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Fate of Magic - Capítulo 13

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13: Recuperacion 13: Recuperacion Un suave resplandor anaranjado se filtraba a través de los grandes ventanales de la enfermería, bañando la estancia con un aire tranquilo que contrastaba con las heridas recientes de quienes ahí reposaban.

Harry abrió los ojos lentamente, con la vaga sensación de haber dormido durante siglos.

El primer detalle que notó fue el olor: desinfectante, hierbas frescas y un toque de dulzura proveniente de una mesa cubierta de regalos.

Al incorporarse con torpeza, descubrió que al pie de su cama se apilaban montones de cajas de chocolates, paquetes de grageas Bertie Bott y varios ramos de flores envueltos en cintas coloridas.

Había incluso cartas con su nombre escrito en una caligrafía apresurada: “Recupérate pronto, Harry”, “Eres un héroe”, “Gracias por lo que hiciste”.

Harry parpadeó, desconcertado.

En la cama contigua, Gudao yacía inmóvil.

Vendajes gruesos cubrían su torso y parte de su rostro; su respiración era profunda, irregular, como si cada inhalación fuese una pequeña batalla.

A diferencia de él, no había ni flores ni cartas en su mesilla.

Solo silencio.

La memoria golpeó a Harry de pronto: el calor abrasador de la cámara subterránea, la voz siseante de Quirrell, y la sombra de Voldemort encarnada en su nuca.

Y luego, antes de perder el conocimiento, aquellas palabras de Gudao, pronunciadas con un hilo de voz cargado de determinación: —Proteger…

la escuela…

Harry apretó los puños bajo las sábanas.

Su relación con los Slytherin nunca había sido buena.

Desde el primer día, la hostilidad era mutua: miradas de desprecio, rumores venenosos, comentarios hirientes.

Y Gudao…

Gudao era distinto, sí, pero no en un buen sentido.

Se mantenía distante, misterioso, con actitudes que desconcertaban a todos.

Ni siquiera en su propia Casa lo soportaban.

Ron había sido el primero en catalogarlo de “malvado”, Hermione lo tildaba de “sospechoso”, y Harry, hasta ahora, había estado de acuerdo.

Pero ahí estaba él.

Tendido, cubierto de heridas que probaban que había estado luchando a su lado.

“¿Por qué?”, se preguntó Harry con amargura.

“¿Por qué arriesgarse?

¿Por qué esas palabras…?” La puerta de la enfermería se abrió con un suave chirrido, y la figura inconfundible de Albus Dumbledore entró con paso calmado.

Sus túnicas color púrpura arrastraban un leve aroma a canela y pergamino viejo.

Sus ojos azules, tras los lentes de media luna, brillaron al ver a Harry despierto.

—Ah, veo que el señor Potter ha decidido volver al mundo de los vivos —dijo con suavidad.

Harry forzó una sonrisa.

—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

—Algunos días.

Madame Pomfrey estuvo muy preocupada, aunque debo decir que tienes una resistencia admirable…

muy semejante a la de tu madre —respondió Dumbledore, acercándose a la cama.

Sus ojos vagaron sobre la montaña de regalos—.

Estos son de tus amigos y…

de tus admiradores.

Harry arqueó una ceja.

—¿Admiradores?

Dumbledore esbozó una sonrisa que mezclaba ironía y compasión.

—La batalla en las profundidades del castillo es un secreto, Harry.

Solo unos pocos saben la verdad.

Para el resto de Hogwarts, eres el muchacho que salvó la escuela de un mal desconocido.

Y en estos tiempos, los jóvenes necesitan héroes.

Harry miró de nuevo las cajas de dulces, y por primera vez en mucho tiempo, rió entre dientes.

La ironía era evidente: todos celebraban un triunfo sin saber realmente contra qué había peleado.

Sin embargo, había una pregunta que lo quemaba por dentro.

—Profesor…

la piedra filosofal.

¿Qué pasó con ella?

Dumbledore suspiró y se acomodó en la silla junto a la cama, como si hubiese esperado la pregunta.

—Hablé con Nicolas Flamel.

Tras mucho meditarlo, él y su esposa decidieron destruirla.

El mundo vivirá sin la piedra.

Harry abrió la boca, aliviado, pero Dumbledore continuó: —En cuanto a Voldemort…

escapó.

El corazón de Harry dio un vuelco.

El nombre aún le provocaba escalofríos.

—¿Escapó?

Pero…

— —No podía retenerse en ese estado por más tiempo.

Sin embargo, Harry…

—la voz de Dumbledore bajó un tono, grave, casi solemne—.

Voldemort no estaba interesado solo en la piedra.

El muchacho sintió que el aire se espesaba a su alrededor.

—¿Qué quiere decir?

El anciano lo observó con intensidad, como valorando si debía cargarlo con un peso aún mayor.

Al final, suspiró profundamente.

—Esa noche, Voldemort habló de otro método, ¿cierto?

El Santo Grial.

Harry asintió, recordando con un nudo en el estómago.

—Sí…

lo mencionó.

—El Santo Grial —murmuró Dumbledore—.

Un artefacto mágico que desapareció de la historia hace más de tres siglos.

Según los registros, no era simplemente un objeto poderoso…

era casi divino.

Su poder era tal que, en manos equivocadas, llevó a la aniquilación de una cultura entera.

El Wizengamot, horrorizado por aquel desastre, censuró toda información relacionada con él.

Lo declararon prohibido y sellaron los pocos documentos que quedaban.

Harry lo escuchaba, boquiabierto.

—¿Y Voldemort…

lo encontró?

—Albania —confirmó Dumbledore con un gesto sombrío—.

Ese fue el lugar devastado por el uso indebido del Grial.

Al parecer, en esas ruinas halló registros olvidados.

Un frío indescriptible recorrió el cuerpo de Harry.

—¿Por qué buscaría algo así?

Los ojos de Dumbledore se oscurecieron.

—Según los documentos, el Santo Grial puede cumplir cualquier deseo que se le pida.

La mente de Harry trabajó a toda velocidad.

Los relatos que había escuchado de su sed insaciable de poder, de su ambición retorcida…

Todo encajaba en una idea que lo dejó helado.

—Él quiere…

—murmuró Harry.

—La inmortalidad —concluyó Dumbledore, con una voz tan fría como el mármol.

El rostro de Harry perdió el color.

Voldemort, armado con un artefacto que concedía cualquier deseo…

Un monstruo que ya era casi imposible de detener podría volverse eterno.

Por primera vez desde que había llegado a Hogwarts, Harry sintió que el peso de una guerra silenciosa caía sobre sus hombros.

No era solo un niño enfrentando a un profesor poseído, ni un misterio encerrado en las paredes del castillo.

Esto era algo más antiguo, más oscuro, y mucho más grande que él.

Y mientras la enfermería permanecía en silencio, Harry apartó la mirada hacia la cama de Gudao.

El Slytherin inconsciente, con sus vendajes y heridas, parecía de algún modo conectado con este destino incierto.

Harry no lo entendía, y tal vez no quería entenderlo aún, pero algo en su interior le decía que ese enigma tendría un papel que jugar en la guerra por venir.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Seath_Scale Apoyame en mi patreon para seguir escribiendo estas historias y mas a futuro.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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