Fingiendo ser un capo intocable - Capítulo 111
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111: Mudanza 111: Mudanza —¡Dije que no hicieras nada, que no lo atacaras o te van a joder!
—gritó Richie por teléfono.
—¿De qué estás hablando?
—rio Oli—.
Relájate, hombre, ¿vale?
Richie miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie cerca.
—Oli…, no son cuatro millones como dijeron.
Es mucho más —dijo, bajando la voz mientras alguien pasaba a su lado.
—¿Dijiste que eran cuatro millones?
—preguntó Oli, confundido.
—Sí, eso es lo que dicen los papeles oficiales.
¡Pero lo vi con mis propios ojos!
—volvió a gritar Richie.
Hubo un silencio en la línea antes de que Oli hablara.
—Mierda…, entonces somos millonarios.
Alégrate.
—¡¿Qué coño, no entiendes lo que te estoy diciendo?!
¡No es solo por el dinero!
Los guardias, también los vi, ¡putas ametralladoras, y no son del banco!
—vociferó Richie.
—¿Qué?
—Sí.
Ese dinero…
—Richie volvió a mirar a su alrededor—.
Es el dinero de James Bellini.
No lo hagas, Oli, si sigues adelante, estás muerto.
Y no solo tú, todos los implicados.
Los encontrarán a todos.
—¿Bellini?
¿Quién coño es ese?
—¡Alguien con quien no se jode, Oli!
¡¿Cómo coño no lo conoces, si vas de criminal?!
Oli rio por el teléfono.
—No conozco a todos los gilipollas que dicen que son criminales.
Tú no te preocupes, tenemos con nosotros a ese tipo, Nerozzi.
Vamos a hacerlo limpio.
—Oli… ¿estás sordo?
¡¿Qué es lo que no entiendes?!
¡Vas a morir como un perro si sigues adelante con esto!
—Oye, no vuelvas a hablarme así en tu vida y relájate de una puta vez.
¿Cuántas veces te lo tengo que decir?
Nerozzi viene con todo un equipo y armamento pesado.
Entraremos y saldremos rápido.
Nos vamos a hacer ricos, mientras tú te quedas con tus mierdas de oficinista.
—Luego, colgó.
—¿Oli?
¡Oli!
—gritó Richie, pero ya era demasiado tarde—.
¡Mierda!
—¿Todo bien, Richie?
—dijo uno de sus compañeros, acercándose a su lado.
Richie forzó una sonrisa falsa.
—Claro…
todo bien.
¿Por qué no iba a estarlo?
—No sé, pareces algo estresado —dijo Ion, sorbiendo su café con despreocupación—.
¿Es por el transporte de dinero?
¿Te amenazaron esos tipos o algo?
—preguntó con una sonrisita—.
Si yo fuera tú, no me metería con ellos.
Están conectados con la familia Bellini.
He oído que te matan solo por mirarlos mal.
—Se rio entre dientes, pero a Richie no le hizo ninguna gracia.
—¿Cómo sabes eso?
Podrían haber sido solo una empresa con el nombre Bellini.
¿Quién sabe?
—dijo Richie con una sonrisa forzada, intentando ocultar el pánico que sentía.
Ion negó con la cabeza.
—No, era el nombre de James Bellini y lo oí ayer por casualidad; uno de sus hombres estaba aquí hablando del dinero que mueven hoy.
¿Y sabes que el director nunca saluda al personal de seguridad?
Pues hoy lo ha hecho.
Solo eso ya dice mucho.
Pero lo que de verdad me impactó… —Ion se inclinó hacia Richie—.
Fue la pistola que llevaba uno de esos tipos.
Ni siquiera estaba tan cerca, pero el arma reflejó la luz como un puto espejo.
Pude leer el nombre grabado en ella.
—Ah… —suspiró Richie—.
Dime, Ion, una pregunta hipotética, por supuesto, pero ¿qué crees que pasaría si alguien intentara robarles de verdad?
Ion se limitó a sonreír, y luego estalló en carcajadas, casi derramando el café.
—¿Por lo que he visto en las redes sociales?
—Ion negó con la cabeza, todavía riendo—.
¿Si alguien es lo bastante tonto como para robarles?
Mierda, ni me lo imagino.
—Miró de reojo a Richie, que tenía la vista clavada al frente—.
Pero si alguien tuviera la intención y quisiera robarles, se quedaría helado en el momento en que viera el tipo de convoy que llevan.
De inmediato le dice a la gente que este no es un transporte normal…
—Sí…, se lo dice a la gente…, pero ¿y si lo intentan de todos modos?
—Entonces mueren.
Y la ira de James Bellini aniquilaría a todo el que haya participado en ello, por poco que fuera.
Pero ¿por qué preguntas algo así?
¿Piensas robarles o qué?
—Qué va, hombre…
Volvamos al trabajo —dijo.
—Vale… —dijo Ion, dándose cuenta de que Richie estaba de todo menos tranquilo, pero al final ambos volvieron al trabajo.
O al menos, Richie fingió que trabajaba.
No paraba de mirar el móvil a cada minuto, actualizando el feed de noticias, esperando a ver si pasaba algo.
—¿Qué quería?
—le preguntó Fanni a Oli después de que este colgara el teléfono.
—Nada, solo nos ha deseado buena suerte y ha dicho que el transporte ya está en marcha —respondió Oli mientras recogía su revólver.
—Mientes —dijo Fanni al instante.
—¿Qué?
—Cada vez que mientes, te tiembla un poco el labio, y acaba de hacerlo.
—Fanni se cruzó de brazos—.
Así que dime lo que dijo de verdad.
Ahora mismo.
—¿Por qué no confiáis en mí?
—Oli negó con la cabeza, volviéndose hacia la puerta.
—Oli, dime lo que ha dicho o no voy.
—Dejó el revólver sobre la mesa.
—Ah… —Oli se dio la vuelta—.
Dijo que hay más dinero en juego, quizá diez millones o más.
Y que hay más guardias de los que pensaba… pero que sigue siendo manejable.
—¿Más guardias?
Estamos más que jodidos—
—No, no lo estamos.
Mira.
—Oli se acercó a la ventana, señalando hacia fuera—.
Venga, mira.
—Le hizo un gesto a Fanni, que negó con la cabeza, pero se acercó a la ventana para mirar.
—¿Ves?
Hay cinco coches repletos de ellos.
Incluso si hay un tiroteo, podemos con ello.
Mientras Fanni miraba hacia abajo, seguía preocupada por toda la situación, sobre todo porque Oli no lo había pensado bien.
Si enviaban una alerta, toda la ciudad iría tras ellos.
—¿No dijo nada más?
—preguntó Gabi, pero Oli no respondió.
Se limitó a asentir—.
Entonces confío en ti, vamos.
—De eso estoy hablando.
Vámonos.
—Oli le dio un golpecito en el brazo a Fanni y salieron del edificio.
Mientras se dirigían a los coches, Fanni no podía quitarse de encima la sensación de que algo estaba a punto de salir terriblemente mal.
—Una vez que hagamos esto, no habrá vuelta atrás —le dijo Fanni a Oli mientras caminaban hacia el coche.
Oli la miró de reojo.
—No tiene sentido preocuparse por lo que venga después.
Cuando se sentaron en el coche, el pulso de Fanni se aceleró.
No pudo evitar preguntarse si no estarían cometiendo el mayor error de sus vidas.
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