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Forzado a salvar a las princesas de Disney - Capítulo 28

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Capítulo 28: Capitulo 28

En lo más profundo del bosque,

había un enorme castillo en ruinas.

—Aquí te quedarás —gritó con furia una enorme bestia.

Arrojó a un pobre hombre, viejo y gordito, dentro de una celda.

—¡No, por favor, déjame ir! —dijo el hombre, desesperado.

Él, por casualidad, se había topado con ese lugar.

No era su intención estar allí.

Pero la bestia no lo escuchó.

—¡Por favor, no! —suplicó el hombre antes de ser arrojado por completo a la celda.

La puerta se cerró con brusquedad.

Y, en menos de un segundo,

la bestia desapareció del lugar.

A la velocidad del rayo,

se movió hacia su dormitorio, donde contemplaba una bella flor.

Soltó un largo suspiro.

—Solo me falta un año más…

Si no encontraba a una bella dama, entonces…

Frunció el ceño, molesto.

—Si no fuera por mi estupidez de aquella vez…

Con solo recordarlo, le daba rabia.

—Ah… mierda…

Apretó los puños.

—Quisiera volver atrás…

Bajó la mirada.

—Yo de verdad deseo cambiar…

Su voz se volvió más baja.

—¿Por qué soy un monstruo?… ¿Tan malo soy?

Se preguntó a sí mismo, para después contemplar el cielo.

—

Por otro lado,

un hermoso chico de cabello rojo seguía armando un show…

hasta que fue interrumpido.

—¡Alto! —gritó Bella, interponiéndose en medio.

—¿Qué creen que están haciendo, eh? ¿No les da vergüenza actuar así? —preguntó con furia.

Los ciudadanos se miraron entre ellos.

—No, a nosotros no nos da vergüenza.

—De hecho, ¿qué nos debería dar vergüenza?

—¿Qué? ¿Es en serio?

—Sí, ¿qué hicimos mal?

Preguntaron confundidos por la afirmación de Bella.

Ella soltó un suspiro de cansancio.

Hablar con ellos era una pérdida de tiempo.

Así que, por eso, volteó hacia el chico pelirrojo.

Él estaba tirado en el suelo, siendo abrazado por una hermosa mujer.

Era rubia, de ojos esmeralda.

Sinceramente, la escena fue algo incómoda de ver.

No esperaba que ese chico arrogante, quien le había hablado mal…

ahora estuviera hablando con toda la pasión del mundo.

Se acercó lentamente.

—Oye, ¿estás bien? ¿Necesitas ayuda? —preguntó, algo preocupada.

—Para ti, yo estoy mejor que nunca —dijo mientras se acomodaba los lentes.

Una vena se marcó en la cabeza de Bella.

Este tipo sigue siendo arrogante conmigo…

—En serio, si es así, entonces levántate por ti mismo —le dijo con una sonrisa.

Por dentro estaba furiosa.

Me preocupé por ti… ¿y así me agradeces?

En ese momento, la chica rubia levantó la cabeza.

Se veía realmente preocupada.

—Oye… ¿podrías ayudarnos… por favor? —habló mientras se le escapaban algunas lágrimas.

Bella suspiró.

—No te preocupes, ayudaré.

—¿En serio? Muchas gracias —respondió la chica rubia con alivio.

Pero, en ese momento…

—Ah… no… Rapunzel… creo que no resistiré más…

Su voz se quebraba.

—Es… está… oscureciendo…

—Cof… cof…

Respiró con dificultad.

—Dile a la tía Sofía… que deje salir a Blancanieves…

—Cof… cof…

Sus ojos comenzaron a perder fuerza.

—Dile a la pequeña Alicia… que no llegaré a casa esta Navidad…

—Cof… cof…

Hizo una pausa, reuniendo lo último que le quedaba de aliento.

—Dile a Cenicienta… que sí la amo…

—¡Caf…!… ¡ashh…!

Sus palabras se rompieron en el aire.

Habló… agonizando.

—¡Ah, no, Leon… resiste, por favor! —gritó Rapunzel entre lágrimas.

Pero ya era tarde.

Leon estaba en sus últimas, al borde de la muerte.

Nada más importaba.

Antes no quise usar mi poder por miedo…

No quería mostrarlo… porque todos lo codiciarían…

Incluso si sé que eso haría que me persiguieran…

Sus ojos temblaron.

No puedo permitir que Leon muera.

La determinación apareció en su mirada.

Rapunzel estaba a punto de soltar su cabello dorado…

pero, en ese momento—

En un movimiento veloz, Belle alzó a Leon en brazos.

—¡No hay tiempo que perder!

Sin dudar, comenzó a correr.

—¡Rápido, sígueme! —gritó Bella.

Rapunzel se quedó paralizada un segundo, sorprendida por la rapidez de la situación.

Pero reaccionó enseguida.

—¡Sí!

Ambas corrieron, llevando a Leon hacia la casa de Bella.

Mientras ellas no veían…

Leon, con el poco aliento que le quedaba, levantó lentamente la mano.

Y mostró el dedo medio.

Directamente hacia Gaston.

Gaston lo observaba con los ojos inyectados en sangre.

Antes…

había dicho que Leon no atraería a ninguna mujer.

Que solo atraería lagartijas y pestes.

Pero ahora…

no solo estaba siendo sostenido por dos hermosas mujeres…

sino que—

estaba en brazos de Bella.

La mujer que Gaston consideraba su perfecta esposa.

Aquello…

dolía mucho ¿no?

—

Al llegar a la casa,

colocaron a Leon sobre la cama.

Rápidamente, empezaron a preparar todo lo necesario.

Vendajes.

Agujas.

Paños húmedos.

Todo lo que podían usar con los recursos de esa época.

Solo necesitaban ganar tiempo…

y llamar a un médico.

Pasaron algunos segundos hasta que llegó el doctor.

Gracias a la magia, al parecer, el servicio médico se había vuelto bastante eficiente.

El doctor, apenas llegó, comenzó a examinarme.

Claro que, en realidad, no estoy en peligro crítico…

Seguramente dirá que sí lo estoy. Después de todo, así son la mayoría de doctores que conocí en mi anterior vida… todos unos corruptos.

—Ejem…

—Doctor, dígame… ¿puede salvarlo? —preguntó Bella, visiblemente angustiada.

Rapunzel estaba tan nerviosa que ni siquiera podía hablar.

—No se preocupen, señoritas. El chico está más o menos bien… —respondió el doctor con calma—. Solo necesita un estímulo.

—¿Un estímulo? —repitió Bella, confundida—. ¿Qué clase de estímulo?

El doctor soltó una risa confiada.

—Jajaja… señorita, este estímulo es capaz de levantar a cualquier hombre… incluso a uno al borde de la muerte.

Bella miró a Rapunzel.

Rapunzel la miró de vuelta.

Ambas estaban completamente confundidas.

—Bien… empezaré —dijo el doctor mientras se colocaba un guante blanco.

El método era simple.

—Todo lo que tengo que hacer es introducir mi dedo en el racto—

—¿En el recto?

Preguntaron ambas chicas

—Si, y con eso me refiero a meter mi dedo en su cul*…

Pero antes de que pudiera terminar…

Leon se levantó de golpe.

Se arrodilló inmediatamente, en una pose de completa devoción.

—¡Oh, gracias, todopoderosa diosa del amor y la paz!

—¡Gracias por darme una segunda oportunidad en el mundo mortal! —exclamó entre lágrimas.

El doctor parpadeó.

—¿Eh… qué?

Rapunzel, al verlo, sonrió aliviada.

—Ah… es un milagro…

Sin pensarlo dos veces, se abalanzó sobre Leon.

A contrario de raspuncel, Bella estaba confundida

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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