Fingiendo ser un capo intocable - Capítulo 260
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260: Tratamiento VIP.
260: Tratamiento VIP.
A decir verdad, era extraño y un poco obvio que algo no cuadraba… al menos para James, porque el avión en sí no era el avión privado que pensaba que sería.
Era simplemente grande, pero grande de verdad, el tipo de avión que costaba el triple de lo que llevaban en esa maleta… Demasiado grande para doce personas.
Y cuando subió por la escalerilla y miró primero hacia la cabina, no había nada extraño, solo los pilotos, a quienes saludó, y luego se dio la vuelta para ir a sentarse.
Pero ahí estaba la sorpresa, y la respuesta a por qué el avión era tan grande y espacioso para doce personas…
No jodas…
—Oh, Dios mío… —dijo Arine mientras sus ojos se abrían como platos—.
¿Qué es esto, la aerolínea de la locura?
—Se rio.
Y en verdad lo era.
Frente a ellos había mujeres… o sea, mujeres desnudas.
Algunas llevaban trajes de látex, pero la mayoría estaban completamente desnudas… Y no eran unas mujeres cualquiera: sus tetas eran de silicona, sus cuerpos eran perfectos, como los de las modelos… Prostitutas de lujo.
—Este es nuestro vuelo VIP —dijo la azafata a sus espaldas y, cuando se giraron hacia ella, empezó a desvestirse—.
Ofrecemos el mayor confort con las mejores mujeres del sector.
Además, todas han pasado controles y no es necesario usar protección.
—Sonrió.
Ya se había quitado todo menos el sujetador, pero también empezó a desabrochárselo—.
También tenemos píldoras —señaló una bandeja—.
Proporcionan un subidón durante tres horas, pero también tenemos cien gramos de magia blanca y algunas drogas de fiesta si las necesitan, con mucho alcohol, por supuesto.
No dijeron nada porque todo aquello era demasiado increíble para poder asimilarlo; era como una aerolínea de la locura, tal y como había dicho Arine.
—Entonces, ¿quién quiere empezar conmigo?
—preguntó, ahora completamente desnuda y sonriéndoles.
—Yo quie…—
—Nadie —interrumpió James a Arine, que ya había alargado la mano para agarrarle las tetas, aunque las soltó rápidamente.
—Sí, na-nadie… Joder, ¿qué es esto?
Pedimos un avión privado, no un avión para follar —trató de corregirse Arine, aunque estaba avergonzado.
—¿Perdón?
—Hemos venido a usar el avión para viajar, no para corrernos —dijo James, lo que hizo que Arine se riera de la situación mientras la azafata se les quedaba mirando, desnuda y atónita.
—Aunque ese piercing en la teta es sexi, eso he de admitirlo —dijo Arine—.
Pero no te necesitamos ni a ti ni a las demás.
—Hizo un gesto hacia la parte de atrás—.
Así que, por favor, váyanse.
—Sí, ¿pueden irse o reservamos otro vuelo?
—preguntó James, mirándola fijamente, aunque luchaba contra el impulso de no bajar la vista, porque, bueno… la verdad es que estaba bastante buena.
—Oh… entonces esto es un gran malentendido —dijo mientras recogía su ropa y empezaba a vestirse de nuevo, con calma, sin ninguna prisa—.
Lo siento, también en nombre de la directiva; pensamos que necesitarían este tipo de servicio.
—Le sonrió a James—.
Pero sí, nos iremos si quieren.
¿Necesitan azafatas de verdad?
—preguntó mientras se ponía el sujetador.
—Sí, de las de verdad —dijo James, todavía alucinando con que el trato VIP fueran prostitutas de lujo… Esta aerolínea, FlyHigh, era literalmente algo revolucionario en el negocio de la aviación.
—De acuerdo, en cinco minutos vendrán —dijo—.
Chicas, vámonos, ha habido un malentendido —les comunicó a las demás.
Ellas tampoco tenían prisa; se vistieron tranquilamente y abandonaron el avión, aunque algunas le dieron una palmada en el culo a James y le agarraron el paquete mientras le clavaban la mirada, lo que fue, literalmente, una agresión sexual en toda regla, si bien él no se enfadó por ello.
Toda la situación parecía más bien uno de esos sueños febriles o de las cosas que veía en las películas, y comprendió por qué FlyHigh era tan popular entre los ricos… Cómo no iba a serlo, si ofrecían servicios como ese… magia blanca, píldoras estimulantes y drogas de fiesta con putas follando en el aire hasta el aterrizaje.
—Esto es una locura —se rio Arine mientras las chicas se marchaban—.
Creo que este ha sido el momento más… extraño de mi carrera en la familia.
—Sí, lo ha sido —rio James entre dientes mientras por fin se sentaba.
Fuera del avión, Mike y los demás no entendían la situación, observando cómo una docena de mujeres abandonaban el aparato.
Pero cuando se enteraron de lo que acababa de ocurrir, todos pensaron lo mismo… en lo absurdo que era todo.
Poco después, a los cinco minutos quizá, entraron azafatas de verdad, y estas sí que eran azafatas y no putas drogadictas.
Finalmente, después de que todos se abrocharan el cinturón, el avión despegó y comenzó el viaje de casi diez horas a Macari.
Sin putas, sin gemidos… pero con una llamada.
El portátil que aquella mujer le había dado a James ni siquiera estaba encendido, pero de repente zumbó y emitió un sonido parecido a una alerta nuclear que resonó por todo el avión.
Tras unos instantes, consiguió contestar y, bueno, Héctor ya estaba en la llamada con Linda y los demás.
—Hola —dijo, encendiendo también la cámara.
—James, ¿ya has despegado?
—preguntó Héctor de inmediato.
—Sí, ya he despegado, aunque ha sido un poco complicado —dijo, sonriendo al final.
—¿Complicado?
—replicó Héctor, con la confusión reflejada en su rostro.
—Sí, pero ya te lo contaré.
¿Para qué es la llamada?
—Miró a Linda, que estaba sentada a una mesa con Benjamín, Thomas y Stephen.
—En realidad, nada, solo para ver si la red funciona —le respondió ella—.
Nuestra próxima llamada será el… martes, si todo va bien.
Hasta entonces, vamos a trabajar en lo que podamos.
Y, James, pasa desapercibido, no hagas nada que pueda perjudicarnos, no solo a ti, sino también a nosotros.
—Lo intentaré.
—Entonces, adiós.
Y recuerda, el martes sobre las 18:00.
Adiós —dijo ella, y la pantalla se fundió a negro.
—Están molestos, ¿eh?
—dijo Mike, sentándose junto a James.
—Bueno, Linda siempre está molesta, y con esto, por supuesto que lo está.
Pero ella me importa una mierda, así que, que se enfade lo que quiera.
—Le sonrió a Mike—.
Aunque ahora me voy a dormir.
Este día ha sido largo y ha estado lleno de mierda.
Dijo mientras se reclinaba en el asiento, se cubría con una manta y durmió durante todo el vuelo.
Solo lo despertó la azafata cuando por fin estaban llegando a Maraci.
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