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Fate/Grand Persona - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 Capitulo 6 Las 2 Jeanne
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7: Capitulo 6: Las 2 Jeanne 7: Capitulo 6: Las 2 Jeanne La tierra temblaba bajo los rugidos finales de los dragones.

Pero ahora, tres figuras brillaban con una luz imparable en medio del caos.

Mash, con su escudo renovado por la determinación.

Nero, envuelta en gloria imperial, su espada danzando con fuego.

Y Jeanne d’Arc, símbolo de esperanza, su estandarte ondeando como el sol tras la tormenta.

-¡Por Francia, por la humanidad!

-gritó Jeanne, su voz pura resonando en cada rincón.

Los dragones comenzaron a caer.

Uno tras otro.

Como si el propio cielo los estuviera juzgando.

-¡Magnífico!

¡Con esto probaré que la flama de Roma no se extingue nunca!

-exclamó Nero, atravesando el pecho de una bestia con una sonrisa triunfante.

-Senpai, ¡el flanco derecho está despejado!

-gritó Mash.

Leonel, desde su punto de observación, bajó la mirada con alivio.

-Bien hecho, todas.

Manténganse alerta…

pero creo que lo logramos.

Un último rugido, y el último dragón se desplomó con un estruendo sordo.

La amenaza había desaparecido.

[Centro del pueblo – minutos después] Los aldeanos comenzaron a salir de sus escondites.

Ancianos, niños, adultos heridos.

Algunos lloraban de alivio.

Otros simplemente se desplomaban de agotamiento.

Cuando vieron a Jeanne, muchos se quedaron en silencio.

Ella sonrió suavemente, bajando su estandarte.

-No teman.

He venido para protegerlos.

Pero el murmullo no tardó en comenzar.

Sospecha.

Miedo.

Odio.

-¿Esa…

esa es ella?

-¡La Bruja Dragón!

-¡No, no!

¡Es Jeanne d’Arc, la salvadora!

-¡Mentira!

¡La vimos hace días!

¡Arrasó otro pueblo!

¡Sus ojos eran iguales!

Jeanne se quedó quieta, confundida.

-¿Bruja…

Dragón?

Leonel bajó de su posición, acercándose rápidamente.

Mash se colocó instintivamente frente a Jeanne, en posición defensiva.

-¡Esperen!

Ella nos salvó la vida.

No es quien ustedes creen.

-¡¿Cómo que no?!

-gritó una mujer-.

¡Tiene el mismo rostro!

¡La misma voz!

¡Esa bruja maldita trajo el fuego y los dragones!

¡La vimos con nuestros propios ojos!

El ambiente se tensó.

Algunos tomaron palos.

Otros piedras.

Jeanne bajó la mirada, su rostro sereno, pero en su interior, un torbellino de dudas.

-Si…

si hay otra con mi apariencia causando esto…

entonces debo enfrentarla.

-¡Jeanne!

-protestó Mash, pero la Ruler levantó la mano con calma.

Leonel dio un paso al frente, su voz clara y firme.

-¡Escúchenme todos!

La mujer que tienen frente a ustedes no es una bruja.

Su nombre es Jeanne d’Arc, la verdadera.

La que salvó vidas hoy.

No importa a quién hayan visto antes, ella no es vuestra enemiga.

Un silencio incómodo cayó.

Algunos aldeanos bajaron la mirada.

Otros simplemente se alejaron.

[Momentos después – en las afueras del pueblo] Jeanne se apartó un poco del grupo, observando el amanecer teñido de ceniza.

Leonel se le acercó.

-¿Estás bien?

Ella no respondió al principio.

-He sido odiada antes.

Acusada antes.

Quemada antes.

Pero…

esto…

saber que hay una versión de mí destruyendo inocentes…

-apretó los puños-.

No puedo ignorarlo.

-Entonces la enfrentaremos -dijo Leonel, decidido-.

Juntos.

Tú no estás sola, Jeanne.

Mash y Nero se unieron a ellos.

-¡¡Hmph!!

¡Sea quien sea esa impostora, conocerá la ira de una emperatriz auténtica!

-Protegeré tu espalda, Jeanne-san -añadió Mash con una sonrisa amable.

La Ruler los miró, con una mezcla de gratitud y renovada fuerza.

-Gracias…

a todos.

[Bosque cercano – a las afueras del pueblo, poco después del amanecer] El humo de la batalla se disipaba lentamente, dejando solo el eco de una victoria amarga.

El grupo se había apartado del pueblo, buscando privacidad tras la tensa reacción de los aldeanos.

Sentados en un claro iluminado por la luz tenue del sol, Jeanne, aún con su estandarte apoyado a un lado, observaba atentamente a sus salvadores.

-Creo que ya es hora de que nos presentemos formalmente -dijo Leonel con seriedad, inclinando ligeramente la cabeza-.

Soy Leonel, y esta es Mash Kyrielight.

Somos…

viajeros.

Y nuestra misión es proteger la humanidad.

Mash se inclinó también, con una sonrisa educada.

-Es un honor, señorita Jeanne.

Leí sobre usted…

y sobre su fe inquebrantable.

Jeanne los observó con expresión neutral por unos segundos, luego bajó ligeramente la cabeza en señal de respeto.

-Jeanne d’Arc.

Servant de clase Ruler.

Fui invocada por voluntad del Santo Grial para mediar en esta tierra…

pero no recuerdo haber respondido a ningún llamado específico.

Todo es…

confuso.

-Y, sin embargo, aquí estoy -dijo con serenidad, aunque en su voz había duda-.

Ahora decidme…

¿por qué?

¿Por qué han venido?

Esta no es vuestra guerra.

Leonel se cruzó de brazos, pensativo por un momento.

-No podemos darte todos los detalles.

Pero lo que puedo decirte es esto: si no intervenimos, la humanidad será erradicada.

Cada ciudad, cada nación, cada niño…

todo desaparecerá como si nunca hubiera existido.

Jeanne abrió los ojos, sorprendida, pero no interrumpió.

-No venimos de esta era -continuó Leonel-.

Pero nuestro deber es preservarla.

Estamos viajando a través de singularidades que alteran la historia.

Lugares donde algo, o alguien, corrompe el flujo natural del tiempo…

y del destino.

Mash asintió, tomando la palabra.

-En cada singularidad, algo cambia.

Algo destruye lo que debería haber sido.

Nuestro trabajo es corregir esas distorsiones y restaurar el curso verdadero de la historia.

Jeanne guardó silencio.

El viento jugaba con su cabello y con las cintas de su armadura.

Finalmente, preguntó: -Y esta…

¿esta singularidad está relacionada conmigo?

¿Con esa Bruja Dragón?

Leonel asintió despacio.

-No lo sabemos con certeza…

pero es probable.

Su presencia altera este lugar.

Los dragones…

los miedos de los aldeanos…

todo está conectado.

Necesitamos llegar al fondo de esto.

Y para eso, necesitamos tu ayuda.

Jeanne apretó el estandarte con fuerza, sus ojos fijos en el horizonte.

-Si una versión distorsionada de mí está causando todo esto…

no puedo permitirlo.

-Proteger a los inocentes.

Guiar a los perdidos.

Esa fue siempre mi misión.

-Volteó hacia ellos-.

Si están aquí para luchar por la humanidad, entonces…

nuestros caminos están unidos.

Mash sonrió suavemente.

-Gracias, señorita Jeanne.

Leonel, con una expresión más relajada, le ofreció su mano.

-Entonces, ¿nos ayudarás a restaurar esta era?

Jeanne miró su mano por un segundo…

y luego la estrechó con firmeza.

-Por Francia.

Por la humanidad.

Lucharemos juntos.

[Ubicación desconocida – Fortaleza Negra, Sala del Trono] El aire era espeso, cargado de odio y magia oscura.

El trono negro, tallado en forma de llamas petrificadas, dominaba la sala en la que el eco de pasos resonaba como cuchillas afiladas.

A su alrededor, gárgolas vivientes vigilaban en silencio, y el techo estaba cubierto por una penumbra que ocultaba los cielos eternamente tormentosos.

En lo alto del trono, Jeanne d’Arc Alter -la Bruja Dragón- escuchaba sin expresión el informe de uno de sus soldados, una figura encapuchada con voz temblorosa.

-Milady…

los dragones enviados a destruir el pueblo de Rivère…

han fracasado.

Fueron interceptados.

Hubo resistencia inesperada.

La figura tragó saliva, temiendo la respuesta.

Los ojos dorados de Jeanne Alter se abrieron lentamente, brillando con una mezcla peligrosa de ira contenida y fría curiosidad.

-¿Resistencia?

¿Acaso los campesinos se alzaron con antorchas y rastrillos?

-No, milady…

fueron Servants.

Identificados por su fuerza y uso de Prana elevado.

Entre ellos…

creemos haber detectado una firma espiritual parecida a la suya.

El silencio se volvió opresivo.

-¿…Una firma como la mía?

-preguntó, su voz arrastrando cada palabra como un susurro de fuego-.

¿Dices que ella está aquí?

El encapuchado solo asintió.

Un tic nervioso surgió en la ceja de Jeanne Alter, apenas perceptible.

Cerró los ojos y respiró hondo, antes de incorporarse con majestuosidad, su estandarte negro materializándose a su lado, envuelto en llamas oscuras.

-Primero, me arrebatan mi vida.

Luego, me moldean en una muñeca de fe.

Y ahora…

envían a esa sombra piadosa a detenerme.

-Su voz se tornó amarga, y los candelabros en la sala se apagaron de golpe.

-Que lo intenten.

-¿Qué haremos, mi señora?

-preguntó el soldado, temblando ante su presencia.

Jeanne Alter bajó las escaleras del trono con pasos firmes, mientras la oscuridad parecía retroceder ante su furia silenciosa.

-Mi venganza está cerca -murmuró-.

Los políticos que firmaron mi sentencia…

están reunidos en la ciudadela de Montdouce.

Cuando su sangre hierva en el fuego que tanto amaron, entonces podré atender a estos intrusos.

Se giró bruscamente hacia el soldado.

-Pero que quede claro: yo los detendré.

Personalmente.

-Cuando los mire a los ojos, les mostraré lo que significa realmente ser traicionado por el mundo.

El soldado se inclinó profundamente.

-Sí, Bruja Dragón.

Jeanne Alter dio media vuelta y caminó hacia el balcón del castillo.

Desde allí, contemplaba los cielos cubiertos de ceniza, mientras las alas de dragones negros cruzaban los cielos como presagios de ruina.

-Pronto…

el juicio arderá en la tierra.

Y no quedará nada más que cenizas.

[Camino rural – Sendero hacia la ciudad de Montfort] La carreta avanzaba con lentitud por el sendero de tierra, flanqueada por colinas verdes que contrastaban con el cielo grisáceo que parecía no despejarse desde la llegada del grupo a esta era distorsionada.

El ambiente era tenso, pero no por el clima.

Cada miembro del equipo guardaba silencio, hasta que Mash rompió la calma.

-Maestro, ya no detecto presencias hostiles en las cercanías.

Podemos bajar la guardia…

por ahora.

Leonel asintió mientras observaba el horizonte.

-Gracias, Mash.

Estén atentos de todos modos.

Aún no sabemos con qué frecuencia ella manda a sus tropas.

En el asiento delantero, Jeanne, vestida con su armadura plateada y su estandarte aún enrollado a la espalda, parecía sumida en sus pensamientos.

Había estado callada desde que partieron del pueblo.

Desde el comunicador holográfico en su muñeca, Romani Archaman y Leonardo Da Vinci observaron la escena desde Chaldea.

-Jeanne, ¿puedo preguntarte algo?

-inició Romani, con tono suave pero directo-.

¿Tienes idea de qué está ocurriendo aquí?

Esta Singularidad…

es inusualmente personal contigo.

Jeanne giró el rostro hacia el comunicador, su expresión serena pero firme.

-Lo siento…

no.

Apenas he sido invocada por el Grial hace unos días.

Desperté en una iglesia en ruinas, sin contexto alguno.

Solo escuché que los cielos se habían oscurecido y que alguien con mi rostro lideraba la destrucción.

-Hmm…

curioso -murmuró Da Vinci, con los dedos sobre el mentón-.

Entonces no tienes memorias previas relacionadas con esta Singularidad.

Eso descarta una invocación directa previa o una “división de personalidad” natural.

Mash ladeó ligeramente la cabeza.

-¿Podría tratarse de una versión corrupta por el Grial?

¿Como lo que ocurrió con otros Servants en Fuyuki?

-Muy probable -respondió Romani-.

La energía mágica aquí está altamente contaminada.

Lo extraño es que haya generado una “Jeanne oscura” con tanta autonomía.

Generalmente los Servants corruptos son más inestables…

no planean campañas militares ni castigan pueblos con dragones.

Leonel cruzó los brazos, pensativo.

-Sea lo que sea, esta Bruja Dragón está atacando a inocentes y manipulando el miedo con tu imagen, Jeanne.

Eso complica las cosas para nosotros.

-Lo sé -dijo ella con un dejo de tristeza en la voz-.

Los aldeanos me miraron con terror…

como si yo fuera el demonio que los condenó.

Aunque la entiendo, esa reacción me duele.

Hubo una breve pausa.

-Aún así, no me esconderé.

Si alguien está usando mi nombre y mi rostro para arrasar este mundo…

entonces yo seré quien lo detenga.

Leonel le dedicó una sonrisa breve pero sincera.

-Eso suena a ti, Jeanne.

Mash asintió.

-Yo también creo en usted.

No hay duda de que usted es la verdadera doncella de Orleans.

Jeanne sonrió levemente.

Por primera vez desde que partieron, el peso sobre sus hombros parecía aligerarse.

-Gracias…

entonces vamos a detenerla.

Y limpiaré mi nombre…

aunque tenga que enfrentarme a mí misma.

[POV: Leonel] El chirrido de las ruedas sobre las piedras y la tierra fue lo único que se escuchó mientras la carreta descendía por el camino hacia la ciudad de Montfort.

Pero tan pronto como cruzaron el umbral de las viejas murallas, el hedor los alcanzó como una bofetada.

-…No -murmuró Mash, deteniéndose con los ojos abiertos por el horror.

Las casas estaban hechas cenizas, ennegrecidas por un fuego que había reducido paredes a esqueletos de madera calcinada.

El suelo estaba cubierto de escombros…

y cadáveres.

Cuerpos destrozados, carbonizados o parcialmente devorados yacían esparcidos sin cuidado, algunos aún humeaban.

Los dragones no solo habían atacado…

habían jugado con sus presas.

-¡Por Dios…!

-exclamó Da Vinci desde el comunicador, tapándose la boca con una mano-.

No dejaron a nadie con vida…

Mash cayó de rodillas, con una mano sobre el pecho.

-Esta magia…

es densa…

oscura…

como veneno flotando en el aire…

Jeanne caminó en silencio unos pasos hacia el centro de la plaza, con el estandarte temblando en su espalda.

-Esto…

esto fue hecho con odio.

Con puro rencor.

Leonel bajó de la carreta.

El suelo estaba resbaloso por la sangre.

-Quien haya hecho esto no tiene redención posible.

En ese momento, el cielo rugió.

[POV: Jeanne Alter] Desde lo alto, montada sobre el lomo de Fafnir, Jeanne Alter descendía en espiral con el viento a su favor.

Las llamas que aún ardían en Montfort parecían danzar en homenaje a su presencia.

-Así que vinieron al final…

-murmuró con una sonrisa torcida, los ojos brillando con malevolencia-.

Interesante…

el pequeño grupo de “salvadores” que todos susurran por los caminos.

El grial oscuro vibró dentro de su pecho.

La energía de la Singularidad se alteró con una chispa inesperada.

-Jeanne…

-escupió su nombre con rencor mientras divisaba una figura muy conocida entre las ruinas-.

Qué ironía, tú apareces justo ahora.

[POV: Leonel] El aullido de los vientos anunció lo que pronto se materializó: un coloso alado descendiendo del cielo, su cuerpo cubierto de escamas negras como carbón incandescente.

-¡Un dragón…!

-gritó Mash, alzando su escudo.

Sobre él, una figura de túnica oscura, cabello plateado y ojos ardientes como fuego infernal, empuñaba una bandera desgarrada.

Era como mirar a Jeanne…

pero retorcida, corrupta por una emoción que la Jeanne que conocían jamás sentiría: odio puro.

-¿Eso es…?

-murmuró Da Vinci, sin necesidad de terminar la frase.

Las dos Jeanne se quedaron mirando, la tensión palpable incluso en el aire.

[POV: Jeanne Alter] -Qué decepción, “yo misma”.

¿Vienes a predicar mientras el mundo se consume?

-dijo con burla-.

¿O es que vienes a detenerme…

con esa mirada patética?

Jeanne apretó los dientes.

-No sé qué eres…

ni por qué llevas mi rostro.

Pero esto…

no puede continuar.

[POV: Leonel] Leonel dio un paso adelante, la mirada fija en la bruja montada en la bestia.

-Tú eres la causante de esta Singularidad, ¿verdad?

¿Quién eres?

Jeanne Alter sonrió.

-¿Mi nombre?

Ah…

es el mismo que el de esa hipócrita a tu lado.

Pero puedes llamarme por como me conocen ahora: la Bruja Dragón de la Venganza.

La llama que arde por todos los que me traicionaron.

El dragón rugió, y las llamas del pueblo volvieron a alzarse.

-Y tú…

-dijo, apuntando a Leonel-.

No eres un simple humano.

Siento algo especial en ti…

como una grieta en el tejido de este mundo.

Me intrigas, chico.

Leonel sacó su sello de comando, con el corazón latiendo con fuerza.

-Lo mismo pienso de ti…

bruja.

[POV: Jeanne Alter] El cielo era una herida abierta.

La figura de Fafnir descendía como un presagio oscuro, las alas negras como la culpa, la sangre, la noche.

Sobre su lomo, con estandarte desgarrado al viento, Jeanne d’Arc Alter sonreía con desprecio.

-Qué decepción -murmuró al verlos-.

¿Este es el grupo que pretende detenerme?

¿Una niña con escudo, una santa de pacotilla y…?

Sus ojos se posaron en Leonel.

Lo escudriñó con un aire de fastidio y desdén.

-Un humano más.

Genial.

Lo que me faltaba: esperanza encarnada.

[POV: Leonel] Leonel tragó saliva, sin apartar la vista.

No decía nada.

No debía decir nada.

Pero por dentro, la reconocía.

Cada palabra, cada gesto, cada grieta en su alma ennegrecida.

Sabía quién era esa versión distorsionada.

Sabía por qué existía.

Y sin embargo, la escena frente a él no era una pantalla.

No era un evento jugable.

Era real.

“Cuánto odio debe albergar para hablar así…

para mirar a su otra yo y solo ver una mentira.” -Dime, santa -escupió la Avenger-.

¿Aún sigues creyendo en tu Dios?

¿Aún confías en ese cielo que no bajó a ayudarte cuando ardías en la hoguera?

¿Sigues esperando la redención?

[POV: Jeanne d’Arc] Jeanne apretó los dientes, alzando su propio estandarte.

-Sí.

Aún creo.

Aún espero.

Aún lucho.

No por mí.

Por quienes aún pueden ser salvados.

[POV: Jeanne Alter] La carcajada que lanzó retumbó en el aire como un trueno oscuro.

-Ilusa hasta el final.

Qué patético.

Qué encantadoramente inútil.

Entonces giró su estandarte, y al instante, rugidos llenaron el cielo.

Dragones.

Decenas.

Cientos.

Alas y llamas, garras y colmillos.

Se acercaban como un enjambre apocalíptico.

-A ver cuánto duran…

héroes.

-Y sin más, se elevó de nuevo en Fafnir, perdiéndose entre las nubes carbonizadas.

[POV: Leonel] El infierno se desató.

Mash gritó órdenes, bloqueando como podía con su escudo.

Jeanne lanzaba oraciones y fuego bendito.

El tercer Servant combatía sin tregua.

Pero no era suficiente.

Dragones por todos lados.

Rodeados.

Atrapados.

“Esto es demasiado…

no hay forma de resistir…” Leonel sintió un temblor en el aire.

No físico.

Era como una vibración en el alma.

Una voz, vieja y distante, como si viniera de otro plano.

-Te pierdes en pensamientos…

pero no puedes huir del ahora.

Observa.

Escucha.

Analiza.

Guía.

-Eso es lo que ERES.

Su visión se nubló, y de pronto, su mente se expandió.

Vio líneas.

Nombres.

Datos.

Números flotando sobre cada enemigo.

Una especie de “interfaz” espiritual se formó frente a él, como si el mundo se convirtiera en un tablero de información vital.

Dragón de Fafnir – Clase: Bestia mítica.

Afinidad: fuego.

Debilidad: hielo, ataques benditos.

Estado: agresivo.

Probabilidad de romper defensa frontal: 82%.

Sus ojos se abrieron de golpe, brillando con luz azul intensa.

[POV: Todos] Un círculo mágico se desplegó a sus pies.

Luz blanca y azul lo envolvió.

El símbolo de un compás y una estrella de múltiples puntas brilló en el suelo.

-¡Persona!

-gritó, sin pensarlo.

Su voz era firme.

Clara.

Desde la luz emergió una figura colosal: un ser de formas geométricas en constante movimiento, con un cuerpo hecho de cristal y plumas de códice.

Su rostro estaba oculto por una máscara ceremonial maya.

Era como un sabio que flotaba entre tiempo y memoria.

-¡Tezcatlipoca.!

-La voz de Leonel resonó al unísono con la entidad.

[POV: Mash] -¿¡Qué…

qué es eso!?

-exclamó, sorprendida.

[POV: Leonel] La voz de Tezcatlipoca reverberó en su mente, serena.

-Análisis activado.

Marcando debilidades.

Calculando rutas de evasión óptimas.

-Conocimiento es poder.

Ahora, entrega los datos…

a quienes luchan.

-¡Mash, bloquea el ataque desde el flanco derecho!

¡Ese dragón tiene una apertura al cuello!

-¡Jeanne, su aliento es inefectivo si le golpeas antes de que inhale!

¡Tienes dos segundos!

-¡Servant, el grupo a la izquierda es débil a tu tipo de energía!

¡Concéntrate allí!

[POV: Grupo] El ritmo del combate cambió.

Donde antes había caos, ahora había claridad.

Las instrucciones de Leonel eran precisas, casi premonitorias.

La marea comenzaba a retroceder.

No era un guerrero.

Era un guía.

Y por primera vez, Leonel sintió que estaba exactamente donde debía estar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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