Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 25
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Capítulo 25: Capitulo 25
La puerta se cerró suavemente tras ella.
Bella avanzó unos pasos dentro de la casa, dejando escapar un suspiro que había estado conteniendo todo el camino.
—¿Bella? ¿Qué pasó con ese chico?
Pregunto su padre
Ella se detuvo.
Frunció ligeramente el ceño, con una sombra de molestia cruzando su rostro.
—No hablamos.
—¿Ah, no?
Bella giró el rostro, algo irritada.
—No. No hablamos… ¿Cómo se puede hablar con alguien tan… tan…?
Se quedó en blanco por un segundo.
—…Ah, no sé.
Su padre salió del taller, ahora prestándole completa atención.
—¿Qué te dijo ese chico? ¿Te dijo algo malo?
—Porque si es así… cancelaré por completo su propuesta.
Bella parpadeó, sorprendida.
—No, padre, no es eso, es…
Se detuvo.
Procesando lo que acababa de escuchar.
—¿Eh…? Espera… ¿qué propuesta?
Su padre pareció dudar un instante, pero respondió con naturalidad.
—Quería realizar un invento revolucionario. Sinceramente, no entiendo del todo qué es… pero parecía importante.
Luego negó con la cabeza.
—Pero eso no importa ahora. Lo importante es que me digas qué pasó. Iré ahora mismo a ponerlo en su lugar.
Bella suspiró, cansada.
—Ya te dije que no es eso.
Bajó un poco la mirada.
—Es solo que…
—Padre… ¿crees que soy… extraña?
El silencio llenó la habitación.
—¿Extraña? —repitió él, sorprendido—. Hija, ¿de dónde sacaste esa idea? ¿Él te dijo eso?
—No…
Bella negó suavemente.
—Es solo que… nunca me he sentido bien aquí.
Su mirada se perdió por un instante.
—No hay nadie con quien hablar. Nadie quien realmente me entienda.
—Por eso pensé que él… tal vez sería alguien diferente.
Recordó por un segundo el como ese chico se había comportado.
Su expresión se tensó levemente.
—Pero al final… terminó siendo un completo patán.
Dejó escapar un suspiro.
Su padre la observó con ternura… y luego habló:
—Hija… ¿y qué me dices de Gaston? Es un joven apuesto, a diferencia de ese chico.
El cambio fue inmediato.
Bella levantó la mirada, claramente molesta.
—¿Gaston?
Su tono estaba cargado de rechazo.
—Él es mucho peor.
—No escucha, no entiende… solo se admira a sí mismo.
Negó con la cabeza.
—No es para mí, padre.
Su voz sonó más cansada que enojada.
El hombre la miró unos segundos… y luego sonrió con suavidad.
—Bueno, hija… ya no te preocupes.
Se giró, señalando hacia el exterior donde su equipaje ya estaba listo.
—Porque este nuevo invento será el inicio de una nueva vida.
Bella lo miró, curiosa.
—Cuando lo presente en la feria, estoy seguro de que ganaré.
—Y cuando lo haga… podremos irnos de este lugar.
Bella abrió ligeramente los ojos.
—¿Irnos…?
—Sí —respondió él con una sonrisa—. Y no a cualquier sitio.
—Nos iremos a Londres.
Bella se quedó inmóvil por un instante.
—¿Londres…?
—Allí hay enormes bibliotecas. lugares llenos de libros, conocimiento… historias.
—Podrás leer todo lo que quieras.
El silencio duró apenas un segundo…
una sonrisa genuina apareció en el rostro de Bella.
—Gracias, padre.
Su voz fue más cálida.
Él se acercó y le dio una leve palmada en el hombro.
—No tienes que agradecerme.
—Y quién sabe… tal vez algún día encuentres a alguien.
Bella no respondió.
Pero tampoco negó la idea.
Minutos después…
El caballo ya estaba listo.
—Cuídate, hija.
—Tú también, padre.
Bella levantó la mano, despidiéndose mientras él se alejaba.
—¡Y buena suerte!
—¡Gracias!
La figura de su padre se fue perdiendo en el camino.
El silencio regresó.
Bella bajó lentamente la mano.
Al día siguiente, como era costumbre…
Bella entró a la biblioteca.
El ambiente tranquilo, el olor a libros antiguos… todo era familiar.
—Señor, ¿tiene algo nuevo? —preguntó con algo de entusiasmo.
El bibliotecario sonrió.
—Sí, justo llegó algo interesante. Está en la tercera estantería, al fondo.
Bella asintió con una leve sonrisa.
—Muchas gracias.
Avanzó entre los pasillos…
Pero entonces—
—¡Oye, espera!
Esa voz.
Bella se detuvo apenas un instante.
No necesitaba voltear para saber quién era.
Frunció ligeramente el ceño.
—…Él.
Giró solo lo suficiente para confirmar.
Y ahí estaba.
Ese patán.
el estaba siendo literalmente arrastrado de la mano por una chica rubia.
—¿Por qué me estás jalando?
—¡Porque quiero una recomendación! No sé qué libro leer primero.
Bella apartó la mirada de inmediato.
—No lo vi.
Se dijo a sí misma.
Y siguió caminando.
Llegó a la estantería indicada.
Buscó con calma… hasta encontrar el libro.
—Aquí está.
Lo tomó.
Pero en ese momento—
—¡Ven, ven, por aquí!
La voz de esa chica rubia resonó nuevamente, más cerca.
Bella dudó un segundo.
Curiosa…
—No, no me interesa.
se hablo asi misma para girar por el pasillo…
Y entonces—
¡Golpe!
Un cuerpo chocó contra el suyo.
El equilibrio se rompió.
Y ambos cayeron al suelo.
___
—¿Eh? ¿Qué estás—?
Murmuré al sentir un empujón.
Al mirar a Raspuncel, ella estaba con una sonrisa.
Esta chica, ¿en serio me empujó?
Y, sin más opciones, me caí encima de alguien.
Silencio.
Al abrir mis ojos, al frente mío estaba Bella.
—Ah… esto… mmm.
Mierda… ¿es en serio?
Rápidamente, me incorporé y ajusté mis gafas para ocultar mi rostro.
—Este… señorita, debe de ver por dónde camina.
Dije con molestia.
Bella, al escucharme, arqueó las cejas con confusión.
—¿Qué?
—¿Acaso no me escuchó, señorita, o aparte de ciega, ¿también es sorda?
Oh, qué pena, lo siento, no tenía idea… disculpe por mis comentarios.
Hablé para después dar una leve reverencia.
Al ver la expresión de Bella, claramente ella estaba molesta.
Ella lentamente se levantó para después mirarme.
—Discúlpeme, señor, por mi mala vista, o eso diría si el señor no llevara lentes ridículamente grandes.
¿por qué será?
Habló Bella con una sonrisa forzada, para después tomar su libro del suelo.
—Si me disculpa, esta vez caminaré con más cuidado, no vaya a tropezar con otra persona.
—¿Qué?
Bella, con una sonrisa de victoria, caminó hacia la puerta sin mirar atrás.
Cuando se fue, no pude evitar el seguir mirando incrédulo.
¿Esta chica acaba de ganarme en un juego de palabras?
Me quedé un segundo hasta que escuché una voz a lo lejos.
—¿Y cómo te fue?
Preguntó Raspuncel saliendo de su escondite.
Al mirarla, ella estaba con una sonrisa inocente.
Raspuncel, al verme algo molesto, se puso nerviosa.
—Ah, y… lo siento por empujarte, pero esa era la única forma.
Según este libro, los romances duraderos son cuando chocas en una biblioteca.
Pero ya en serio, dime cómo te fue. Por lo que vi, ella estaba bastante feliz cuando se fue…
—No, no lo vi…
—¿Qué?, ¿en serio no lo viste?
—No… yo solo estaba más concentrado viendo cómo me traicionabas.
Y por eso mismo, te ganaste otro golpe.
—¿Otro qué?
Pero antes de que pudiera hacerlo, me di cuenta de algo.
Al alzar mi puño para nuevamente noquear a Raspuncel, me di cuenta de que extrañamente mi brazo izquierdo estaba vacío.
Toqué ligeramente mi brazo izquierdo para confirmarlo.
La libreta no estaba.
—¿Eh…?
No, no puede ser.
Rápidamente empecé a observar a mi alrededor.
—Leon, ¿qué pasa?
Preguntó Raspuncel, confundida por mi comportamiento.
Al escucharla, no me detuve y seguí buscando.
—No está.
—¿Qué?, ¿qué no está?
Preguntó Raspuncel, aún más confundida, hasta que al fin sus neuronas funcionaron.
—Oh, ya entendí. Leon, tu diario se lo llevó esa chica.
Habló con total tranquilidad.
—¿Qué?, ¿qué dijiste?
—Sí, yo me encargué de eso.
Habló orgullosamente mientras mostraba su cabello.
—Aunque no lo hice sola, ¿no es cierto, Pascal?
Habló Raspunzel a la pequeña lagartija en su hombro.
Este solo asintió.
Cuando esa chica estaba a punto de tomar su libro, lo reemplacé con tu diario.
Ahora, con eso, tendrás una excusa para ir a su casa.
—¿En serio tú hiciste eso?
—Así es… y no, no me lo agradezcas.
Como somos socios, es normal que nos ayudemos, ¿no?
Habló con orgullo.
—Este Leon… mmm.
Habló Raspunzel un poco confundida por la situación.
En el bosque, se encontraba Leon con una soga, haciendo un nudo en un árbol.
La confusión de Raspuncel se debía a que Leon no solo estaba atando un árbol.
—¿Leon, por qué me estás atando?
Preguntó Raspuncel, quien trataba de zafarse.
Leon solo se limitó a terminar el nudo.
—Listo, con esto quedó el nudo.
Al acercarme hacia donde estaba Raspuncel, ella estaba confundida y nerviosa.
—¿Leon, por qué me haces esto?
—¿En serio lo preguntas?
Solté un suspiro.
—Voy a recuperar mi libreta y tú no vas a interferir.
Rapunzel infló ligeramente las mejillas.
—¡Pero yo quiero ayudar!
—No. Tú solo causas problemas, así que quédate aquí y no hagas nada.
—Espera, Leon, no te atrevas a dejarme así.
Protestó mientras forcejeaba con mucha fuerza, pero el nudo era tan fuerte que no podía zafarse.
Y no solo ella, también amarré a su lagartija.
Pascal solo podía verme con molestia.
Me di la vuelta para después empezar a caminar.
—No, espera, Leon.
—¡Leoooooonnnnnnn!
___
Nota: Literalmente fiel al nombre”Enredados”
Por si no se entendio de la libreta
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