarnos mejor?

La silueta oscura de su Persona apareció flotando a su lado, ojos dorados brillando con atención.

—La niebla está imbuida con un poderoso sello mágico, diseñado para dificultar cualquier tipo de rastreo.

Aun así, trataré de afinar mis sentidos y encontrar una dirección fiable —respondió Tezcatlipoca.

Con concentración, su aura oscura comenzó a pulsar, mientras Leonel y el grupo seguían a tientas la tenue guía del espíritu.

Después de varios minutos caminando con lentitud y cuidado, la niebla comenzó a despejar ligeramente.

Frente a ellos, emergieron imponentes y majestuosas las ruinas de lo que claramente era la Torre del Reloj —un símbolo icónico de Londres, pero ahora reducido a piedra y hierro oxidado, cubierto de enredaderas y cicatrices del tiempo.

—¿Esto es…

la Torre del Reloj?

—preguntó Artoria con una mezcla de asombro y respeto.

—Sí, y por lo que he podido sentir en mi conexión mágica, aquí hay rastros poderosos de energía vinculados al Santo Grial —explicó Tezcatlipoca—.

Es probable que esta sea la sede de los magos que intentan ocultar su influencia.

Leonel recordó los relatos del juego y la historia original de Fate/Grand Order.

El protagonista había encontrado pistas fundamentales en un acceso secreto subterráneo en este mismo lugar.

—Debemos buscar entradas ocultas —dijo Leonel con firmeza.

Tras una exploración cuidadosa, Mash detectó una irregularidad en el suelo cerca de la base de la torre.

Bajo unas piedras y raíces, encontraron una puerta oculta y sellada con runas mágicas.

—Esto debe ser lo que buscamos —comentó Mash mientras con ayuda de Jeanne Alter y Artoria, trabajaban para desactivar el sello.

Cuando finalmente la puerta se abrió con un crujido metálico, un escalofrío recorrió a todos.

Una escalera descendía hacia la oscuridad, el olor a humedad y misterio los envolvía.

—Aquí es donde encontraremos respuestas —dijo Leonel, dando el primer paso hacia lo desconocido.

Mientras bajaban, Tezcatlipoca reforzaba la luz y los sentidos de todos, advirtiendo que los peligros apenas comenzaban.

Aquel subterráneo podría revelar secretos acerca de quién o qué estaba realmente detrás de todas las singularidades que habían enfrentado.

Leonel se preparó para lo que vendría, sabiendo que cada paso los acercaba no solo a la verdad, sino a enfrentamientos aún más complejos.

La luz tenue de las linternas apenas alcanzaba a disipar la opresiva oscuridad que reinaba en las profundidades del subterráneo.

Las paredes, cubiertas de líquenes y con restos de inscripciones arcanas casi borradas por el tiempo, parecían susurrar secretos olvidados.

A cada paso, el ambiente se volvía más frío y denso, y una sensación de peligro inminente crecía en el pecho de Leonel y sus compañeros.

Tezcatlipoca, manifestado como una sombra que flotaba cerca de Leonel, agitó sus manos formando un símbolo lumínico, intentando escanear la energía mágica del lugar.

Sin embargo, la niebla residual y la magia ancestral filtraban y confundían sus sentidos, dificultando su tarea.

Entonces, un estruendo resonó a lo lejos, seguido por un sonido áspero y metálico que se acercaba rápidamente.

Antes de que pudieran reaccionar, las paredes mismas parecieron cobrar vida.

Pedazos de escombros, fragmentos de columnas rotas y trozos de hierro retorcido se unieron mediante hilos de magia corrupta y dieron forma a figuras monstruosas.

Eran enemigos artificiales, seres que parecían esculturas macabras y vivientes, cuyos cuerpos emitían un aura oscura y vibraban con energía mágica maligna.

Sus ojos, pequeñas gemas de luz roja, brillaban con una ferocidad inquietante mientras se lanzaban hacia el grupo.

Leonel sintió cómo la adrenalina aumentaba, y sin perder un segundo, Jeanne Alter avanzó con paso firme, desafiando a la horda que se cernía sobre ellos.

Su mirada ardía con una mezcla de furia y determinación inquebrantable.

Con una velocidad y fuerza sorprendentes, Jeanne Alter desenvainó su arma y comenzó a arremeter contra los enemigos, cortando y desintegrando las figuras con precisión quirúrgica.

Cada golpe parecía resonar con una violencia que hacía crujir el suelo bajo sus pies, y las criaturas caían una tras otra como si fueran simples muñecos de barro.

Detrás de ella, Mash tomó posición junto a Leonel, quien se mantenía atento a cualquier amenaza.

El escudo de Mash, brillante y sólido, absorbía con eficacia los ataques que se dirigían hacia ellos, brindando una barrera impenetrable y dándole a Leonel la seguridad para observar y dirigir la batalla.

Mientras tanto, Artoria se movía con gracia y determinación, interceptando a cualquier enemigo que intentara flanquearlos.

Drake, desde la retaguardia, disparaba con precisión certera, reduciendo el número de enemigos que alcanzaban al grupo.

Nero, con su carisma y energía, se mantenía lista para intervenir y cubrir cualquier punto débil.

La batalla, aunque rápida en apariencia, fue agotadora.

Los enemigos parecían regenerarse parcialmente, como si la misma estructura del subterráneo se alimentara de su existencia para mantener viva la defensa.

El cansancio comenzaba a hacer mella en los músculos de Leonel, quien se aferraba a las palabras de aliento de Tezcatlipoca.

—No es solo fuerza —le susurró la sombra—, sino resistencia y estrategia lo que necesitarán para superar esto.

Jeanne Alter, notando la fatiga en sus compañeros, lanzó un grito de batalla que levantó la moral del grupo, obligando a todos a redoblar esfuerzos.

Finalmente, tras un último y poderoso ataque conjunto, las criaturas se desvanecieron en una nube de polvo oscuro y magia residual, dejando el pasillo libre y silencioso nuevamente.

Leonel, respirando profundamente, sintió cómo la tensión bajaba lentamente, pero no la preocupación.

—Esto no ha hecho más que empezar —dijo, mirando a sus compañeros—.

Cada paso nos acerca más a la verdad, pero también a más peligros.

El grupo, aunque agotado, se reunió para reagruparse y prepararse para lo que les esperaba en las profundidades de la torre.

A medida que Leonel y sus compañeros avanzaban por el interminable subterráneo de la Torre del Reloj, la presencia hostil no hacía más que aumentar.

Enemigos formados con escombros y magia corrupta surgían de las sombras, obligándolos a mantenerse en constante alerta.

Era evidente que quienquiera estuviese controlando esta defensa poseía una reserva inagotable de maná para sostener a tantas criaturas, convirtiendo cada tramo del pasillo en una verdadera prueba de resistencia.

Finalmente, después de atravesar el último corredor, el grupo emergió a un espacio completamente distinto: una vasta biblioteca llena de estantes repletos de antiguos tomos, pergaminos y registros olvidados.

El aire allí tenía un peso distinto, cargado con siglos de conocimiento arcano y misterio.

Tezcatlipoca flotó cerca de Leonel y comenzó a asistirlo, proyectando una luz mágica sobre los textos y acelerando la lectura con sus habilidades.

Libros y documentos se abrían y cerraban en cuestión de segundos, con Leonel absorbiendo la información de manera sobrehumana.

Los fragmentos de historia empezaron a encajar.

La verdad detrás de la Torre del Reloj y su implicación en la singularidad comenzó a aclararse ante ellos: un desarrollo gradual y siniestro que había ido alterando la línea temporal y distorsionando la realidad misma.

Pero no era lo único que descubrieron.

Lo que más les impactó fue la localización concreta del Santo Grial dentro de esta singularidad: una instalación clandestina situada cerca de un lago, oculta y protegida por poderosos sellos mágicos.

Sin embargo, la revelación no vino sola.

Para que el camino hacia ese lugar se mostrara claro y accesible, era necesario desactivar los tres puntos estratégicos mágicos que mantenían oculta la ubicación.

Ya habían logrado neutralizar uno, la mansión que exploraron anteriormente, pero aún quedaban otros dos por descubrir y desactivar.

Leonel cerró uno de los libros con determinación, volviéndose hacia sus compañeros.

—Esto apenas comienza —dijo con firmeza—.

Si queremos llegar al Santo Grial, debemos encontrar y desactivar esos dos puntos restantes.

De lo contrario, nunca podremos alcanzar la instalación.

Mash asintió, su mirada firme y decidida.

—Debemos prepararnos.

Esta singularidad no va a ceder fácilmente.

El grupo, renovado por la información y conscientes de la nueva meta, se preparó para continuar su misión, conscientes de que el verdadero desafío aún estaba por venir.

Con la valiosa información ya en sus manos, Leonel dio la orden de retirada.

La prioridad ahora era salir con seguridad del subterráneo antes de planear su siguiente movimiento.

Jeanne Alter tomó la vanguardia, avanzando con paso firme y ojos alerta, su presencia imponiendo respeto incluso en la densa penumbra.

Ella estaba lista para enfrentarse a cualquier amenaza que se les cruzara en el camino, actuando como la primera línea de defensa contra cualquier emboscada.

Mash se situó en la retaguardia, sus escudos y habilidades protectoras preparadas para bloquear ataques sorpresa por la espalda o flancos desprotegidos.

Su posición era clave para mantener a todo el equipo seguro durante la retirada, vigilando constantemente la oscuridad detrás de ellos.

Por los lados, Drake se movía con agilidad, cubriendo a ambos flancos desde la distancia con disparos precisos.

Su puntería y habilidad con las armas de fuego permitían mantener a raya cualquier enemigo que intentara flanquear al grupo.

Leonel, en el centro, dirigía la operación con calma y precisión.

Sus órdenes eran claras y oportunas, transmitidas a través de comunicación mágica con sus Servants y mediante gestos y señales para no delatar su posición.

—Manténganse en formación —ordenó—.

No pierdan la concentración, estamos casi fuera.

El grupo avanzaba con cautela pero sin perder ritmo, atravesando nuevamente los corredores oscuros y peligrosos que ahora parecían menos intimidantes gracias a la disciplina que habían adquirido.

Finalmente, tras varios minutos que parecieron eternos, emergieron al exterior de la Torre del Reloj, donde la niebla de Londres los recibió de nuevo, cubriendo sus movimientos y dándoles la oportunidad perfecta para reorganizarse y planear el siguiente paso.

Leonel respiró hondo, consciente de que cada victoria era solo un peldaño más en la escalera hacia la salvación de la humanidad.

Después de escapar con éxito del subterráneo de la Torre del Reloj, Leonel y sus Servants se dirigieron de regreso al refugio que habían marcado como punto seguro, el lugar donde habían pasado la noche tras su llegada a Londres.

La niebla persistía, densa y opresiva, pero el grupo se movía con una determinación renovada, conscientes de que cada paso los acercaba a desentrañar el misterio de la singularidad y, eventualmente, a encontrar el Santo Grial.

El camino de regreso estuvo marcado por un silencio respetuoso, roto solo por las órdenes precisas de Leonel y los ocasionales comentarios de Tezcatlipoca, quien permanecía manifestado como una presencia sombría y vigilante, observando cada sombra con atención sobrenatural.

Al llegar al refugio, el grupo se reunió rápidamente en el interior.

La modesta habitación se había convertido en el centro de comando improvisado de la expedición, donde mapas, notas y marcas mágicas adornaban las paredes, recordándoles la misión que tenían entre manos.

Leonel, aun con la fatiga del combate y la exploración, tomó la palabra con voz firme.

—He recopilado toda la información posible de los documentos en el subterráneo —comenzó—.

La singularidad está siendo sostenida por tres puntos estratégicos mágicos distribuidos en la ciudad.

Ya desactivamos la mansión que visitamos hace poco, pero quedan dos más por eliminar.

Los Servants escuchaban atentamente, cada uno sopesando la importancia de lo que se revelaba.

Jeanne Alter frunció el ceño, mientras Mash apretaba ligeramente los puños, lista para la siguiente etapa.

Drake cruzaba los brazos, mostrando una sonrisa desafiante; para ella, cada reto era una nueva aventura.

Leonel continuó: —Según la información, uno de los puntos está ubicado en un viejo observatorio cerca del río, y el otro en las ruinas subterráneas de una antigua capilla.

Ambos sitios están protegidos por fuertes barreras mágicas y probablemente custodiados por enemigos poderosos.

Tezcatlipoca apareció en el centro de la habitación, su voz oscura resonando en la mente de todos.

—Estos puntos funcionan como nodos para la dispersión de la niebla mágica —explicó—.

Mientras estén activos, la singularidad persistirá y será casi imposible avanzar sin enfrentarnos a grandes riesgos.

Leonel asintió, integrando las palabras de su Persona en el plan.

—Debemos dividirnos para atacar ambos puntos simultáneamente —propuso—.

Eso evitará que los enemigos concentren sus fuerzas en un solo lugar y reducirá la duración de la singularidad.

Tamamo, que había permanecido en silencio hasta ahora, levantó la mano para aportar.

—Podría encargarme del observatorio.

Su magia probablemente está vinculada a rituales y hechizos complejos, y mis habilidades de soporte y curación serán esenciales para ese combate.

Nero, emocionada, ofreció su ayuda para acompañar a Tamamo.

—Yo voy con Tamamo.

Quiero demostrar lo fuerte que puedo ser a tu lado, Leonel —dijo con determinación.

Leonel miró a Kiyohime, quien asentía con una sonrisa tranquila pero decidida.

—Entonces, Kiyohime, Drake, Jeanne Alter y yo iremos a la capilla.

Allí, las defensas pueden ser más físicas y directas, así que necesitaremos fuerza bruta y tácticas agresivas.

Mash se acercó a Leonel.

—Yo permaneceré contigo y estaré lista para apoyar en cualquier contingencia —declaró con firmeza—.

Protegeré tu espalda en todo momento.

Leonel sintió una cálida confianza al escuchar esas palabras.

—Muy bien —dijo finalmente—.

Tenemos poco tiempo para prepararnos.

Cada movimiento debe ser calculado para evitar errores.

Durante las siguientes horas, el grupo se dedicó a la planificación meticulosa.

Tezcatlipoca proyectaba mapas mágicos del área, señalando puntos de entrada, posibles rutas de escape y zonas de alto riesgo.

Se discutieron estrategias de combate, roles específicos para cada Servant y contingencias en caso de emboscadas o trampas.

Tamamo preparó talismanes y pociones para fortalecer al equipo, mientras Nero y Kiyohime practicaban combinaciones de ataque que podrían darles ventaja.

Jeanne Alter revisaba sus armas y afinaba su espíritu de lucha, mientras Mash y Leonel repasaban las tácticas de defensa y recuperación.

Finalmente, cuando la niebla comenzaba a espesarse fuera del refugio, simbolizando que la oscuridad de la singularidad aún era omnipresente, Leonel se levantó y miró a todos con una mezcla de orgullo y determinación.

—Esto es más que una batalla por el Santo Grial —dijo—.

Es una lucha por nuestro futuro, por la humanidad.

No podemos fallar.

Con ese mensaje, el equipo se preparó para partir, conscientes de que el siguiente paso sería decisivo en la lucha para salvar Londres y, en última instancia, restaurar el orden del mundo.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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