Fate/Grand Persona - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 Capitulo 5 Fuego en la niebla de Orleans
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6: Capitulo 5: Fuego en la niebla de Orleans 6: Capitulo 5: Fuego en la niebla de Orleans [Centro de Comando – Chaldea, minutos antes del Rayshift] Luces blancas parpadeaban suavemente sobre la sala principal del centro de control, donde los últimos chequeos técnicos eran llevados a cabo por un equipo reducido de operadores.
El silencio estaba apenas roto por las voces de Romani y Leonardo da Vinci, quienes se encontraban frente a la plataforma principal, observando a los tres miembros del primer equipo de incursión.
Leonel, ya vestido con el uniforme estándar de Chaldea, se mantenía de pie con los brazos cruzados, sereno en apariencia, pero alerta.
A su lado, Mash Kyrielight ajustaba el cinturón de su traje con manos nerviosas.
Y justo detrás de ellos, Nero Claudius lucía su vestido de combate escarlata, con una sonrisa tan brillante como desafiante.
Aunque no entendía del todo la tecnología a su alrededor, su porte era firme, imperial.
—Muy bien, equipo —dijo Romani, mientras consultaba una tablet—.
Este es su primer Rayshift oficial.
Su objetivo es investigar y estabilizar la Singularidad ubicada en Francia, año 1431, en lo que debería ser el transcurso de la Guerra de los Cien Años.
Leonel asintió ligeramente.
Ya conocía los eventos clave de esta singularidad, pero mantuvo su rostro impasible.
Hablar de Jeanne d’Arc, de la corrupción del Santo Grial, solo generaría preguntas innecesarias.
Por ahora, era mejor guardar silencio.
Da Vinci, apoyada contra la consola, intervino con una sonrisa: —Recuerden, su prioridad es reconocer el terreno, identificar las causas de la distorsión temporal, y sobrevivir.
La anomalía parece tener un patrón de quema de ciudades…
así que no será un paseo campestre, ragazzi.
Mash tragó saliva, su escudo colgado a su espalda.
Aun con sus nervios, su voz se mantuvo firme.
—Entendido.
Estaremos atentos a cualquier señal de distorsión mágica.
Nero levantó la mano como si estuviera en un teatro.
—¿Entonces marcharemos a la batalla?
¡Excelente!
¡Por fin, una oportunidad digna para mostrar mi gloria!
Aunque…
sigo sin entender cómo cabe una batalla en un ataúd metálico.
Leonel no pudo evitar suspirar suavemente.
—Solo…
sigue mis instrucciones, Nero.
No subestimes el peligro.
Ella ladeó la cabeza con una sonrisa ladeada.
—¿Y si ya te subestimé a ti?
Romani tosió para romper el momento.
—Bueno, si todos están listos…
entren a las cápsulas.
El Rayshift iniciará en tres minutos.
Y…
buena suerte.
Olga sigue inconsciente, así que por ahora…
todo recae en ustedes.
Leonel intercambió una mirada seria con Mash, luego con Nero.
Asintió y se encaminó hacia la cápsula más cercana.
Las compuertas se abrieron con un suave hisss.
—Vamos, es hora.
Uno a uno, entraron en sus respectivas cápsulas de Rayshift.
Un zumbido grave comenzó a llenar la sala, acompañado de líneas de luz que serpenteaban alrededor de la plataforma.
Da Vinci y Romani revisaban los monitores frenéticamente.
—Coordenadas estables.
Señales vitales dentro del rango.
Activando compresión de partículas espirituales en 3…
2…
1…
Un destello de energía blanca envolvió el cuarto.
Las cápsulas quedaron vacías.
Los tres se habían desvanecido.
Romani soltó el aire que no sabía que retenía.
—Rayshift completado con éxito.
Los tres…
han llegado a Orleans.
Da Vinci asintió, pero su rostro era serio.
—Ahora empieza lo difícil…
[Singularidad de Orleans – Francia, año 1431 – Atardecer nublado] Una ráfaga de viento frío y húmedo acarició el rostro de Leonel cuando sus sentidos regresaron por completo.
Parpadeó varias veces, sus botas hundiéndose levemente en el barro espeso de un camino rural bordeado por árboles secos y edificios en ruinas.
El cielo estaba cubierto de nubes bajas, y en el aire se sentía un leve olor a humo…
y algo más.
Algo antinatural.
A unos metros, Mash terminó de manifestarse en una lluvia de partículas, cayendo de rodillas pero incorporándose rápidamente.
Detrás de ella, con un destello más brillante y teatral, Nero Claudius apareció en pose triunfal, como si hubiese descendido en escena desde el Olimpo.
—¡Ho!
¡Qué entrada tan gloriosa!
¡Ah, cómo extrañaba sentir el suelo bajo mis pies!
—exclamó la emperatriz, girando sobre sí misma para observar el entorno—.
Aunque…
este lugar no es Roma, eso seguro.
¿Dónde están los aplausos?
Leonel se quitó el guante derecho y tocó el suelo.
—Temperatura ambiente…
anormalmente baja para primavera.
Humedad alta.
—Se incorporó, mirando a su alrededor—.
No parece haber señales de vida inmediata, pero…
esto definitivamente no es una Francia normal.
Todo se siente muerto.
Mash revisaba su dispositivo en la muñeca, el comunicador de Chaldea.
—Señal estable.
Podemos comunicarnos con la base, pero no hay datos satelitales disponibles.
Esta zona está cubierta por una niebla densa de origen mágico.
No tenemos vista aérea ni mapa completo.
Leonel chasqueó la lengua con fastidio.
—Típico.
Entonces dependemos de exploración manual.
—¡Y de mi brillante intuición!
—añadió Nero, levantando el brazo con confianza.
Mash se acercó a Leonel.
—¿Maestro, qué haremos primero?
Él cruzó los brazos, pensando con rapidez.
—Ubicar un punto alto sería ideal, pero también necesitamos información local.
Personas, si es que quedan…
y ver qué tan afectado está el flujo mágico aquí.
¿Qué tanto ha contaminado el Grial este lugar?
Nero caminó unos pasos más adelante y señaló un viejo campanario semiderruido a lo lejos.
—Tal vez desde allí se pueda observar mejor…
aunque…
Un sonido interrumpió sus palabras.
Gritos.
No muy lejos, hacia el este, se escuchaba el choque metálico de armas, seguido por un rugido gutural y el inconfundible sonido de un edificio en llamas colapsando.
Leonel giró de inmediato, su expresión endurecida.
—¿Eso fue…
una batalla?
Mash asintió, ajustando el agarre sobre su escudo.
—Parece que viene de un asentamiento cercano.
La interferencia mágica se incrementó en esa dirección…
hay presencia de entidades no humanas.
Nero sonrió ampliamente, su mano ya sobre el mango de su espada.
—¡Finalmente!
¡Mi debut marcial en este mundo!
¡Vamos, Maestro, la batalla nos llama!
Leonel suspiró, aunque no podía evitar que su pulso se acelerara ante la inminente acción.
—Muy bien.
Formación en triángulo.
Nero al frente, Mash a la derecha.
Yo cubriré retaguardia.
Nos acercamos en silencio hasta tener una visual clara.
Nada de actuar por impulso, ¿entendido?
—¡Aye, aye!
—exclamó Nero con entusiasmo exagerado.
—Entendido, señor —respondió Mash con firmeza.
Y así, el primer escuadrón de Chaldea se adentró entre la niebla rumbo al eco de la batalla, sin saber aún qué clase de enemigos los esperaban…
ni qué aliados podrían encontrar en medio del caos.
[Francia – Exterior de una aldea en ruinas – Atardecer] La niebla mágica se hacía más espesa a medida que el grupo se acercaba.
El crepitar del fuego y el eco de gritos desesperados ya no eran un eco lejano.
Ahora estaban ahí, a unos pasos.
Leonel se detuvo detrás de unos arbustos ennegrecidos por el humo, y se agachó.
Con una seña silenciosa, indicó a Mash y Nero que se cubrieran junto a él.
Ambos obedecieron, y los tres observaron el desastre ante ellos.
Una aldea ardiendo.
Casas de madera reducidas a escombros.
Cadáveres calcinados.
Campos pisoteados.
Y en medio del infierno, un grupo de campesinos armados con lanzas improvisadas…
enfrentándose a criaturas que no deberían existir.
Dragones.
—…¿Estoy viendo lo que creo que estoy viendo?
—murmuró Leonel, entre asombrado y molesto.
Mash asintió con el ceño fruncido.
—Confirmado visualmente.
Tres entidades de tipo dracónico, mediano tamaño, pero emiten señales mágicas descomunales.
Esto…
no es normal, Maestro.
Los registros históricos de esta época no mencionan dragones.
Nero se inclinó hacia adelante, con una mezcla de asombro e impaciencia.
—¡Magnífico!
¡Dragones verdaderos!
¡Un adversario digno de mi espada imperial!
¡Pero…!
—Su expresión cambió a una más seria, casi fría—.
Si esto es obra del Grial, entonces estamos ante una guerra sin honor.
Uno de los aldeanos fue atrapado por las fauces de una de las criaturas.
Sus gritos se apagaron en segundos, mientras los demás corrían en desesperación.
Leonel frunció el ceño, sus manos apretadas.
—No podemos quedarnos aquí.
Esto no es una simple observación.
¡Intervenimos!
Mash se puso de pie de inmediato.
—¡Sí, señor!
Nero desenvainó su espada con un destello de luz roja.
—¡Ahora verán la furia de Roma!
Con velocidad precisa, los tres salieron de la cobertura, avanzando entre la bruma hacia el campo de batalla.
Los aldeanos, al ver figuras emerger del humo, gritaron con más fuerza…
pero esta vez, de miedo.
No podían distinguir entre salvador y monstruo.
—¡Mash, mantén la defensa!
¡Nero, busca el punto ciego de los dragones y ataca en conjunto!
Mash se interpuso entre uno de los dragones y los pocos aldeanos restantes, su escudo resplandeciendo con energía mágica.
—¡¡Noble Phantasm parcial: Lord Chaldeas!!
—gritó, deteniendo el zarpazo de la bestia con un estallido de energía.
La criatura rugió, lanzando fuego directamente sobre ella, pero el escudo aguantó con firmeza.
—¡Toma esto, bestia escamosa!
—gritó Nero mientras corría por el flanco.
Saltó sobre unos escombros, su espada dorada rodeada de luz carmesí—.
¡Aestus Domus Aurea!
Su hoja cortó el ala del dragón como si fuera papel húmedo, haciendo que el monstruo cayera con un chillido infernal.
Leonel observaba desde la retaguardia, analizando los patrones de movimiento.
Apretó los dientes.
—Están actuando como bestias salvajes, sin estrategia ni coordinación.
No son invocados normales…
¿acaso están corrompidos?
El segundo dragón intentó alzar el vuelo, pero Mash lo bloqueó lanzando su escudo como un proyectil.
El impacto fue tan fuerte que derribó al monstruo de regreso al suelo, justo a tiempo para que Nero saltara sobre su lomo y lo atravesara con un grito de guerra.
En minutos, los tres dragones yacían en el suelo, muertos o demasiado heridos para continuar.
La batalla había terminado.
Pero el silencio que siguió no fue de alivio…
sino de confusión.
Los aldeanos, aterrados por el poder que acababan de presenciar, huyeron sin dar las gracias, sin mirar atrás, gritando “¡hechiceros!” y “¡demonios!” al viento.
Mash bajó el escudo, mirando a Leonel.
—…Nos temen.
Nero soltó un suspiro, limpiando su espada.
—Tch.
Siempre es así con los débiles.
No comprenden la diferencia entre salvador y tirano hasta que es demasiado tarde.
Leonel caminó hasta el cuerpo de uno de los dragones, colocándose en cuclillas para observarlo.
—Esto no es normal.
Estos dragones no son de esta época…
y hay un olor…
denso, corrupto.
Como si alguien los hubiese moldeado con energía maligna.
Mash se acercó.
—¿Puede ser obra del Grial?
Leonel asintió con seriedad.
—O de alguien que lo esté usando.
No hay tiempo que perder.
Necesitamos información…
y encontrar al Servant responsable de esta anomalía.
Nero levantó su espada, alzando la voz con teatralidad.
—¡Entonces avancemos!
¡Por la gloria de Chaldea y del amor eterno!
¡Y por supuesto, por mi querido Maestro!
—guiñó un ojo a Leonel, que solo suspiró mientras se ponía de pie.
—No bajes la guardia, Nero.
Aquí todo lo que sabes sobre la historia…
puede estar al revés.
Y con esas palabras, el grupo se internó una vez más en la niebla, en busca de respuestas…
y de la verdad tras la locura que había transformado la historia de Francia.
[Francia – Aldea en ruinas, poco después de la batalla – Anochecer] El humo todavía flotaba en el aire mientras los aldeanos reconstruían lo poco que quedaba.
Leonel, Mash y Nero caminaban entre ellos con expresión seria…
y frustrada.
—Bien, ahora necesitamos información.
Saber por qué había dragones aquí, si hay otros ataques, o si han visto algún Servant —dijo Leonel, con una mano en la barbilla.
Mash asintió con su cuaderno de datos en mano.
—Buscaré algún residente local que pueda ayudar.
Haré lo mejor posible con las palabras básicas que he podido recopilar del idioma francés…
aunque mi base de datos sigue incompleta.
—¿Francés?
¡Bah!
—Nero cruzó los brazos, con una sonrisa confiada—.
¡El idioma del corazón y de la espada es universal!
¡Roma no necesitó traducciones para conquistar el mundo!
Leonel la miró con una ceja alzada.
—Sí, bueno, eso no va a ayudarnos ahora…
Se acercaron a un grupo de aldeanos que los miraban con desconfianza y temor.
Leonel intentó iniciar la conversación.
—Excusez-moi…
nous sommes…
voyageurs?
Cherchons…
informations?
—pronunció con dificultad.
Los aldeanos lo miraron.
Uno de ellos frunció el ceño y le respondió con una ráfaga de francés veloz que dejó a Leonel totalmente perdido.
—…Ajá.
Perfecto.
No entendí ni madres.
Mash intentó intervenir, con voz calmada y un gesto amistoso.
—Bonjour.
Avez-vous vu d’autres créatures…
ou…
euh…
Servants?
—preguntó, mientras señalaba un dibujo mal hecho de un dragón.
El aldeano parpadeó.
Luego le respondió, pero parecía confundido.
Le ofreció una papa.
—…¿Nos está regalando comida o nos está llamando idiotas?
—murmuró Leonel mientras tomaba la papa igual.
Nero, por su parte, se adelantó con una flor que había recogido, y con su mejor sonrisa declaró: —¡Parlez-vous…
romain magnifique?!
—y giró como si estuviera presentando una obra de teatro.
Los aldeanos se alejaron lentamente, murmurando entre ellos.
Mash suspiró.
—Esto será más difícil de lo esperado.
Siguieron intentando durante un rato.
Cada intento de comunicación era peor que el anterior: señas malinterpretadas, frases fuera de contexto, dibujos que parecían más amenazas que solicitudes de ayuda.
En un punto, Leonel accidentalmente pidió una vaca en lugar de preguntar por un Servant.
Finalmente, una mujer mayor se les acercó.
Vestía harapos y caminaba con la ayuda de un bastón.
—Vous cherchez la sorcière, n’est-ce pas?
—dijo con voz rasposa pero clara.
Leonel la miró, sorprendido.
—¿Tú…
entiendes lo que decimos?
Ella asintió lentamente.
—Mi difunto esposo era…
viajero.
Aprendí algunas palabras de su idioma.
Entiendo lo suficiente.
Mash casi se le cae el escudo del alivio.
—¡Gracias a Dios!
Nero dio un pequeño aplauso como si acabara de iniciar una ópera.
—¡Al fin alguien sensato!
Leonel se inclinó con respeto.
—Por favor, ¿puedes decirnos qué está pasando?
¿De dónde salieron esos dragones?
La mujer miró al cielo, donde aún se veían las sombras de las columnas de humo.
—No lo sabemos.
Solo…
aparecieron.
Primero fue el fuego.
Luego, los cielos se abrieron.
Y entonces, los monstruos.
Dicen que fue una maldición lanzada por una bruja.
Mash tragó saliva.
—Una bruja…
eso encaja con los registros de la Singularidad.
—¿Dónde la vieron por última vez?
—preguntó Leonel.
La mujer apuntó al norte.
—En las ruinas del viejo castillo.
Dicen que allí mora el demonio.
Allí empezó todo.
Leonel asintió, mirando a sus compañeras.
—Tenemos rumbo.
Nero alzó su espada al aire.
—¡Entonces avancemos!
¡El telón ha subido y Roma marcha hacia la victoria!
Mash sonrió, energizada.
—Activando mapa local.
Coordinaré la mejor ruta disponible.
Leonel, a pesar del cansancio, sonrió también.
—Y por favor, que no volvamos a necesitar clases de francés en el próximo salto temporal.
La cámara se aleja mientras el grupo se pone en marcha bajo el cielo estrellado, avanzando hacia la próxima amenaza…
y el misterio que rodea a la singularidad de Orleans.
[Francia – Camino polvoriento, cercanías de un pueblo sin nombre – Tarde, dos días después] El sol comenzaba a descender lentamente, tiñendo el cielo de naranja y dorado mientras el grupo de tres avanzaba por un sendero de tierra.
Mash llevaba su escudo sobre la espalda, revisando su dispositivo de navegación.
Nero, con su vestido manchado del polvo del camino, seguía animada, hablando sin parar de lo grandiosa que sería la próxima ciudad.
Leonel, en cambio, caminaba en silencio, observando el horizonte con la mente enfocada en los próximos pasos.
—Estamos cerca del pueblo, Senpai —informó Mash—.
Si seguimos este ritmo, podríamos descansar esta noche.
—¡Por fin!
¡Una ciudad digna de mi grandeza!
Espero que haya vino, música y al menos un teatro —dijo Nero, estirando los brazos con entusiasmo exagerado.
Leonel sonrió con suavidad, pero no perdió la concentración.
Estaba alerta…
y con razón.
Un leve estremecimiento en el suelo le hizo detenerse.
Un zumbido en el aire.
Un instante después, un rugido terrible retumbó a lo lejos, haciendo que las aves volaran en estampida desde los árboles.
—¿Eso fue…?
—empezó Mash, pero se detuvo al ver las columnas de humo negro elevándose en el horizonte.
Leonel entrecerró los ojos.
Desde donde estaban, podían ver el pueblo al que se dirigían…
y que ahora ardía en llamas.
Criaturas aladas lo sobrevolaban, lanzando fuego y caos sobre los tejados.
—Dragones —dijo con gravedad—.
Otra vez.
—¡Más de esos reptiles insolentes!
¡No aprenderán hasta probar el filo de mi espada imperial!
—gritó Nero, sacando su espada.
Mash dio un paso al frente, escudo en alto.
—Senpai, ¿intervenimos?
Leonel no tardó en decidir.
Sacó un pequeño mapa del bolsillo y lo desplegó sobre una piedra.
—Sí, pero no podemos lanzarnos sin cabeza.
Mash, irás primero.
Usa el terreno para cubrirte y busca a los civiles atrapados.
Necesitamos asegurarnos de que no haya víctimas.
Mash asintió firmemente.
—¡Entendido!
—Nero —continuó Leonel con voz autoritaria pero calmada—, tú serás la punta de lanza.
Ataca a los dragones directamente, pero hazlo desde la plaza central.
Llama su atención, distráelos y evita que destruyan los edificios clave.
No destruyas más de lo necesario.
—¡¡Entendido, comandante!!
¡Roma se lanza a la gloria!
Leonel se colocó en un terreno elevado a las afueras del pueblo, desde donde tenía una vista completa del campo de batalla.
Su mirada era aguda, midiendo distancias, observando patrones de movimiento, previendo ataques.
No tenía intención de combatir, pero su rol era igual o más vital.
[En el pueblo – Minutos después] El caos reinaba.
Los dragones descendían en picado, lanzando llamaradas sobre las casas.
Mash corría entre los escombros, cubriendo a los aldeanos con su escudo.
Los niños lloraban, y los adultos huían sin entender qué estaba pasando.
—¡A la izquierda, Mash!
¡Un civil atrapado detrás del establo!
—la voz de Leonel llegaba a través de su comunicador.
—¡Voy para allá!
Mash saltó entre los restos de un muro y protegió a una anciana con su escudo mientras una llamarada pasaba por encima.
En la plaza central, Nero se reía a carcajadas mientras esquivaba el fuego con una gracia teatral.
—¡¿Eso es todo?!
¡He luchado con fieras más imponentes en el Coliseo!
—Nero, cuidado a tu derecha.
Otro dragón descendiendo en picado —dijo Leonel con tono firme.
—¡Oh!
¡Gracias, estratega mío!
—exclamó mientras giraba elegantemente y cortaba el cuello de la criatura con una danza de espadas.
Desde su posición elevada, Leonel observaba todo.
Coordinaba ataques, dictaba rutas de evacuación, y mantenía a sus Servants fuera de riesgo letal.
Aunque sus manos no blandían arma alguna, su mente era el filo que dirigía la batalla.
—¡Nero, no los persigas!
¡Están intentando separarte de Mash!
—¡Tsk!
¡Cobardes!
—Mash, agrúpate con Nero.
Están replegándose.
No los persigan.
Aseguren la zona y ayuden a los heridos.
Después de unos minutos más, los dragones, heridos y desorganizados, emprendieron la retirada, perdiéndose entre las nubes.
Las llamas aún ardían, pero ya no había rugidos en el aire.
Solo el crepitar del fuego y los sollozos de quienes habían sobrevivido.
Leonel bajó finalmente de su posición y se reunió con el grupo.
Caminaba con serenidad, pero en su rostro había tensión.
—¿Están bien?
¿Heridas?
—¡Solo el orgullo de los dragones ha sido herido!
—dijo Nero con una gran sonrisa.
—Estoy bien, Senpai —respondió Mash, limpiando el polvo de su escudo.
Leonel suspiró, mirando el cielo teñido de humo.
—Esto no fue un ataque al azar…
están apareciendo en puntos clave.
Quieren infundir miedo, debilitar la moral.
No estamos luchando solo contra bestias…
hay alguien detrás de esto.
Mash y Nero se miraron.
El silencio fue pesado.
—Entonces —continuó Leonel, con el ceño fruncido—, más que nunca, necesitamos respuestas.
[Pueblo en ruinas – Poco después del primer ataque] El grupo apenas había logrado contener el primer embate.
Las llamas se habían reducido y los aldeanos, muchos heridos, comenzaban a reagruparse.
Mash ayudaba a levantar escombros mientras Nero, aún eufórica por la batalla, ayudaba a los más graves con palabras pomposas de ánimo.
Leonel mantenía la vista en el cielo.
Algo no encajaba.
El viento olía a magia.
A manipulación.
Y entonces lo vio.
Un temblor repentino.
Un nuevo rugido.
Los mismos dragones que habían huido minutos antes regresaban, pero ahora no venían solos.
Al menos una docena más cruzaban el cielo como proyectiles vivientes, sus ojos brillando con un fulgor antinatural.
Magia negra cubría sus cuerpos como venas latentes.
Una presencia sombría los dirigía…
desde las sombras de la Singularidad.
—No…
¡Están siendo manipulados!
—dijo Leonel con rabia—.
¡Esto fue una distracción!
¡Quieren arrasar con todo!
Los gritos comenzaron de nuevo.
El pánico regresó como un maremoto entre los supervivientes.
—¡Mash, Nero!
¡A posiciones defensivas!
¡¡Debemos proteger a los civiles!!
—ordenó Leonel mientras extendía rápidamente otro mapa sobre el suelo, marcando zonas clave con piedras y ramas.
—¡Vamos, Mash!
¡Otra ronda!
¡El Imperio no teme a las bestias controladas!
—gritó Nero, saltando hacia el centro del pueblo con una sonrisa temeraria.
Mash asintió, aunque su rostro denotaba tensión.
—¡Entendido, Senpai!
¡Haré todo lo posible!
[Segunda batalla – Pueblo en caos] Los dragones descendieron como una tormenta viviente.
Esta vez, eran más agresivos, más coordinados…
más crueles.
Sus llamas parecían buscar a propósito los puntos donde los refugiados se escondían.
Desde su punto elevado, Leonel dirigía como un general de otro tiempo, sus gritos de mando eran claros, calculados, precisos.
—¡Nero, no los persigas!
¡Quédate cerca del pozo!
¡Protege a los civiles!
—¡Mash, muro de escudo a la izquierda!
¡Van a atacar desde tres ángulos a la vez!
—¡Aléjenlos del granero!
¡Hay heridos ahí dentro!
Pero a pesar de sus órdenes impecables, la situación empeoraba.
Mash jadeaba.
Su escudo estaba agrietado.
Nero tenía cortes en la pierna y sangre en la frente, aunque seguía sonriendo.
Los dragones parecían infinitos.
Y entonces…
una luz descendió del cielo.
Como una lanza que rasga las tinieblas, una figura vestida de blanco con una gran bandera apareció entre las llamas.
Su presencia era pura, firme.
Como si la misma esperanza hubiese descendido del Cielo.
—¡Jeanne d’Arc!
—susurró Mash, sin aliento—.
¡Una Ruler!
La doncella de Orleans levantó su estandarte y su voz clara se alzó como una campana.
—¡Habitantes de Francia, no temáis más!
¡He escuchado vuestras plegarias!
Con un grito de guerra, Jeanne se lanzó al combate.
Su estandarte repelía las llamas, su voz reforzaba los corazones, y su presencia unía a todos bajo una misma causa.
Leonel sonrió al verla intervenir.
—Justo a tiempo.
Con renovada fuerza, Mash y Nero se reagruparon, luchando al unísono con la Ruler, mientras Leonel ajustaba su estrategia en el acto.
—Nueva formación: Jeanne al frente, Nero flanqueando, Mash cubriendo retaguardia.
¡¡Vamos a hacer retroceder a estos monstruos!!
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.
Mi patreon: SeathScale
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com