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Fingiendo ser un capo intocable - Capítulo 342

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342: ¿Trato?

342: ¿Trato?

El viaje en sí no fue tan largo, porque James estaba sumido en sus pensamientos sobre Darvik.

Un hombre que supuestamente era un ministro, pero que tenía el poder de enviar a un puto ejército a otro país; un hombre que era una amenaza mayor que todo lo demás.

Una amenaza que estaba de su lado por una sola cosa.

Dinero, y esa era la parte que, en cierto modo, constituía la amenaza.

Toda Maraci se había construido sobre el dinero…

y ese dinero provenía directamente de la sangre, de las drogas, de tratos en el hampa de todo el mundo.

Pero ¿y si el dinero dejaba de llegar?, ¿o si no había suficiente dinero para dar?

Tenía tantas preguntas en la cabeza y veía tantos puntos en los que todo podía salir mal porque no era con confianza ni con lealtad con lo que operaban en todo el país, sino simplemente con dinero.

Y si ese dinero dejaba de llegar, de fluir, ¿qué pasaría entonces?

¿Qué pasaría si no pudiera conseguir suficiente?, ¿qué le pasaría a su familia?, ¿qué pasaría en el país más seguro del mundo si todo se torcía y si todo el imperio que ahora tenía en sus manos se derrumbaba de repente?

Sí, James tenía en mente todas las preguntas equivocadas, pero quién podría culparlo por ello.

Se había despertado dándose cuenta de que por fin todo había terminado, de que todo era suyo, de que ya no había más competencia, ni más enemigos, y de que, aunque el cártel lo intentara de nuevo, serían jodidamente aniquilados con la ayuda del gobierno y quizá hasta el propio Darvik intervendría para ayudarlo por la cantidad de dinero que les daba.

Y una cosa era segura…

iba a pagar ese dinero para seguir protegiendo a los pocos que quedaban y que él llamaba familia; a aquellos a los que amaba y que le correspondían.

Pero, a decir verdad, todavía no comprendía el significado de todo aquello.

Ni siquiera podía asimilar que ahora él era realmente el elegido, ese sentimiento no estaba en él, que ya no quedaba nadie vivo de los que habían estado a su lado.

Lucian, el Círculo, Silas, todas las demás mafias y bandas, las ratas y los traidores, todos estaban muertos ahora, incluso aquellos con los que tenía una buena conexión y quizá esa era su vida.

Una vida en la que perdía mucho para finalmente conquistar mucho.

Perder a los que ayudaron, perder a los que dieron lo mejor de sí, pero al final todos ellos perecieron para ponerlo en una posición que ni siquiera vieron en vida…

sí, incluso sus enemigos lo habían aupado a la cima, todos ellos lo habían ayudado a conseguirlo.

Todos ellos ayudaron a forjar al hombre que era el narcotraficante más joven, quizá incluso de la historia.

—Ya hemos llegado, señor —la voz del chófer lo sacó de repente de sus pensamientos y, para cuando se dio cuenta, Mike ya le había abierto la puerta mientras los demás formaban un perímetro defensivo alrededor del convoy.

Entonces salió lentamente, con el bastón en la mano, y lo primero que hizo fue mirar un poco a su alrededor para hacerse una idea de dónde estaba y, bueno, no se parecía en nada a lo que esperaba.

Las sirenas seguían sonando y las luces de la policía parpadeando, pero a nadie parecía importarle una mierda.

Todos los civiles en la acera y en los coches de la carretera seguían con su día a día sin siquiera dirigirles una mirada de verdad, ni sacar fotos ni nada parecido.

Hubo una o dos miradas, pero nada más.

—Deberíamos entrar —dijo Mike.

Aunque no hubiera miradas sobre ellos, aunque no hubiera intención de hacerles daño, aquello era Maraci, y Mike quería actuar como siempre: con precaución.

—Sí, entremos —le respondió James mientras miraba el restaurante, que ciertamente era un lugar elegante, incluso desde fuera.

Una decoración dorada que se mezclaba con el color borgoña…

Un restaurante de lujo, pero, una vez más, no había ni una sola persona.

Ni una sola persona en el patio…

Solo había dos guardias en la puerta y James supo de inmediato que eran hombres de Darvik.

Equipo militar con el parche del ejército de Maraci, aunque dejaron que James y Mike entraran en el restaurante.

Y sí, era más que elegante.

Los mismos colores que en el exterior, con muchas lámparas que iluminaban la sala con esa suave luz blanca que solían tener las farolas de antaño, una luz que evocaba una sensación llena de recuerdos.

Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue que todo el restaurante estaba vacío.

Solo había una única mesa en el centro con cuatro sillas, donde Darvik estaba sentado y ya saludaba con la mano a James.

A su lado había otro hombre que no reconoció ni había visto en su vida.

Y James supo de inmediato que Darvik tramaba algo, así que su actitud cambió al instante.

No fue un gran cambio, pero se enderezó y caminó lenta y deliberadamente hacia ellos, golpeando el bastón con más fuerza contra el suelo para provocar un ruido que resonó por el restaurante vacío, para darse…

una especie de aura.

Luego, cuando llegó, simplemente se sentó en silencio, al igual que Mike.

Ninguno habló.

Darvik se limitaba a sonreír como un niño pequeño, mientras que el otro hombre a su lado también esbozaba una sonrisa socarrona.

James supo al instante que no era un ministro, sino uno de los suyos.

Otra figura del crimen organizado.

Tenía una gran cicatriz en la cara que parecía el corte de una cuchilla en el lado izquierdo y, lo que es más importante, llevaba un anillo en el dedo como el de James, un sello con una letra grabada.

No solo eso, sino que también tenía el aspecto de serlo: pelo corto en un hombre mayor, de quizás cuarenta o cincuenta años, con unos ojos que habían visto y hecho mucho.

Sus ojos marrones daban la sensación de estar mirando en lo más profundo del alma de James.

—Así que todo ha ido bien, ¿verdad?

—Darvik fue quien rompió el silencio, un tanto embarazoso, pero lo hizo con una intención, y James sabía por qué lo preguntaba.

La pregunta era más bien una afirmación del tipo: «Ya ves de lo que soy capaz».

Le estaba inculcando cada vez más la idea de que tener una buena relación con él y pagarle no era opcional, sino obligatorio para sobrevivir ahí fuera.

—Sí, todo ha ido bien —respondió James a Darvik, pero no le dio las gracias.

Lo hizo para ver su reacción.

Pero no hubo reacción.

—Bien, me alegro —dijo sin más, porque, bueno, no lo había hecho por agradecimiento y aprecio, sino por…

dinero—.

Bueno, permíteme que te presente a mi socio desde hace mucho tiempo.

Él es Camelo Pinita.

—Encantado de conocerte, James.

He oído hablar mucho de ti —dijo Camelo mientras extendía la mano.

James se la estrechó, pero no hubo agresividad.

Camelo no apretó con fuerza como solían hacer para demostrar quién la tenía más grande.

—Para que quede claro, Camelo está en la lista de los diez fugitivos más buscados del mundo y es el líder del cártel de Los Olvidados en Mechio.

La recompensa por su cabeza es de veinte millones.

Ninguna reacción.

James no mostró reacción alguna, aunque por dentro era consciente de qué cojones acababa de oír y sí estaba reaccionando, pero hizo todo lo posible por reprimirlo, porque alguien con una recompensa de veinte millones por su cabeza y en la lista de los diez más buscados no estaba a su nivel.

En resumen, sabía que no podía meterse con él.

—Nunca pensé que conocería a alguien tan grande —dijo James con una risita, pero le estaba lamiendo el culo para relajar un poco el ambiente, y funcionó, pues Camelo se echó a reír.

—Ah, gracias.

Pero que sepas que te envidio por ser tan joven y haber llegado ya tan alto.

—¿Así que lo sabes?

—preguntó James a su vez, mientras el ambiente entre ellos se relajaba cada vez más.

—Por supuesto.

Mucha gente ha oído tu nombre y ahora todavía más gente habla de él, ya que te has convertido en el líder absoluto del narcotráfico de tu país.

Por eso también solicité una reunión.

—Bueno, tengo algunos problemas en casa que necesito solucionar antes de poder hacer tratos —respondió James a Camelo para darle a entender que no iba a meterse de cabeza en otra mierda que podría acabar muy mal con un hombre que estaba en la lista de los diez más buscados del puto mundo.

Tantas cosas podían salir mal con él.

—Lo entiendo perfectamente —empezó Camelo—.

He oído que trabajas con el gobierno, lo que para mí no significa nada.

Yo subí los peldaños de la misma forma, trabajando con ellos…

y eso te da ventajas, como poder meter y sacar aviones, enviar buques de carga, y quiero aprovechar ese punto para proponer un trato entre nosotros.

James comprendió lo que Camelo estaba haciendo: le metía en la cabeza la idea de que no era un enemigo, ni lo veía como un traidor por trabajar con el gobierno y conseguir lo que había conseguido gracias a ellos.

Camelo estaba construyendo una relación a través de sus caminos paralelos hacia el poder…

pero lo que James no esperaba fue lo siguiente que dijo.

Aquello que dejó helado no solo a James, sino también a Mike.

—Sabes, todo el que ha probado tu Magia Blanca dice que es la mejor del mundo entero.

Es pura, golpea como el puto martillo de Dios…

—Camelo sonrió mientras se echaba hacia atrás—.

Así que, para empezar, quiero comprar cinco toneladas.

Luego subir la cantidad a medida que tu producción se acelere, quizá a diez o veinte toneladas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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