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Fate/Issei Order - Capítulo 11

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  4. Capítulo 11 - 11 Capitulo 10 Orleans
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11: Capitulo 10: Orleans 11: Capitulo 10: Orleans La mañana artificial en Chaldea siempre comenzaba con el mismo suave zumbido de los sistemas ambientales y una luz diurna simulada que se filtraba por las claraboyas de los pasillos.

Para Issei Hyoudou, sin embargo, esta mañana en particular se anunció de una manera radicalmente distinta.

Se despertó con la sensación de algo increíblemente suave y cálido presionando su mejilla.

Al abrir los ojos, se encontró con la visión de Tamamo-no-Mae, arrodillada junto a su cama, su rostro angelical y sus orejas de zorro inclinadas hacia él con una expresión de pura devoción.

Una de sus colas esponjosas era lo que había estado acariciando su cara.

“Buenos días, goshujin-sama”, susurró, su voz como miel tibia.

“El sol, aunque simulado, brilla, y es hora de que el amo del hogar se nutra para el día que le espera.” Issei, aún aturdido por el sueño, solo pudo parpadear.

“Tamamo… ¿qué hora es?” “La hora perfecta para que una esposa atienda a su esposo”, respondió ella, sin dar una respuesta numérica.

Con una elegancia fluida, lo ayudó a salir de la cama y prácticamente lo guió hacia el baño adjunto, donde ya había preparado su uniforme limpio y una toalla caliente.

Cuando Issei intentó tomar el cepillo de dientes, ella ya lo tenía en la mano.

“Permíteme.” “¡Yo puedo cepillarme los dientes solo!”, protestó Issei, aunque su voz carecía de convicción ante la determinación radiante de la diosa zorro.

“Pero no con la ternura adecuada”, argumentó Tamamo, y procedió a cepillarle los dientes con una meticulosidad que bordea lo clínico y lo íntimo al mismo tiempo, haciendo que Issei se sonrojara profundamente.

Fou, que había pasado corriendo por el pasillo y se asomó por la puerta abierta, emitió un sonido de burla antes de huir.

Finalmente, más limpio y más avergonzado que nunca, Issei fue conducido al comedor común.

El lugar estaba medio vacío a esta hora, con algunos técnicos comiendo rápido antes de ir a sus turnos.

Issei se dirigió a la línea de dispensación automatizada para tomar su bandeja estándar de “Desayuno Nutritivo Equilibrado Chaldea #3” (huevos revueltos sintéticos, proteína de soja texturizada, jugo de naranja enriquecido), pero Tamamo lo detuvo con una mano suave.

“Oh, no, goshujin-sama.

La comida de la máquina carece de alma, de amor.” Con un gesto, hizo aparecer de la nada (o de algún espacio dimensional personal) un hermoso bento de madera lacada.

Al abrirlo, reveló un festín: arroz perfectamente cocido y brillante, pescado a la parrilla con un glaseado que olía a mirin y soja, tamagoyaki esponjoso, y verduras encurtidas dispuestas como un jardín en miniatura.

Todo preparado con un nivel de arte que rivalizaba con los mejores chefs.

“¿Cómo…?” “Un pequeño hechizo de preservación y transporte,combinado con horas de amorosa preparación antes de que despertaras”, dijo Tamamo con orgullo, guiándolo a una mesa.

“Ahora, siéntate.” Issei obedeció, maravillado.

Tamamo se sentó a su lado, extremadamente cerca, y tomó unos palillos.

Pinchó un trozo perfecto de tamagoyaki y lo llevó suavemente a los labios de Issei.

“Ah, goshujin-sama… abre bien.” “E-Espera, Tamamo, puedo comer yo sol… mmph!” El trozo de tortilla entró en su boca, cortando su protesta.

Estaba delicioso.

Increíblemente delicioso.

Cerró los ojos por un instante, disfrutando el sabor.

“¿Verdad que está bueno?

Cada bocado está impregnado de mis sentimientos por ti”, murmuró Tamamo, recogiendo ahora un poco de arroz con un trozo de pescado.

Su rostro estaba iluminado por una felicidad tan genuina que Issei no tuvo el corazón de rechazarla otra vez.

Se resignó, con una sonrisa tonta y un rubor permanente, a ser alimentado.

Fue entonces cuando Mash Kyrielight entró al comedor.

Había estado en el gimnasio desde temprano, practicando maniobras defensivas con su escudo.

Al ver a Issei y a Tamamo, se acercó con su andar habitual, serio y directo.

Observó la escena: Tamamo llevando comida a la boca de un Issei que parecía a la vez extasiado y mortalmente avergonzado.

“Buenos días, Sempai, Tamamo”, saludó, inclinando la cabeza.

“¿Es este un nuevo ritual nutricional?

No está registrado en los protocolos de salud de Chaldea.” “Es un ritual conyugal, kouhai”, explicó Tamamo con dulzura, mientras limpiaba un grano de arroz imaginario de la comisura de los labios de Issei con un pañuelo.

“Alimentar al esposo garantiza su vigor y su felicidad.” Mash procesó la información.

Sus ojos ámbar se movieron de Tamamo a Issei, quien le sonrió débilmente.

“Entiendo.

El apoyo nutricional directo puede mejorar la moral y la eficiencia.” Hizo una pausa, luego, movida por una curiosidad genuina y un deseo de participar en lo que parecía una dinámica importante del equipo, extendió la mano.

Tomó un tenedor de la bandeja de un técnico vecino (que la cedió con asombro), lo hundió en el plato sintético de Issei que había quedado abandonado, y cogió un cubo de “proteína de soja texturizada #A”.

Luego, con una expresión de concentración absoluta, la acercó a los labios de Issei.

“Sempai.

Por favor, acepta también mi apoyo nutricional.” Issei y Tamamo se quedaron congelados.

Issei miró el tenedor de acero inoxidable, el cubo de materia beige e indeterminada en su punta, y luego los ojos serios y sinceros de Mash.

No había rastro de broma ni de coquetería.

Era Mash, ofreciendo lo que tenía a su disposición para apoyarlo, imitando lo que parecía ser una costumbre social importante.

Un calor diferente al rubor de la vergüenza inundó el pecho de Issei.

Era conmovedor.

Absurdo, pero profundamente conmovedor.

Sin pensarlo dos veces, abrió la boca y dejó que Mash le diera el bocado.

La “proteína de soja texturizada #A” sabía a cartón húmedo y desesperación, pero en ese momento, para Issei, supo a la cosa más dulce del mundo.

“Gracias, Mash”, dijo, con una sonrisa genuina y cálida.

Mash vio esa sonrisa, escuchó ese tono de voz.

Algo en su pecho, en el lugar donde el frío cálculo de Galahad se encontraba con la emergente conciencia humana de Mash Kyrielight, se estremeció.

No era un dolor, ni un fallo del sistema.

Era… cálido.

Agradable.

Una retroalimentación positiva que no estaba en ningún manual.

Sus mejillas se sonrojaron levemente.

“No hay de qué, Sempai.

Es mi deber.” Tamamo observó el intercambio, sus ojos dorados brillando con una emoción compleja.

No hubo celos agresivos, sino una especie de reconocimiento resignado y un destello de orgullo por su goshujin-sama.

“La kouhai aprende rápido.

Eso es bueno.” La paz, sin embargo, fue breve.

Las puertas del comedor se abrieron de par en par con un golpe teatral.

“Umu!

¡Qué escena tan pintoresca!

¡El Maestro siendo atendido por sus leales seguidoras!

¡Pero una emperatriz no puede permitir que su Praefectus esté incompleto!” Nero Claudius hizo su entrada, vestida no con su armadura, sino con una túnica roja y dorada holgada que, sin embargo, no lograba ocultar sus opulentas curvas.

Su cabello dorado brillaba incluso bajo la luz fluorescente, y su sonrisa era tan amplia y segura como el Mediterráneo.

Caminó directamente hacia su mesa, su mirada fija en el bento y en el tenedor en la mano de Mash.

“Si se trata de nutrir al Maestro, entonces ¡la Emperatriz de Roma debe tener el honor principal!” Declaró, y con un movimiento rápido, tomó una cuchara de la mesa de al lado (su dueño, un joven técnico, solo pudo parpadear, hipnotizado por su presencia).

La hundió en el plato de Issei, recogiendo una mezcla de huevo sintético y un trozo de lo que parecía ser la “proteína de soja texturizada #A”.

“¡Aquí, Praefectus!

¡Un bocado bendecido por el gusto imperial!

¡Abre!” Tamamo no se quedaría atrás.

Al instante, su cuchara de madera, cargada con un trozo perfecto de pescado glaseado, se alzó para rivalizar con la de Nero.

Ambas cucharas se encontraron a centímetros de la nariz de Issei, formando una “V” de alimentos y expectativa.

“Mi pescado, goshujin-sama, marinado con las especias más exquisitas y mi afecto”, dijo Tamamo, su voz melosa pero con un filo de acero.

“¡Mi combinación, Praefectus, posee el vigor simple pero honesto que forjó un imperio!”, proclamó Nero, sin ceder ni un ápice.

Ambas mujeres se miraron fijamente.

El aire entre ellas parecía electrizarse.

Mash, atrapada en el medio con su tenedor aún en la mano, miró de una a otra, tratando de calcular la amenaza de conflicto.

“Él probará el mío primero.” “¡La precedencia la tiene Roma!” “El amor conyugal precede a cualquier imperio terrenal.” “¡El deber hacia la emperatriz precede al amor personal!” La discusión subía de tono, aunque mantenía un absurdo nivel de formalidad.

Issei miraba, paralizado, como la cuchara de pescado y la cuchara de mezcla sintética se balanceaban peligrosamente cerca de sus ojos.

Sudaba frío.

Cualquier elección sería una sentencia de muerte.

Rechazar a Tamamo sería una afrenta a su “esposa”.

Rechazar a Nero sería un insulto a una emperatriz.

¿Y Mash?

Ella solo miraba, pero su tenedor aún estaba allí, una tercera opción silenciosa y letal en su simplicidad.

Su mente, entrenada en el caos de batallas reales y en la lógica retorcida de los videojuegos de harem, encontró una solución desesperada.

Con un movimiento rápido, calculado por puro instinto de supervivencia, abrió la boca al máximo y se lanzó hacia adelante, envolviendo con sus labios ambas cucharas, la de Tamamo y la de Nero, al mismo tiempo, y de paso, mordiendo también el cubo de proteína que aún colgaba del tenedor de Mash.

¡Chomp!

Un silencio abrupto cayó sobre el comedor.

Todo el personal que observaba a escondidas contuvo la respiración.

Issei masticó con fuerza, su rostro una mueca mientras saboreaba la cacofonía imposible: el pescado exquisito y dulce de Tamamo, la masa salada y granulada de la comida sintética promovida por Nero, y el sabor a cartón empapado del aporte de Mash.

Tragó con un esfuerzo heroico, con los ojos llorosos.

“¡Ah!”, exclamó Tamamo, recuperándose primero.

“¡Mi goshujin-sama ha saboreado mi bocado con más profundidad!

¡Su lengua tocó mi cuchara por 0.3 segundos más!” “¡Falsedad!”, rebatió Nero.

“¡Él masticó con más vigor mi ofrenda, un signo claro de aprecio por su fortaleza!

¡La cuchara de madera es más lenta para liberar el sabor, por lo que su contacto prolongado no cuenta!” “¡La termodinámica del afecto no se mide en segundos, se mide en intensidad!” “¡La intensidad de Roma llena épocas,no meros instantes!” La discusión recomenzó, aún más enérgica.

Issei, con el estómago revolviéndose por la mezcla abominable, se derrumbó contra el respaldo de su silla, derrotado.

Había pensado que su solución era lógica, un compromiso igualitario.

Pero solo había echado más leña al fuego de la competencia.

“Por favor… basta…”, suplicó débilmente, pero su voz se perdió entre los argumentos sobre densidades de sabor y protocolos de alimentación imperial.

Fue entonces cuando el sistema de altavoces de Chaldea se activó, salvador, con el tono de anuncio urgente que todos habían aprendido a reconocer.

“Atención a todo el personal.

Issei Hyoudou, Mash Kyrielight, y los Servants bajo su contrato, reporten inmediatamente a la Sala de Comando Principal.

Repito: Issei Hyoudou y su equipo, a la Sala de Comando.

Esto es prioritario.” La voz de Romani, cargada de una tensión que iba más allá de lo habitual, cortó como un cuchillo la discusión entre Tamamo y Nero.

Ambas se callaron al instante, sus expresiones cambiando de disputa doméstica a alerta profesional en un microsegundo.

Mash ya se había puesto de pie, su tenedor abandonado en la mesa.

“Sempai, es la convocatoria.” Issei respiró aliviado, agarrando la oportunidad como un hombre ahogándose agarra un salvavidas.

“¡Sí!

¡Vamos!” Se levantó tan rápido que la silla chirrió.

Tamamo recogió su bento con un gesto rápido, haciendo que desapareciera en un destello de luz.

“Los deberes del goshujin-sama llaman.

Las disputas conyugales pueden esperar.” Sin embargo, lanzó una última mirada significativa a Nero.

Nero se enderezó, ajustando su túnica con dignidad.

“Umu.

El escenario nos llama.

¡Vamos, Praefectus!

¡Nuestro gran acto espera!” Mientras el grupo salía del comedor a paso rápido, dejando atrás a los técnicos atónitos y los restos del desayuno más extraño de la historia de Chaldea, una voz familiar, áspera y fantasmagórica, resonó en el oído interno de Issei, proveniente del guantelete de la Boosted Gear que latía suavemente en su mano.

“Por fin dejan de comportarse como niños en una guardería.

Aunque debo admitir que tu solución fue… pragmática, si asquerosa.

Ahora concéntrate, Hyoudou.

Esto no será un picnic en el parque.” Olga Marie, desde su prisión blanca dentro del Gear, había estado observando –y escuchando– todo.

Y aunque nunca lo admitiría en voz alta, una parte minúscula de ella había encontrado la escena ligeramente… menos irritante de lo esperado.

— La Sala de Comando Principal estaba en su modo de “máxima alerta”.

Las luces principales estaban bajas, pero las pantallas holográficas principales brillaban con una intensidad febril, mostrando torrentes de datos, mapas estelares distorsionados y lecturas de energía que parpadeaban en rojo.

Romani estaba de pie frente a la consola central, sus dedos volando sobre los controles táctiles.

Da Vinci estaba a su lado, su habitual aire despreocupado reemplazado por una concentración intensa.

Issei entró con Mash, Tamamo y Nero detrás de él.

El ambiente era tan denso que hasta Nero bajó un poco su tono teatral.

“Roman, Da Vinci.

¿Qué pasa?”, preguntó Issei, acercándose.

Da Vinci giró hacia ellos, su rostro iluminado por la luz azul de los hologramas.

“Lo hemos conseguido, ragazzi.

Sheba ha logrado fijar una firma estable.

La primera de las siete Singularidades restantes ha sido identificada.” Romani amplió un holograma central.

Mostraba un mapa de Europa, pero uno antiguo, dibujado a mano, que se superponía con lecturas de energía anómala.

El punto focal brillaba con un rojo enfermizo sobre una región de la Francia moderna.

“La coordenada espacio-temporal es clara”, dijo Romani, su voz grave.

“Francia.

La región de Orleans.

Año 1431, según el calendario humano.” “1431…”, murmuró Mash, consultando su banco de datos.

“Ese es el año en que Juana de Arco fue ejecutada en la hoguera.” “Exacto”, asintió Da Vinci.

“Pero los parámetros de la Singularidad indican una distorsión masiva que comienza antes de ese evento y se extiende mucho más allá, creando una realidad de bolsillo completamente aberrante.

Los niveles de energía corrupta son significativamente más altos que los de Fuyuki.” Un frío recorrió la espalda de Issei.

Una Francia medieval distorsionada.

“¿Qué… qué está pasando allí?” “No lo sabemos con certeza”, admitió Romani.

“Las interferencias son brutales.

Pero las lecturas indican una concentración enorme de actividad de Servants, y algo más… algo que Sheba clasifica como ‘fuego dragón’ a una escala nunca registrada.

El tejido histórico no solo está roto; está siendo quemado activamente.” El holograma cambió, mostrando una reconstrucción aproximada: paisajes rurales franceses envueltos en llamas perpetuas, cielos oscurecidos por humo, y siluetas aladas enormes surcando los cielos.

“Tu objetivo sigue siendo el mismo que en Fuyuki”, continuó Da Vinci, señalando a Issei.

“Infíltrate en la Singularidad.

Identifica el núcleo de la distorsión.

Localiza el Santo Grial que la alimenta.

Y elimínalo.

Corrige la historia.” “Y sobrevive”, añadió la voz de Olga, surgiendo no solo en la mente de Issei, sino amplificándose a través de algún truco del sistema de audio de la sala, haciéndola sonar como una voz en el cielo, severa y clara.

Todos miraron hacia arriba, sorprendidos.

“No subestimen esto.

Fuyuki fue una introducción.

Esto es la Guerra de los Cien Años torcida por una fuerza desconocida.

La brutalidad, la superstición, la violencia… será peor que cualquier cosa que hayan visto.

Y los Servants que encuentren pueden no ser tan… colaborativos como Cú Chulainn.” Issei tragó saliva, pero asintió, apretando los puños.

“Entiendo.” Olga continuó, su tono perdiendo un poco de su filo, volviéndose casi… profesional.

“Hyoudou.

Recuerda que eres el Maestro.

Mash es tu escudo, pero también tu vínculo con Chaldea.

Tamamo-no-Mae es poder mágico y apoyo versátil.

Nero Claudius es poder ofensivo de primera línea y… carisma.

Úsalas bien.

Coordínalas.

No gastes los Command Spells a la ligera.

Y…” Hizo una pausa.

“…mantén tu mente en la misión.

No en los… atributos históricos de ninguna figura francesa que puedas encontrarte.” Issei se sonrojó.

“¡Directora!

¡Eso fue una vez!” “Fue dos veces.

Y con resultados alarmantemente efectivos”, replicó Olga secamente.

“Pero eso no es lo importante ahora.

Roman, Da Vinci.

¿Están los sistemas de rayshift listos?” “Sincronización completa”, confirmó Da Vinci.

“La Singularidad de Orleans está bloqueada.

Podemos enviarlos al punto de mayor estabilidad relativa, que parece ser las afueras de la ciudad de Vaucouleurs, aproximadamente en la primavera de 1429.

Deberían llegar antes de que la distorsión alcance su punto máximo, dándoles tiempo para evaluar.” “Bien.” La voz de Olga sonó decidida.

“Entonces no hay tiempo que perder.

Issei Hyoudou.

Esta es la primera misión oficial de la Grand Order de Chaldea.

La humanidad incinerada observa… o al menos, lo que queda de ella.

No nos fallen.” Issei miró a sus compañeras.

Mash lo miró con una fe inquebrantable.

Tamamo le dedicó una sonrisa serena y poderosa.

Nero golpeó su puño contra su palma, sus ojos rojos brillando con emoción marcial.

“¡Una Francia en llamas!

¡Qué escenario perfecto para una ópera épica!

¡Confía en mí, Praefectus, llevaremos la gloria de Roma… y de Chaldea, a esas tierras!” Una determinación renovada, mezclada con el miedo habitual pero también con una chispa de esa absurda confianza que solo él poseía, llenó a Issei.

Asintió con fuerza.

“Vamos a hacerlo.

Vamos a arreglar esto.” El grupo se dirigió a la Cámara de Rayshift, una sala cilíndrica con varios sarcófagos blancos dispuestos en círculo alrededor de un núcleo central brillante.

Los técnicos realizaron los chequeos finales.

Issei, Mash, Tamamo y Nero se colocaron cada uno en su Coffin.

“Sistema de rayshift, en línea”, anunció Romani desde la consola de control.

“Transferencia espiritual en 30 segundos.

Que la suerte… no, que su fuerza y su unión los acompañen.” Da Vinci sonrió.

“¡Regresen con datos interesantes, y preferiblemente, con el Grial!” Dentro de su Coffin, Issei cerró los ojos.

Oyó la voz de Olga una última vez, un suspiro apenas audible solo para él: “Regresa con vida, Hyoudou.

Y… cuida de ellas.” Antes de que pudiera responder, el conteo final resonó.

“3… 2… 1…” “¡INICIO DE TRANSFERENCIA ESPIRITUAL!” La luz azul, familiar y a la vez siempre aterradora, estalló, llenando los sarcófagos y envolviendo sus conciencias.

La sensación de ser deshecho y reconstruido, de viajar a través del tiempo y el espacio rasgado, los arrastró una vez más.

El comedor, las discusiones, la seguridad relativa de Chaldea… todo se desvaneció.

En su lugar, había un nuevo horizonte de llamas, de historia retorcida, y del misterioso y peligroso canto de dragones en un cielo medieval envenenado.

La primera batalla oficial de la Grand Order por recuperar el futuro de la humanidad acababa de comenzar.

Y Issei Hyoudou, el Maestro pervertido con su pequeño y creciente harén de heroínas legendarias, volaba directamente hacia su corazón ardiente.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale voten si les gusto y apoyenme en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.

Mi patreon: SeathScale

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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