Fate/Issei Order - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Capitulo 3 Primer combate y un nuevo aliado
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4: Capitulo 3: Primer combate y un nuevo aliado 4: Capitulo 3: Primer combate y un nuevo aliado La noticia de la devastación de Chaldea y el estado crítico del Equipo A había dejado un silencio denso y pesado entre los tres sobrevivientes.
El crepitar de los incendios distantes parecía ahora un recordatorio constante de su propia fragilidad.
Olga Marie, apoyándose contra la pared carbonizada, respiraba con esfuerzo, tratando de asimilar la magnitud del desastre.
Su mundo, su responsabilidad, se había reducido a estas calles infernales y a dos individuos que, en cualquier otra circunstancia, habría considerado activos marginales en el mejor de los casos.
“Muy bien”, dijo finalmente, su voz recuperando una pizca de su autoridad, aunque temblorosa.
“La prioridad es establecer un punto seguro, una base de operaciones.
Luego, debemos recolectar datos sobre la naturaleza exacta de esta Singularidad.
Mash, tus capacidades de Demi-Servant incluyen algún tipo de detección?” Mash, que había estado escaneando los alrededores con una concentración renovada, asintió.
“Sí, Directora.
Puedo percibir concentraciones anómalas de mana y la presencia de entidades espirituales de alto nivel, aunque el rango es limitado.
Por ahora, solo detecto las emanaciones de bajo nivel de los esqueletos, dispersas por toda la ciudad.” Issei, mientras tanto, observaba su mano derecha.
Los tres sellos de comando en forma de dragón parecían palpitar suavemente, como un latido secundario.
“Oye, Mash”, dijo, señalándolos.
“Si estos son los Command Spells…
¿qué puedo hacer con ellos exactamente?
¿Son solo para dar órdenes?” Antes de que Mash pudiera responder, Olga lanzó un suspiro exasperado.
“Por supuesto que no sabes lo básico, Hyoudou.
Los Command Spells son cristalizaciones de milagros.
Con uno, puedes dar una orden absoluta a tu Servant, forzando una acción incluso contra su voluntad o las leyes de la física, aunque solo por un instante.
También pueden usarse para potenciar al Servant de manera masiva, tele-transportarlo, o…
en emergencias, para potenciar la propia magia del Maestro.
Pero son limitados.
Solo tienes tres.
Malgastarlos por estupidez sería un crimen.” “Tres órdenes absolutas…”, musitó Issei, sus ojos brillando con posibilidades que inmediatamente se dirigieron hacia fantasías pervertidas.
Mash, que pareció leer su mente (o al menos, la dirección de su mirada), carraspeó suavemente.
“También, Sempai, el vínculo Maestro-Servant te otorga acceso a un Código Místico”, explicó ella, señalando su propio uniforme y luego el de Issei.
“Tu traje de Chaldea no es solo ropa.
Ahora que el contrato está activo, puede canalizar tu mana para realizar ciertos hechizos de apoyo pre-programados.
Son básicos, pero útiles: potenciación temporal, barreras menores, análisis acelerado.
Debes sentir el esquema en tu mente.” Issei cerró los ojos, concentrándose.
Era cierto.
Junto con la sensación del vínculo con Mash, como un cordón cálido y tenue que los unía, había una especie de interfaz mental.
No eran palabras, sino conceptos, formas.
Tres «moldes» listos para ser llenados con su mana.
Uno parecía relacionado con la aceleración.
Otro, con la percepción o ilusión.
El tercero era más difuso, parecía un reforzamiento puro, pero diferente al suyo, dirigido hacia otro.
“Los siento”, dijo, abriendo los ojos.
“Como…
tres botones mágicos.” “Botones…”, murmuró Olga, frotándose las sienes.
“Dios mío.” En ese preciso instante, el holograma del Dr.
Romani volvió a parpadear sobre el escudo de Mash, mucho más tenue y con interferencias.
“¡Oigan!
¡Escuchen!”, su voz sonaba urgente, distorsionada por la estática.
“¡Acabo de obtener una lectura del último fragmento funcional de Sheba!
¡Hay una firma espiritual masiva acercándose a su posición!
¡No son esqueletos!
¡Es un Servant!
¡Y viene rápido!” Todas las conversaciones se detuvieron.
El aire, ya cargado de calor y ceniza, pareció espesarse aún más.
“¿Dirección?
¿Clase?”, preguntó Olga de inmediato, su postura endureciéndose.
“¡Viene del este!
¡No puedo determinar la clase, la señal es…
serpentina, veloz!
¡Prepárense!” El holograma se desvaneció.
Mash no necesitó órdenes.
Con un movimiento fluido, se interpuso entre sus compañeros y la dirección indicada, plantando su escudo en el suelo con firmeza.
La seriedad en sus ojos se transformó en una concentración feroz.
“¡Protegiendo, Sempai!
¡Directora, quédense detrás de mí!” Issei sintió un nudo en el estómago.
Un Servant.
Un héroe o monstruo legendario de verdad.
No esqueletos sin mente, sino un ser con poder y voluntad propios.
Su mano derecha se cerró instintivamente, los Command Spells emitiendo un calor leve.
Olga se apretó contra la pared, sus ojos escudriñando la calle arrasada.
“¡Mash, prioriza la defensa!
¡Hyoudou, no hagas nada estúpido!
Si es un enemigo, nuestra única esperanza es que Mash pueda resistir lo suficiente para…!” No terminó la frase.
No hubo un sonido de aproximación.
Un instante, la calle estaba vacía excepto por los escombros y el humo.
Al siguiente, una figura estaba allí, como si siempre hubiera estado, materializada a veinte metros de distancia.
Era una mujer.
Alta, esbelta, con una figura que incluso bajo las circunstancias más aterradoras hizo que los circuitos de apreciación de Issei se dispararan.
Llevaba una armadura ajustada de tonos púrpura oscuro y negro que parecía más piel que metal, enfatizando cada curva de manera peligrosa y elegante.
Su largo cabello, del color de la uva madura, caía como una cascada sobre sus hombros.
Su rostro estaba parcialmente oculto por una extraña visera metálica púrpura que le cubría los ojos, pero la línea de su mandíbula era fuerte y su boca, dibujada en una línea fina y neutral, transmitía una frialdad absoluta.
En sus manos, largas y pálidas, sostenía una lanza.
No una lanza común; era grotescamente hermosa, con un diseño orgánico, como si estuviera hecha de hueso y tendones petrificados, rematada por una punta que parecía capaz de perforar cualquier cosa.
El aura que desprendía era de una quietud mortal, como la de un depredador acechando.
“Un Lancer…”, masculló Olga, reconociendo la clase por el arma.
El conocimiento teórico chocó con la realidad palpable de la presencia del Servant, y palideció.
“¡Mash, ten cuidado!
¡Los Lancers son especialistas en velocidad y penetración!” Medusa – aunque ellos no sabían su nombre – no dijo una palabra.
No hubo declaración de guerra, ni pregunta.
Solo una ligera inclinación de su cabeza, como un radar ajustando su blanco.
Sus órdenes eran eliminar intrusos, y estos tres, especialmente la chica con el escudo que olía a Servant y al chico con los Command Spells, eran intrusos.
Ella se movió.
No fue un paso.
Fue un deslizamiento, una explosión de velocidad que dejó un borrón púrpura en el aire.
Cubrió la distancia de veinte metros en un abrir y cerrar de ojos, la punta de su lanza, ¡Hásta de la Muerte Inmortal!, apuntando directamente al centro del escudo de Mash con una precisión quirúrgica.
El impacto fue como el badajo de una campana gigante.
¡CLANG!
Un sonido metálico que resonó en los huesos.
Mash se desplazó medio metro hacia atrás, sus botas dejando surcos en la tierra.
El escudo resistió, sin una abolladura, pero la fuerza tras el golpe fue monstruosa.
“¡Gah!”, Mash contuvo un grito, sus brazos temblando por el esfuerzo de mantener la posición.
Medusa no se detuvo.
Recuperó su lanza con una fluidez imposible y atacó de nuevo, y otra vez, y otra.
No eran estocadas salvajes; eran ataques calculados, rápidos como el latido de un colibrí, cada uno dirigido a un punto ligeramente diferente: el borde del escudo para desviarlo, la parte inferior para levantarlo, los lados para rodearlo.
Era un diluvio de acero púrpura.
Mash se vio forzada a una defensiva total.
Su escudo, por su tamaño y peso, era una fortaleza, pero también era lento de maniobrar.
Cada vez que intentaba contraatacar, balanceando el pesado objeto como una maza, Medusa ya había retrocedido o cambiado de ángulo, su velocidad superior haciendo que los esfuerzos ofensivos de Mash parecieran torpes y predecibles.
“¡Es demasiado rápida!”, gritó Mash, frustración mezclándose con la determinación en su voz.
Un golpe particularmente astuto de Medusa se deslizó por el borde del escudo y raspó su hombrera, enviando una lluvia de chispas y haciendo que Mash retrocediera otro paso.
Issey miraba, paralizado por una mezcla de miedo y asombro.
Ver a Mash, quien había destrozado esqueletos con tanta facilidad, siendo acorralada así…
era aterrador.
Pero también veía algo más: la figura de Medusa, su agilidad felina, la forma en que su armadura se ajustaba a su cuerpo con cada movimiento…
Era una belleza mortal y letal.
“Increíble…”, susurró, sin darse cuenta.
“¡HYOUDOU!”, el grito de Olga lo sacó de su estupor.
Ella lo miraba con furia y desesperación.
“¡No te quedes ahí como un idiota!
¡Eres su Maestro!
¡Usa tu maldito Código Místico!
¡Apóyala!
¡La habilidad de aceleración, o lo que sea que tengas!” El reproche lo golpeó como un balde de agua fría.
Tenía razón.
No podía solo mirar.
Miró su mano, sintió los «botones» en su mente.
El de la aceleración.
¿Cómo funcionaba?
Solo había una manera de saberlo.
Concentrándose en el vínculo con Mash, en ese cordón de energía que los unía, Issei visualizó el molde de la aceleración y empujó su mana hacia él.
No era mucho; sus circuitos solo decentes se tensaron, pero funcionó.
Un patrón azul brillante, similar a las líneas de su uniforme, se iluminó en su pecho y brazos.
Una luz correspondiente, más tenue, envolvió brevemente a Mash.
“¡Mash, ahora!”, gritó Issei, sin estar muy seguro de lo que hacía.
Para Mash, la sensación fue instantánea.
El mundo a su alrededor no se ralentizó, pero sus propios músculos, sus nervios, su tiempo de reacción, recibieron una inyección de energía pura.
La pesadez inherente del escudo no desapareció, pero su capacidad para moverlo, para ajustar su ángulo, se multiplicó.
Cuando Medusa lanzó su siguiente estocada, un movimiento que antes habría sido un borrón, Mash lo vio con claridad.
No solo eso, pudo reaccionar.
En lugar de solo bloquear, Mash giró el escudo con un movimiento más rápido, desviando la lanza no solo para apartarla, sino para crear una apertura.
Y luego, aprovechando el impulso y la nueva agilidad, contraatacó.
El borde inferior del escudo, impulsado por sus brazos ahora más rápidos, se disparó hacia arriba en un uppercut metálico dirigido al torso de Medusa.
Medusa, cuya expresión impasible se había mantenido inalterada hasta ahora, mostró un mínimo destello de sorpresa en la línea de su boca.
Se retiró, pero no lo suficientemente rápido.
El borde del escudo la golpeó en el abdomen, no con todo su peso, pero sí con fuerza suficiente para hacerla retroceder varios pasos, un sonido sordo de metal golpeando algo resistente resonó en el aire.
Fue el primer golpe que Mash conseguía asestar.
“¡Bien!”, exclamó Olga, sin poder contenerse.
Pero el efecto del hechizo era temporal.
Issei lo sintió desvanecerse, el patrón azul en su uniforme apagándose.
Una fatiga mental, como la de haber hecho un cálculo complejo de golpe, lo invadió.
Y había un «tiempo de enfriamiento», una sensación de que ese molde en particular estaba caliente, inutilizable por un momento.
Medusa se enderezó, una mano tocando ligeramente el punto del impacto.
Su cabeza se inclinó de nuevo, esta vez, Issei sintió que su mirada oculta se posaba directamente en él.
Había identificado la fuente del cambio.
Aceleró de nuevo, su ira ahora un frío tangible en el aire.
Sus ataques se volvieron aún más rápidos, más feroces, probando deliberadamente los flancos de Mash, forzándola a moverse, a gastar la energía temporal que le quedaba.
Mash resistía, pero estaba volviendo a perder terreno.
El escudo era una roca, pero la marea era implacable.
“¡El hechizo no está listo!”, gritó Issei, sudando.
“¿Qué hago?” “¡Usa otro!
¡El que sea!”, ordenó Olga, sus ojos clavados en la batalla.
“¡No dejes que se concentre solo en Mash!” Issei asintió, buscando en su mente.
El segundo «botón», el de la ilusión/percepción.
No estaba seguro de cómo funcionaba, pero no tenía tiempo para dudar.
Concentrándose de nuevo en Mash, activó el segundo hechizo.
Esta vez, el patrón que se iluminó en su uniforme fue de un color verde pálido.
No pasó nada visible en Mash.
En cambio, Issei sintió que podía «proyectar» algo a través del vínculo.
¿Qué?
Una imagen, un sonido, una sensación…
Pensó en lo más simple: un segundo Mash.
Una copia fantasmal, un señuelo que cargara desde un ángulo diferente.
En el campo de batalla, justo cuando Medusa se preparaba para otra estocada hacia el flanco izquierdo de Mash, una silueta tenue, un espejismo de color púrpura, apareció a su derecha, cargando con un escudo levantado.
No era perfecto, parpadeaba, pero era suficiente para robar una fracción de su atención, para hacer dudar su ataque calculado.
Medusa titubeó.
Fue un instante, menos de un segundo, pero para un combatiente de su nivel, fue una eternidad.
Mash, aunque no vio la ilusión, sintió la distracción en los movimientos de su oponente.
No cuestionó el cómo.
Aprovechó la oportunidad.
Con un grito de esfuerzo, no usó un golpe con el escudo.
En lugar de eso, cargó.
Usando todo el peso de su cuerpo y su armadura como ariete, se lanzó hacia adelante, con el escudo por delante como la proa de un barco.
El movimiento fue tan directo y poderoso que, combinado con la momentánea confusión de Medusa, no pudo esquivarlo por completo.
El centro del escudo de Mash golpeó a Medusa de lleno en el costado.
El impacto fue tremendo.
Se escuchó un crujido sordo, y el Lancer púrpura fue lanzada por los aires como una muñeca de trapo, estrellándose contra los escombros de una fachada a diez metros de distancia, levantando una nube de polvo y ladrillos.
“¡Sí!”, rugió Issei, bombeando el puño.
Había funcionado.
Su magia de apoyo, torpe y básica, había funcionado.
Olga lo miró de reojo, una mezcla compleja de alivio y algo parecido a…
¿reconocimiento?
Rápido, lo descartó.
“No cantes victoria, idiota.
Solo la distrajiste.
Un Servant no cae tan fácil.” Tenía razón.
De entre los escombros, Medusa se levantó, más lenta esta vez.
Su armadura tenía una abolladura clara en el costado, y una fina línea de algo oscuro (¿sangraban los Servants?) corría desde su boca oculta por la visera.
Su aura de frialdad se había transformado en algo más peligroso: una ira silenciosa y concentrada.
La había subestimado.
Al escudero, y especialmente al Maestro, que aunque débil, era astuto.
Su lanza se alzó de nuevo, y una energía púrpura y maligna comenzó a congregarse en su punta.
El aire a su alrededor crepitó.
“Mash, ¡cuidado!”, gritó Issei, sintiendo la oleada de poder que se avecinaba, muy superior a los ataques previos.
Pero antes de que Medusa pudiera lanzar lo que fuera que estaba preparando, una nueva voz, despreocupada y ligeramente burlona, cortó la tensión desde lo alto de un tejado parcialmente derrumbado.
“Vaya, vaya.
Parece que llegué justo a tiempo para el climax.
Aunque, francamente, ver a una belleza como esa siendo golpeada tan fuerte casi me da pena.” Todos, incluida Medusa, dirigieron su mirada hacia arriba.
Allí, recostado contra una chimenea inclinada como si estuviera en un salón, había un hombre.
Llevaba una túnica y capa larga de un azul profundo, con detalles dorados.
Su cabello era de un azul más claro, salvaje y alborotado, y sus ojos rojos brillaban con una chispa de diversión y cansancio mundano.
En sus manos sostenía un bastón de madera con un ornamento en forma de cuervo o algo similar.
Su sonrisa era desenvuelta, pero sus ojos escudriñaban la escena con una inteligencia aguda.
“Otro Servant…”, murmuró Olga, sintiendo que la situación se les escapaba de las manos.
Medusa giró su lanza hacia el recién llegado, identificando una amenaza mayor.
Pero el hombre azul simplemente agitó su bastón.
“Lo siento, chica serpentina.
Pero tengo una política personal de no dejar que los Lancers hagan desastres en mi territorio.
Además, esos chicos parecen interesantes.” Apuntó con su bastón hacia Medusa.
No hubu un gran conjuro, ni palabras grandilocuentes.
Solo una frase simple, casi casual.
“¡Fíor éadrom, mar a bheadh splanc thine!
(Flecha luminosa, cual chispa de fuego!)” De la punta del bastón, no surgió una flecha de fuego, sino un denso racimo de runas brillantes, de un azul eléctrico.
Se materializaron en el aire frente a Medusa y, antes de que ella pudiera reaccionar, estallaron en una cascada de energía mágica pura, no un elemento, sino fuerza bruta thaumaturgical.
El hechizo no era de gran alcance destructivo, pero era increíblemente denso y preciso, diseñado para anular defensas espirituales.
Medusa levantó su lanza, intentando cortar la magia, pero las runas la envolvieron.
Su cuerpo, ya dañado por el golpe de Mash, no pudo resistir la fuerza de un hechizo de un Caster de alto nivel.
Un grito ahogado, el primero que emitía, escapó de sus labios mientras su forma comenzaba a deshacerse en partículas de luz púrpura y dorada, el proceso de eliminación de un Servant sin un Amo que la anclara.
Issei observó, con una sensación extraña.
Por un lado, alivio.
Por otro…
una punzada de genuina pena.
“Ah…
se fue”, dijo en voz baja.
“Y con unos pechos tan…
tan bien defendidos por esa armadura…
una verdadera lástima.” Olga, que estaba a su lado, lo escuchó.
El estrés, el miedo, la tensión de los últimos minutos, todo estalló en un solo punto.
Giró hacia él, su rostro congestionado por una furia pura.
“¡¿EN SERIO?!
¡¿EN MEDIO DE UNA BATALLA A MUERTE, LUEGO DE QUE CASI NOS MATAN, LO ÚNICO EN LO QUE PUEDES PENSAR ES EN ESO?!
¡ERES UN ANIMAL!
¡UN INCORREGIBLE, PERVERSO, ASQUEROSO…!” Issei retrocedió ante la andanada, protegiéndose instintivamente.
“¡E-Es solo…!
¡Era una observación estética!
¡Un homenaje a la forma femenina incluso en la derrota!” “¡CÁLLATE!” Mash, mientras tanto, había bajado su escudo.
Respiró profundamente, luego se acercó a Issei.
Ignorando la diatriba de Olga, se inclinó levemente.
“Gracias, Sempai.
Tus apoyos fueron decisivos.
Sin la aceleración y la distracción, no habría podido crear la apertura.
Eres…
un Maestro competente.” El elogio, dicho con la sinceridad absoluta de Mash, hizo que la regañina de Olga perdiera instantáneamente su importancia para Issei.
Una sonrisa amplia y genuina se extendió por su rostro.
“¡No fue nada, Mash!
¡Tú eres la que estuvo increíble ahí delante!
¡Yo solo…
apreté unos botones!” “Apretar los botones en el momento correcto es una habilidad crucial, según los manuales tácticos de Chaldea”, afirmó Mash con seriedad.
En ese momento, el hombre azul saltó desde el tejado, aterrizando suavemente frente a ellos.
Ahora que estaba cerca, podían ver las líneas de cansancio en su rostro, pero también una vitalidad indómita en sus ojos rojos.
“Buen trabajo, chicos.
Para ser unos recién llegados, no lo hicieron tan mal.
La pequeña escudera tiene una técnica sólida, y tú, chico Maestro, tienes reflejos decentes.
Y tú, señorita maga…
bueno, gritas muy fuerte.” Olga se puso tensa, interrumpiendo su regaño para evaluar al nuevo individuo.
“¿Quién eres?
¿Otro Servant?
¿Cuál es tu clase?” El hombre se apoyó en su bastón con una sonrisa despreocupada.
“Ah, las presentaciones.
Cierto.
Pueden llamarme Cú Chulainn.
O, ya que estamos en términos modernos, simplemente Caster.
Y sí, soy un Servant.
Uno que, por mala suerte o por un sentido del deber terco, se ha quedado atrapado en este feo asunto de Fuyuki.” “Cú Chulainn…”, repitió Olga, su mente de maga reconociendo el nombre.
“El Hound of Ulster.
Un héroe irlandés.
Pero tu clase…
Caster.
No es tu clase típica.” Cú Chulainn (Caster) se encogió de hombros.
“La vida da muchas vueltas.
Aprendí un par de trucos con las runas de una vieja sabia.
Es más útil de lo que parece, especialmente cuando todo se va al infierno.” Su sonrisa se desvaneció un poco, volviéndose más seria.
“Y hablando de infiernos…
ese es el problema.
Esta Guerra del Santo Grial…
se salió completamente de control.
Algo, o alguien, la torció.
Lo que debería haber sido un conflicto cerrado entre siete Servants y sus Amos se convirtió…
en esto.” Hizo un gesto amplio con su brazo, abarcando la ciudad en llamas, el cielo enfermizo, la sensación de muerte perpetua.
“La Grail está corrompida.
El fuego que ves no es normal; es la manifestación de esa corrupción, quemando la ciudad y a su gente desde hace…
no sé, ¿diez años?
El tiempo aquí es un desastre.” Issei escuchaba, tratando de seguir la explicación.
“¿Guerra del Santo Grial?
¿Como…
un torneo?” “Algo así, chico.
Un ritual donde siete héroes pelean por un premio que puede conceder cualquier deseo.
O al menos, así era supuestamente.
Aquí, el ritual se rompió.
Los Amos murieron o desaparecieron hace mucho.
Algunos Servants, como esa Lancer que acabo de despachar, merodean como guardianes o bestias, cumpliendo órdenes antiguas de un Amo que ya no existe.
Otros…
bueno, están del lado del problema.” Cú Chulainn los miró a cada uno.
“Ustedes.
Tienen el olor de Chaldea.
De ese lugar que intenta arreglar estas distorsiones del tiempo.
¿Verdad?” Olga asintió con cautela.
“Sí.
Somos de la Organización para la Preservación de la Humanidad, Chaldea.
Esta Singularidad debe ser corregida para restaurar la historia humana.” “Singularidad, eh?
Un nombre adecuado.” Caster frotó su barbilla.
“Miren, les voy a ser franco.
Yo he estado sobreviviendo aquí, observando, intentando entender el núcleo del problema.
Pero es demasiado para un solo Servant, incluso para uno tan genial como yo.
Necesito aliados.
Ustedes necesitan información y poder de fuego.
Propongo una alianza temporal.
Yo los guío, los ayudo a entender esta pesadilla y a llegar al corazón de la corrupción.
Ustedes, con el respaldo de su organización y esa extraña determinación que tienen, me ayudan a acabar con esto.
¿Qué dicen?” La oferta flotó en el aire cargado de humo.
Issei miró a Mash, quien lo miraba a él esperando su decisión como su Maestro.
Miró a Olga, quien evaluaba a Caster con una mirada calculadora.
“¿Por qué deberíamos confiar en ti?”, preguntó Olga finalmente.
“Eres un Servant.
Tu lealtad es a tu propio deseo, o al de tu Amo, si lo tuvieras.” Cú Chulainn rió, un sonido seco pero no desagradable.
“Mi ‘deseo’ en este momento es no ver el mundo reducido a cenizas, señorita.
Y mi último Amo…
bueno, ya no está.
Estoy aquí por mi cuenta.
Mi lealtad es a mi propio código.
Y mi código dice que cuando ves un desastre de esta magnitud, y tienes el poder para hacer algo, lo haces.
Además”, añadió, con un brillo pícaro en sus ojos rojos, “ese chico pervertido tiene una energía interesante.
Y la pequeña escudera…
tiene el olor de un viejo conocido.
Me da curiosidad.” Issei no esperó más.
Extendió su mano hacia Caster, una sonrisa decidida en su rostro.
“¡Me parece bien!
¡Cualquier aliado contra estos huesos y ese cielo feo es bienvenido!
¡Y si hay más mujeres Servants con…
eh, atributos heroicos, mejor!” “¡Hyoudou!”, rugió Olga, pero era demasiado tarde.
Cú Chulainn tomó la mano de Issei y la estrechó, su sonrisa creciendo.
“Me agrada tu franqueza, chico.
Puede que esto hasta sea divertido.” Luego miró a Olga.
“Bueno, jefa.
¿Qué dice?
¿Armamos un equipo para salvar, o al menos para intentar no morir horriblemente en, este Fuyuki?” Olga Marie Animusphere miró al héroe irlandés, luego a la determinación tosca pero genuina en los ojos de Issei, y finalmente a la lealtad inquebrantable en la postura de Mash.
Sus opciones eran nulas.
Suspiró, un sonido que parecía llevar el peso de todos los mundos.
“Muy bien, Caster.
Alianza temporal.
Pero al primer signo de traición, o si nos llevas a una trampa…” “Lo sé, lo sé.
La chica del escudo me aplastará, y el chico pervertido me lanzará algún hechizo de apoyo molesto.
Entendido.” Cú Chulainn giró, señalando con su bastón hacia el centro de la ciudad, donde una gran columna de humo negro y energía retorcida se elevaba hacia el cielo enfermizo.
“Entonces, equipo.
Nuestro primer destino.
Hay una iglesia en las colinas, relativamente intacta.
Es un buen lugar para reagruparse y planear.
Y en el camino…
les contaré lo que sé del ‘Rey Demonio’ que gobierna esta pesadilla, y de los otros jugadores que aún quedan en el tablero.” Con un nuevo aliado inesperado, un Maestro que aprendía sobre la marcha, una Demi-Servant determinada y una Directora maga llena de dudas, el improváble equipo de Chaldea dio sus primeros pasos coordinados dentro de la Singularidad F.
El camino hacia el corazón de la corrupción, y hacia encuentros con más leyendas (y, como Issei esperaba fervientemente, más bellezas legendarias), acababa de comenzar.
Y en las sombras, los ojos de otros observadores, atraídos por el ruido de la batalla y la nueva y peculiar firma del Boosted Gear, comenzaban a abrirse.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Bien los dos episodios seran publicados ahora ya que me ocupe todo el dia por los preparativos del dia de mañana y mañana tratare de publicar los 3 episodios como prometi, bien, sin mas voten si les gusto el episodio y apoyenme en mi patreon para seguir escribiendo mas de estas historias.
Mi patreon: SeathScale
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