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Fate/Grand Persona - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Capitulo 4 La próxima amenaza
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5: Capitulo 4: La próxima amenaza 5: Capitulo 4: La próxima amenaza La noche había caído sobre Chaldea, aunque decir “noche” era una forma de hablar.

Allí no existía un ciclo natural del día.

Las luces artificiales de los pasillos mantenían un brillo constante y frío, como si el tiempo estuviera suspendido.

Leonel caminaba por uno de los corredores de observación, mirando a través de un gran ventanal que mostraba la vasta nieve del exterior.

A su lado, el silencio solo era interrumpido por el zumbido lejano de los generadores y los monitores en suspensión.

Se cruzó de brazos y exhaló con calma.

-Así que…

esta es mi nueva realidad.

Tenía recuerdos de otro mundo, otra vida.

De cuando era solo un hombre común en Latinoamérica, con sus sueños, sus frustraciones y una pasión profunda por historias como Fate.

Ahora estaba allí, dentro de esa misma historia, con un papel que no podía tomar a la ligera.

Lo que había visto en la primera singularidad era solo una muestra del caos que se avecinaba.

Y aunque conocía el orden general de los eventos que vendrían, eso no garantizaba que todo saldría como en el juego.

Las cosas ya estaban cambiando.

Él era la primera gran anomalía.

Y su verdadero poder…

aún dormía.

Su Persona.

Un vínculo tan poderoso como peligroso.

No se manifestaría sin una razón justa, sin una emoción profunda que lo llamara.

Y Leonel sabía que aún no estaba listo.

-Hasta que eso ocurra…

debo ser estratégico.

Su mirada se endureció.

No podía arriesgarse a llamar la atención con acciones impulsivas.

Estaba en una organización que apenas empezaba a confiar en él, rodeado de figuras históricas y misterios que podrían matarlo si daba un paso en falso.

Incluso Mash, su compañera más cercana, no sabía toda la verdad.

Su rol era claro: debía ser un líder silencioso, un pilar en crecimiento.

Alguien que pudiera observar, aprender, influir.

Que pudiera negociar, adaptarse y planear…

y cuando llegara el momento, liberar todo su poder con precisión.

-Cada singularidad será más peligrosa que la anterior…

y no puedo permitir que nadie muera por una decisión tonta.

Hizo una pausa y cerró los ojos, sintiendo el leve eco de su vínculo con el Velvet Room.

Aunque Selene no se había manifestado de nuevo, sabía que lo observaba, que su destino estaba en juego.

Y que el tiempo se acababa.

Pronto, nuevas guerras, nuevas alianzas, nuevos lazos.

¿Y Nero?

Esa mujer sería un problema por sí misma.

Y no el único.

El camino estaba plagado de oportunidades y peligros, tanto dentro como fuera de Chaldea.

Leonel se giró, dejando atrás la vista del exterior.

-Tendré que jugar bien mis cartas…

como en una partida de ajedrez contra el destino.

Y con esa convicción, regresó a su habitación, mientras una sonrisa tranquila se dibujaba en su rostro.

Porque aunque aún no había despertado a Tezcatlipoca, sabía que el momento se acercaba.

Y cuando ocurriera…

el mundo lo sabría.

La sala de operaciones de Chaldea estaba aún parcialmente en reconstrucción tras la explosión, pero el personal técnico había restaurado lo esencial.

Pantallas flotaban con datos intermitentes, y el holograma del globo terrestre giraba lentamente mientras una luz roja comenzaba a parpadear en un punto específico.

-¡Ahí está!

-exclamó Romani desde su terminal, con una mezcla de tensión y alivio-.

Hemos detectado una nueva Singularidad.

Coordenadas temporales fijadas en…

Francia.

Año 1431.

Mash, de pie al lado de Leonel, parpadeó sorprendida.

-¿Francia medieval?

Eso es…

¿en plena Guerra de los Cien Años?

-Exacto -respondió Da Vinci, que entró elegantemente con una tableta en mano y una sonrisa que ocultaba preocupación-.

Más precisamente, cerca del final del conflicto.

Un momento histórico clave…

pero lo que hemos detectado ahí no es historia común.

Hay registros mágicos completamente fuera de escala.

Bestias voladoras, zonas enteras arrasadas por fuego…

y una figura central que se repite: Jeanne d’Arc.

Mash frunció el ceño.

-¿La santa de Orleans?

¿Está viva en esa Singularidad?

Leonel escuchaba en silencio.

Su expresión era tranquila, pero sus pensamientos ya analizaban cada detalle.

Dragones negros.

Una figura oscura que no debería existir.

La herejía hecha carne.

Jeanne Alter.

Sabía que esta Singularidad sería su primer gran reto…

y el primero en el que necesitaría actuar con verdadera precisión.

Pero revelar que conocía los eventos sería peligroso.

Ni siquiera Da Vinci lo aceptaría sin cuestionarlo.

Así que simplemente asintió con gesto atento.

-¿Qué sabemos de la situación en tierra?

-preguntó, midiendo cada palabra-.

¿Hay aliados, resistencia local…?

Romani negó con un suspiro.

-Las comunicaciones son fragmentadas.

Parece que la ciudad de Orleans fue ocupada por fuerzas desconocidas.

Y por “desconocidas” nos referimos a Servants fuera de control, quemando pueblos enteros y extendiendo el caos.

Hay reportes de…

dragones.

Muchos.

Nero, sentada cerca con las piernas cruzadas sobre un banco, escuchaba con aire despreocupado.

Al escuchar la palabra “dragones”, ladeó la cabeza.

-¿Dracones?

Ah, criaturas nobles y poderosas.

¿Debo cortarlos en dos o intentar domesticarlos?

Mash la miró con algo de nerviosismo, pero simplemente siguió tomando nota.

Da Vinci deslizó su dedo sobre la pantalla, mostrando un mapa de la zona roja en la proyección global.

-Nuestra misión es estabilizar esa Singularidad.

Pero antes de enviarlos, debemos ajustar el sistema de Rayshift.

La sincronización todavía está siendo calibrada, especialmente con la reciente inestabilidad.

Leonel se cruzó de brazos.

-¿Cuánto tiempo tenemos para prepararnos?

-Unas horas, quizás menos -contestó Romani-.

Pero será mejor que lo usen bien.

Mash necesitará su traje actualizado, y tú, Leonel…

aún no hemos podido determinar por qué el sistema reconoce tu sincronización como tan elevada sin tener un origen mágico formal.

Leonel se limitó a encogerse de hombros con una sonrisa tranquila.

-Supongo que soy…

adaptable.

Da Vinci lo miró con esos ojos que lo analizaban todo, pero no insistió.

Luego giró hacia las chicas.

-Mash, Nero, prepárense también.

Esta misión será la primera real.

No es una simulación ni una prueba.

Habrá enemigos.

Muchos.

Y muy letales.

Mash asintió con firmeza.

-Estoy lista.

-¿A quién debo impresionar primero?

-preguntó Nero con una sonrisa radiante- ¿A los franceses, a los dragones, o a la Jeanne?

Leonel soltó una leve risa.

Incluso en lo más absurdo, esa mujer encontraba el modo de iluminar el ambiente.

Pero él sabía la verdad: lo que les esperaba en Orleans no era gloria, sino fuego y desesperación.

Y sería su deber mantener a todos con vida.

Mientras el grupo se dispersaba para preparar el Rayshift, Leonel se quedó solo un momento, mirando el mapa flotante.

Su mano se apretó levemente en el bolsillo de su abrigo.

-Jeanne Alter…

-pensó-.

No eres un monstruo, solo una víctima del deseo de venganza.

Pero por ahora…

solo debía esperar.

Y actuar.

El fuego de Orleans apenas comenzaba a arder.

[Sala de Control – Chaldea] Los zumbidos de energía mágica y las luces de los paneles rodeaban a Romani y Da Vinci, ambos concentrados en los últimos ajustes del sistema de Rayshift.

Aunque el ambiente era tenso, su conversación derivaba en temas más livianos para descomprimir la presión.

-¿Estás seguro de que calibraste bien el eje temporal?

-preguntó Da Vinci, sin apartar los ojos del monitor.

-Sí, sí…

al menos un 97.3% seguro.

-Romani jugueteaba con una taza de café medio vacía-.

Lo cual es bastante alto considerando que todo esto se dañó hace nada.

-Lo suficiente como para no acabar en la Edad de Piedra.

Otra vez -bromeó ella, aunque en sus gestos se notaba la atención extrema que ponía en cada fórmula.

-¿Recuerdas la vez que casi enviamos a Mash al Japón del periodo Sengoku con la mitad de un traje y sin respaldo mágico?

-Oh, por favor, fue una sola vez…

y sólo perdió una bota.

Ambos rieron suavemente.

El sonido, aunque breve, era como un respiro en medio de la tensión creciente.

Luego Da Vinci bajó un poco el volumen de su voz.

-Romani…

¿tú también notas que hay algo extraño con Leonel?

El médico dejó la taza sobre la consola.

-Sí.

La compatibilidad que tiene con el sistema Rayshift, su nivel de sincronización con los Servants…

no tiene sentido.

Es como si estuviera destinado para esto, incluso más que Mash.

-Y sin embargo, no muestra ninguna habilidad mágica…

por ahora -murmuró Da Vinci-.

Me pregunto cuánto tiempo podrá seguir escondiendo lo que sabe.

-O cuánto tiempo podremos seguir fingiendo que no lo notamos -agregó Romani, más para sí mismo.

Un pitido les indicó que los ajustes estaban listos.

-Coordenadas bloqueadas.

Sistema estable.

Ya está todo preparado -dijo Da Vinci, volviendo a su tono habitual-.

Sólo falta que entren en la cápsula.

[Vestuario de Agentes – Zona de Preparación] El sonido del tejido sintético ajustándose al cuerpo resonaba en la habitación.

Mash revisaba su escudo, el traje reforzado de combate y las instrucciones que Da Vinci le había dado.

Sus ojos mostraban una mezcla de nervios y resolución.

Esta sería su primera misión oficial, y lo sabía.

En la sección contigua del vestidor, Leonel se ajustaba su traje de Chaldea frente a un espejo.

El blanco reluciente contrastaba con su mirada oscura, concentrada.

Su respiración era medida, controlada, como la de un guerrero antes de la batalla.

“Orleans…

Jeanne.

Dragones.

Servants corruptos.

La herejía que no debía existir.” Sabía lo que se avecinaba.

Sabía que vería cosas que incluso a él le costaría soportar.

Pero tenía que mantenerse firme.

Para proteger a Mash.

Para guiar a Nero.

Para enfrentar lo que vendría…

sin revelar aún todo lo que sabía.

Frente al espejo, bajó ligeramente la cabeza.

Sus ojos reflejaban algo más que estrategia.

Reflejaban peso.

Un futuro que ya conocía.

Un destino que quería cambiar.

En ese momento, la puerta se deslizó con un suave zumbido.

Mash, ya lista, lo observó con admiración.

Leonel la miró de vuelta y le ofreció una sonrisa tranquila.

-¿Lista, Mash?

-Sí.

Haré lo que pueda…

no, haré todo lo que sea necesario.

-Entonces, vamos a hacer historia.

Ambos salieron en silencio hacia la plataforma de Rayshift.

La cuenta regresiva ya había comenzado.

[Pasillo cercano a la plataforma de Rayshift – Chaldea] Los tacones dorados de Nero Claudius resonaban con elegancia sobre el suelo metálico mientras caminaba sola, sus manos firmemente cruzadas por debajo de su pecho.

Su expresión era solemne, inusual en ella.

Sus labios, normalmente curvados en una sonrisa coqueta, ahora estaban tensos, casi fruncidos.

El eco de lo ocurrido antes aún vibraba en su mente.

“No me interesan ese tipo de cosas ahora, Nero.” Las palabras de Leonel se repetían como una daga afilada enterrada en su orgullo imperial.

¿Cómo él, un simple humano, se atrevía a rechazarla de esa manera tan…

fría?

Ella, la gloriosa emperatriz del mundo, la rosa que deslumbró a Roma y encantó a multitudes, había sido rechazada como si fuera una molestia.

-¿Cómo se atreve…?

-murmuró entre dientes, deteniéndose frente a una ventana que mostraba el laboratorio bañado en luz artificial-.

¿No entiende acaso con quién está hablando?

¿Con quién está tratando?

Por un momento, su reflejo en el vidrio pareció devolverle la misma mirada herida que ella intentaba ocultar.

Pero Nero no era una mujer que se rindiera.

-No…

no…

no…

-repitió en voz baja, entre respiraciones-.

No es así como termina esta historia.

¡Yo no soy una nota de pie de página en su vida!

Apretó los puños, bajando la cabeza, mientras su manto carmesí ondeaba ligeramente con la ventilación del pasillo.

-Si cree que puede ignorarme así, si piensa que puede tratarme como una subordinada cualquiera, entonces está muy equivocado.

¡Oh sí!

Te haré mirarme, Leonel…

te haré amarme.

No importa cuánto tarde.

No importa cuántas batallas vengan.

No importa cuántas rivales se interpongan.

¡Tu corazón será mío!

Elevó el rostro con renovada pasión.

El brillo en sus ojos era el de una emperatriz decidida, pero también el de una mujer enamorada y terca.

Su sonrisa volvió, esta vez más serena, casi peligrosa.

-Verás, praetor…

al final, hasta los dioses se inclinan ante la belleza de Roma.

Y con esa determinación ardiente, giró sobre sus talones, caminando hacia la plataforma de Rayshift donde la esperaban.

En su andar se notaba el porte imperial, pero dentro de ella, hervía una promesa personal.

No sería una Servant más.

Sería la mujer que lo conquistaría.

Cueste lo que cueste.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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