Fatum R [ESP] - Capítulo 27
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Capítulo 27: Alguien como él
Los ojos de Zein se abrieron por completo. Sin pensarlo, empezó a buscar entre la multitud aquel cabello blanco que había visto. Se movió con rapidez, abriéndose paso entre cuerpos y pancartas, tratando de llegar al otro lado de la calle.
—¡Zein! —Naoko fue tras él, esquivando empujones—. ¡Deberíamos irnos!
Pero Zein apenas la escuchaba. Su mirada iba de un lado a otro, desesperada por encontrar de nuevo aquel destello blanco.
La protesta comenzó a intensificarse. La gente se empujaba, algunos tropezaban, otros gritaban órdenes que nadie obedecía. Los soldados dejaron de limitarse a observar; comenzaron a avanzar. Escudos chocando, gritos de advertencia, golpes secos. El ambiente se quebró.
—Zein —dijo Naoko, esta vez sujetándolo de la mano con firmeza—. Será mejor irnos ahora. Esto se va a salir de control.
Él volvió a mirar hacia el punto donde había visto aquella figura. Nada. Solo caos.
Apretó los dientes… y finalmente cedió.
—Tienes razón. Vámonos.
Salieron como pudieron entre la multitud y, tras alejarse lo suficiente, el ruido quedó atrás. Caminaron de regreso hacia la tienda, el aire todavía cargado de tensión.
Naoko parecía mucho más afectada que él. Sus pasos eran inestables; a veces se balanceaba apenas, como si el suelo no terminara de decidirse.
—Te ves muy cansada —comentó Zein, mirándola de reojo.
Naoko soltó un suspiro largo.
—Estoy bien…
Zein la había visto trabajar hasta tarde, por lo que claramente no lo estaba.
—Deberías descansar mejor. Tal vez alejarte un poco del trabajo… y de todo esto —añadió Zein, con tono más suave.
—Tal vez… —respondió ella, con la voz cada vez más baja.
Por un momento, pareció que iba a quedarse dormida de pie. Aun así seguía caminando, terca.
—¿Quieres que te acompañe hasta tu casa? —preguntó Zein.
Naoko tardó un segundo en responder.
—Sí…
Siguieron avanzando. Aunque su casa no estaba demasiado lejos, Naoko parecía estar librando una batalla interna por mantenerse despierta. Parpadeaba con lentitud y a veces se desviaba apenas del camino, obligándose a corregir el rumbo.
—¿Desde hace cuánto no duermes? —preguntó Zein, mirándola con una mezcla de preocupación y curiosidad.
—Creo que no dormí anoche… —admitió Naoko, frotándose un ojo—. Y he estado trabajando bastante. Y juntando lo de la escuela…
Zein la miró de reojo. Eso explicaba el tambaleo.
Tras caminar un poco más, llegaron a una intersección.
Naoko se detuvo y señaló uno de los caminos.
—Gracias… a partir de aquí puedo ir por mi cuenta —dijo, aunque cabeceó justo después de decirlo.
Zein la observó en silencio un segundo más.
—No hay de qué. —Hizo una pausa—. Oye… por cierto. ¿Crees que mañana podamos vernos temprano en la tienda?
Naoko parpadeó, sorprendida.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Quería comprobar algo. Y esperaba que tú me ayudaras.
Naoko lo miró unos segundos, como intentando descifrarlo.
—Claro… no veo por qué no.
—Entonces nos vemos mañana. Descansa —dijo Zein, comenzando a alejarse.
Naoko lo observó irse… y no se movió hasta que dejó de verlo entre la gente.
Cuando Zein regresó a la tienda, el ambiente era completamente distinto. Silencioso. Tranquilo.
Lyra estaba recostada sobre la recepción, girando una pluma entre los dedos mientras mordisqueaba distraídamente un mechón de su cabello.
—Vaya, qué raro verte en la recepción —comentó Zein, acercándose.
Lyra levantó la mirada.
—No tenía nada que hacer. Decidí ayudar un poco en el local… aunque no es como si alguien viniera —dijo, haciendo un pequeño puchero.
Zein soltó una risa.
—Claro que nadie viene.
Le revolvió el cabello con cariño.
—Oye, ¿sabes dónde está Alexander?
—Atrás, cortando el árbol. ¿Por qué? —preguntó ella, inclinándose hacia él con curiosidad.
—Por nada… solo quería preguntarle algo. —Se dio la vuelta—. No te vayas a morir del aburrimiento, ¿eh?
—No prometo nada —respondió ella con tono burlón.
En el patio, Alexander cortaba con calma las ramas del árbol, subido a una escalera, tarareando una melodía apenas audible. El sol se filtraba entre las hojas que quedaban, proyectando sombras irregulares sobre el suelo.
Cuando vio a Zein, bajó de la escalera y se quitó los guantes.
—Ya me contaron que te uniste a la resistencia —dijo, apoyando las tijeras de podar a un lado.
—Vaya… las noticias vuelan —respondió Zein con media sonrisa.
Alexander se encogió de hombros.
—Tengo mis contactos. —Lo miró con curiosidad—. Y bien… ¿de qué querías hablar?
—Solo quiero saber si conoces a algún niño bendito en la isla… aparte de Lyra y de mí.
Alexander lo miró con interés.
—Sí, claro que conozco a alguien. Es una mujer. Lleva viviendo aquí bastante tiempo… aunque vive lejos.
Zein sintió un pequeño impulso en el pecho.
—Entonces… ¿crees que puedas conseguirme algo de información para contactarla?
—¿Y para qué quieres contactarla? —preguntó Alexander, cruzándose de brazos.
Zein dudó.
—Siento que podría entender más cosas si hablo con ella. Aparte de Lyra… es la única persona como nosotros que he visto.
Alexander lo observó unos segundos más, evaluándolo.
—Bien. Te lo conseguiré.
Zein asintió, pero luego añadió:
—¿Crees que pueda ser antes de mañana? Es que… quedé en buscarla con Naoko.
Alexander arqueó una ceja lentamente.
—¿Con Naoko?
—Sí.
—Mmm.
Zein lo miró sin entender.
—Todavía que te hago un favor… ¿y me exiges? —añadió Alexander, exagerando indignación. Luego rió—. Es broma. No te preocupes. Tendré la información lista para cuando la necesites.
—Muchas gracias.
—Ahora me debes un favor. No lo olvides.
—Eso suena peligroso viniendo de ti.
—Lo es.
Al día siguiente, Naoko estaba en la parte principal de la tienda.
Había llegado antes.
Demasiado antes.
Estaba bien arreglada, el cabello peinado con más cuidado del habitual, la ropa acomodada varias veces como si nunca quedara perfecta. Pero su postura la delataba: manos entrelazadas frente a ella, espalda rígida… y una expresión nerviosa.
«Ahhh… ¿qué hago?» pensó.
«Ayer estaba tan cansada que le respondí sin pensar…»
Se llevó ambas manos a las mejillas.
«¿No será esto… una cita? No. Claro que no. Solo quiere que le ayude en algo… ¿no?»
Su corazón dio un pequeño salto ante la duda.
«¿Por qué le dije que sí con tanta naturalidad…?»
Mientras más lo pensaba, más calor sentía en el rostro.
«No, yo sé que puedo. Pase lo que pase el día de hoy.»
Una idea cruzó su mente.
«¿Pase lo que pase…?»
Su rostro se encendió aún más.
En ese momento, la puerta interior de la tienda se abrió suavemente y Zein entró.
—Perdón por hacerte esperar —dijo Zein apenas entró—. ¿Todo bien? Te ves muy roja.
Naoko casi da un salto.
—¿Ah? S-Sí, estoy bien —respondió rápido, desviando la mirada y acomodándose el cabello como si eso solucionara algo.
Zein la observó un segundo más, confundido.
—¿Dormiste bien? Espero que no te moleste acompañarnos hoy —añadió con una sonrisa tranquila.
—Sí, dormí bastante bien —dijo ella, intentando sonar natural—. Espera… ¿dijiste acompañarnos…?
Antes de que pudiera procesarlo, una pequeña figura apareció detrás de Zein.
—¡Naoko! —Lyra corrió y la abrazó con fuerza.
Naoko quedó rígida un segundo… y luego le devolvió el gesto con suavidad.
—Ah… Lyra. Buenos días… —murmuró, con una sonrisa que no alcanzó a ocultar su leve desánimo.
«Claro… fui muy estúpida al pensar que sería algo más…» se regañó en silencio.
—¿Entonces nos vamos? —preguntó Zein con naturalidad.
El trío comenzó a caminar por las calles de la ciudad, alejándose poco a poco de la tienda. El ambiente era más tranquilo que el día anterior.
—¿Y exactamente qué estamos buscando? —preguntó Naoko, ahora llevando a Lyra de la mano.
—¿Recuerdas que ayer durante la manifestación estaba buscando algo? —respondió Zein mientras revisaba un pequeño mapa que Alexander le había marcado.
—Sí…
—Bueno… parece que hay otro niño bendito en la isla. Y quisiera hablar con ella.
Naoko parpadeó.
—¿Ella?
—Sí. —Zein levantó la mirada por un momento, como si intentara ordenar sus pensamientos—. Siento que… muy en el fondo… ella puede saber algo sobre mi pasado. Sobre mí y Lyra. Sobre qué hacemos aquí. Por qué nací así.
Por primera vez desde que salieron, su tono no tenía ligereza.
Naoko lo observó en silencio. Esa parte de él… aún no la conocía del todo.
Siguieron caminando hasta acercarse al punto que Alexander les había señalado.
Y entonces lo vieron.
Entre la gente, moviéndose con calma, destacaba un cabello blanco. No eran canas. Era blanco puro. Natural. Igual al de Zein. Igual al de Lyra.
Los tres se miraron.
Sin decir nada, comenzaron a seguirla “Sigilosamente”.
Mientras la seguían ella entro en un callejón por lo que rápidamente decidieron seguirla.
Al ingresar al callejón un crujido profundo recorrió las paredes como si la piedra respirara. Los ladrillos se hundieron hacia adentro y, en el siguiente latido, se estiraron hacia ellos en ángulos imposibles.
Zein giró sobre el talón y se impulsó hacia atrás justo cuando un bloque se lanzó donde había estado su cabeza un segundo antes. Naoko rodó por el suelo, la manga de su ropa rozando una superficie que ya no era plana, sino curvada como una ola congelada.
Lyra no alcanzó a moverse.
La pared se abrió detrás de ella y una masa de piedra flexible se cerró alrededor de su cuerpo, inmovilizándola contra el muro.
—¡Lyra! —
Zein ya estaba de pie cuando sus botas tocaron el suelo nuevamente. Y en ese instante ella apareció.
Al fondo del callejón, donde la sombra era más espesa, la mujer avanzó con calma. En su mano, una lanza.
El ataque fue directo.
La punta descendió hacia Zein en una línea perfecta. El metal encontró resistencia en el mismo momento en que una espada surgió en la mano de él, materializándose con un destello breve. El choque resonó entre las paredes deformadas, vibrando en el aire cerrado.
Pero ella no se detuvo.
Aprovechó la fuerza del bloqueo. Giró con la inercia, dejando que el impulso deslizara su cuerpo en un arco limpio. La lanza cambió de dirección en mitad del giro y se dirigió al cuello de Naoko.
Todo ocurrió en un parpadeo.
Naoko quedó inmóvil cuando la punta de la lanza se detuvo a un suspiro de su piel. Un hilo de cabello cayó entre el acero y su garganta.
Y al mismo tiempo, la espada de Zein descansó contra el cuello de la mujer.
Silencio.
La piedra dejó de moverse. El aire dejó de ondular.
Lyra seguía suspendida contra la pared deformada. La lanza no avanzó. La espada tampoco.
Nadie parpadeó.
-Bien, se admitir cuando perdí- dijo la mujer soltando la lanza y levantando las manos, -Pero eh de decir que aquella chica es una persona bastante inteligente. Aun sabiendo que no podía esquivar mi ataque decidió defenderse con magia, evitando así ser completamente atrapada-
En eso la pared deformada volvió a su forma original como si nada hubiera pasado.
Ahí la mujer se dio vuelta para ver a Zein.
-Conque otro niño bendito ¿eh? Hace mucho que no veía a uno- dijo la mujer con una sonrisa.
Zein entonces bajo el arma.
-¿Qué es lo que quieres chico?- pregunto la mujer.
-Quiero hablar contigo- dijo Zein seriamente.
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